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Todos somos la misma vara
Posted on: 14 February 2012
- In: Amor | Politica
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Tengo la eterna fortuna de poder expresar mi cariño a la persona que quiero en lugares públicos, cuando andamos de la mano o el esporádico piquito marcaterrenos. Soy feliz porque hoy podría ir a cenar, bailar y disfrutar una maravillosa velada con mi maravillosa pareja, si quisiéramos.
Tengo la esperanza y la seguridad que, si la vida lo dispone y el tiempo así lo permite, vamos a poder compartir nuestras vidas y tener la boda del siglo. Si no podemos tener hijos, podríamos adoptar algún pequeñín sin mayor problema. En conclusión, seguiremos expresando nuestros verdaderos sentimientos sin que nadie los bombardee con odio.
Yo tengo la fortuna de disfrutar de un derecho inherente porque me gusta un hombre y yo soy mujer.
Eso es algo que se dio. No me acuerdo escuchar a doña Martha repetirme que me tenían que gustar. Tampoco me acuerdo de haberme sentado con mi Barbie y mi Ken a pensar los pros y los cons de que me gustara uno u otro. En otras palabras, no fue una decisión o una obligación.
Simplemente me gustaba Leo, un compañerito del kínder, y le dije que si quería ser mi novio. A lo que respondió que bueno, pero que él era novio de Steph. Creo que en ese momento formamos el trío más joven del mundo… pero no duró mucho porque, eso de estar compartiendo mi hombre, no es lo mío.
A como es natural para mí, es de natural para los hombres que les gustan las mujeres y para los que les gustan los hombres y para las mujeres que les gustan las mujeres.
Las mismas bellas mariposas sentimos unos, a como sentimos los otros cuando vemos a la persona que amamos. Por culpa de los nervios, también hacemos las mismas ideoteces frente a esa persona. Igual que vos, todos pensamos en ese ser especial cada segundo de nuestro día.
Entonces, aquí hay algo que no entiendo.
Si esto se da por naturaleza propia de cada uno y todos tenemos tantas cosas iguales, ¿cómo puede ser posible que, la única diferencia, sea la que haga que no se les den los mismos derechos?
El otro día vi un video en youtube (mi nuevo mejor amigo) de una legisladora republicana del estado de Washington, quien defendía la unión civil entre personas del mismo sexo. Ella comenzó hablando de cómo vivió muchos años con el hombre al que ama, hasta que él falleció. Ella decía que de todo lo que quería tener de vuelta, lo último era el sexo y no porque no lo disfrutara. Lo que más extrañaba eran todos esos momentos que habían construido juntos, todos esas anécdotas graciosas, esos dulces recuerdos que solo puedes compartir con la persona que amas.
Justamente es eso lo que no se les puede negar a una pareja del mismo sexo porque es inhumano, es una crueldad.
Estoy de acuerdo con ella que es responsabilidad y deber de nosotros, la mayoría, responder por los derechos de la minoría. Es nuestra obligación como seres humanos pelear por su amor, para que sea respetado como cualquier otro que crezca en cualquier parte del mundo.
Ahora bien, yo aquí no me estoy metiendo a la iglesia ni a la religión. Yo no estoy hablando de sacramentos. Yo estoy hablando de uniones civiles, donde ellos puedan compartir los mismos derechos que vos podrías compartir el día que te juntés o te casés.
Me refiero a casos como el de un conocido quien terminó en la calle después de que su novio falleciera y la familia no respetara el testamento donde le dejaba todos sus bienes a su pareja. Él no pudo reclamar porque no hay ley que le ampare. Hablo de casos de parejas que desean, fervientemente, darle un hogar y ser los padres de algún huerfanito, quien están viviendo un infierno en algún orfanato del PANI. O del simple hecho de que el Seguro Social de uno cubra la enfermedad del otro.
Estoy hablando de los mismos derechos que le fueron otorgados a las parejas de unión por hecho.
Derechos civiles.
Derechos que hemos adquirido por haber nacido en este país, pero que se les ha sido arrebatados por ser diferentes a la norma.
A modo de cierre aleccionador: si a los cristianos del mundo anteponen el mandato divino, yo solo les quiero recordar Mt 22; 37-40. Si piensan que es una error que homosexuales críen niños, sepan que los culpables de la epidemia de violencia contra los niños en el país, en su mayoría, son los padres naturales que agreden a los hijos que parieron. Si piensan que el sexo entre hombres es una aberración, acuérdense de las veces que le han pedido a su novia “hacerlo por detrás”. Si piensan que el sexo entre mujeres es contra natura, no se les olvide que la fantasía número uno de muchos hombres es tener a dos mujeres en su cama y no para jugar UNO, digamos.
