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Para mis #grammarnazi
Posted on: 6 March 2013
Esta lucha por corregir la gramática en redes sociales ha llegado a jalar, levemente, los hilos de mi intolerancia.
Esto pareciera una guerra por demostrar errores, tejiendo delgado y amordazando el crecimiento de una lengua que se rehúsa a morir.
Hoy les declaro la guerra y lanzo mi primera bomba molotov. En el momento que lean este discurso y me digan quién lo escribió, junto a una crítica constructiva, podrán ejercer su labor como #grammarnazi en lo que escribo. Así me demostrarán que es una cuestión de enriquecimiento lícito de conocimientos.
Mientras tanto, se ejercerá un toque de queda y censura contra sus demostraciones públicas, mas se agradecerán enormemente los embates privados.
Y solo por aquello, quiero dejar en claro que soy fiel creyente de esta propuesta porque por estar apuntando tan minuciosamente, hace desvanecer lo más importante: el mensaje que se desea transmitir.
“A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: “¡Cuidado!”. El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: “¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?”. Ese día lo supe. Ahora sabemos, demás que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo y, con tanto rigor, Que tenían un dios especial para las palabras.
“Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya noes fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
“La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de Letras Hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la República del Ecuador tiene ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo “Parece faro”. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastían de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismo un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso? Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que dede hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre al siglo XXI como Pedro por su casa.
“En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, y asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, con los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armoniosos muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima, ni confundirá revolver un revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?
“Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas al mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años.”
Quieres que escriba
Posted on: 15 November 2011
- In: Carrera
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NOTA: Hace más de cuatro años, un amiguito (el mentao N.) me insistía que yo escribiera cualquier cosa, pero que no lo dejara de hacer. Un día me encabroné y escribí esto. Lo encontré en el baúl de los recuerdos mientras buscaba a Benedetti. Espero les guste.
Quieres que te escriba algo. Cualquier cosa. Cualquier tema. Creo que lo único que esta en tu mente, después del sexo y el trabajo, es que yo tengo que volver a escribir.
N.… yo no quiero…
Me insistes, me acosas, me persigues, me recuerdas constantemente, me preguntas el tema, cuantas páginas llevo, si escribí ayer o si lo pienso hacer hoy.
“No, no he escrito”, te digo.
Y te enojas.
Vos crees que no lo quiero hacer, que soy perezosa, que no le dedico suficiente tiempo porque “así soy yo”. Yo creo que me quieres ayudar, quieres verme feliz, quieres que cumpla mis sueños porque vos sos así con todos.
Pero no te enojes. No te enfades cuando te digo que me dejes en paz. Hablar del tema me da chicha porque… no sé cómo explicarte… no puedo.
Para vos es sencillo insistir porque precisamente sos vos. Para mi no lo es porque precisamente soy yo. ¿Cuándo no me he complicado la vida?
Escribir no es tan fácil para mí: es todo un ritual. Para sentarme frente a la computadora tengo que estar descalza, en mis pantalones de escribir; tengo que tener todo lo que pueda necesitar a mí alrededor para no tener que levantarme, como comida, agua, Coca-Cola o café, cigarros, encendedor y celular. Mi cabello tiene que estar recogido, mis uñas cortas y mis perras lejos en el patio. No puedo tener nada que me estorbe como aretes, reloj, cansancio, ansias y hambre.
Con todo listo, solo hace falta soledad y silencio. Mejor si es de noche porque nadie me molesta. Para mi, seria fenomenal que mi abuela hiciera efectivo su club de cajas fúnebres… que mi hermano y su esposa se volvieran sordo-mudos… o irme a vivir al convento de Carmelitas Descalzas en medio de los Pirineos!
Llámalo blah, blah, blah… el punto es que me siento obligada a estar cómoda para hacerlo bien.
Me exasperas cuando me decís que escriba una página hoy. ¿De qué voy a escribir? ¿Cuál critica? Porque escribir por escribir no va conmigo. ¿Cuál voz? ¿Cuál tiempo? ¿Cómo empieza? Y más importante aún, ¿cómo termina?
¿Cuándo me entenderás que las historias tienen su propia vida? Solo que su vida es como el caminado del cangrejo.
