Desabrochando a Martha

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Me fui para la tierra de mis antepasados con mi Macho Ratón (nuevo sobrenombre del Compañero Sentimental, a petición propia de él mismo) y con su mejor amigo Guajaqueño.

Así mismo es.  Los tres nos fuimos para Granada, Nicaragua a disfrutar de los manjares, el licor, la fiesta poética, la infraestructura colonial y vivir la vida burguesa que nos merecemos.

He aquí lo que allí aconteció:

Zopilotes en la frontera: Nos fuimos en carro.  Una vez que uno cruza una aguja limítrofe (sí, una aguja como de residencial es lo que demarca ambos territorios), se encuentra a merced de un grupo de zopilotes jóvenes que intentan asustarlo matarlo  ayudarle a sacar los cincuenta mil trámites que hay que hacer el lado nica.

Dos horas después, cuando ya se pagaron todos los impuestos, seguros y demás enseres, uno siente una libertad.  Una brisa.  Comienza a ver el Lago de Nicaragua.  Oye a los pajaritos y al Guajaqueño cantar y todavía no puede creer que se haya dejado el suelo tico.

¡San Juan del Sur rocks!: La belleza es incomparable.  Mar celeste cielo, arena dorada, embarcaciones esparcidas a lo largo de la playa, un Cristo que vigila todo lo que pasa y Toñas frías a cada paso que se da.  Ese es el pueblo que el Guajaqueño siempre recordará como el lugar donde comió 3 colas de langosta por $11 en uno de los restaurantes más finos del lugar.

San Juan del Sur, Nicaragua.  Foto cortesía del Macho Ratón

San Juan del Sur, Nicaragua. Foto cortesía del Macho Ratón

Granada nos recibió con doble arcoíris: No habíamos terminado de admirar la belleza de la costa, cuando entrando al camino de Granada por Rivas, comenzó a llover y dos arcoíris completos se formaron el cielo.  Mis ojos no lo podían creer y era como si Dios nos estuviera recibiendo.

La vara aquí es probarlo todo:  ToñaPremiumVictoriaVictoria FrostVictoria Selección MaestroVictoria Light… Todas se probaron, no se escatimó en nada con tal de disfrutar de las mezclas de cebadas, lúpulo y demás cereales nicaragüenses.  El Flor de Caña bajo por nuestras gargantas en una serie de mojitos.  No dejamos de lado el quesillo y el vigorón… yum, yum, yum…

En los buses todo se vale: No me monté, pero vi muchos pasar hasta el seserete de gente.  ¡Qué cosa más impresionante ver salir a la doñita de la puerta de emergencia que esta atrás!  Un muchacho le pegaba un grito al conductor para avisarle que ya todos se habían bajado y que podía arrancar.  Lo primero que dijo el Macho Ratón: “Eso en Costa Rica, ya le hubieran caído todos los grupos sociales, la ley, los ministerios…”

¡Ah! Y como en las películas, con cuarenta mil paquetes amarrados al techo.

Los buses en Nicaragua dan miedo.  Foto cortesía del Macho Ratón.

Los buses en Nicaragua dan miedo. Foto cortesía del Macho Ratón.


Calle la Calzada: Cuando la descubrimos, fue como que los ángeles hubieran quitado una cortina, un coro celestial cantara notas gloriosas y Dios nos dijera: vayan, mis queridos hijos, que por esto lo hemos puesto ahí.  Los mejores bares, restaurantes y el hotel más hermoso que jamás existió, están en esta calle adoquinada que cubre, por lo menos, unas cuatro cuadras.  Solo se puede comparar con los cafés españoles o parisinos.

Lo mejor de Nicaragua fue su gente: El vampirin que nos ayudó en la frontera.  Nick, el guía en Masaya.  Alejandro, el botero que nos llevó por las isletas.  El artista que nos demostró como decoraba.  La muchacha de la recepción.  La mesera en el bar de la esquina, quien nos recomendó comer el vigorón del quiosco del frente.  Todos y cada uno de ellos demostraron un nivel de amabilidad, educación y amor a su patria, que no había visto en nadie desde hacía mucho tiempo.

