Desabrochando a Martha

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“Nada me queda.  Tengo un closet rehiperrecontra repleto de nada que ponerme, ni una pinche blusa me gusta… me veo gorda… y esta maldita espinilla que me salió en la barbilla.  Tras de todo, 15 minutos después de haberme sentado en el escritorio, comenzó esta desesperante increíble irritante dudosa sorprendente ganas de comer un chocolate del tamaño de mi cabeza.

“… un momento…

“Esto en mi vientre ¿ganas de orinar?, ¿de cagar?, ¿un pedo mal acomodado?, ¿acaso vino un ninja y me pegó una patada?  Mejor me voy al baño a confirmar.”

Y ahí es cuando uno comienza a sumar síntomas, sacar cálculos y nos damos cuenta que han llegado los terribles gloriosas indefinibles días del mes: en cualquier momento nos visita la vecina, escribimos en rojo, nos viene la menstruación.

¡Solo algo tan terrible podría tener un nombre tan feo!

Hoy me parece algo tan irónico que en mi infancia esperaba ansiosamente que el día llegara.  Especialmente, después de escuchar el sufrir de mi hermana, su continuo decir que es un mi… seria.

Sin entrar en mucho detalle, solo voy a contar que fue un sábado y el progenitor estaba en mi hogar.  Cuando doña Martha gritó “¡A MARTHITA YA LE VINO LA REGAAAA!  ¡YA ES UNA SEÑORITAAAAA!,” el susodicho se levantó, salió y regresó con mi primer paquete de toallas Amiga y un ramo de flores como bienvenida al mundo de ser una mujercita.

porque es el mejor regalo que cualquiera puede recibir en esos momentos

¿Por qué no un carro último modelo? ¿Por qué no una tarjeta con crédito para ir de compras?

¡¿Por qué no, simplemente, no hacer nada y dejar de decir que ahora sí soy señorita, si siempre lo he sido?!

Durante la adolescencia todas las mujeres cuerdas odiaron esos días.  ¿Cuántas no usamos un sweater en la cintura porque se nos pasó?  ¿Cuántas la tuvimos todo el año, con tal de no hacer educación física? ¿Cuántas no exageramos los síntomas con tal de que nuestra bellísima madre nos chineara un tantito más?

Lo peor de todo es el swing de sentimientos.  Una se transforma en Hulk con solo golpearse el dedo meñique en la cama y desea agarrarla como a Loki en The Advengers.  Dos segundos después, se transforma  en María Magdalena si el hermano mayor se comió LA mandarina que tenías vista desde hace una semana (aunque quede media docena)

Al final, una intenta vivir en paz en un estado efervescente que ni nosotras soportamos.  Por lo menos yo, hasta me acuesto temprano con tal de no escuchar a La Llorona que se alojó en mi tren de pensamientos.

Pero, hay que dejarse de varas.  Después de cierta edad y cuando ya se han probado los placeres carnales del mambo horizontal, la verdad es que una le da TANTAS gracias al Todopoderoso porque, finalmente, vino… lo cual se traduce en tranquilidad durante las próximas semanas… hasta que vuelve a entrar en esa etapa de angustia…

Y bueno, ¿quién no ha pasado por el tenebroso momento de jurar, perjurar y estar segurísima que viene un mini-me, al punto de pensar nombres (Lourdes si es niña, Fátima si son dos niñas)?

Así es que, caballeros que lograron llegar al final de este post, la verdad es que los chistes de la regla no son graciosos, a menos que una los haga.  Ya quisiera verlos con un pañal entre las piernas, durante 4 días, preguntando “Mae, me voy a levantar…fíjese si se me pasó, por fa… ¿No? ¿Seguro?” y hasta se pasa la mano por el rabo para reconfirmar.

Si, de repente, ve que su dama está más sensible que de costumbre, llévele un chocolatico aunque esté a dieta y matándose en el gimnasio.  Si ve que no sabe que ponerse, no le diga que con eso se ve bien… admírela, pásele una blusa flojita y un pantalón de pijama y dígale: “mejor nos quedamos viendo una peli, mi amorcito”

… aunque podría correr el riesgo de “… ¡¿Me pasás una blusa floja?! ¡Ves que sí estoy gorda! ¿Qué es, que te doy vergüenza?…”

En cuyo caso, recomiendo emprender la retirada.

