Desabrochando a Martha

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Les recomiendo fervientemente los TEDTalks.  Estas son conferencias de 3, 5 o 17 minutos ofrecidas por los cerebros más grandes de la existencia del ser humano, hablando de todo lo que hacen para hacer del mundo un lugar mejor, desde un punto de vista científico, artístico, ecológico, psicológico, creativo… ustedes mencionen el tema, que fijo ya se habló en TED.  Están en inglés, pero todos tienen opción de subtítulos.

Y sí, lo admito, soy una cerebrito que es fan en Facebook, suscriptora en YouTube y de vez en cuando, me meto en su página principal para absorber información general sobre situaciones que me agobian, como liderazgo en el trabajo, pero principalmente cómo hago para incrementar mi creatividad cuando paso por episodios del famoso writer´s block.

En una de tantas, me topé con el TEDTalk de Elizabeth Gilbert, escritora del afamado libro Eat Pray Love.  Como nota aparte, digamos que siempre he querido ser la versión latina de ella, es decir, una escritora que viaja por el mundo para encontrarle el verdadero sentido de la vida, disfrutando de los placeres de un buen plato de pasta con una buena copa de vino tinto, para luego sumergirse en una clase de meditación yogística y terminar el día entrepiernada de un maravilloso macho masculino que se respeta… suspiro…

Volviendo a su conferencia, ella habla sobre la creatividad y como quitarnos semejante yugo de culpabilidad, a nosotros, las mentes torturadas que deseamos ser artistas en cada una de nuestras áreas.  Expone esta increíble teoría sobre el origen de la genialidad que se remonta hasta las civilizaciones antiguas: el ser creativo no está en uno, sino que es un duende mágico que te susurra al oído las grandes ideas.

Ese pensamiento mitológico de un genio externo, al que le puedo echar las culpas por mi pavor a la página en blanco, me dio una paz… porque ya todo tiene sentido.

¡Sí claro!  Todos esos momentos de angustia, en la que una idea espectacular llega a mi cabeza, justo en el momento menos indicado, ha llegado a su fin, pues simplemente veo a la esquina superior izquierda (donde me imagino que el bicho está sentado) y simplemente pienso: “¡NO EMPECES!  ¿No ves que estoy en media reunión con el cliente hablando de los riegos de llevar a cabo este implementación?  Escríbalo usted en alguna parte y después me la cuenta.  Yo ahorita, no puedo.”

¡In your face!

Estoy segura que muchos deben de estar pensando que soy la más esquizofrénica de todas y que ahoritica llega una ambulancia del psiquiátrico a ponerme la chaquetona.  Pero, ¿es que acaso no piensan así de todos los que nos aventuramos al área creativa, como la música, la pintura, la literatura?  Vean a Van Gogh… al rato y no estaba tan loco como la gente piensa… simplemente vivía en una era donde su genio no podía ser totalmente comprendido.

La verdad, al final del día, estoy dispuesta a soportar esa mirada de reojo, de incomprensión, pues se los aseguro que mi discusión mental con mi genio inoportuno me ha dado mejores resultados de los que hubiera imaginado.  Prueba de ello es que, últimamente, han tenido la entrega semanal de este, su blog.

Pueda ser que me ayuda a organizar mis momentos de geniales y crear espacios en mi día para sentarme a garabatear.  O que, en parte, me dio la oportunidad de echarle la culpa a algo más si no escribo a tiempo, como buena tica (“No, no he vuelto a escribir.  Es que mi genio se incapacitó por un zapatazo le que tiré el otro día y le di en medio del ingenio… vos sabés como son en estos días…)

Atardecer en el paraíso

Comencemos diciendo: no llegué tan lejos.  Lo intenté, pero todavía me hace falta mucho camino por recorrer para llegar al séptimo nivel de divinidad. 

PERO!, si logré alejarme de mi realidad y escaparme a un paraíso en este país lleno de arena, sol, mar azul esmeralda y atardeceres dorados.  Admito que la logística resultó ser un poco más complicada de lo que pensaba, con cambios de último momento que, al final, me dejaron sola conmigo misma en la soledad de mi ser… y preferí que fuera así.