Por eso no había podido escribir… y porque me ha costado acomodarme otra vez a la realidad… ¡qué varas las mias!  Sin dejar de lado que si no era viernes o martes, no iba a publicar y luego que se acaba el mes, entonces me dije, mejor lo publico el primer dia marzo… y bueno… así va mi cabeza histéricamente atarantada.

Con respecto a mi reto personal de no ver televisión, tengo el orgullo de decir que pude cumplir con las reglas… bueno… casi…

 CONCLUSIONES

  1.  Es difícil, pero no imposible.  Llega un punto en el que tu cuerpo te pide imágenes en movimiento.  Luego te acostumbras.  Cuando ya se puede apreciar de la caja del demonio, pues ya ni dan ganas de prenderlo.
  2. Es fácil sustituir la máquina con cualquier página en internet.  Me di cuenta de esto cuando youtube me pidió meter un captcha porque estaban recibiendo muchas solicitudes de mi numero de ip… ahí fue cuando dije que mejor no seguía viendo videos.
  3. Es difícil hacer creer a un Macho Ratón que es él quien quiere ver un capítulo de Sex & the City, mientras uno está de visita.
  4. Es difícil tener que ver el resumen deportivo de canal 13 los domingo en la noche porque el Macho Ratón quiere ver cómo le fue a su equipo… sabiendo que en TCM están pasando Some like it hot y no poder decir nada.  El consuelo: pude ver a Coto, un amigo de la U.
  5. No me terminé el libro de Kundera.  Lo cual me hace pensar que tal vez el libro si sea lo pesado.  El libro, no el autor, claro está.
  6. ¿Qué hice con tanto tiempo en mis manos?  Me acosté temprano, saqué a las zaguas a caminar, ahora voy 5 veces a la semana al gimnasio, empecé a salir más con mis amigos, me he hecho más puntual y he disfrutado de los sonidos de la naturaleza, como de los pajaritos, el viento en los arboles y el río que pasa detrás de mi casa.

El único día que yo misma romí mi propio reto fue el domingo 27 de febrero porque fue la entrega de los premios de la Academia, los Oscars.  Solo porque tengo 29 años de estarlos viendo (30 si contamos cuando estaba en el vientre de mi madre) Es una tradición y costumbre familiar que no se puede romper por nada en el mundo.

No porque me guste ver la alfombra roja, ver como fueron vestidos, ver las pelis ganadoras y marcarlas en la lista que tengo de ellas, escuchar los chistes y monólogos, ver si comparto la opinión de la academia… ¡NO! ¡Jamás en la vida se trata de eso!

Simplemente estaba respetando una tradición.

Para este mes, voy a usar el mínimo del internet.  En el caso de Facebook, solo en la mañana y en la tarde.  Quedan fuera del juego desabrochandoamartha.com, twitter.com, google.com, wikipedia.org (y no porque lo lea cuando estoy aburrida), sites de líneas aereas, buses y trenes.  Osea, no voy a ver ni 9gag.com ni youtube.com, básicamente… ni monsterdivx.com… ni cuevana.tv

¡OH DIOS! ¿EN QUÉ ME ESTOY METIENDO?

¿Lo lograré?  No 9gag va a estar difícil.

¿Lo lograré? No 9gag va a estar difícil.

Todos tenemos sueños.   Yo tengo uno, hace años, que puedo continuar si me concentro lo suficiente: lo más lejano que me acuerdo es que iba caminando con El Progenitor, que estaba vestido de blanco, el me llevaba de la mano y yo era una niña vestida de azul, con mallas blancas, medias de vuelitos y zapatos de charol… lo cual se traduce en el conjunto más incómodo que jamás me han puesto en la vida.  La última vez que lo soñé, estaba buscando un tesoro pirata.