CHAU 2011!!!                               (Foto de Anna Martínez)

CHAU 2011!!! (Foto de Anna Martínez)

Se nos fue el 2011.

Que hace que era un pequeño añito, que nos llenaba de ilusiones a todos, nos cargaba el corazón de esperanza, nos alentaba a salir de la casa sonrientes porque estábamos estrenando uno nuevo…

… sin saber lo que se nos venía…

Llegamos a los 7 billones de humanos.  Renuncia Mubarak.  Se inauguró el eternamente nuevo Estadio Nacional.  Muere Elizabeth Taylor. Ponen cámaras de tránsito y no duran nada.  Oficialmente termina la guerra en Irak. Muere Kim Jong-Il y entra Kim Jong-un con más ganas. Muere Bin Laden.  Comienza las protestas más certeras del mundo, con los indignados en España, Estados Unidos y otros países. La revolución más hermosa del mundo con la primavera del mundo Islámico. Se concibe el Estado Palestino. Muere Gadafi. El dragado del río San Juan y la demostración de máxima estupidez de un ser humano. Muere Fidel Gamboa y, con él, el mejor grupo de música costarricense: Malpaís. Hay un terremoto en Japón, seguido de un tsunami.  Murió Steve Jobs.  Amy Winehouse entra al club de los 27.  Sep-11 cumple 10 años y, con él, nuestro nuevo estilo de vida.  El último viaje espacial de un transbordador estadounidense.  Muere Ernesto Sábato y Mario Echandi Jimenez.  Terminó y volvió a comenzar una crisis económica. Se casó mi amor platónico, el príncipe William de Gales con una plebeya.  Nery Brenes nos llenó de orgullo con su oro elos panamericanos y de esperanza para las Olimpiadas.  Regresó Figueres por su tamalito.

¡Ah puta!

Si ha estado cargado este año.

En lo personal, yo estoy emocionada porque fue un año de ajustes por mi prematura crisis de los 30s.  Encontré amigos nuevos y continúan amistades que más que eso, ya son como hermanos.  Pude trabajar, ejercitarme, comer sano, levantarme todas las mañanas (a duras penas) con una sonrisa en la cara.

Y bueno, verán, soy 100% agüizotera, creo en cinco cosas que practico a fin de año:

  1. Lo que hago el último día del año es lo que voy a pasar haciendo todo el año;
  2. Lo que hago en cada uno de los primeros 12 días, es lo que voy a pasar haciendo en cada uno de los meses;
  3. Lo admito: yo soy de las loquitas del pueblo, que salen corriendo con su maleta al hombro al ser media noche, para viajar en el año nuevo (y hasta el momento me ha funcionado)
  4. Estreno ropita nuevo
  5. Limpio mi casita (por aquello de las vibras)

Así es que el jueves llegó doña Damaris a limpiarme mi casita y ando puesto la mudada más bella que me pude haber comprado en la vida.

Hoy hice lo que acostumbro hacer: vivir el último día del año con el honor que se merece.  Me fui, con mi amiguita la Annie, a pasar el día a tres playas de arena blanca y agua cristalina (Dantita, Danta y Minas).  Disfrutamos de deliciosos emparedados de jamón de pavo y queso, unas Toñas heladas que sabían a gloria, una ensalada de vegetales tan frescos a como si los hubieran sacado del huerto en el momento, vimos el último atardecer con el reventar de las olas de Langosta y cenamos un asado argentino.

Ahora, al ser casi la última media hora del 2011, estoy finiquitando los últimos detalles de este blog, para ir corriendo con mi maleta por todo el vecindario.

Pero antes, quiero agradecerles a mis lectores por leer este, su blog.  Me llena de tanta alegría ver sus comentarios, preguntas y cuando lo comparten, juro que me llenan el corazón de una alegría inimaginable.

