Desabrochando a Martha

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Esta lucha por corregir la gramática en redes sociales ha llegado a jalar, levemente, los hilos de mi intolerancia.

Esto pareciera una guerra por demostrar errores, tejiendo delgado y amordazando el crecimiento de una lengua que se rehúsa a morir.

Hoy les declaro la guerra y lanzo mi primera bomba molotov.  En el momento que lean este discurso y me digan quién lo escribió, junto a una crítica constructiva, podrán ejercer su labor como #grammarnazi en lo que escribo.  Así me demostrarán que es una cuestión de enriquecimiento lícito de conocimientos.

Mientras tanto, se ejercerá un toque de queda y censura contra sus demostraciones públicas, mas se agradecerán enormemente los embates privados.

Y solo por aquello, quiero dejar en claro que soy fiel creyente de esta propuesta porque por estar apuntando tan minuciosamente, hace desvanecer lo más importante: el mensaje que se desea transmitir.

“A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta.  Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: “¡Cuidado!”.  El ciclista cayó a tierra.  El señor cura, sin detenerse, me dijo: “¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?”.  Ese día lo supe.  Ahora sabemos, demás que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo y, con tanto rigor, Que tenían un dios especial para las palabras.

“Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder.  La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras.  No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas.  Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual.  Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.  No: el gran derrotado es el silencio.  Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya noes fácil saber cómo se llaman en ninguna.  Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

“La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras.  Es un derecho histórico.  No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo.  Con razón un maestro de Letras Hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países.  Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la República del Ecuador tiene ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado.  A un periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica.  Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo “Parece faro”. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo.  Que don Sebastían de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismo un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?  Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que dede hace tiempo no cabe en su pellejo.  Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre al siglo XXI como Pedro por su casa.

“En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros.  Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, y asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, con los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armoniosos muéramos en vez del siniestro muramos.  Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima, ni confundirá revolver un revólver.  ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

“Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas al mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras.  A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años.”

Amigo… amigo… amigo… amigo… ¡Qué bueno el Vacilón de la Mañana y Manolo Cabeza ‘e Huevo!

O el video de Agrandaditos de Rodrigo y Agustina… ¡Son como para comérselos a besos!

Así se me puede pasar la vida entera, viendo videos y fotos y los mensajes de Dog en 9gag.

Bajo circunstancias normales, esto sería normal en cualquier escolar adolescente puberto bloggera de 3 décadas.  Pero verán, no estoy pasando por circunstancias comunes.  Me estoy enfrentando a volver a estudiar para un examen.

ES.TU.DIAR.

Tengo más de 10 años de no enfrentarme a semejante tarea.

Y no sé por qué carajos, mi cerebro piensa en abrir la carpeta de resúmenes y mi mano, simplemente, toma vida propia.  Termina abriendo Facebook y Twitter y mi correo y el blog y de pronto estoy metiendo hermosos vestidos y zapatos en mi lista de deseos en la página de mi tienda favorita, para regresar a FB, donde termino de ver videos en youtube y memes de 9gag.

Siempre lo he dicho: esto de internetear, puede llegar a ser adictivo.

Es por eso, que he cerrado mis cuentas en redes sociales hasta el próximo lunes, que es el día D… de Decerebre porque hago el examen.

Así es que, queridos lectores, espero me envíen sus mejores vibras.  Si por alguna extraña razón no es así, pues MACHALÁ, MACHALÁ.

¡Nos facebukiamos el lunes!

Me fui para la tierra de mis antepasados con mi Macho Ratón (nuevo sobrenombre del Compañero Sentimental, a petición propia de él mismo) y con su mejor amigo Guajaqueño.

Así mismo es.  Los tres nos fuimos para Granada, Nicaragua a disfrutar de los manjares, el licor, la fiesta poética, la infraestructura colonial y vivir la vida burguesa que nos merecemos.

He aquí lo que allí aconteció:

Zopilotes en la frontera: Nos fuimos en carro.  Una vez que uno cruza una aguja limítrofe (sí, una aguja como de residencial es lo que demarca ambos territorios), se encuentra a merced de un grupo de zopilotes jóvenes que intentan asustarlo matarlo  ayudarle a sacar los cincuenta mil trámites que hay que hacer el lado nica.