Yo no las puedo manipular, ni acelerar. Ellas vienen cuando quieren y nacen cuando escribo el primer borrador, pero todo gira alrededor del desenlace. Es un motivo para la historia, como el chiste del güila que le dice al papá que el gato se murió.
Después, tienen que descansar y madurar en mi cabeza. El tiempo las tiene que enriquecer con colores, sabores, aromas y tiempos. Al final, sin presiones, justamente cuando es adecuado, me volverán a buscar. Tomarán la forma que desean y habremos terminado el tormento.
Es como la historia de mi abuela que leíste el otro día. Tiene cuatro años y todavía no es su momento. De vez en cuando la abro y la releo, para confirmar que sigue latiendo. Pero como el zapateador de flamenco: si no tiene el duende, no se siente igual.
¡Claro! Para redactar una noticia no soy tan paranoica. La noticia esta ahí y se limita a contar qué, cuándo, dónde, quién, cuál y por qué. Siempre es lo mismo en cuanto a voz, tiempo, crítica . Esa no tiene vida, como una roca que simplemente esta ahí.
Llámame loca… el punto es que las historias son como el Zinfandel.
Te explico que no tengo una buena computadora.
“Usa la del trabajo. Quédate dos horas.”
¿¡Que no entiendes que no voy a poder concentrarme!? Y si no soy la personificación del cubito Maggie, me convierto. Soy Hulk en mujer. Me torno en una verde ermitaña amargada.
Ya te tuviste que dar cuenta que yo sí me distraigo con el movimiento de la flecha del mouse. Una vez trataba de escribir en la tarde y no podía porque mi hermano estaba ensayando en la batería. De pronto, me asusté de mi gran capacidad intelectual para seguir una mosca.
Hablando en serio, te voy a decir algo que no lo he dicho a nadie: me da miedo. Me da pánico no llenar las expectativas de la gente y busco cosas que hacer antes de. Lo cierto es que escribo para mí, a nadie le enseño nada. En la universidad no tenía otra opción. Lo que he escrito desde que salí es para mis ojos only.
No entiendo de dónde sacan que escribo bien.
…. y apareces vos… como chiquito de tres años preguntando por qué no escribo…
Llámalo bullshit… el punto es que hasta me sudan las manos de solo pensar que estas leyendo esto.
Además, súmale: es un lujo que no puedo costear.
Escribir implica mucho tiempo que no tengo. Hay que pensar, buscar, investigar, entrevistar, estudiar, redactar, repasar, editar, leer, aprender, hablar, intentar, responder, saber, visitar, escuchar, esperar. ¿Cuándo voy a poder hacer todo eso? Para cuando salgo del trabajo, ya todo esta cerrado: bibliotecas, departamentos de prensa, oficinas públicas y privadas.
Además, entre las cosas de mi mamá, el trabajo, mis hermanos y sus cónyuges, mis perras, mis amigos, mi papá, mi abuela, mis loqueras… cuando tengo mi tiempito libre, lo único que quiero es desconectarme: fumar, tomar guaro y dormir (en ese orden)
…tras de todo quieres que haga ejercicios…
No creas que me estoy rindiendo, porque no es así. No creas que son excusas, porque tampoco. Mi deseo por escribir es tan grande, que me hace insignificante. Por eso mantengo mi diario, devoro libros, me sumerjo en la National Geographic y hago cosas que me inspiran, como ir al museo, a la opera, al ballet.
O conocer a la gente. Por eso saludo a todo el mundo, porque me interesan, me inspiran, porque sé que guardan una historia que el mundo debe conocer.
Llámame pura mierda… el punto es que así soy yo.
¡Ay N.…! ¿Cómo te explico? ¿Cómo te hago entender que mi pasión por escribir es tan fuerte que me llena de alegría y me drena de tristeza?
¿Nunca has sentido algo así? Algo que sea tan desesperante que no puedes contenerlo, que necesitas hacerlo, ojalá, todos los días y a todas horas.
Es como hacer el amor.
La historia es un amante que me seduce en mi cabeza: me enreda en una maraña de sentimientos. Lo hace de tal manera… que hasta me eriza las piernas. Es un amante con el que quiero estar y no lo puedo hacer en la primera cita. Tengo que ir con buena letra o puede salir todo mal.