Yo AMO las bodas
Posted on: 31 January 2012
- In: Amigos | Amor
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De la misma forma en la que amo los niños, los gatos, las motos y las mantarrayas: ajenas.
Las bodas son una verdadera celebración al amor y valentía. El simple hecho que el novio se juegue el chance de quedarse escuchando la marcha nupcial una y otra y otra y otra vez sin que aparezca la novia, ya eso es tener un par de cojones bien puestos.
O, por el otro lado, el de la novia al levantarse a las 4:30 de la mañana para cumplir con sus obligaciones como tal: el manicure en french; pedicure en rojo; depilación en lugares nunca antes pensados; maquillaje que dure todo el día; peinado; ponerse la ropa interior sexy, pero incómoda; los zapatos de tacón que probablemente hará tirados cuando tenga la primera oportunidad; un vestido que parece disfraz de la época victoriana, mientras se muere de hambre y jugándose el chance que el tipo no aparezca… WoW…
Pero ese momento tan mágico en el que el novio está al pie del altar y ve a su majestuosa novia caminar hacia él, ese microsegundo en el que se deslumbra un incremento ligero en su sonrisa y los ojos de ilusión que lleva ella puestos al caminar junto a sus padres a los brazos de su amado, con la seguridad de que es él y solo él… es el microsegundo más romántico que cualquier ser humano puede ser testigo.
Vivo por ver ese momento. Sin dejar de lado los famosos posibles errores embarazosos que la marcan como única (viste cuando la hermana de la amiga de la prima de la vecina del frente se cayó por el poco de petálos… jajaja… ay, viste que los del restaurante de la par solo tomarle fotos a la novia… jajaja…)
Personalmente, comparto la misma línea filosófica de doña Martha: las bodas son para ir a comer. En ciertas bodas (a las que me rehúso identificar), he practicado la abstinencia moderada de alimentos durante el día, con tal de ir a saborearme cuanto plato sirvan en la noche. Así mismo, doña Martha me ha envestido con su técnica infalible para la recolección de los mismos, cuando es buffet:
“Ay mi’jita, vea: usted primero ubica la mesa del buffet más cercana, busca por donde salen los meseros, que de ahí viene la comida. Justo cuando vea que sacan pailas, hace como que va al baño y… ay, mirá ya los novios se sirvieron: corré, corré, que ahí va la Camacho y esa dura un montón sirviéndose…
“Los cubiertos en la mano derecha y pones el plato pequeño de la ensalada encima. Ahora el grande en el antebrazo… si, si… como los meseros. Ay si, lomito… que rico que se ve… ay, si me puede echar salsita sobre el arrocito… si, si, dele… con confianza que soy la tía de la novia.
“Sírvase uno de cada uno de los postres y se lleva el platito en la mano izquierda.”
Creo que aquí vale aclarar que uno de los dichos favoritos de doña Martha es: “coma hoy, que usted no sabe si va a comer mañana y más si es gratis,” el cual, también aplica para muestras en los supermercados.
Es más, mi madre me ha hecho llevar a mi mejor amigo de la U para que la sacara a bailar, compartieran opiniones de licores y le ayudara a llevar los platos del buffette.
“Guanaco, coma, coma. Aproveche que es gratis y quien sabe cuando vuelve uno a comer algo así de rico.”
Ahora que lo pienso, las bodas son los quinceaños para los treintones. La misma carajada: un desfile de damas en vestidos ridículos, quienes caminan con acompañantes, los cuales le abren el paso a la pobre mujercita que anda con un vestido tan incómodo y con tacones tan altos, que camina como con pañal.
Después de la iglesia, sigue la famosa fiesta que comienza con el Tiempo de Vals de Chayanne, para abrir la pista y que todos se pongan a mover el bote. En algún momento se sirve la comida, se pasa tomando refresquitos toda la noche (algunos más benditos que otros), llegan los mariachis, la comparsa, los payasos en sancos, se parte el pastel y se acabó.
Estoy segura que la pobre chiquita pasó la misma procesión que pasó la novia, teniendo que madrugar para lucir hermosa (menos la depilación, espero yo) La misma procesión de ir de mesa en mesa, tomándose fotos. El mismo acto de quitarse los zapatos en medio de la fiesta por el increíble dolor.