Dos horas después, cuando ya se pagaron todos los impuestos, seguros y demás enseres, uno siente una libertad.  Una brisa.  Comienza a ver el Lago de Nicaragua.  Oye a los pajaritos y al Guajaqueño cantar y todavía no puede creer que se haya dejado el suelo tico.

¡San Juan del Sur rocks!: La belleza es incomparable.  Mar celeste cielo, arena dorada, embarcaciones esparcidas a lo largo de la playa, un Cristo que vigila todo lo que pasa y Toñas frías a cada paso que se da.  Ese es el pueblo que el Guajaqueño siempre recordará como el lugar donde comió 3 colas de langosta por $11 en uno de los restaurantes más finos del lugar.

San Juan del Sur, Nicaragua.  Foto cortesía del Macho Ratón

San Juan del Sur, Nicaragua. Foto cortesía del Macho Ratón

Granada nos recibió con doble arcoíris: No habíamos terminado de admirar la belleza de la costa, cuando entrando al camino de Granada por Rivas, comenzó a llover y dos arcoíris completos se formaron el cielo.  Mis ojos no lo podían creer y era como si Dios nos estuviera recibiendo.

La vara aquí es probarlo todo:  ToñaPremiumVictoriaVictoria FrostVictoria Selección MaestroVictoria Light… Todas se probaron, no se escatimó en nada con tal de disfrutar de las mezclas de cebadas, lúpulo y demás cereales nicaragüenses.  El Flor de Caña bajo por nuestras gargantas en una serie de mojitos.  No dejamos de lado el quesillo y el vigorón… yum, yum, yum…

En los buses todo se vale: No me monté, pero vi muchos pasar hasta el seserete de gente.  ¡Qué cosa más impresionante ver salir a la doñita de la puerta de emergencia que esta atrás!  Un muchacho le pegaba un grito al conductor para avisarle que ya todos se habían bajado y que podía arrancar.  Lo primero que dijo el Macho Ratón: “Eso en Costa Rica, ya le hubieran caído todos los grupos sociales, la ley, los ministerios…”

¡Ah! Y como en las películas, con cuarenta mil paquetes amarrados al techo.

Los buses en Nicaragua dan miedo.  Foto cortesía del Macho Ratón.

Los buses en Nicaragua dan miedo. Foto cortesía del Macho Ratón.


Calle la Calzada: Cuando la descubrimos, fue como que los ángeles hubieran quitado una cortina, un coro celestial cantara notas gloriosas y Dios nos dijera: vayan, mis queridos hijos, que por esto lo hemos puesto ahí.  Los mejores bares, restaurantes y el hotel más hermoso que jamás existió, están en esta calle adoquinada que cubre, por lo menos, unas cuatro cuadras.  Solo se puede comparar con los cafés españoles o parisinos.

Lo mejor de Nicaragua fue su gente: El vampirin que nos ayudó en la frontera.  Nick, el guía en Masaya.  Alejandro, el botero que nos llevó por las isletas.  El artista que nos demostró como decoraba.  La muchacha de la recepción.  La mesera en el bar de la esquina, quien nos recomendó comer el vigorón del quiosco del frente.  Todos y cada uno de ellos demostraron un nivel de amabilidad, educación y amor a su patria, que no había visto en nadie desde hacía mucho tiempo.

Por eso no había podido escribir… y porque me ha costado acomodarme otra vez a la realidad… ¡qué varas las mias!  Sin dejar de lado que si no era viernes o martes, no iba a publicar y luego que se acaba el mes, entonces me dije, mejor lo publico el primer dia marzo… y bueno… así va mi cabeza histéricamente atarantada.

Con respecto a mi reto personal de no ver televisión, tengo el orgullo de decir que pude cumplir con las reglas… bueno… casi…