Con tanto tiempo libre para dormir hasta tarde entre seis almohadas, bailar frente al espejo en mi pijama, tirarme como iguana a la par de una piscina, ver películas entre sándwiches y vino con cola en las rocas, pude darme cuenta de las grandiosas cosas que han pasado y siguen pasando en mi vida.  Como el simple hecho de poder disfrutar de la incomparable compañía de personas extraordinarias a los que tengo el placer de llamar amigos, cocinar y no intoxicarme en el intento, hasta poder hablar un segundo idioma sin tener que traducir cada palabra en mi cabeza. 

Durante este tiempo, comprendí que no es tan malo el pasar tiempo con mi histérica compañía.  Al final de cuentas, como le dijo Kathy Bates a Hillary Swank en P.S I love you: “Así que ahora, sola o no, tienes que caminar adelante. Lo que hay que recordar es que si estamos solos, entonces todos estamos juntos en esto también.” 

Además, aproveché para seguir el consejo de la Eleanor Roosevelt y superar un temor, pues tengo el más ridículo de todos los que pueden haber en la vida: le tengo pánico a meterme al mar justo cuando revienta la ola.  Los que han ido conmigo a la playa saben de lo que hablo… algo así como la loquita del pueblo, corriendo en dirección contraria, pegando gritos desesperados.

En lo que decido enfrentarlo, logré entrar al mar justo cuando la ola reventó… y no me va revolcando y tirando por allá la parte de arriba del vestido de baño y yo de exhibicionista… ¡MENTIRITAS!…  Pero, ¿verdad que hubiera sido una gran anécdota?

Hablando en serio, el punto es que logré meterme al mar sin importar que la ola estuviera reventando en ese momento.  La sensación en el estómago fue de tanta satisfacción, que hasta maripositas revoloteaban desesperadas en mis entrañas y lo volví hacer una y otra y otra vez… hasta que vi dos manta rayas en el agua clara y no me quedó de otra que salir corriendo como la loquita del pueblo, en dirección contraria, pegando gritos desesperados.

Tal vez porque estaba sola, tal vez porque llegue a esa edad, mas fue la primera vez que no me dio vergüenza enseñar las carnes que Tatica Dios me dio y broncearme en bikini delante de Raimundo y todo el mundo.  Yo creo que todas las mujeres tenemos complejos por nuestros cuerpos y lo proyectamos con las que nos rodean, cuando criticamos justo la parte que más nos incomoda de nosotras.  Esta vez, decidí que iba a ser la excepción, a tal punto en que caminaba la playa sin nada más que dicho vestido de baño, las llaves y las chanclas. 

Justo ahí, me di cuenta que la gran mayoría tenemos celulitis, rollitos, estrías y nuestros propios complejos, así es que, entré en mi muy común valeverguismo.  Además, del par de piropos que dijeron y me levantaron el ego.

Otro paso que pensé importante en este reencontramiento conmigo misma, era ordenar mi cuerpo de nuevo.  Desde hace un par de años, caí en cuenta que mi cuerpecito es el único templo que tengo para llevar mi alma de “A a B”.  Sin él, estoy jodida y dejé de fumar, empecé a ejercitarme, a comer sano, aunque me es difícil mantener la disciplina y sedo a los deseos carnales con hamburguesotas, acompañadas de birras.  Por ello, no solo hice ejercicio, si no que un día me puse a wikipediar sobre el ayuno y lo hice.

Aclaro, no fue con fines religiosos.  Más bien, fue una forma de encontrar el control sobre esos deseos y ¡qué va!… cuesta mucho… Sí logré hacerlo un día completico, hasta la cena, que comí algo ligerito.  Esto me hizo caer en razón de la necesidad urgente de controlar todo esto que está acá, sentado frente a la computadora.

Así fue como pasaron los días en mi camino a la paz, especialmente, la mental.  Pude apaciguar el jolgorio libertino que mis pensamientos y análisis se dan en mi cabeza y seguir el consejo del Creidoso: “…disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado…

Háganlo, se los aconsejo, es muy liberador… y después me cuentan cómo les fue… ¿o es que ya lo han hecho?


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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