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Tengo una personalidad histérica y un pensamiento analítico que no me deja vivir en paz. ¿Qué puedo decir? Soy mujer. Y entre histerias, historias e historietas, creo que mi amiguito El Creídoso entró en el círculo histérico, soltando la bomba A: “Marthita, tal vez yo no sea el experto en estos temas, pero solo tengo un consejo que te va a funcionar y creo que es efectivo: disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado y vas a ver como lo que quieres, se da.”
…pinche vida…
¿Por qué los hombres ven todo tan fácil?
…
¿Por qué las mujeres nos lo complicamos todo?
…
¿Qué es esa cuestión que siempre nos gusta estar dándole vuelta a las cosas como la bruja de Blanca Nieves que revolvía y revolvía y revolvía su veneno aniquilador, sin darse cuenta que esos vapores verdes la hacen ver fea? ¿Por qué no somos como el cazador que no mató a la Blanquita, llevó el corazón de ciervo y siguió su vida como si nada, después de haber hecho lo que quiso?
La verdad, esta es una de las grandes incógnitas de la humanidad que ni Stephen Hawking, con la ayuda de Jack Canfield y Mark Victor Hansen, va a poder resolver.
Pero esta es una de esas pocas veces que este Creídoso tiene razón.
Verán, este es el pensamiento lógico detrás de su hablada: entre más invierta neuronas en cuanta cosa que sucede en el mundo, menos se entera de lo bonito que se surfea en esta vida.
Y esto aplica para todo: si se pasa dándole cabeza a la vez que se equivocó en el trabajo, no va a poder regocijarse de todos los éxitos. O como el bendito juego entre sexos: por estar pensando que si esa mirada significó algo, no se da cuenta del momento tan espléndido con esa persona. O con la eterna bancarrota: si se piensa tanto en que tiene que rendir el dinero hasta el próximo pago, se va de las manos sin haberlo disfrutado.
Ahora bien, para lograrlo, se tiene que empezar por ocupar el cerebro porque, como dice doña Martha, cuando uno tiene mucho tiempo libre, solo en estupideces se piensa. Hay que buscar pasatiempos que nos hagan más inteligentes (leer), más saludables (correr), más interesantes (estudiar la Teoría Sobre la Motivación Humana o La Pirámide de Maslow) El punto es estar haciendo que se hace.
Una vez que esas irrelevancias de la vida pasan a un segundo plano, es entonces cuando se comienza a deleitar de la compañía del mundo que nutre con sabiduría y energía positiva, hasta poder abrazar la tan importante soledad, que facilita el contestar las temidas preguntas: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Cómo voy a llegar ahí?
Entonces, se deja de perder el tiempo en banalidades, para empezar hacer lo que verdaderamente gusta, ama, apasiona… y se es simplemente feliz.
Claro, esto es de aplicar con moderación y bajo receta médica, pues se puede llegar al valeverguismo… y que jodido entrar ahí.
Como nota al pie, quiero denotar que queda comprobado lo que dije al principio de esta historieta (eso de que analizo mucho y etc.), porque si no, ¿cómo pude haber agregado más de 500 palabras a las primeras 49?
¡Qué vida la mía!