 CONCLUSIONES

  1.  Es difícil, pero no imposible.  Llega un punto en el que tu cuerpo te pide imágenes en movimiento.  Luego te acostumbras.  Cuando ya se puede apreciar de la caja del demonio, pues ya ni dan ganas de prenderlo.
  2. Es fácil sustituir la máquina con cualquier página en internet.  Me di cuenta de esto cuando youtube me pidió meter un captcha porque estaban recibiendo muchas solicitudes de mi numero de ip… ahí fue cuando dije que mejor no seguía viendo videos.
  3. Es difícil hacer creer a un Macho Ratón que es él quien quiere ver un capítulo de Sex & the City, mientras uno está de visita.
  4. Es difícil tener que ver el resumen deportivo de canal 13 los domingo en la noche porque el Macho Ratón quiere ver cómo le fue a su equipo… sabiendo que en TCM están pasando Some like it hot y no poder decir nada.  El consuelo: pude ver a Coto, un amigo de la U.
  5. No me terminé el libro de Kundera.  Lo cual me hace pensar que tal vez el libro si sea lo pesado.  El libro, no el autor, claro está.
  6. ¿Qué hice con tanto tiempo en mis manos?  Me acosté temprano, saqué a las zaguas a caminar, ahora voy 5 veces a la semana al gimnasio, empecé a salir más con mis amigos, me he hecho más puntual y he disfrutado de los sonidos de la naturaleza, como de los pajaritos, el viento en los arboles y el río que pasa detrás de mi casa.

El único día que yo misma romí mi propio reto fue el domingo 27 de febrero porque fue la entrega de los premios de la Academia, los Oscars.  Solo porque tengo 29 años de estarlos viendo (30 si contamos cuando estaba en el vientre de mi madre) Es una tradición y costumbre familiar que no se puede romper por nada en el mundo.

No porque me guste ver la alfombra roja, ver como fueron vestidos, ver las pelis ganadoras y marcarlas en la lista que tengo de ellas, escuchar los chistes y monólogos, ver si comparto la opinión de la academia… ¡NO! ¡Jamás en la vida se trata de eso!

Simplemente estaba respetando una tradición.

Para este mes, voy a usar el mínimo del internet.  En el caso de Facebook, solo en la mañana y en la tarde.  Quedan fuera del juego desabrochandoamartha.com, twitter.com, google.com, wikipedia.org (y no porque lo lea cuando estoy aburrida), sites de líneas aereas, buses y trenes.  Osea, no voy a ver ni 9gag.com ni youtube.com, básicamente… ni monsterdivx.com… ni cuevana.tv

¡OH DIOS! ¿EN QUÉ ME ESTOY METIENDO?

¿Lo lograré?  No 9gag va a estar difícil.

¿Lo lograré? No 9gag va a estar difícil.

¡Yo necesito que me entiendanmen!

¡No es tan fácil como simplemente separarte de tu compañera de toda una vida!  ¡Uno pasa por un duelo!

Un duelo en el que, lo único que uno puede pensar, es en buscar un sustituto, como My Drunk Kitchen o Jenna Marbles.

Así es que puedo decir que he logrado mantenerme alejada de los televisores… excepto en dos ocasiones.  La primera fue en la casa de mi amiguita Annie, quien me invitó a comer crepas caseras de nutella con fresas, bananitos y kiwis con helados, el día del cumple del papá.

Simplemente me dijo que si ponía una película.

“Vos sabés que no puedo.”

“Ahí pusiste que si estabas de visita ibas hacer la excepción.”

“… pero no me haga caer!…”

“Entonces, conversemos… “

Su tono me hizo morirme de la risa, darme cuenta que era una guerra perdida y lo mejor era abdicar.

Aunque se la jugó bien, porque vimos The Help, nominada a 4 Oscars incluyendo Mejor Película, Mejor Primera Actriz y Mejor Actriz Secundaria para dos actrices diferentes (de lo cual, estoy completa y totalmente de acuerdo)

Ven: ¡no rompí ninguna regla y no rompí la dieta porque tenía frutas y un lácteo!

(…si el Nutricionisto se diera cuenta…)

La segunda fue con el Compañero Sentimental, quien me apoya completamente con mis ideas absurdas, pero llegó el momento en que sus ojos de perrito arrepentido tenían que aparecer para decirme que, justo el día que lo voy a visitar, es la final del Super Bowl.

Yo me rehúso ser de esas viejas locas e histéricas que pega gritos llorosos reclamándole y diciéndole que me está haciendo caer en un abismo.  Así es que vimos los últimos segundos (que se convirtieron en minutos) del partido.

Siendo honestos, no cuenta porque de fútbol americano solo entiendo que pasan anuncios buenísimos como el de WeGo o el de Doritos, que se come alitas picantes, se toma mucha birra y que hay gente que se enoja si se le apaga el televisor.

En conclusión: es difícil visitar a las personas porque, aparte de recetarte comida deliciosa, te recetan películas y series.  Eso me asombra sobre manera porque, ¿dónde quedaron los juegos de mesa?, ¿dónde quedó el desarrollar una hermosa relación por medio de la comunicación?, ¿cómo no se les ocurrió ver un capítulo de House ahora que ya viene la última temporada?