Empezar y mientras lo hago me emociono, soy feliz, me hace sentir completa, tengo fuerza, valor, puedo conquistar el mundo. Siento que soy mujer, única, etérea, voraz. Soy yo. No importa la fecha, la hora, todo puede esperar.
No hay nada más en el mundo, solo la computadora y yo.
Con el punto final, siento un regocijo interior tan fuerte, tan desesperadamente abrasador, que también me hace vulnerable. Me puede hacer llorar y reír al instante y al mismo tiempo.
Y quiero volver a empezar.
Hasta llego feliz al trabajo.
¡…Ay, no sé, N.…! No sé cómo explicarte.
Pero de una vez quedas sentenciado: en la vida te atrevas a dejarlo de hacer. Ni se te ocurra no volver a preguntarme si he escrito. Es solo por hoy que no te quiero ni a tres metros quince de mí preguntándome cada tres segundos que si ya empecé.
Tal vez si son blah, blah, blahs… Tal vez sí estoy loca. Tal vez si es bullshit. Tal vez sí soy pura mierda.
El punto es que hoy quieres que yo escriba y yo solo quiero dormir.
… 10 años después…
Posted on: 11 September 2011
- In: Politica | Vida
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Tenía si acaso 2 meses de haber regresado de mi intercambio en Washington DC. Como se dice comúnmente en ese medio: todavía tenía un pie en el avión. A parte, tuve que volver al colegio para terminar bachillerato, así es que estaba en 5to de colegio con 19 años (tamaño toluda)
Ese día me levanté tarde porque, la verdad, nunca llegué temprano al colegio. Me daba pereza y doña Martha me alcagüetiaba esas cosas. Así es que, después de alistarme, salí a la sala para desayunar con ella.
“Mirá, se estrelló un avión en un edificio de Nueva York,” me dijo.
“¡Uy no, qué torta! ¡Qué raro!, porque eso no pasa… ahí como que se cuidan mucho con esas cosas, ¿eso no lo tienen ellos como medido para que ningún avión siga recto?” le dije.
La verdad no le puse mucha atención a la noticia y me fui corriendo al segundo periodo que eran de Estudios Sociales o Biología. No me acuerdo bien, pero si me acuerdo que la clase estaba de ese lado del pasillo.
Estábamos haciendo alguna practica cuando alguien llegó a la clase para que fuera a la de Francés, donde tenían el tele puesto y decían que había sido un ataque terrorista. Las imágenes ya no eran de un solo edificio, sino del segundo avión estrellado, de la gente saltando, de la gente huyendo de los edificios, del desplome de ambas torres, del trafico saturado en el puente de Brooklyn… del caos general…
Y en ese momento, sentí un gran vacío en el estómago.
Justo el día anterior, había llamado a mi familia anfitriona para saludar y saber cómo sobrevivían sin mí. Donna, mi “host mom” me dijo que era una lástima que me hubiera regresado porque Kevin, mi “host dad”, iba hacer entrevista en la gran manzana y yo hubiera podido ir con él.
El pánico se apoderó de cada una de mis neuronas. Me las imagino corriendo para todas partes, alborotadas, pegando gritos, jalando todos los circuitos eléctricos, porque juro que por 5 minutos no pude reaccionar.
Salí corriendo de la clase para llamarlos del teléfono público. No me entró ni a la operadora.
No me acuerdo bien si fue decisión general de la directora que todos nos fuéramos para la casa, o fue solo a mí. La cuestión es que ese día pasé marcando incansable e incesantemente el número de teléfono. Les mandé como 10 correos electrónicos pero el internet de aquella época estaba imposible de utilizar.
Fue como hasta el día siguiente que me pude contactar con ellos: todos estaban sanos y salvos.
Pero había algo en la voz de Donna que me hizo darme cuenta que todo había cambiado.
Que lo digamos la generación de periodistas póstumo al gran atentado terrorista: durante casi 4 años de carrera, lo único que escuchábamos, en todas la clases, era el gran papel de los medios de comunicación (especialmente CNN) durante la cobertura del hecho noticioso.