… es como ver una película sin fin…

También tengo como cincuenta mil sueños que he deseado, cosas que he querido tener o hacer de mi vida que no se han cumplido: darle la vuelta al mundo, ver a Gabo en algún esquina española, conocer a Bardem, que el arroz me quede sueltititico, escribir una novela o dominar este juego entre hombres y mujeres.

Pero mi sueño frustrado de la vida es ser prima ballerina en alguna compañía de danza.

Siempre quise pararme de puntas

Siempre quise pararme de puntas

Desde pequeña, mi mamá me llevaba a clases y siempre quise llegar a pararme de puntas, pero no podía continuar el tiempo necesario como para moldear el cuerpo, acostumbrarme a los pasos, las posiciones, la técnica y siempre que regresaba, casi que tenía que empezar de cero.

Por eso, cuando llegó el momento de elegir carrera, me fui para la UNA.  Hice las pruebas y como todo iba bien, El Progenitor salió con que él no iba a pagar ninguna carrera con la que yo me muriera de hambre y doña Martha quería que estudiara psicología infantil.

Pues mamaron los dos, porque soy periodista y comunicadora de masas: una carrera con la que no me muero de hambre porque no trabajo en eso.  (¿Sienten el tono amargo de mis palabras?)

Sí, ese es mi sueño que nunca en la vida voy a poder cumplir.  Ya no tengo la edad, el cuerpo, se me han olvidaron muchos pasos y simplemente me rendí ante “el hubiera”.

El hubiera es ese pensamiento que te ayuda aceptar lo que sos hoy y lo que no vas a llegar a ser.  Aquí es cuando viene la famosa frase: “Diay, así es la vida… sólo Dios sabe qué hubiera pasado/sido de mí, si yo me hubiera rebelado a mi malévolo padre.  Seguro estaría comiendo mierda, pero bailando por todos los teatros del mundo de la mano de Rudolf Nureyev y hoy sería una amargada profesora de ballet con las rodillas hechas una porquería

El hubiera siempre tiene que tener alguna connotación negativista.  Uno no puede darse el lujo de pensar que, de haberse cumplido esa utopía, habría paz mundial, comida para los hambrientos, casa para los desprotegidos y una cuenta bancaria a nombre de uno tan, pero tan, pero tan grande…

No.

Uno tiene que llegar al famoso consuelo de tontos: pensar que si lo inimaginable fuera posible, yo sería un escombro humano: una anoréxica, flaca, desnutrida, drogadicta, bisexual, pobre, bohemia, sin futuro ni perro que me ladre… o peor: esposa de un senador republicano que busca la presidencia de los Estados Unidos.

Para mí, eso es automedicarse atolillo con el dedo.

Una técnica tan cultural.  Primero, los ticos no logramos superar el hecho que no lo realizamos (evidentemente) y para rematar, pensamos bajo la cultura romántica del pobrecito negativista (¡ay sí!, ¿qué hubiera sido de mí? Ya estaría prostituyéndome en las calles de la Habanna o México DF por un pedazo de pan rancio, si hubiera seguido tal fantasía ilusoria, promovida por el enjambre de hormonas de la juventud adolescente de los noventas)

Porque es más sano pensar que todo pudo salir mal, y le echamos la culpa a lo divino, pensando que Dios no lo quiso así (porque en estos casos no existe el libre albedrío, solo un destino fatal, escrito por los dioses mayas, antes de todos los tiempos )

Inmediatamente después, pasamos a cierto positivismo oculto en la línea de pensamiento (bueno, y si me hubiera escapado a Cuba a estudiar ballet, no hubiera estudiado periodismo, no hubiera comenzado este blog y el mundo no se habría dado cuenta de la cantidad industrial de marthadas que suceden en lo oculto de mi vida)

Listo.  Ya está uno consolado por la resignación y ya va montado en el siguiente vagón del tren de pensamientos (¿ahora qué hago con los 396.9 gramos de Skittles que tengo en mis manos?)