En general, está siendo una experiencia enriquecedora para darme cuenta la cantidad de tiempo que he perdido con esta caja del demonio (a como me refiero a ella últimamente)  Hoy por hoy puedo decir que he dormido más y mejor, he ido más temprano al gimnasio, he cocinado más, he escrito más y hasta he admirado más el mundo exterior con las cuadrúpedas.

Aunque tampoco voy a mentir.  Me sorprende la necesidad interna de mi espíritu por prender la máquina que hasta llegué al punto de desconectarlo porque, cuando me doy cuenta, estoy buscando el inservible control remoto.  Pero para hoy jueves, mi cuerpo se ha de haber desintoxicado porque ya ni lo busco y fijo se perdió porque hoy vino la señora a limpiarme la casa.

A parte de eso, puedo decir, que los días que trabajo desde el hogar se me hacen eteeeeeeeeeernos.  Antes era mi compañera fiel que, aunque yo no ponía atención, era el telele que escuchaba y no me hacía sentirme tan sola.  Ahora, mis mejores amigas son las dos bolas de pelo y amor, que no me hablan ni aúllan ni ladran.  Solo me ven con sus ojos fijos, hambrientos y acosadores que me ruegan por un pedazo del emparedado que me hice para almorzar.

¿Que qué pasó con el libro de Kundera?

No voy a mentir y decir que ya lo terminé.  Digamos que por lo menos ya lo saqué del bulto y he adelantado unas cuantas paginitas en las frías noches josefinas.

Pero digamos que me han hecho ver que, por el proceso tan duro de desintoxicación, he pasado yutubiando más.  Lo cual podría… podría… considerarse hacer lo mismo pero con otro nombre.

¿Será que youtube debería entrar dentro de la lista de los no-no?

NOTA: Hace más de cuatro años, un amiguito (el mentao N.) me insistía que yo escribiera cualquier cosa, pero que no lo dejara de hacer.  Un día me encabroné  y escribí esto.  Lo encontré en el baúl de los recuerdos mientras buscaba a Benedetti.  Espero les guste.

Quieres que te escriba algo.  Cualquier cosa.  Cualquier tema.  Creo que lo único que esta en tu mente, después del sexo y el trabajo, es que yo tengo que volver a escribir.

N.… yo no quiero…

Me insistes, me acosas, me persigues, me recuerdas constantemente, me preguntas el tema, cuantas páginas llevo, si escribí ayer o si lo pienso hacer hoy.

“No, no he escrito”, te digo.

Y te enojas.

Vos crees que no lo quiero hacer, que soy perezosa, que no le dedico suficiente tiempo porque “así soy yo”.  Yo creo que me quieres ayudar, quieres verme feliz, quieres que cumpla mis sueños porque vos sos así con todos.

Pero no te enojes.  No te enfades cuando te digo que me dejes en paz.  Hablar del tema me da chicha porque… no sé cómo explicarte… no puedo.

Para vos es sencillo insistir porque precisamente sos vos.   Para mi no lo es porque precisamente soy yo.  ¿Cuándo no me he complicado la vida?

Escribir no es tan fácil para mí: es todo un ritual.  Para sentarme frente a la computadora tengo que estar descalza, en mis pantalones de escribir; tengo que tener todo lo que pueda necesitar a mí alrededor para no tener que levantarme, como comida, agua, Coca-Cola o café, cigarros, encendedor y celular.  Mi cabello tiene que estar recogido, mis uñas cortas y mis perras lejos en el patio.  No puedo tener nada que me estorbe como aretes, reloj, cansancio, ansias y hambre.

Con todo listo, solo hace falta soledad y silencio.  Mejor si es de noche porque nadie me molesta.  Para mi, seria fenomenal que mi abuela hiciera efectivo su club de cajas fúnebres… que mi hermano y su esposa se volvieran sordo-mudos… o irme a vivir al convento de Carmelitas Descalzas en medio de los Pirineos!

Llámalo blah, blah, blah… el punto es que me siento obligada a estar cómoda para hacerlo bien.

Me exasperas cuando me decís que escriba una página hoy.  ¿De qué voy a escribir?  ¿Cuál critica?  Porque escribir por escribir no va conmigo.  ¿Cuál voz?  ¿Cuál tiempo? ¿Cómo empieza? Y más importante aún, ¿cómo termina?