La diferencia, es que en el quinceaños uno se va a la casita de los papitos, para que la mamita le ayude a quitarse el moño lleno de colochos y el vestido de princesa. Después de la boda, se quitan muchas cosas, tal vez no con la misma paciencia… ¿qué sé yo?…
En fin, volviendo a las bodas, me encantan las pequeñas tradiciones que se crean como el baile del billete, tirar la liga y tirar el ramo. De esa última, soy súper fan. Soy la típica soltera que se burla del grupo de mujeres desesperadas, darse de codazos, correr, gritar, pelearse por un ramo de flores y su significado: el que, tal vez, sean las próximas en casarse.
Todo esto para contarles, mis queridísimos lectores, que el fin de semana pasado me jugaron una jugarreta.
La Mo se casó con el Pa. Pasé DIAS enteros preparando el brindis:
“Por la Mo y el Pa, que el camino de su matrimonio sea como el del Chirripó: lleno de aventuras, paisajes hermosos y que aunque tiene subidas muy difíciles y bajadas increíbles, los llena de satisfacción saber que lo hicieron juntos.
“Que todas las fotos de aniversarios sean como aquella en la casa del Pa, donde están abrazados, sonriendo, viendo hacia delante, con San José empujándolos a seguir y las luces iluminándoles el futuro.
“Y que su matrimonio sea como la clase de sushi para la que fueron en un aniversario: un regalo inesperado, que los saca de la rutina y los deja satisfechos… pero siempre con ganas de más.
“Por la Mo y el Pa, que el amor sea siempre el ingrediente secreto.”
Horas de mi presiado sueño, días frente a la computadora tratando de pescar a mi genio, meses de investigación googlelística. ¿Para qué?
Para que al final, después de agradecer a los invitados, dijera algo como:
“…para las que se están preguntando por el ramo, la verdad es que está muy bonito, a mi me gustó mucho y quiero regalárselo a una personita muy especial y a la que quiero mucho…”
Y helo ahí, en mi pichel de fresco porque no tengo florero, en la esquina de mi escritorio, acosando cada una de mis letras que digito en mi teclado.
(Espero no ahuyentar a ningún posible pretendiente)
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NOTA: Dedicadísimo a mi amiga Mo y al Pa. Este es mi tributo a ustedes, a su amor y a su felicidad. Que la vida los siga llenando de tantas bendiciones como hasta ahora… y como diría cualquier comehuevo a quien se acaba de casar: ¿y pa cuando los güilas?
Al final del ciclo de la vida
Posted on: 15 December 2011
- In: Amor | Vida
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El ciclo de la vida en Costa Rica es en línea recta:
Nacer -> Crecer -> Ir a una Universidad Privada -> Aprender inglés -> Entrar a trabajar en algún Call Center a poner en práctica nada de lo que estudió en la Universidad Privada -> Ennoviarse con el tipo/la tipa de sus sueños -> Casarse -> Ir de luna de miel a San Andres -> Reproducirse -> Divorciarse -> Morir
La parte de Nacer, pues uno no tiene mucha vela en el entierro… aparte de ser la orgullosa espermatozoidito que ganó la gran carrera de la vida. La de Crecer tampoco necesitó mucho porque digamos que del 1.54 m de estatura, ya no pasé.
Eso de estudiar en Universidad Privada, aprender inglés y trabajar en un Call Center, pues admito que todo lo hice muy a mi manera.
Justo, ante la etapa de la vida que continúa según los estatutos, es que entendí que hay todo un mundo de posibilidades ahí afuera que incluyen viajar, conocer gente nueva, aprender idiomas, viajar, comer comidas exóticas, leer, estudiar, escribir, viajar… Y que el famoso ciclo no tiene que ser en línea recta, pero como un árbol que abre sus ramas.
Así es que cuando se habla del noviazgo, pues empieza a temblarme el parpado. Creo que todo comenzó con el padre Barona, un amigo de la familia, quien fue el encargado en satanizarme el concepto de noviazgo:
“Marthita, tenga muchos amigos: salga con ellos, vaya a comer, vaya a bailar, tómese sus traguitos y disfrute mucho de la vida. Pero recuerde una cosa siempre y es que los novios son para casarse. Cuando uno entra a un noviazgo, es porque ha llegado el momento de formar una familia.”
¡Ah puta!
Prácticamente el padrecito se cagó en mi vida romántica de adolescente y joven veinteañera. Con ese presagio, ¡qué iba a cerrarle ningún ojito a nadie!
Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca.
Inclusive, su desesperación para que mi vida avance acorde a los estatutos familiares, ha llegado a límites inimaginables, en los que me hecha indirectas que el reloj cada vez se acerca a su hora final en la que no voy a poder parir la 19va bisnieta que tanto quiere para poder descansar y morir en paz.
A lo que contesto: “No voy a cargar con su muerte sobre mis hombros.”