Con fundamento de causa, les puedo decir que este fue el primer evento mundial que fue transmitido a tiempo real por la internet: cualquiera que tuviera una conexión decente, pudo seguir paso a paso desde el momento en que se estrelló el primer avión hasta cuando salió Bin Laden cantándoles lero lero a los gringos.
O todos los pobres infelices que nos montamos en un avión después de. Esta es la fecha en la que me siento liberada cuando regreso al Juan Santamaría, pues no me toca ver ningún militar enjachando e intimidándolo a uno.
Ya a estas alturas de la vida, yo opino que lo mejor es irlo superando. Sé que no es tan fácil para los sobrevivientes y familiares de los miles de personas que han muerto, han sido mutilados, torturados y lavado el cerebro en el mundo.
Pero si Vietnam, Corea, Alemania, Colombia, Israel, el futuro estado de Palestina, Inglaterra, España, Nicaragua, Chile, Indonesia y muchos otros países han superado o están en vías de superar los traumas, ¿por qué no Estados Unidos?
¿Por qué, si son tan fuertes como dicen que son, se orinan en los calzones cuando hay creíbles, pero no confirmadas, amenazas de atentados? ¿Por qué lo toman como un atentado al mundo occidental, si solo les pasó a ellos? ¿Por qué el resto no podemos ponernos en histerias cuando nos pasa algo así y arremeter contra el mundo?
Tal vez si, entre toda la comunidad internacional, les dejamos de dar pelota a las paranoias de los gringos… tal vez y al rato puedan superar ese trauma social y se vayan dando cuenta que no son los únicos que han sufrido un ataque terrorista, que no son los únicos que han perdido familiares en guerras, que abran los dos ojos y vean que ellos han hecho cosas peores… para que ya le vayan bajando al melodrama… porque ¡qué cansao con esta gente!…
- In: Carrera | Sugerencias
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Les recomiendo fervientemente los TEDTalks. Estas son conferencias de 3, 5 o 17 minutos ofrecidas por los cerebros más grandes de la existencia del ser humano, hablando de todo lo que hacen para hacer del mundo un lugar mejor, desde un punto de vista científico, artístico, ecológico, psicológico, creativo… ustedes mencionen el tema, que fijo ya se habló en TED. Están en inglés, pero todos tienen opción de subtítulos.
Y sí, lo admito, soy una cerebrito que es fan en Facebook, suscriptora en YouTube y de vez en cuando, me meto en su página principal para absorber información general sobre situaciones que me agobian, como liderazgo en el trabajo, pero principalmente cómo hago para incrementar mi creatividad cuando paso por episodios del famoso writer´s block.
En una de tantas, me topé con el TEDTalk de Elizabeth Gilbert, escritora del afamado libro Eat Pray Love. Como nota aparte, digamos que siempre he querido ser la versión latina de ella, es decir, una escritora que viaja por el mundo para encontrarle el verdadero sentido de la vida, disfrutando de los placeres de un buen plato de pasta con una buena copa de vino tinto, para luego sumergirse en una clase de meditación yogística y terminar el día entrepiernada de un maravilloso macho masculino que se respeta… suspiro…
Volviendo a su conferencia, ella habla sobre la creatividad y como quitarnos semejante yugo de culpabilidad, a nosotros, las mentes torturadas que deseamos ser artistas en cada una de nuestras áreas. Expone esta increíble teoría sobre el origen de la genialidad que se remonta hasta las civilizaciones antiguas: el ser creativo no está en uno, sino que es un duende mágico que te susurra al oído las grandes ideas.
Ese pensamiento mitológico de un genio externo, al que le puedo echar las culpas por mi pavor a la página en blanco, me dio una paz… porque ya todo tiene sentido.
¡Sí claro! Todos esos momentos de angustia, en la que una idea espectacular llega a mi cabeza, justo en el momento menos indicado, ha llegado a su fin, pues simplemente veo a la esquina superior izquierda (donde me imagino que el bicho está sentado) y simplemente pienso: “¡NO EMPECES! ¿No ves que estoy en media reunión con el cliente hablando de los riegos de llevar a cabo este implementación? Escríbalo usted en alguna parte y después me la cuenta. Yo ahorita, no puedo.”