¿Cuándo me entenderás que las historias tienen su propia vida?  Solo que su vida es como el caminado del cangrejo.

Yo no las puedo manipular, ni acelerar.  Ellas vienen cuando quieren y nacen cuando escribo el primer borrador, pero todo gira alrededor del desenlace.  Es un motivo para la historia, como el chiste del güila que le dice al papá que el gato se murió.

Después, tienen que descansar y madurar en mi cabeza.  El tiempo las tiene que enriquecer con colores, sabores, aromas y tiempos.  Al final, sin presiones, justamente cuando es adecuado, me volverán a buscar.  Tomarán la forma que desean y habremos terminado el tormento.

Es como la historia de mi abuela que leíste el otro día.  Tiene cuatro años y todavía no es su momento.  De vez en cuando la abro y la releo, para confirmar que sigue latiendo.  Pero como el zapateador de flamenco: si no tiene el duende, no se siente igual.

¡Claro!  Para redactar una noticia no soy tan paranoica.  La noticia esta ahí y se limita a contar qué, cuándo, dónde, quién, cuál y por qué.  Siempre es lo mismo en cuanto a voz, tiempo, crítica .  Esa no tiene vida, como una roca que simplemente esta ahí.

Llámame loca… el punto es que las historias son como el Zinfandel.

Te explico que no tengo una buena computadora.

“Usa la del trabajo.  Quédate dos horas.”

¿¡Que no entiendes que no voy a poder concentrarme!?  Y si no soy la personificación del cubito Maggie, me convierto.  Soy Hulk en mujer.  Me torno en una verde ermitaña amargada.

Ya te tuviste que dar cuenta que yo sí me distraigo con el movimiento de la flecha del mouse.  Una vez trataba de escribir en la tarde y no podía porque mi hermano estaba ensayando en la batería.  De pronto, me asusté de mi gran capacidad intelectual para seguir una mosca.

Hablando en serio, te voy a decir algo que no lo he dicho a nadie: me da miedo.  Me da pánico no llenar las expectativas de la gente y busco cosas que hacer antes de.  Lo cierto es que escribo para mí, a nadie le enseño nada.  En la universidad no tenía otra opción.  Lo que he escrito desde que salí es para mis ojos only.

No entiendo de dónde sacan que escribo bien.

….  y apareces vos… como chiquito de tres años preguntando por qué no escribo…

Llámalo bullshit… el punto es que hasta me sudan las manos de solo pensar que estas leyendo esto.

Además, súmale: es un lujo que no puedo costear.

Escribir implica mucho tiempo que no tengo.  Hay que pensar, buscar, investigar, entrevistar, estudiar, redactar, repasar, editar, leer, aprender, hablar, intentar, responder, saber, visitar, escuchar, esperar.  ¿Cuándo voy a poder hacer todo eso?  Para cuando salgo del trabajo, ya todo esta cerrado: bibliotecas, departamentos de prensa, oficinas públicas y privadas.

Además, entre las cosas de mi mamá, el trabajo, mis hermanos y sus cónyuges, mis perras, mis amigos, mi papá, mi abuela, mis loqueras… cuando tengo mi tiempito libre, lo único que quiero es desconectarme: fumar, tomar guaro y dormir (en ese orden)

…tras de todo quieres que haga ejercicios…

No creas que me estoy rindiendo, porque no es así.  No creas que son excusas, porque tampoco.  Mi deseo por escribir es tan grande, que me hace insignificante.  Por eso mantengo mi diario, devoro libros, me sumerjo en la National Geographic y hago cosas que me inspiran, como ir al museo, a la opera, al ballet.

O conocer a la gente.  Por eso saludo a todo el mundo, porque me interesan, me inspiran, porque sé que guardan una historia que el mundo debe conocer.

Llámame pura mierda… el punto es que así soy yo.

¡Ay N.…!  ¿Cómo te explico?  ¿Cómo te hago entender que mi pasión por escribir es tan fuerte que me llena de alegría y me drena de tristeza?

¿Nunca has sentido algo así?  Algo que sea tan desesperante que no puedes contenerlo, que necesitas hacerlo, ojalá, todos los días y a todas horas.

Es como hacer el amor.