En estos casos tan radicales, yo creo que uno tiene que seguirse terapiando hasta aceptar que esos ideales nunca serán vividos por estas carnes… y que voy hacer todo lo posible para que mis hijas lo vivan por mí (porque así ha sido por generaciones de generaciones en este matriarcado)

Pero hay metas que son realizables, como ir a India un mes a conocer el templo flotante, la estatua de Shiva en el Ganges, Shimla y Agra (para los 30, para los 30).  O leerse los 1001 libros que hay que leer antes de morir (solo me faltan 960 libros y contando)  O llegar a correr 5 kms en menos de una hora (… cri, cri… cri, cri...)

Es cuestión de concentrarse en lo que uno realmente quiere hacer en esta vida y lanzarse con los ojos cerrados, a ver que pasa.  Lo importante es ignorar todas las posibles distracciones que el diablo puerco le pone a uno en el camino.  Como cuando uno esta en proceso de bajar un 2% de grasa y doña Yelba te invita a comer pinto frito con puré de papa con mantequilla, plátano maduro frito, ensalada rusa con mayonesa y agua, porque sabe que uno esta a dieta.

Lo que no va conmigo es esa gente que, ya porque no pudieron con una cositica, se meten en el famoso tanque séptico y se ponen hasta en nado sincronizado dentro del mierderio de no puedo, no lo voy a lograr, es imposible, yo no voy a poder y se rinden sin haberlo intentado.

Diay, con un pensamiento tan terrible… pues ni Ganesha los va poder ayudar…

Si, lo acepto: yo podría estar en clases de ballet para adultos, pero mi meta era ser prima ballerina de una compañía de baile.

Prefiero invertir mi tiempo, sudor y lágrimas en cosas que hoy, como mujer, sueño hacer, como visitar la cueva Phokham en Vang Vieng, Laos o mantener activo este blog.

Perdón, perdón, perdón… perdóncitooo!!!

Por no haber escrito sobre mi aventura poética, pero prometo tener una excelente razón: me fui a meter en la boca de un toro… ¡y sobreviví al intento!

Sí, damas y caballeros, tengo un nuevo sello en mi pasaporte que dice REPÚBLICA DE PANAMÁ!

Sin entrar en mucho detalle, mi amiguita Lisa me dijo que fuéramos: salimos un jueves, terminó un domingo y no sé qué parte de mi cerebro hizo la matemática que sería cool no llevarme mi computadorcita para desconectarme del mundo… lo cual fue una gran falacia pues pasé mucho tiempo maldiciendo el maldito software de celular que no me dejaba ver mis status en Facebook como Dios manda.

Y este es el resumen de lo que allí aconteció:

Tengo novio nuevo.  Su nombre es don C., y es capitán de barco… bueno, de una lanchita con sillas y motor… Digamos que en una hermosa bahía llena de espectaculares islas, ¿qué mejor que tener novio con bote?…¿y con una hermosa pancita birrera?…  Les juro: eso fue amor a primera vista.

Me compre un Trits.  Sí, una de las ventajas de la globalización.  Como es costumbre en muchos de nosotros, pedí una cucharita.  La chinita me dijo: “¡NO! Eso come con mano.”  Ahí se acabó el asunto porque siguió atendiendo a otra persona.

Lo que pensé fue: ¿USTED me va a decir a MI como comerme un Trits? YO lo probé mucho antes que USTED y CON UNA CUCHARITA!!!!

Igual, mis pasos de indignación me llevaron a comérmelo con la mano en mi habitación.

Flipper y yo somos BFFS.  Dentro de las maravillas que ofrece Bocas está el avistamiento de delfines.  Hay una mini bahía donde ellos viven, se alimentan y crían a sus pequeños bebitos.

