Desabrochando a Martha

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He tenido esa pregunta dándome vueltas por la cabeza en las últimas semanas, no sólo porque finalmente tengo novio, sino por algunas historietas de amigas muy cercanas.

En principio, todos ustedes saben mi modus pensantis (prefiero mil veces estar sola, que mal acompañada) y soy fiel creyente de abrazar la soledad para quererse uno mismo, antes de empezar una relación romántica con algún individuo.

Partiendo de esto y de que solo me voy a referir al punto de vista femenino, que difícil es tomar una decisión de tener un novio.

Creo que llega esa altura en la vida, en la que uno no puede estar perdiendo el tiempo con cualquier pelapapas que le pase por el frente, medio haciendo una mueca.  Después de los 25 años, una va deslumbrando un futuro… enseriesandose, que llaman.

Se van tomando decisiones fuertes, gracias a ese extraño tic-tac del bendito reloj de la vida (que no se atrasa) y dejémonos de varas: una no está para ir a mallear los miércoles de 2×1, los sábados comer pizza viendo tv en la casa del tipo y los domingos cenar en la casa de una.

La vida avanza y las expectativas cambian.

Así es que, cuando llegan estas amigas con Historias de Ultratumba, casi siempre término con la pregunta incómoda: ¿vos te ves pariéndole un hijo a este tipo?

Y ahí lo digo todo.

Porque vaya a ser que, por andar jugando de mamá y papá en lo oscurito… y que se le cumpla…

En serio, es una pregunta a considerar: ¿será este el tipo con quien quiero compartir la mitad de mis genes?  ¿Será una persona al que le podría confiar un bebe de meses? ¿Será de los que le salen a uno con el “ese güila no es mio”?

Así es que, a mis casi traumáticos críticos hermosos 30 años, he llegado a la conclusión que un novio es para estar bien, porque para estar peor, mejor me quedo sola.

Un ejemplo de cómo se está peor es el tiempo desperdiciado en lágrimas, en relación directa con el tiempo invertido en carcajadas.  Si una pareja te hace llorar más de lo que te hace reír, ya sea a propósito o por la histeria femenina, pues como que no pinta muy bien el romance.

Independientemente de qué tan independiente se sea, la verdad es que una quiere estar con un hombre que sea cariñoso, que la cuide, que la chinee, que la quiera tal cual es, aunque no cague flores.

Alguien estable, no solo económicamente, porque llega a ser más importante que no le patine el coco.

Porque, para andar con un hombre inseguro, que me pase reprochando mi pasado o mi presente, que me utilice para sus deseos carnales, que pase más borracho que sobrio y que tras de todo, yo se las tenga que patrocinar… mejor me mato.

Otro punto fundamental es que él sea una persona digna de admirar: por su talento, su creatividad, su liderazgo, porque es trabajador, porque tiene sueños, metas o aspiraciones, o porque simplemente puede mantener la calma cuando me entra mi histeria bipolar.

Seamos realistas: la capacidad para tomar decisiones equivocadas, como el empezar una nueva carrera universitaria antes de conseguir un trabajo con el título que ya se tiene… pues no es muy brillante que digamos.

Creo que no podría seguir con un tipo que solo tiene una cara bonita y la cabeza hueca, un modelito para andar enseñándolo a mis amigas cuando salgo de fiesta, pero que no tiene visión y que piensa que, por su historia de vida, todos tienen que ayudarlo.

Y no quiero ni entrar en la cuestión de los abusos.  En el momento en que alguno se falte al respeto, física o psicológicamente, la verdad es que todo se va pa’ la damiersh.  ¿La señal de alerta para dejar a un hombre a la primera?  Que dude de mi integridad, que se refiera a mí con sinónimos de prostituta o que haya osado a ponerme un dedo encima, entre otras.

¡Eso no es amor ni aquí, ni en la Conchinchina!

Finalmente, creo que una tiene que estar clara que él no es la felicidad y que él no te va a ser completamente feliz.  ¿Para qué ponerle semejante tarea al pobre, si esa es mi responsabilidad?