La historia es un amante que me seduce en mi cabeza: me enreda en una maraña de sentimientos.  Lo hace de  tal manera… que hasta me eriza las piernas.  Es un amante con el que quiero estar y no lo puedo hacer en la primera cita.  Tengo que ir con buena letra o puede salir todo mal.

Empezar y mientras lo hago me emociono, soy feliz, me hace sentir completa, tengo fuerza, valor, puedo conquistar el mundo.  Siento que soy mujer, única, etérea, voraz.  Soy  yo.  No importa la fecha, la hora, todo puede esperar.

No hay nada más en el mundo, solo la computadora y yo.

Con el punto final, siento un regocijo interior tan fuerte, tan desesperadamente abrasador, que también me hace vulnerable.  Me puede hacer llorar y reír al instante y al mismo tiempo.

Y quiero volver a empezar.

Hasta llego feliz al trabajo.

¡…Ay, no sé, N.…!  No sé cómo explicarte.

Pero de una vez quedas sentenciado: en la vida te atrevas a dejarlo de hacer.  Ni se te ocurra no volver a preguntarme si he escrito.  Es solo por hoy que no te quiero ni a tres metros quince de mí preguntándome cada tres segundos que si ya empecé.

Tal vez si son blah, blah, blahs… Tal vez sí estoy loca.  Tal vez si es bullshit.  Tal vez sí soy pura mierda.

El punto es que hoy quieres que yo escriba y yo solo quiero dormir.

Me identifique tanto...

Me identifique tanto...

 

Pasando los dedos por mi pequeña bibliotequita, me topé con una belleza que me regaló mi amiguita La Pianista: Milagro Abierto, de Jorge DeBravo.

¿Qué mejor manera de empezar mi camino travieso hacia la lírica que con poeta costarricense y que, además, fue un regalito del corazón?

Así es que, lo saqué y me senté en una calurosa tarde de verano a disfrutar.

Él fue una de esas mentes esplendorosas que se esconden en lo recóndito de los pueblitos más alejados, pues creció en Guayabo de Turrialba de Cartago de Costa Rica.  Amén.

A los 15 años se graduó de la escuela y se tuvo que salir del colegio para trabajar en la Caja.  Se casó a los 21 años, tuvo dos hijos; a los 27 terminó el colegio y se puso a estudiar periodismo; falleció en 1967 a los 29 años en un accidente de moto.

Para empezar, una de las cosas fascinantes que encontré en él fue el realismo con que miraba su arte: “No me gustan los poetas ininteligibles.  Se los medita durante horas y no se los entiende.”  Cuando lees sus versos te das cuenta que, su objetivo al escribir, no era lucir su habilidad, si no que enviar el mensaje claro, no enredarnos entre muchas metáforas y símiles.

Jorgito encontró en la poesía una forma de luchar contra la desigualdad, una manera de tirarle piedras a los que provocaban injusticias, como en los versos de Consejos para Cristo al comenzar el año:

Yo – el menos – ya estoy bien cansado

de oír que llaman héroe al que mata

cien hombres defendiendo a un tirano

que se mama los pechos de la patria.

 —

 Podrías darles lecciones a los curas,

recordarles lo que es el cristianismo,

cambiarles el cerebro a algunos tipos:

A los políticos y a algunos dictadores

presumidos.

O como en Hombre, donde se nota su desesperación por hacer valer su condición de humano y exige igualdad:

Soy hombre, es decir,

animal con palabras.

Y exijo, por lo tanto,

que me dejen usarlas.

 Pero dejémonos de varas, porque cualquier poeta (hombre o mujer) termina escribiéndole al motor de todas las cosas: el amouuuurrrrggghhh!

En Nocturno íntimo, describe como el verdadero amor se vive en la realidad de la Tierra y no en las fantasías imaginarias:

Te amo simplemente, sin fatigas,

sin grandes miedos, por lo que tú eres.

No por los sueños que fabrico a solas,

sino por lo que das y lo que tienes.

Del que me enamoré y me parece uno de los poemas más románticos que esta tierra ha podido engendrar, el segundo soneto de Dos sonetos de amor humano:

Desde este día, Amada, estoy dispuesto

a serte mesa, lecho o almohada.

A ajustarme según tu presupuesto

y a callarme si te hayas enojada.

Si vas de compras serviré de cesto.

De almohadón si te encuentras fatigada.

Compondré lo que tengas descompuesto

la radio, el corazón o la mirada.

Te vestiré si quedas desvestida.