Uno está en silencio esperando y de un momento a otro, aparece una aletita bebé a la par de una aletita mamá.  Ha sido una de esas asombrosas escenas de la naturaleza que uno tiene que vivir.

En eso, el capitán de la embarcación empezó a dar vueltas para hacer olas y… PUFFFF, SPLASHHHH… saltaban juguetones.

En ese momento de alegría y juegos nos hicimos BFFs.

Cangrejo 1 – Martha 0.  Así es que yo me dije a mi misma: mi misma, estos son los momentos en los que hay que probar de todo, como el cangrejo con arroz de coco.  Yo no sé cómo yo pensé que vendría en una presentación diferente, pero esa carajada parecía como que hubieran acostado a Aragog en un plato.

Para rematar, semejante mastodonte marino tiene una concha que ni dándole de a golpes contra la mesa lo quebraba.  No hubo de otra que devolverlo a la cocina para que le dieran de martillazos (literalmente) y si no hubiera sido por Lisa, se hubiera quedado ahí.

Cuando el mar esta picao, las tangas salen de fiesta.  Nos fuimos a Red Frog: una playa increíble, de arena dorada y un mar de aguas transparentes, que se revolcaban incansablemente entre olas que se repetían de tres en tres.

Logré mover mi cabeza de semejante vista para decirle algo a mi amiga, pero tuve que detener la trayectoria de mi cabeza: una tanga de la bandera de Australia que llevaba un buen chiverre por encima, cubierta en canas.

Son ese tipo de cosas en las que estas segura que vas a regresar a buscar un perro guía porque fijo vas a perder la visión.  Es tan terrible, que hay que compartirlo con el mundo entero, pero mi cámara se dañó y no lo logré con el celular.

He sobrevivido: Si hay algo a lo que le tengo pánico son a las carreteras propensas a los derrumbes (como la del Zurquí) y las pangas con motor (como los taxis que te llevan a Colón)  Así es que de ida, le di muchas gracias a Morfeo por abrazarme la mayor parte del trayecto.

Pero en el bote, lo único que pude hacer fue invocar la oración de las mujeres de mi familia (ay, por la Santísima Trinidad y la sangre de Jesucristo, el manto santísimo de la Virgen María, por los clavos de la cruz, padre Pío, Santa María de Cascia, que por el amor de todos los Santos, QUE ESTA PANGA NO SE VUELQUE)

De regreso, un espantoso olor a gasolina comenzó a invadir mi espacio y ¡ROOOAAWWRRR!, se detuvo la lancha.

Lo primero que hice fue ver en un ángulo de 360  grados, para encontrar el bote más cercano hacia donde nadar.  Ninguno a la vista.

Arrancó de nuevo y el tipo le metió chancleta como si temiera por su vida… pero ¡ROOOAAWWRRR!… se volvió a detener.

Aquí fue cuando busqué la orilla más cercana y me di cuenta que era causa perdida porque fijo me iba a cansar antes de llegar hasta allaaaaaaaaaá.

Esto pasó por lo menos unas cuatro veces y en algún momento me acordé de una conversación con un compita sobre la muerte: Jim Morrison pensaba que uno tenía que experimentar la muerte, porque, al final de cuentas, solo pasa una única vez… entonces, que qué era esa vaina de morir mientras se dormía.

Y yo dije: diay si, ahora es cuando… así es que sigámosle el consejito a Jimmy (porque soy muy dramática)  Solo por aquello, pelé las guayabas para no perderme ni un segundo.

Pero no pasó a más (evidentemente), pues llegó otro bote para hacer un trasbordo.

¿Ven como si tenía una buena razón para lo de la poesía?

¿Acaso no es hermoso?

Atardecer en el paraíso

Comencemos diciendo: no llegué tan lejos.  Lo intenté, pero todavía me hace falta mucho camino por recorrer para llegar al séptimo nivel de divinidad. 