Él es algo aún mejor: el complemento ideal.  Como quien dice, las papas fritas a la hamburguesa, la leche condensada al copo, las fresas a la crepa de Nutella, el limón a la Corona: sin eso, igual la vida sabe rica… pero se vuelve deliciosa cuando él está cerca.

¡ESTE POST NO LO ESCRIBI YO!

Un amiguito se ofreció a escribir sobre la voraz pregunta más escuchada por esta, su servidora. 

La verdad, no me pude meter en tema más complejo. Hablar de fútbol, religión, política y ahora del funcionamiento de las relaciones entre parejas siempre generará dificultades.

Más, cuando el ofrecimiento es escribir respondiendo a una pregunta que viene plasmada en el entre líneas del blog desde sus inicios: ¿por qué Martha no tiene novio?

Pudo ser hace unos diez años, cuando una tarde posterior a un examen, apareció una nueva compañera, “ñoña” (apropiándome de su propio vocabulario) y de pocos tapujos. Abiertamente dijo en mesa de pirañas que detestaba que le dijeran Irex y recordó cómo había chocado con un poste, tropezado en las aceras infinidad de veces, entre muchos más de una serie de infortunios de forma regular.

Conforme vino la confianza y se integró al grupo (muy a su manera), clasificó como un “mae más” del grupo y cualquier intento de flirteo podía interpretarse como un acto gay.

Luego, de sus historias conocidas sólo prevalece una relacionada con la industria automotriz. Un sujeto, conocido por una marca alemana de automóviles que creo no estoy autorizado a publicar, fue su eterno affaire, llegando incluso a ocultarse infructíferamente tras una puerta.

Partiendo de esa relación como la historia conocida más estable de pareja, ya el tema evidencia sus primeros obstáculos. No merece un tratamiento tradicional.

Sin querer, llegué al Animal Planet y me topé con un documental del reino animal. El propósito era demostrar cómo el macho dominante conseguía a la mejor hembra.

El mejor macho era aquel capaz de llevar la comida, imponerse ante sus rivales y liderar entre la manada. En tanto, la mejor hembra es aquella que tenía privilegios en sus facultades reproductivas.

Volviendo al caso en cuestión, ver ese programa no me ayudó. La nieta de doña Yelba está acostumbrada a sobrevivir por sus medios, y detesta que le den de comer en la boca.

Por otro lado, detesta que le limiten sus capacidades a temas reproductivos y de accesorios relacionados. Por tanto, Animal Planet y sus propuestas resultaron inútiles, aunque sí un tanto divertido por las comparaciones sociales.

El ejercicio me pareció interesante, y seguí buscando artículos científicos. Uno de ellos explicaba que el enamoramiento se debe a las feromonas y que inconscientemente influye el olor de las personas que nos atrae.

Asimismo, la geometría de las facciones y otros detalles que intervienen en ese proceso. Tuve que descartar este sustento, porque esto sólo serviría para explicar las relaciones ocasionales y no el paradigma del por qué la falta de novio.

Ahora, ¿por qué no se queda con esos ligues?

Creo que acá aplica la frase “usted es demasiado para él”.

Acá tuve que abandonar la comodidad del televisor y emplear cervezas para obtener información adicional; o incluso aprovechar la confianza que dan los medios electrónicos para que las personas hablen cosas que en vivo evitan.

Una de ellas tiene 32 años, es independiente y con buen puesto de trabajo, pero no puede tolerar depender de alguien. Llega a las citas en su propio carro, le gusta pagar su cuenta para evitar cualquier compromiso y se adelanta a él cuando el mesero toma la orden.

Igualmente, la ponderación del riesgo varía.

Ya no es lo mismo conocer un carajo y entrarle, porque entran en juego variables como edad, tiempo, si tiene hijos, posición socioeconómica y la verdad es que entra la edad a meter prudencia a las negociaciones. No se quieren casar, pero también se evade un tanto el chingue.

 La culpa es de los vampiros

 

Que no me digan nada, todo esto es problema de los vampiros emo con tendencias depresivas.