¡In your face!
Estoy segura que muchos deben de estar pensando que soy la más esquizofrénica de todas y que ahoritica llega una ambulancia del psiquiátrico a ponerme la chaquetona. Pero, ¿es que acaso no piensan así de todos los que nos aventuramos al área creativa, como la música, la pintura, la literatura? Vean a Van Gogh… al rato y no estaba tan loco como la gente piensa… simplemente vivía en una era donde su genio no podía ser totalmente comprendido.
La verdad, al final del día, estoy dispuesta a soportar esa mirada de reojo, de incomprensión, pues se los aseguro que mi discusión mental con mi genio inoportuno me ha dado mejores resultados de los que hubiera imaginado. Prueba de ello es que, últimamente, han tenido la entrega semanal de este, su blog.
Pueda ser que me ayuda a organizar mis momentos de geniales y crear espacios en mi día para sentarme a garabatear. O que, en parte, me dio la oportunidad de echarle la culpa a algo más si no escribo a tiempo, como buena tica (“No, no he vuelto a escribir. Es que mi genio se incapacitó por un zapatazo le que tiré el otro día y le di en medio del ingenio… vos sabés como son en estos días…)
Sobre aquel que me inspira
Posted on: 8 July 2011
- In: Carrera
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Cuenta la leyenda que, mientras iba manejando con su familia hacia Acapulco, su musa inspiradora, ese genio de la mitología, se le acercó al oído y susurró las primeras oraciones de la que sería su gran obra maestra y por la que el mundo entero lo reconoce: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”
Y con esa frase, empezó la gran historia de una familia legendaria, en un pueblo remoto, basándose en una realidad que va más allá de lo imaginado. Una realidad que es brutal, gruesa, cruda… pero que, a su vez, está llena de magia, misticismo y una visión del mundo que solo se puede entender por los ojos de un niño.
Mi escritor favorito de todos los tiempos es solo uno: Gabriel García Márquez.
Mi primer contacto con el gran Gabo, comúnmente conocido, fue cuando mi papá me regaló un pequeño libro verde con el título El coronel no tiene quien le escriba. Apenas lo vi, pensé “uf, que bueno, está chiquito”… pero matón. Pobre de mí, acostándome a la media noche leyendo y tratando de comprender ese mundo tan caótico del pobre coronel.
Mi lealtad hacia sus libros llegó al final de tan tortuosa novela, con la maravillosa respuesta que le da el coronel a su esposa: “¡Mierda!” Una como pocas: sencilla, directa, al punto, a lo que vinimos, sin rodeos.
Cuando le pedí un libro nuevo, mi papá me dijo que cuando estuviera un poco mayor, pues tenía como 10 años. Al tiempo, don Óscar me prestó la novela que trata de la triste espera de Florentino Ariza para poder estar en los brazos de la única mujer a la que amó, Fermina Daza.
Para ser sincera, a mis 15 años, todavía no entendía como mi papá (conservador, criado por sacerdotes alemanes), me estaba prestando un libro donde el personaje principal pasa teniendo sexo a tiempo completo, con cantidad innumerable de mujeres y que explica, a detalle, cómo la Fermina satisface sus calores uterinos en el piso del baño.
En fin y de todas maneras, terminó de convencerme de la gran maestría con que él puede narrar una gran historia de amor. Esa técnica tan maravillosa en la que llama las cosas por su nombre y lleva la trama sin flores ni arpas… solo tal cual es.
Pero, mi devoto afecto se lo confesé en el secreto de una oscura tarde de invierno en Washington D.C. Aburrida en el colegio, sin ánimos de hablar con nadie, extrañando el calor latino y la tortilla con queso, me fui para la biblioteca. Pedí que me dieran lo que tuvieran y me dijeron: “está en tu idioma y es lo mejor que hay.”
Para no alargar el cuento: no solté Cien años de soledad ni cuando iba al baño; nunca lo devolví a la biblioteca; lloré cuando lo perdí en mi vuelo de regreso.