PERO!, si logré alejarme de mi realidad y escaparme a un paraíso en este país lleno de arena, sol, mar azul esmeralda y atardeceres dorados.  Admito que la logística resultó ser un poco más complicada de lo que pensaba, con cambios de último momento que, al final, me dejaron sola conmigo misma en la soledad de mi ser… y preferí que fuera así.

Con tanto tiempo libre para dormir hasta tarde entre seis almohadas, bailar frente al espejo en mi pijama, tirarme como iguana a la par de una piscina, ver películas entre sándwiches y vino con cola en las rocas, pude darme cuenta de las grandiosas cosas que han pasado y siguen pasando en mi vida.  Como el simple hecho de poder disfrutar de la incomparable compañía de personas extraordinarias a los que tengo el placer de llamar amigos, cocinar y no intoxicarme en el intento, hasta poder hablar un segundo idioma sin tener que traducir cada palabra en mi cabeza. 

Durante este tiempo, comprendí que no es tan malo el pasar tiempo con mi histérica compañía.  Al final de cuentas, como le dijo Kathy Bates a Hillary Swank en P.S I love you: “Así que ahora, sola o no, tienes que caminar adelante. Lo que hay que recordar es que si estamos solos, entonces todos estamos juntos en esto también.” 

Además, aproveché para seguir el consejo de la Eleanor Roosevelt y superar un temor, pues tengo el más ridículo de todos los que pueden haber en la vida: le tengo pánico a meterme al mar justo cuando revienta la ola.  Los que han ido conmigo a la playa saben de lo que hablo… algo así como la loquita del pueblo, corriendo en dirección contraria, pegando gritos desesperados.

En lo que decido enfrentarlo, logré entrar al mar justo cuando la ola reventó… y no me va revolcando y tirando por allá la parte de arriba del vestido de baño y yo de exhibicionista… ¡MENTIRITAS!…  Pero, ¿verdad que hubiera sido una gran anécdota?

Hablando en serio, el punto es que logré meterme al mar sin importar que la ola estuviera reventando en ese momento.  La sensación en el estómago fue de tanta satisfacción, que hasta maripositas revoloteaban desesperadas en mis entrañas y lo volví hacer una y otra y otra vez… hasta que vi dos manta rayas en el agua clara y no me quedó de otra que salir corriendo como la loquita del pueblo, en dirección contraria, pegando gritos desesperados.

Tal vez porque estaba sola, tal vez porque llegue a esa edad, mas fue la primera vez que no me dio vergüenza enseñar las carnes que Tatica Dios me dio y broncearme en bikini delante de Raimundo y todo el mundo.  Yo creo que todas las mujeres tenemos complejos por nuestros cuerpos y lo proyectamos con las que nos rodean, cuando criticamos justo la parte que más nos incomoda de nosotras.  Esta vez, decidí que iba a ser la excepción, a tal punto en que caminaba la playa sin nada más que dicho vestido de baño, las llaves y las chanclas. 

Justo ahí, me di cuenta que la gran mayoría tenemos celulitis, rollitos, estrías y nuestros propios complejos, así es que, entré en mi muy común valeverguismo.  Además, del par de piropos que dijeron y me levantaron el ego.

Otro paso que pensé importante en este reencontramiento conmigo misma, era ordenar mi cuerpo de nuevo.  Desde hace un par de años, caí en cuenta que mi cuerpecito es el único templo que tengo para llevar mi alma de “A a B”.  Sin él, estoy jodida y dejé de fumar, empecé a ejercitarme, a comer sano, aunque me es difícil mantener la disciplina y sedo a los deseos carnales con hamburguesotas, acompañadas de birras.  Por ello, no solo hice ejercicio, si no que un día me puse a wikipediar sobre el ayuno y lo hice.

Aclaro, no fue con fines religiosos.  Más bien, fue una forma de encontrar el control sobre esos deseos y ¡qué va!… cuesta mucho… Sí logré hacerlo un día completico, hasta la cena, que comí algo ligerito.  Esto me hizo caer en razón de la necesidad urgente de controlar todo esto que está acá, sentado frente a la computadora.