En la actualidad, los hombres son más propensos a lo cursi (o culeolada, ustedes escogen). Dedicación de canciones de amor melosas, escenas de celos, llamadas asfixiantes, post vergonzosos en facebook y otros recursos antes atribuibles a las féminas.

Ahora la conversación normal en un bar es escucharla a ella decir que dejó al novio en la casa; y acá me recordaba del Animal Planet y lo confuso del asunto.

Cualquier semejanza con Twilight y esos vampiros que ganan rating en los canales por cable es un reflejo de estas cosas que ya dejaron de ser coincidencia.

Ya buscando una explicación más lógica; durante las dos últimas generaciones las mujeres han sido las jefas de casa, sacado a los hijos solas en muchos casos e inclusive liderando su propio negocio. Y si las hijas lo vieron –como es el caso de Martha-, ¡qué difícil explicarles que necesitan un hombre!

Bueno, realmente no lo necesitan.

Y creo que esa es la respuesta, realmente no lo necesitan como un tema de dependencia, y el hombre está experimentando una crisis social de su rol en una relación. Debe ganar más que ella, pero ya el viejo criterio de la dominación quedó anticuado.

A veces, esas presiones resultan demasiado y pueden echarlo a perder. Que queda, hay que evolucionar sin hacer mucho melodrama… Darwin lo dijo hace muchos años.

Creo que por eso todos los libros de autoayuda como “Los hombres las prefieren tontas” y otro cuyo título estaba relacionado con los planetas no son más que la necesidad de entender por qué la sociedad está disfuncional.

Las mujeres saben ya de su poder, el valor de la individualidad y las posibilidades de realización. No en vano los 30 años dejaron de ser un límite para convertirse en una segunda juventud, más madura y menos propensa a los errores.

Creo que han llegado a apropiarse cada vez más de su tiempo, de sus deseos, del destino (que va más allá del casarse o no) y dejar de ser las víctimas para dar paso a una nueva época de “machos” mártires confundidos, que si bien no son todos, sí se doblan ante una mujer que tenga brillo propio.

¡Y que alguien se preocupe por dar charlas de autoayuda a la generación de vampiros desorientados y con problemas de identidad!

Tengo  una personalidad histérica y un pensamiento analítico que no me deja vivir en paz. ¿Qué puedo decir? Soy mujer.  Y entre histerias, historias e historietas, creo que mi amiguito El Creídoso entró en el círculo histérico, soltando la bomba A: “Marthita, tal vez yo no sea el experto en estos temas, pero solo tengo un consejo que te va a funcionar y creo que es efectivo: disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado y vas a ver como lo que quieres, se da.”

…pinche vida…

¿Por qué los hombres ven todo tan fácil?

¿Por qué las mujeres nos lo complicamos todo?

¿Qué es esa cuestión que siempre nos gusta estar dándole vuelta a las cosas como la bruja de Blanca Nieves que revolvía y revolvía y revolvía su veneno aniquilador, sin darse cuenta que esos vapores verdes la hacen ver fea? ¿Por qué no somos como el cazador que no mató a la Blanquita, llevó el corazón de ciervo y siguió su vida como si nada, después de haber hecho lo que quiso?

La verdad, esta es una de las grandes incógnitas de la humanidad que ni Stephen Hawking, con la ayuda de Jack Canfield y Mark Victor Hansen, va a poder resolver.

Pero esta es una de esas pocas veces que este Creídoso tiene razón.

Verán, este es el pensamiento lógico detrás de su hablada: entre más invierta neuronas en cuanta cosa que sucede en el mundo, menos se entera de lo bonito que se surfea en esta vida.

Y esto aplica para todo: si se pasa dándole cabeza a la vez que se equivocó en el trabajo, no va a poder regocijarse de todos los éxitos.  O como el bendito juego entre sexos: por estar pensando que si esa mirada significó algo, no se da cuenta del momento tan espléndido con esa persona. O con la eterna bancarrota: si se piensa tanto en que tiene que rendir el dinero hasta el  próximo pago, se va de las manos sin haberlo disfrutado.