Más que nunca, gracias a la vida, que me está dando el regalo más hermoso: el seguir aquí con ustedes.

Muchos besos y abrazos, que Diosito, Alá o ese ser Todopoderoso en el que creen, los sigan llenando de bendiciones.

¡Seguimos en contacto en el 2012!

NOTA: Hace más de cuatro años, un amiguito (el mentao N.) me insistía que yo escribiera cualquier cosa, pero que no lo dejara de hacer.  Un día me encabroné  y escribí esto.  Lo encontré en el baúl de los recuerdos mientras buscaba a Benedetti.  Espero les guste.

Quieres que te escriba algo.  Cualquier cosa.  Cualquier tema.  Creo que lo único que esta en tu mente, después del sexo y el trabajo, es que yo tengo que volver a escribir.

N.… yo no quiero…

Me insistes, me acosas, me persigues, me recuerdas constantemente, me preguntas el tema, cuantas páginas llevo, si escribí ayer o si lo pienso hacer hoy.

“No, no he escrito”, te digo.

Y te enojas.

Vos crees que no lo quiero hacer, que soy perezosa, que no le dedico suficiente tiempo porque “así soy yo”.  Yo creo que me quieres ayudar, quieres verme feliz, quieres que cumpla mis sueños porque vos sos así con todos.

Pero no te enojes.  No te enfades cuando te digo que me dejes en paz.  Hablar del tema me da chicha porque… no sé cómo explicarte… no puedo.

Para vos es sencillo insistir porque precisamente sos vos.   Para mi no lo es porque precisamente soy yo.  ¿Cuándo no me he complicado la vida?

Escribir no es tan fácil para mí: es todo un ritual.  Para sentarme frente a la computadora tengo que estar descalza, en mis pantalones de escribir; tengo que tener todo lo que pueda necesitar a mí alrededor para no tener que levantarme, como comida, agua, Coca-Cola o café, cigarros, encendedor y celular.  Mi cabello tiene que estar recogido, mis uñas cortas y mis perras lejos en el patio.  No puedo tener nada que me estorbe como aretes, reloj, cansancio, ansias y hambre.

Con todo listo, solo hace falta soledad y silencio.  Mejor si es de noche porque nadie me molesta.  Para mi, seria fenomenal que mi abuela hiciera efectivo su club de cajas fúnebres… que mi hermano y su esposa se volvieran sordo-mudos… o irme a vivir al convento de Carmelitas Descalzas en medio de los Pirineos!

Llámalo blah, blah, blah… el punto es que me siento obligada a estar cómoda para hacerlo bien.

Me exasperas cuando me decís que escriba una página hoy.  ¿De qué voy a escribir?  ¿Cuál critica?  Porque escribir por escribir no va conmigo.  ¿Cuál voz?  ¿Cuál tiempo? ¿Cómo empieza? Y más importante aún, ¿cómo termina?

¿Cuándo me entenderás que las historias tienen su propia vida?  Solo que su vida es como el caminado del cangrejo.

Yo no las puedo manipular, ni acelerar.  Ellas vienen cuando quieren y nacen cuando escribo el primer borrador, pero todo gira alrededor del desenlace.  Es un motivo para la historia, como el chiste del güila que le dice al papá que el gato se murió.

Después, tienen que descansar y madurar en mi cabeza.  El tiempo las tiene que enriquecer con colores, sabores, aromas y tiempos.  Al final, sin presiones, justamente cuando es adecuado, me volverán a buscar.  Tomarán la forma que desean y habremos terminado el tormento.

Es como la historia de mi abuela que leíste el otro día.  Tiene cuatro años y todavía no es su momento.  De vez en cuando la abro y la releo, para confirmar que sigue latiendo.  Pero como el zapateador de flamenco: si no tiene el duende, no se siente igual.

¡Claro!  Para redactar una noticia no soy tan paranoica.  La noticia esta ahí y se limita a contar qué, cuándo, dónde, quién, cuál y por qué.  Siempre es lo mismo en cuanto a voz, tiempo, crítica .  Esa no tiene vida, como una roca que simplemente esta ahí.