Así fue como pasaron los días en mi camino a la paz, especialmente, la mental.  Pude apaciguar el jolgorio libertino que mis pensamientos y análisis se dan en mi cabeza y seguir el consejo del Creidoso: “…disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado…

Háganlo, se los aconsejo, es muy liberador… y después me cuentan cómo les fue… ¿o es que ya lo han hecho?

Después de un fin de semana largo del gallo pinto, el agua dulce y la salsa Lizano, deseas regresar al exquisito olor del café chorreado con tortilla palmeada y se te salen los mocos de la llorada al escuchar tan siquiera tararear La Patriótica Costarricense.

Corrés de puerta a puerta en un aeropuerto extranjero de idioma congelado, extraño.  Sientes la presión de no entender ni costra de lo que el pendejo que tenés al frente te esta contestando después que intentás preguntar “¿Güer tu Costa Rica?” y cuando el tipo comienza a vomitar palabras inteligibles, te limitas a contestar “Yes, yes… aja… Costa Rica… Yes, yes…”  Y te preguntas a tus adentros “hijueputa, ¿en qué momento se me ocurrió preguntar?”

Te das cuenta que vas por buen camino cuando escuchas ese cantaito tan milagroso, ese “Mae, mae, vea esta vara” que hace que el corazón dé un brinquito extra entre palpitaciones y te haga sentir que ya llegaste a donde perteneces.

Y es por eso que les presento los 10 puntos que demuestran que ya vas a casa.

  1. Vas caminando por el duty free y de pronto, reconoces una típica camiseta roja con azul, con un número en blanco debajo de apellidos como Wanchope, Centeno o Ruiz en la espalda.
  2. Escuchas un típico: Que hijueputa, no ves que el vuelo se atrasó y ahora solo Dios sabe a qué hora vamos a llegar y yo le pedí a  mi primo de San Carlos que llegara por mí y ese güevón ya ha de ir de camino, ahora, ¿cómo le aviso?… Mae, vos que sos tan galleta, ¿no sabes cómo hago para encontrar internet gratis por aquí?
  3. Si se viaja en la tarde, se verá un grupo de personas haciendo fila en la venta de cafés más cercano a la puerta de salida y “Ay mira qué hora es!…Fijate, ya es hora de tomar cafecito… Ay sí, es que ya me estaba doliendo la cabeza y volví a ver el reloj y si, son las 3 pm allá, hora de yodito…Pero sí, es que este café ni sabe a nada… Pura agua chacha, ¿no vés­?”
  4. Esperando en la salita, se inician conversaciones con “Andaba visitando a mi hermano que vive en New Jersey… Yo soy de Pérez Zeledón ∕ San Carlos, ¿Ud.?…”
  5. Siempre, siempre, siempre hay por lo menos 3 mochileros, compartiendo sus opiniones sobre cuáles son los mejores lugares para practicar el surf en Guanacaste, con el típico look de “ducha, ¿qué es eso?”.
  6. En el momento en el que el avión toma vuelo, más de uno se persigna, se encomienda a Dios Santísimo, que este chunche no se caiga, que esta turbulencia no sea señal que el piloto esté borracho, te lo pedimos por la sangre de Cristo que nos cubra con el Santísimo Manto de la Virgen María, Amén. Y se vuelve a persignar.
  7. Camino al baño se escuchan conversaciones de Spanglish, donde algún tico le está tratando de explicar a cualquier extranjero sentado a la par que no hay lugar como Monteverde, Manuel Antonio, Montezuma, Santa Teresa, Volcán Arenal… an luk, if yu go, cal my primo Jose, ji jas a veri nais cabinas ahí, decíle que Manuel te manda, ji güil gif yu gud prais.
  8. Y llega el momento más esperado, ese momento tan maravilloso cuando se ven las azafatas caminar con los carritos llenos de deliciosas bebidas y exquisitos emparedados.  Como es de esperarse, se empieza sirviendo en las primeras filas y los del fondo ya saben que hoy hay burrito de pollo y hamburguesa con queso. ¡Ay de aquel que decida no pedir la comida que se ofrece!  Porque en dos momentos, alguien contesta “Mira, pedite la hamburguesa y yo el burrito y así probamos los dos… ¿Cómo que no vas a pedir?  ¡Si es gratis!  Pedílo que yo me lo como… que de por sí no he comido… y rechazar comida es pecao.”
  9. Justo cuando el Capitán avisa que ya vamos a descender, por favor abrocharse los cinturones… y se levantan el par de doñitas con la vejiga llena que no puede aguantar ni un minuto más para evacuar.  Las aeromozas están preparadas, cual corredor en pista, para atajarlas y mandarlas de nuevo a su asiento y no hay mijita que valga.
  10. Finalmente, sabés que estás de vuelta cuando las llantas del avión no han tocado tierra y ya la mitad del avión esta aplaudiendo, gritando vivas y pura vidas.