Ahora bien, para lograrlo, se tiene que empezar por ocupar el cerebro porque, como dice doña Martha, cuando uno tiene mucho tiempo libre, solo en estupideces se piensa.  Hay que buscar pasatiempos que nos hagan más inteligentes (leer), más saludables (correr), más interesantes (estudiar la Teoría Sobre la Motivación Humana o La Pirámide de Maslow)  El punto es estar haciendo que se hace.

Una vez que esas irrelevancias de la vida pasan a un segundo plano, es entonces cuando se comienza a deleitar de la compañía del mundo que nutre con sabiduría y energía positiva, hasta poder abrazar la tan importante soledad, que facilita el contestar las temidas preguntas: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Cómo voy a llegar ahí?

Entonces, se deja de perder el tiempo en banalidades, para empezar hacer lo que verdaderamente gusta, ama, apasiona… y se es simplemente feliz.

Claro, esto es de aplicar con moderación y bajo receta médica, pues se puede llegar al valeverguismo… y que jodido entrar ahí.

Como nota al pie, quiero denotar que queda comprobado lo que dije al principio de esta historieta (eso de que analizo mucho y etc.), porque si no, ¿cómo pude haber agregado más de 500 palabras a las primeras 49?

¡Qué vida la mía!

Y lo vuelvo a repetir: los feos están de moda.

Hace días vengo evaluando a los actuales novios o maridos de amigas, conocidas, amistades y demás… y tengo que admitir que estoy sorprendida de ver a señoritas extraordinariamente hermosas con caballeros extraordinariamente normales (sin ánimos de ofender a ninguno)

Es más, uno escucha a la gente: “¿Viste al novio de Carlita? Ay, pero es que ella esta muy bonita como para él.” O también: “Ay tan bonita esa muchacha como para ese hombre…”

Bien lo dice doña Yelba, mi señora abuela: la suerte de la fea, la bonita se lo desea… también dice que a coyol partido, coyol comido, pero ese no viene al caso.

Mi punto: la imagen de aquel hombre con belleza angelical, casi que recién bajado del Olimpo, para ser admirado por nosotras las simples mortales, ha sido derrocado por la revolución autentica de los hombres comunes y corrientes.

Estos hombres con pancillas birreras y papadas que solo ellos ven, bellos ojos de renacuajito, torpezas dignas de un nerd, con particularidades salidas de Monk… han desarrollado un sinfín de cualidades en lo profundo de su  ser que han embelesado a mis tan queridas compañeras de género: son caballerosos, inteligentes, simpáticos, humildes, las hacen reír y, sobre todo, inventarían cualquier cosa en esta y la próxima vida, con tal de verlas felices.

Entonces, la teoría de mi amigo Anelka no esta tan lejos de la realidad: los menos atractivos son mejores porque, al verse afectados por la competencia atractiva del entorno, tienen que desarrollar mayores y mejores cualidades para llamar la atención del sexo opuesto (aunque no creo que en aquel momento lo haya dicho exactamente así.)

Ahora bien, no es solo el desarrollo de personalidades excepcionales, sino que también la vida dura y cruel de las mujeres solteras en esta sociedad, nos ha obligado a madurar a punta de trompadas, para darnos cuenta que esos ojos verdes empotrados en una tez morena es simplemente un cascarón y que Dios nos libre de todo mal si empieza a escupir palabras sin sentido y ¡qué tristeza!

Así es que, tal vez, no es tanto lo feo o lo bello, si no que lo real.  Lo vemos en anuncios publicitarios como los de Dove, donde salen estas bellas mujeres curvilineas, o como los de Axe donde el hombre (no las chicas, obviamente) es un tipo cualquiera, con pelo en pecho, pancita y bronceado tipo leche.

Hemos llegado a un punto, como sociedad, en el que ya no se esta en aquel hervidero en la búsqueda de la perfección, la belleza, lo único, cuando hablamos de imagen y de pareja.  Más bien, buscamos lo sincero, lo normal, lo común, para no sentirnos únicos, si no acompañados.