Esa maravillosa magia que nubla y entristece la historia de los Buendía hasta llegar a un desenlace increíble, que no queda más que releer para darse cuenta que el final ya está aquí. Es tanta mi fascinación que pobre de aquel que llegue a ser mi primogénito porque, con o sin consentimiento, su nombre será Aurelio (Aureliano sería hacerle mucho daño al pobre chiquito)
El mejor regalo que jamás me han dado, vino de manos de uno de mis más grandes amigos quien, para mi cumpleaños, me dio la biografía oficial de García Márquez. Una vida que saboreé con cada palabra, disfruté cada coma y, hasta por momentos, deseé tener el par de cojones de él para mandar a la mierda todo y hacer lo que realmente he querido, cruzando un camino de igual sacrificio como satisfacción, pero siempre apostando a ser feliz escribiendo.
Y es que no solo es su ficción, es toda esa tendencia periodística del que América Latina considera prócer: el nuevo periodismo. Un método en el que se deja de lado la frialdad de la total objetividad, para darle cabida al calor de una presencia de aquel que no puede estar presente: el periodista. Vale recalcar que es una aparición que no daña la historia, pues no es egocéntrica ni narcisista. Es simplemente una suave utilización de otras voces verbales como el nosotros o el vos para contar una crónica al mejor estilo de Crónica de una muerte anunciada.
Así es como llegué a la conclusión que prefiero no anhelar conocerlo en vida porque no sabría que hacer o decirle a alguien de tan magnánima magnitud, que ha influenciado cada una de mis letras. Aunque, en el íntimo de sus palabras, espero algún día verlo sentado en algún bar del DF, un café de París o una gran avenida madrileña.
El hombre volvió a la Luna
Posted on: 13 October 2010
- In: Otros | Politica | Vida
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En la noche, disfrutaba de mi momento de paz y tranquilidad culinario, cuando mi amiga pego este estruendoso grito: “AMIGA! Veni para que veas cuando sale el primer mineroooooo!!!”
Y se los juro que por un momento sentí que este gran acontecimiento mediático era como cuando el hombre piso la Luna por primera vez.
Nadie respiraba en el hogar. Todos estaban a la gran expectativa de ver esa imagen en tiempo real que mostraba la parte superior de la capsula por la que saldría el primero… y el momento llego. Mi amiguita no pudo contener la emoción y hasta un “ah!” entre suspiro y sorpresa broto de sus labios.
En ese preciso momento, la cámara enfoco la cara del pequeño hijo del minero llorando de emoción, junto al Señor Presidente chileno, su esposa, su madre y un sinfín de personas a su alrededor que no podían perderse tan esperado acontecimiento.
Pero sucedió lo inesperado: la capsula no abría. Inicio la desesperación: la imagen mostraba a los hombres libres forcejear el aparato. Los comentarios sarcásticos, tan acostumbrados en mi boca, no pudieron contenerse: “Ahora es capaz que la hijuelagran reja esa no se abra y el tipo se quede ahí encerrado.” “Cállate!” fue la respuesta inmediata de mi compañera de habitación.
Por fin salió el hombre a abrazar a su pequeño, a su mujer, estrechar la mano del presidente y su primera dama y como hubiera dicho Warhol, ese hombre había conseguido sus 15 minutos de fama sin darse cuenta.
O menos, porque ya por salido, todos los habitantes del hogar volvieron a sus quehaceres: mi amiga a alistarse para ver a su novio; la mamá a arreglar su casa; el papá a conversar con su sobrino; yo a terminar mi ensalada de tomate, pepino, limón, pimienta y sal.
Pero me quedó un sabor raro en la boca: esta gente pasaron dos meses en el fondo de las entrañas de esta Tierra. Toda América esperaba expectante el día que salieran porque los medios de comunicación no nos dejaron en paz con su bombardeo de noticias de todo tipo: desde que ayudantes de la NASA visitarían el lugar, hasta el nuevo nombre la hija recién nacida de un minero (Milagro)
Asi es que, solo me queda acotar un par de cositas más: algo así debió de haber sentido la querida madre de mi madre cuando vio, con sus propios ojos, el hombre pisar la Luna.
Asimismo, tengo la ligera impresión que, de este lado del Atlántico, han de estar pasando cosas de increíble calibre en las agendas políticas y económicas, como para que las noticias estén dándole esta importancia tan exacerbada al rescate de estas treinta y tres personas, en tiempo real durante las 33 horas programadas.
