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En un mes: Jorge DeBravo y yo
Posted on: 7 November 2011
Pasando los dedos por mi pequeña bibliotequita, me topé con una belleza que me regaló mi amiguita La Pianista: Milagro Abierto, de Jorge DeBravo.
¿Qué mejor manera de empezar mi camino travieso hacia la lírica que con poeta costarricense y que, además, fue un regalito del corazón?
Así es que, lo saqué y me senté en una calurosa tarde de verano a disfrutar.
Él fue una de esas mentes esplendorosas que se esconden en lo recóndito de los pueblitos más alejados, pues creció en Guayabo de Turrialba de Cartago de Costa Rica. Amén.
A los 15 años se graduó de la escuela y se tuvo que salir del colegio para trabajar en la Caja. Se casó a los 21 años, tuvo dos hijos; a los 27 terminó el colegio y se puso a estudiar periodismo; falleció en 1967 a los 29 años en un accidente de moto.
Para empezar, una de las cosas fascinantes que encontré en él fue el realismo con que miraba su arte: “No me gustan los poetas ininteligibles. Se los medita durante horas y no se los entiende.” Cuando lees sus versos te das cuenta que, su objetivo al escribir, no era lucir su habilidad, si no que enviar el mensaje claro, no enredarnos entre muchas metáforas y símiles.
Jorgito encontró en la poesía una forma de luchar contra la desigualdad, una manera de tirarle piedras a los que provocaban injusticias, como en los versos de Consejos para Cristo al comenzar el año:
Yo – el menos – ya estoy bien cansado
de oír que llaman héroe al que mata
cien hombres defendiendo a un tirano
que se mama los pechos de la patria.
—
Podrías darles lecciones a los curas,
recordarles lo que es el cristianismo,
cambiarles el cerebro a algunos tipos:
A los políticos y a algunos dictadores
presumidos.
O como en Hombre, donde se nota su desesperación por hacer valer su condición de humano y exige igualdad:
Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
Pero dejémonos de varas, porque cualquier poeta (hombre o mujer) termina escribiéndole al motor de todas las cosas: el amouuuurrrrggghhh!
En Nocturno íntimo, describe como el verdadero amor se vive en la realidad de la Tierra y no en las fantasías imaginarias:
Te amo simplemente, sin fatigas,
sin grandes miedos, por lo que tú eres.
No por los sueños que fabrico a solas,
sino por lo que das y lo que tienes.
Del que me enamoré y me parece uno de los poemas más románticos que esta tierra ha podido engendrar, el segundo soneto de Dos sonetos de amor humano:
Desde este día, Amada, estoy dispuesto
a serte mesa, lecho o almohada.
A ajustarme según tu presupuesto
y a callarme si te hayas enojada.
Si vas de compras serviré de cesto.
De almohadón si te encuentras fatigada.
Compondré lo que tengas descompuesto
la radio, el corazón o la mirada.
Te vestiré si quedas desvestida.
Te nutriré si quedas desangrada
en cualquier rinconzuelo de la vida.
Seré el esclavo de tu amor en cada
ocasión que me des lo que te pida
y quieras ser también esclavizada…
Conclusión:
Jorge DeBravo me enseñó que la poesía es libre de expresar cualquier preocupación que aqueje la mente atormentada del poeta. No se limita al amor ni a la cursilería. Es una herramienta de color que se usa para que el mundo escuche la verdad.
Y si de amor se trata, no tiene porqué rayar en lo ridículo, sino más bien en la belleza que rodea al amor: la simplicidad de la cotidianidad.