Sin dejar de lado el que nos tratan como reinas.

Así es que, hombres bellos que endulzan la retina, cuiden sus espaldas, miren por encima del hombro: el hombre feo viene atacando fuerte, valiente y parece que va ganando.

NOTA!: Si algo me ha demostrado este blog, es que la gente solo lee lo que quiere leer e interpreta solo lo que su contexto personal le permite interpretar.  La serie de comentarios a raíz de este artículo han sido tan variados y algunos tan absurdos, que me he tomado la libertad de hacer un análisis interpretativo del mensaje.

 

Al utilizar palabras como “no entiendo”, “estoy confundida”, estoy cansada de…”, es porque realmente no entiendo, estoy confundida y cansada.  No estoy tratando de utilizar el lenguaje retorico.  La verdad, estoy cansada de mi imposibilidad, como mujer, de no poder llegar a decirle a un hombre: “Me gustas, ¿te gusto? Y ahora, ¿qué?”

Esta inhabilidad no es porque a mí me cueste la tabla del cero, si no que son casi tres décadas de vivir en un patriarcado machista.

La complejidad de esto se basa en experiencias anteriores.  Me refiero a situaciones en las que el individuo me  puso en su glosario, bajo las palabras que empiezan con en la letra “P” e intentó el juego de la seducción para los domingos de lluvia sin cable. 

Al decir “…que vivan lo suficiente para que después le den paso a lo que sea que siga…”, creo que alguno de los dos deberían de tomar el primer paso para lo que sea que vaya a suceder: pedir el número de teléfono, invitarlo a salir, hacer la tan temida pregunta… lo que sea.

Ambos géneros deberíamos de poder gozar de dicha libertad y desarrollar ese derecho sin ser juzgados.

Sobre las dos tendencias, me gustaría aclarar lo siguiente: las mujeres debemos arreglarnos, ponernos bellas y salir de cacería.  Estoy categóricamente en contra de la Teoría Princesitas: sentarse a esperar que aparezca el príncipe azul.

Pero también sé que hay hombres que les gusta ser conquistadores.  Que alguien me diga, ¿cómo carajos me doy cuenta que al tipo le gusta ser el gato o el ratón?  Porque si le llego y le gusta ser seductor, pues puede perder el interés.  Por el contrario, si le gusta ser seducido y no le llego… seguimos en el mismo círculo vicioso.

Si yo no quiero terminar ni como la respetada doña Florinda, la loquita de Penélope, la abnegada Fermina o la tan interesada Holly … no quiere decir que yo no vaya a hacer nada al respecto. 

Lo que quiero decir es que yo no voy a esperar a ningún pendejo, que se ponga las pilas, que se decida que yo soy lo suficientemente cuerda como para intentar un algo (llamelo amigos, amigovios, novios, andantes, etc).

Carajo!

Lo que quiero decir es que, aunque he tomado al toro por los cuernos, lamentablemente me he topado con tantos Johnny Bravo, que no me queda de otra que ser cauta.

Con todo y todo, NINGUNO de mis comentaristas, me ha contestado las preguntas del final.  Por el contrario, han despotricado con todos sus traumas de infancia.  La mayoría de los hombres quieren más acción por parte de las mujeres y las mujeres quieren justamente eso, pero tienen el miedo de toparse con un Pepe Le Pew que quiera un típico “coge y jale”

Mi intención con el blog? Dejar en claro que no me voy a sentar a esperar.  Voy a actuar y voy a dejar que me rompan mi pequeño corazón, que me rechacen.  Voy a besar a cuanto sapo, culebra y escarabajo me pase en frente… Hasta encontrar el pobre alma en pena a quien yo pueda llamar a cualquier hora para ir a comer un helado.

Pero también quería dejar en claro que no es tan fácil con ustedes, mis muy estimados lectores del género macho masculino.  Por el contrario, a ustedes también se les corre las tejas de vez en cuando… y por favor, admítanlo que ustedes están igual de locos que nosotras.


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

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He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
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