Lo feo de las despedidas es la incomodidad del saber que solo Dios sabe cuando nos volveremos a topar en la vida.  Personalmente creo que he aprendido a manejar el gran arte de decir adiós, hasta pronto, good bye, bon voyage, sayonara amigo!  Instituyo que mi gran mentora es mi madre. 

Cuando era pequeña no miraba atrás: me dejaba en el Kínder Estrellitas Juguetonas, me daba un beso, me persignaba, me daba la bendición y se iba.  Yo quedaba cual Magdalena, desolada, bañada en mocos y lagrimas… pero nunca miraba atrás.  Las pocas veces que me fue  a dejar a la escuela, más bien me empujaba para que entrara y siempre con la suspirada frase: “Ay pero que chiquita, que me tengo que ir a trabajar.”

El 11 de agosto del 2000 fue la prueba de fuego: me fui un año entero a vivir a Estados Unidos de intercambio.  Todos me acompañaron al aeropuerto: papá, mamá, hermanos y hermana.  Cuando llego el momento, lloré.  Le repetí mil veces que ya no me quería ir, que por favor, que tenía miedo, que no la quería dejar, que por lo que más quisiera, que por Diosito que nos mira en los cielos, que esto, que lo otro… ella solo me miro con sus ojos llorosos y me dijo: “Usted se va a ir para vivir todo lo que yo no pude.”  Me fui y no me arrepiento.  Si no hubiera sido por los huevos de mi madre, quien sabe que sería de mí.

En abril del 2007 fue otro momento histórico en mi familia: ella se fue a vivir a Pensylvannia.  Claro!, la diferencia es que ella se fue y cada mes nos decía que regresaría en dos.  Por supuesto, llego el momento en que ya no le creíamos y le dejamos de preguntar.  Volvió el año pasado, pero se volvió a ir.  Regreso este año, pero hoy se regresa. 

La visite tres veces a Potato Land.  Cuando llega el momento del adiós, siguen las lagrimas, los mocos, los ruegos y cuanto timo se me ocurre para que se regrese conmigo… pero nada funciona.  En el aeropuerto hay un gran abrazo, un te amo mucho y tan pronto se va sin voltearse, empiezo a sentir la emoción de lo que implica viajar. 

Siento que de no ser por su falsa indiferencia hacia el adiós, hoy estaría echa un mar de mocos en la oficina, acostada debajo de una mesa, con dolor de cabeza y esperando que mi jefe no llegue a buscarme… un momento… creo que eso si me paso hace un tiempo…  Pero el punto es que a pesar de todo, la verdad me sobrepongo más rápido que mis hermanos, por ejmplo. 

Sin duda decirle adios es duro y vivir lejos de ella es difícil, especialmente cuando tengo problemas con el trabajo, los hombres, mis amigos, la vida y cuando llega el recibo del celular.


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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