A lo que ella contesta: “¡No jodás vos! ¡Que ya estoy cansada de pagar doctores!”
El matrimonio se ha satirizado tanto, que pareciera que la gente no se alegra cuando oye que alguien se comprometió. Frases como “se cansó de vivir tranquilo“, “ya vas a ir a regalar el cheque“, “voy a tener un carro esperando afuera, por aquello” son tan comunes cuando alguien cuenta la gran noticia. A mí me da un pecado verles las caritas llenas de emoción, deformarse a preocupación.
Como cuando mi amiguita Monique me pidió que fuera la testiga de su boda. ”A mí no me meta en enredos“, le dije. La pobre me hace una cara… que le tengo que explicar que es un chistesín y que para mi es mas que un honor.
Es tanta la cosa que, cuando me puse a buscar sinónimos para este blog, me encontré este link, donde incluye palabras como desesperación, forzar, ideal, disparate y locura… y si en Internet lo dice, debe ser cierto.
Hablando en serio, no es que yo esté cerrada a la posibilidad de casarme. De hecho, soy igual que cualquier otra mujer quien ha pensado en su día feliz (una gran boda pequeña, con un pequeño anillo de compromiso de ensueño, llena de yerberas y con un vestido de novia bien extravagante sencillo)
En lo que no estoy dispuesta es a casarme porque es lo que se espera de mí en este momento, con cualquier macho proveedor que me tenga pariendo chigüines, esperándolo que venga al hogar, con la pata en la chanchera y el platito de comida caliente en la mesa.
Siempre he pensado que antes de CONSIDERAR casarse, uno tiene que cumplir 4 puntos:
- Viajar:.. Sí, sé que soy demasiado necia en este punto… Lo que pasa es que, cuando uno pone un pie en otro país, se abre las puertas del mundo y uno se da cuenta de lo pequeño e insignificante que es. Aprender de las culturas y de las formas de vida en otros lugares, le abre la mente a que la vida no tiene que ser como lo dicen nuestras abuelas.
- Coger: No estoy hablando del verbo sea promiscua y hágase un hongo con patas en el proceso. Estoy hablando del verbo aprenda a disfrutar del sexo. Si su elección de vida es llegar virgen, pues por lo menos visite a Manuelito un ratico, porque si uno no se conoce, ¿cómo vamos a pedirle al otro que nos conozca?
- Vivir sola: O con un roomate. Es la mejor aventura que uno puede experimentar para darse cuenta de sus habilidades, límites y probarle a sus papitos la excelente educación que usted ha tenido. uno aprende tanto… desde cómo controlar el dinero, hasta reglas básicas de seguridad.
- Vivir con la pareja: Exacto: yo promuevo el concubinato escandaloso. Es una forma de poder adaptarse a las maneras del otro, porque viviendo juntos ya no hay tiempo fuera. Es aprender a soportar pedos, desórdenes, malos humores y todas las cosas negativas que pueden sentirse en la convivencia. Pero también es adelantar el trabajo en la distribución de las tareas del hogar, la creación del presupuesto, aprender a negociar todas las decisiones y bueno, ya ustedes saben el resto.
Además, soy fiel creyente que el matrimonio es un contrato muy serio en el que, si entro, es para toda la vida. Por eso, el pobre diablo en condena que se atreva a ser mi marido, no va a ser cualquier patas vueltas con sonrisa bonita, zapatito limpio,platica en la bolsa y hablada. El tipo va a tener que ser casi un santo para poder soportar tantas histerias y episodios bipolares, digamos.
Porque casarse para divorciarse, mejor se mata.
Yo no pienso entrar pensando en que si no funcionan las cosas, llamamos al abogado. No quiero que los futuros retoños (a las que ya les puse nombre, como buena mujer) pasen por las que mis hermanos cuando los míos se divorciaron (yo ni me di cuenta)
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Este post tan romántico, va dedicado a mi compañerito el Albin-o, quien en estos días se casa con su hermosísima novia. Y al Aureliano, quien se comprometió con la bellísima Adriana. Felicidades chiquillos, la mejor de las suertes… Tan bonitos los dos, jugando de grandes… ¿quién los mete?
Los fustanes de mi abuela
Posted on: 23 July 2011
- In: Familia
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Cuando suena mi celular y veo el número, respiro profundo porque sé a lo que voy. Contesto. Que tiene unos fustanes blancos, negros y beiges que ya no usa y que me quiere regalar.
“Pero yo no uso fustán desde que tengo como 10 años.”
“¿Y entonces qué? ¿Andas transparentando como la putilla del pueblo? Y aun así, ¿y no tenés marido?”