Writer´s block
Posted on: 12 September 2010
- In: Carrera | Vida
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Es tan triste admitirlo… Es frustrante… Increíblemente deprimente… pero es cierto…
Paso por una gran fase de la tan muy conocida “writer´s block“
Es cuando unicornios alados vuelan en mi cabeza, con grandes carteles en cursiva con maravillosas ideas, pero los muy desgraciados no aterrizan en ninguna de mis neuronas creativas. Si lo hacen, es justo cuando voy en el bus en dirección a la montaña que llamo hogar y para cuando llego a mi dulce destino… PUFFF!!… los malditos equinos retoman su vuelo o desaparecen como los Padrinos Mágicos.
Ese sentimiento de desesperación por maquinar una gran idea que redactar, se incrementa cuando llega la tan temida pregunta: “Hey Martha, cuándo volvés a escribir en tu blog?”
Se los juro que oigo al fondo las cuerdas de los violines de Psycho, las luces se vuelven tenues, mi estómago ligeramente se contrae convirtiéndose en un puño y la sangre comienza a subir a mi cara para sonrojarme.
“Un día de estos, es que no he tenido tiempo” contesto mientras despliego una sonrisa nerviosa y ruego a Dios para que, la siguiente frase de mi interlocutor/a, sea la idea esplendorosa que tanto espero.
A la sazón de tantas solicitudes por leer algo nuevo, comienzo mi ritual: me siento en mi cama, prendo el televisor para que me acompañe, abro la computadora, abro MS Word y empieza el melodioso ritmo del tic-tac-tac-tic de mis teclas.
Me detengo, leo lo que he escrito. Definitivamente es basura: no tiene ni cuerpo, ni color, ni forma, ni sabor, ni nada, como una papa sin sal. Lo guardo en alguna carpeta escondida en el fondo de mi disco duro.
De esta manera, ya llevo 17 documentos inconclusos… camino a los 18.
Así es que, antes de desolarme en la desesperanza, me pongo a navegar por las redes sociales y en Google, para ver si encuentro el correo electrónico de alguna musa inspiradora desempleada.
Y como no lo encuentro, mi lado masoquista aflora: cuando ya estoy a la orilla del precipicio, me auto- empujo al suicidio profesional al visitar páginas como la de la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano o del gran Tom Wolfe.
¿Por qué no puedo escribir como ellos?
¿Dónde están mis maravillosas mariposas con cuerpos de libertad que revolotean alrededor mío, que me bañan con polvo de estrellas que iluminan mis ideas?
Puede ser karma, o mala vibra, o mal de ojo, o Dios se está cobrando las canas que le saqué a mi madre… no sé qué es lo que sucede, pero en verdad, ¡me está volviendo más loca!
Se los juro que voy a terminar pagando un anuncio en el periódico, a la par de los corazones conflictivos, con un gran título que diga “SE BUSCA MUSA” y contratar a la que ayudo Homero en la Odisea, a Dante en la Divina Comedia o a la de Shakespeare cuando Enrique V.
Así es que, mis muy queridos lectores, si pasan semanas sin haber un post en este humilde blog de ustedes… es porque esta terriblemente autocritica escritora no ha sido capaz de producir un texto que valga su inversión de tiempo.
… pero no deje de preguntarme… al rato y Dios se compadece de mí, dándome la gran idea en la siguiente frase que usted me diga…
Antes de votar, pensemos!
Posted on: 26 January 2010
Sin temor a equivocarme, pero desde la época de Carazo, no se ha visto ni un solo candidato presidencial lo suficientemente decente como para votar por él o por ella. Hasta se ha llegado al punto de votar en a favor de un candidato, para demostrar que estamos en contra del otro.
Y si la calidad de los candidatos es tan baja, ¿qué se puede esperar de su campaña electoral? En realidad, es una vergüenza como tratan de convencer al pueblo con anuncios tan baratos enseñando gente en calzoncillos o en cajas o con slogans del “menos malo”.