Llámame loca… el punto es que las historias son como el Zinfandel.

Te explico que no tengo una buena computadora.

“Usa la del trabajo.  Quédate dos horas.”

¿¡Que no entiendes que no voy a poder concentrarme!?  Y si no soy la personificación del cubito Maggie, me convierto.  Soy Hulk en mujer.  Me torno en una verde ermitaña amargada.

Ya te tuviste que dar cuenta que yo sí me distraigo con el movimiento de la flecha del mouse.  Una vez trataba de escribir en la tarde y no podía porque mi hermano estaba ensayando en la batería.  De pronto, me asusté de mi gran capacidad intelectual para seguir una mosca.

Hablando en serio, te voy a decir algo que no lo he dicho a nadie: me da miedo.  Me da pánico no llenar las expectativas de la gente y busco cosas que hacer antes de.  Lo cierto es que escribo para mí, a nadie le enseño nada.  En la universidad no tenía otra opción.  Lo que he escrito desde que salí es para mis ojos only.

No entiendo de dónde sacan que escribo bien.

….  y apareces vos… como chiquito de tres años preguntando por qué no escribo…

Llámalo bullshit… el punto es que hasta me sudan las manos de solo pensar que estas leyendo esto.

Además, súmale: es un lujo que no puedo costear.

Escribir implica mucho tiempo que no tengo.  Hay que pensar, buscar, investigar, entrevistar, estudiar, redactar, repasar, editar, leer, aprender, hablar, intentar, responder, saber, visitar, escuchar, esperar.  ¿Cuándo voy a poder hacer todo eso?  Para cuando salgo del trabajo, ya todo esta cerrado: bibliotecas, departamentos de prensa, oficinas públicas y privadas.

Además, entre las cosas de mi mamá, el trabajo, mis hermanos y sus cónyuges, mis perras, mis amigos, mi papá, mi abuela, mis loqueras… cuando tengo mi tiempito libre, lo único que quiero es desconectarme: fumar, tomar guaro y dormir (en ese orden)

…tras de todo quieres que haga ejercicios…

No creas que me estoy rindiendo, porque no es así.  No creas que son excusas, porque tampoco.  Mi deseo por escribir es tan grande, que me hace insignificante.  Por eso mantengo mi diario, devoro libros, me sumerjo en la National Geographic y hago cosas que me inspiran, como ir al museo, a la opera, al ballet.

O conocer a la gente.  Por eso saludo a todo el mundo, porque me interesan, me inspiran, porque sé que guardan una historia que el mundo debe conocer.

Llámame pura mierda… el punto es que así soy yo.

¡Ay N.…!  ¿Cómo te explico?  ¿Cómo te hago entender que mi pasión por escribir es tan fuerte que me llena de alegría y me drena de tristeza?

¿Nunca has sentido algo así?  Algo que sea tan desesperante que no puedes contenerlo, que necesitas hacerlo, ojalá, todos los días y a todas horas.

Es como hacer el amor.

La historia es un amante que me seduce en mi cabeza: me enreda en una maraña de sentimientos.  Lo hace de  tal manera… que hasta me eriza las piernas.  Es un amante con el que quiero estar y no lo puedo hacer en la primera cita.  Tengo que ir con buena letra o puede salir todo mal.

Empezar y mientras lo hago me emociono, soy feliz, me hace sentir completa, tengo fuerza, valor, puedo conquistar el mundo.  Siento que soy mujer, única, etérea, voraz.  Soy  yo.  No importa la fecha, la hora, todo puede esperar.

No hay nada más en el mundo, solo la computadora y yo.

Con el punto final, siento un regocijo interior tan fuerte, tan desesperadamente abrasador, que también me hace vulnerable.  Me puede hacer llorar y reír al instante y al mismo tiempo.

Y quiero volver a empezar.

Hasta llego feliz al trabajo.

¡…Ay, no sé, N.…!  No sé cómo explicarte.