Doña Yelba Esperanza Moreira Chaves, gran matriarca, madre de doña Martha, mi progenitora. A sus 85 años, es la dueña y señora toda poderosa de todo cuanto quehacer acontece en la familia Solano. Nicaragüense de nacimiento, carácter y personalidad: ella es arrecha. Su poder de mandato es tan imponente, que en vez de ser la abuelita que hace galletas, la llamamos abuelo y ¡ay de aquel que no le haga caso cuando ella dice que se tienen que hacer las cosas!
Nosotras tenemos la verdadera relación amor-odio: amo pasar tiempo con ella hablando del pasado, socavando historias secretas de la familia, hablando de cuando era la única costurera de la Yunai. Pero odio, eternamente, esa necesidad interna por mandarme a casar cada 15 minutos y a ser una mujer de su hogar. Verán, de los once nietos, soy la que no se ha casado y no tiene hijos.
Cuando tenía 24 años, me fui a vivir con una amiga y un amigo gay. Alguna matemática hizo en su cabeza, que me invitó a tomar café. Entre rosquillas, pancito casero y pudín, abrió su corazón:
“Martha Iris, decime la verdad: ¿vos sos lesbiana?”
¡Ah, puta! Hasta me sacó las lágrimas de la carcajeada.
“Abuelo, yo no tengo como demostrártelo, pero te aseguro que a mí me gustan los hombres. No me quiero casar porque quiero estudiar, viajar, trabajar, hacer un montón de cosas.”
“Pero, ¿qué más querés viajar y estudiar vos? ¡Casate con un buen muchaho y dejá de trabajar!”
“¡Mami, vea al abuelo!”
“¡Dejá a la chiquita en paz, que si no se quiere casar, que no se case!”
Después de un pre-infarto, la fui a cuidar al hospital. Con ojos a media asta y voz moribunda, me dijo que ella no se iba a morir hasta ver casados a todos sus nietos.
“Ah, entonces vas para largo.”
“No jodás, que yo ya estoy cansada.”
Mi abuela ha sobrevivido un matrimonio, tres partos, un cáncer en la matriz y su correspondiente “sacada de menudos”, un par de pre-infartos, un paro cardiaco, cantidad innumerables de ahogos asmáticos, operaciones de juanetes, artritis, solidificaciones en las arterias, incontinencia urinaria y, hace poco, una uñero que no la dejaba en paz. Se los juro: no hay kryptonita capaz de terminar con la fortaleza de esta mujer.
Cuando le dio el paro, yo estaba con ella. Verla tan frágil e indefensa me movió el piso y hasta los doctores dudaban que de esta, ni Tatica Dios la iba a sacar. En 24 horas iba a terminar su otoño y había que llamar a mi mamá y hermana, que viven en el extranjero, para que viniera al último adiós: llegarían al día siguiente a las 10 am.
Mi tía, para que no se llevara una gran impresión, le contó esa misma noche. A las 6 am nos llamaron porque la señora estaba de lo más bien. Su recuperación fue tan sorprendente, que los médicos le dieron de alta en el momento justo que aterrizaron la repatriadas. En la casa, puso orden y empezó a mandar la sarta de tiernitos para que hicieran lo que ella quería:
“…¡Sonia, poné el café! ¡Octavio, tráeme mi celular! ¡Martha, traete ese pan rico de Barrio Lujan!…”
Es por eso que, de una manera muy cruel y déspota, sin perdón de Dios y que demuestra lo poco ser humanos que somos los Torres Solano, le tenemos un par de frases:
- Yelba mala nunca muere.
- La Esperanza es lo último que se pierde.
Cada vez que le decimos, nos manda al carajo o a comer mierda (literalmente), bajo una risilla cómplice, pues sabe que va a sobrevivir el 2012 y las trompetas apocalípticas del fin del mundo.
Así es que, al día siguiente, después del trabajo, fui a ver lo que tenía.
“Te ves como una lora apaleada.”
“Que gusto verte.”
Se rie. Me saca 6 pares de medias, 5 fustanes, 2 brassieres sin varillas. Son mi regalo de cumpleaños.
“Mirá, hay un fustán largo que es para vestido de novia.”
“¿Y yo para qué quiero uno?”
“¡Diay qué! ¿No te pensás casar algún día? Yo quiero comer queue antes de morirme. No entiendo que es lo tanto que tenés que hacer. Mirá, yo te regalo la refri…”
Ahí me doy cuenta que todo está bien.

El del centro es el del vestido de novia. No hubo manera de rechazarlo.