Yo espero que los jóvenes y adultos de nuestro país saquen provecho de la calidad de su educación, que utilicen su criterio y no se dejen manipular por populismo de segunda. La vez anterior que caímos con el “Muchas Gracias” y la famosa teoría del Pato, no nos fue tan bien.
Solo póngase a pensar que si utiliza nuestro dinero para una campaña tan pobre, ¿qué hará cuando tenga que planificar el presupuesto de todos?
Creo que la base de la democracia costarricense es el pueblo que nunca ha temido a salir a las calles y demostrar su color político o el candidato de su preferencia. Espero que siga así. Espero que el porcentaje de abstencionismo disminuya este año. Pero también espero que esos votos sean pensando en el beneficio común, no en el propio… ni mucho menos porque “¡ay, qué bonitos esos anuncios!”
Uno de los temas que me hechizó en la universidad es Opinión Pública. Empezando porque tenía la inspiración visual de un profesor genéticamente bien diseñado, pero en especial porque siempre me imaginé una neblina maquiavélica que entraba a nuestros cerebros por medio de las noticias.
La Opinión Pública es lo que el pueblo piensa con respecto a cualquier tema, sea o no de actualidad. La mejor manera de enterarse qué opinamos es por medio de estadísticas, publicadas por los periodistas y que los políticos deberían tomar en cuenta a la hora de gobernar (o en palabras de cristiano, se basan para decidir si nos dicen lo que está pasando o si nos dan atolillo con el dedo).
Conforme avanzaba el cuatrimestre, me iba maravillando cómo el manejo de las agendas permitían que un tema entrara en discusión, mientras que a otros se les decía: “Mire mi’jito, espere su turno.” Y las estrategias que un político utiliza para el beneficio propio, del país o de quien sea, pero para algo servirá. Y como un pueblo bien organizado puede darle vuelta a la tortilla y decir: “No, un momentito: aquí los que mandan somos nosotros, ¡Carajo!”
Durante las primeras semanas, gesté en mi un Che Guevara, un Martin Luther King, un Ghandi que me hacía creer que yo, como periodista, podía desenmascarar a esas maléficas instituciones que pretendían engañarnos y yo iba a contribuir a demostrarle a Costa Rica la luz al final del túnel, como la mejor de los Súper Amigos.
Lamentablemente, aborté al pobre engendro cuando a la semana siguiente me di cuenta que los medios de comunicación son parte del juego. Bien que mal, los grandes medios noticiosos son privados y responden a los intereses del dueño quien, obviamente, tiene algún tipo de afiliación política. Y bueno, los otros que podrían decir algo, porque no tienen qué perder, nadie los lee. Pero entonces, buscan algo más llamativo para que los lean, crecen, se reproducen y se vuelven parte del sistema.
Ahí fue cuando me di cuenta que había invertido cinco años de mi vida estudiando una utopía y decidí que lo mío no son las noticias.
Pero la semilla está sembrada y siempre me impresionan acciones como la Ofelia Taitelbaum, la nueva Defensora de los Habitantes, quien muy ingenuamente pretende hacerse de vista con catarata y decir: “Nadie me va impedir ingresar a mi trabajo. Para mí es un capítulo cerrado y me tiene sin cuidado lo que digan. Yo sé que estoy preparada y voy a hacer un magnífico trabajo” (La Nación, 5 de enero del 2010)
Ella existe porque nosotros existimos. Si no, ¿quién sería Ofelia Taitelbaum dentro de la Esfera Pública?
No es una buena política responder que no tiene motivo para escuchar a los manifestantes, porque lo que se podría interpretar es que solo va a escuchar lo que ella quiere, que terminará defendiendo sus intereses y la historia ha demostrado que esos no son los lideres duraderos. Dicta la teoría que en una democracia bien manejada, pronto la opinión pública los bajan de su privada burbuja estratosférica.
Sean muchos, sean pocos los que están se manifestando en contra de su nombramiento, estoy segura que es una muestra representativa del sentir general. Lamentablemente, creo que ese es el pecado del tico: estamos muy ocupados viviendo nuestras vidas como para pensar en los demás y darnos el lujo de opinar… al final de cuentas, siempre hay algún bombeta que se quiera asolear un rato.
Yo no soy una de esas.