Pero de una vez quedas sentenciado: en la vida te atrevas a dejarlo de hacer.  Ni se te ocurra no volver a preguntarme si he escrito.  Es solo por hoy que no te quiero ni a tres metros quince de mí preguntándome cada tres segundos que si ya empecé.

Tal vez si son blah, blah, blahs… Tal vez sí estoy loca.  Tal vez si es bullshit.  Tal vez sí soy pura mierda.

El punto es que hoy quieres que yo escriba y yo solo quiero dormir.

Yo tengo un serio problema y es que me encanta dormir.  Lo más curioso de todo es que solo duermo de 3 a 5 horas diarias entre semana.  Los fines de semana me transformo en la feligresa favorita de Morfeo, pues ahí sí es cierto que no tengo ni hora para despertarme.

…si yo les contara las que yo he pasado por quedarme dormida…

Lo cual me lleva a que es una reverenda caca al trabajar en un Call Center, donde cada uno de los minutos desperdiciados en mi descanso, cuestan millones de dólares en pérdidas para la empresa (o así me hacía sentir algún jefe que alguna vez tuve)

Este contratiempo, ya lleva su rato porque en el colegio era conocida por siempre llegar tarde… y no llevar tareas… y quedarme siempre en mate (no es algo de lo que me sienta orgullosa, por cierto)

El problema está cuando duermo calientita.  (Léase hecha un puñito entre una buena cobija, pijama de lana, medias, bien oscurito el cuarto y ojalá que haga frío en el exterior de mi cocoon)

Es un problema porque entro en un sueño tan profundo, que ni aunque se caiga la casa me logro despertar.  Es tan serio que, cuando estaba en el colegio, doña Martha me echaba agua en la cara para despertarme.  Funcionó por un tiempo, hasta que me acostumbré y terminaba dando media vuelta para seguir durmiendo.

Para el primer rezo del niño en la casa de mi hermano El Macho, la familia de mi cuñada estaban sorprendidos que me quedé dormida en la sala, en medio de una fiesta donde todas gritaban, reían, hacían un escándalo y yo ni me di cuenta de lo que pasaba.

Por eso, mi hermana me regaló un chuzo de despertador: no solo da la hora, también es radio, da la fecha, ilumina el techo con la hora, tiene dos modalidades de sonidos (bip y radio) y tiene un volumen que se escucha hasta en la casa de la vecina (según me han dicho)

Aun así, nada funciona si estoy muy concentrada en dormir. Puede sonar la música por horas, que yo termino soñando que estoy en un fiestón bailando con Pitbull.  Una vez que me soñé que era activista de los derechos aborígenes porque se prendió en un programa de Radio Nacional donde presentaban la realidad de los inditos de Talamanca.

Ahí decidí que mejor lo dejaba al final del dial: ese sonido espantoso que es una mezcla entre secadora de pelo, con bulla, que genera esa sensación cuandouno pasa las uñas por una pizarra.

Eso es lo que me despierta en las mañanas… si lo logra…

… yo todavía me pregunto cómo amanezco de tan buen humor…

Recién casado, El Macho y mi cuñada vivieron en la casa de doña Martha.  Mi cuarto estaba completamente al otro lado la propiedad: a 5 puertas y dos patios de distancia.  Yo me desperté cuando él abrió la puerta de mi cuarto, cual toro de caricatura, porque el despertador tenía una hora de estar sonando, desde las 4:30 de la madrugada.

¡PERO!

Lo más chiva, más tuanis, más cool, lo que hace mi despertador ser un CHUZO de despertador es que lo conectas y reconoce la zona horaria por medio de la electricidad.  Pero solo las de Estados Unidos, si no lo reconoce, pone la hora del Este.

¿Y saben que es aún más chuzo?

Que cuando cambian la hora por el Daylight Saving, el reloj lo hace automáticamente.

Yo no sabía, hasta hace un par de años que me vi a las 4:30 am en el centro de San José, sola, persiguiendo el taxi que me había llevado porque, según yo, me había despertado a tiempo para tomar el bus de las 5:30 am para el trabajo.

Es por eso que el horario de verano afecta mi vida porque mi cerebro no logra hacer la fórmula necesaria para que, cuando cambie la hora automáticamente, quede en la hora que tiene que estar (¿se acuerdan que me quedé todos los años en mate?) y no puedo darme el lujo que la empresa pierda más millones de dólares porque yo no me pude levantar a tiempo para la reunión que abre mi día (o así me hacía pensar algún jefe que alguna vez tuve)

Así es que, heme aquí, considerando cuál de las dos opciones escojo:

  1. Jugármela y confiar en mis cálculos matemáticos (como quien dice, a la buena de Dios), esperando que este chunche suene a la hora que tiene que sonar.
  2. No dormir e ir ojerosa y somnolienta a la oficina.

Esto es una caca.

Mi mejor amigo... y peor enemigo

Mi mejor amigo... y peor enemigo

Es tan triste admitirlo… Es frustrante… Increíblemente deprimente… pero es cierto…

Paso por una gran fase de la tan muy conocida “writer´s block

Es cuando unicornios alados vuelan en mi cabeza, con grandes carteles en cursiva con maravillosas ideas, pero los muy desgraciados no aterrizan en ninguna de mis neuronas creativas.  Si lo hacen, es justo cuando voy en el bus en dirección a la montaña que llamo hogar y para cuando llego a mi dulce destino… PUFFF!!… los malditos equinos retoman su vuelo o desaparecen como los Padrinos Mágicos.

Ese sentimiento de desesperación por maquinar una gran idea que redactar, se incrementa cuando llega la tan temida pregunta: “Hey Martha, cuándo volvés a escribir en tu blog?”

Se los juro que oigo al fondo las cuerdas de los violines de Psycho, las luces se vuelven tenues, mi estómago ligeramente se contrae convirtiéndose en un puño y la sangre comienza a subir a mi cara para sonrojarme.

“Un día de estos, es que no he tenido tiempo” contesto mientras despliego una sonrisa nerviosa y ruego a Dios para que, la siguiente frase de mi interlocutor/a, sea la idea esplendorosa que tanto espero.

A la sazón de tantas solicitudes por leer algo nuevo, comienzo mi ritual: me siento en mi cama, prendo el televisor para que me acompañe, abro la computadora, abro MS Word y empieza el melodioso ritmo del tic-tac-tac-tic de mis teclas. 

Me detengo, leo lo que he escrito.  Definitivamente es basura: no tiene ni cuerpo, ni color, ni forma, ni sabor, ni nada, como una papa sin sal.  Lo guardo en alguna carpeta escondida en el fondo de mi disco duro.

De esta manera, ya llevo 17 documentos inconclusos… camino a los 18.

Así es que, antes de desolarme en la desesperanza, me pongo a navegar por las redes sociales y en Google, para ver si encuentro el correo electrónico de alguna musa inspiradora desempleada.

Y como no lo encuentro, mi lado masoquista aflora: cuando ya estoy a la orilla del precipicio, me auto- empujo al suicidio profesional al visitar páginas como la de la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano o del gran Tom Wolfe.

¿Por qué no puedo escribir como ellos?

¿Dónde están mis maravillosas mariposas con cuerpos de libertad que revolotean alrededor mío, que me bañan con polvo de estrellas que iluminan mis ideas? 

Puede ser karma, o mala vibra, o mal de ojo, o Dios se está cobrando las canas que le saqué a mi madre… no sé qué es lo que sucede, pero en verdad,  ¡me está volviendo más loca!

Se los juro que voy a terminar pagando un anuncio en el periódico, a la par de los corazones conflictivos, con un gran título que diga “SE BUSCA MUSA” y contratar a la que ayudo Homero en la Odisea, a Dante en la Divina Comedia o a la de Shakespeare cuando Enrique V.

Así es que, mis muy queridos lectores, si pasan semanas sin haber un post en este humilde blog de ustedes… es porque esta terriblemente autocritica escritora no ha sido capaz de producir un texto que valga su inversión de tiempo.

… pero no deje de preguntarme… al rato y Dios se compadece de mí, dándome la gran idea en la siguiente frase que usted me diga…


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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