Te nutriré si quedas desangrada

en cualquier rinconzuelo de la vida.

Seré el esclavo de tu amor en cada

ocasión que me des lo que te pida

y quieras ser también esclavizada…

Conclusión:

Jorge DeBravo me enseñó que la poesía es libre de expresar cualquier preocupación que aqueje la mente atormentada del poeta.  No se limita al amor ni a la cursilería.  Es una herramienta de color que se usa para que el mundo escuche la verdad.

Y si de amor se trata, no tiene porqué rayar en lo ridículo, sino más bien en la belleza que rodea al amor: la simplicidad de la cotidianidad.

Perdón, perdón, perdón… perdóncitooo!!!

Por no haber escrito sobre mi aventura poética, pero prometo tener una excelente razón: me fui a meter en la boca de un toro… ¡y sobreviví al intento!

Sí, damas y caballeros, tengo un nuevo sello en mi pasaporte que dice REPÚBLICA DE PANAMÁ!

Sin entrar en mucho detalle, mi amiguita Lisa me dijo que fuéramos: salimos un jueves, terminó un domingo y no sé qué parte de mi cerebro hizo la matemática que sería cool no llevarme mi computadorcita para desconectarme del mundo… lo cual fue una gran falacia pues pasé mucho tiempo maldiciendo el maldito software de celular que no me dejaba ver mis status en Facebook como Dios manda.

Y este es el resumen de lo que allí aconteció:

Tengo novio nuevo.  Su nombre es don C., y es capitán de barco… bueno, de una lanchita con sillas y motor… Digamos que en una hermosa bahía llena de espectaculares islas, ¿qué mejor que tener novio con bote?…¿y con una hermosa pancita birrera?…  Les juro: eso fue amor a primera vista.

Me compre un Trits.  Sí, una de las ventajas de la globalización.  Como es costumbre en muchos de nosotros, pedí una cucharita.  La chinita me dijo: “¡NO! Eso come con mano.”  Ahí se acabó el asunto porque siguió atendiendo a otra persona.

Lo que pensé fue: ¿USTED me va a decir a MI como comerme un Trits? YO lo probé mucho antes que USTED y CON UNA CUCHARITA!!!!

Igual, mis pasos de indignación me llevaron a comérmelo con la mano en mi habitación.

Flipper y yo somos BFFS.  Dentro de las maravillas que ofrece Bocas está el avistamiento de delfines.  Hay una mini bahía donde ellos viven, se alimentan y crían a sus pequeños bebitos.

Uno está en silencio esperando y de un momento a otro, aparece una aletita bebé a la par de una aletita mamá.  Ha sido una de esas asombrosas escenas de la naturaleza que uno tiene que vivir.

En eso, el capitán de la embarcación empezó a dar vueltas para hacer olas y… PUFFFF, SPLASHHHH… saltaban juguetones.

En ese momento de alegría y juegos nos hicimos BFFs.

Cangrejo 1 – Martha 0.  Así es que yo me dije a mi misma: mi misma, estos son los momentos en los que hay que probar de todo, como el cangrejo con arroz de coco.  Yo no sé cómo yo pensé que vendría en una presentación diferente, pero esa carajada parecía como que hubieran acostado a Aragog en un plato.

Para rematar, semejante mastodonte marino tiene una concha que ni dándole de a golpes contra la mesa lo quebraba.  No hubo de otra que devolverlo a la cocina para que le dieran de martillazos (literalmente) y si no hubiera sido por Lisa, se hubiera quedado ahí.

Cuando el mar esta picao, las tangas salen de fiesta.  Nos fuimos a Red Frog: una playa increíble, de arena dorada y un mar de aguas transparentes, que se revolcaban incansablemente entre olas que se repetían de tres en tres.

Logré mover mi cabeza de semejante vista para decirle algo a mi amiga, pero tuve que detener la trayectoria de mi cabeza: una tanga de la bandera de Australia que llevaba un buen chiverre por encima, cubierta en canas.

Son ese tipo de cosas en las que estas segura que vas a regresar a buscar un perro guía porque fijo vas a perder la visión.  Es tan terrible, que hay que compartirlo con el mundo entero, pero mi cámara se dañó y no lo logré con el celular.

He sobrevivido: Si hay algo a lo que le tengo pánico son a las carreteras propensas a los derrumbes (como la del Zurquí) y las pangas con motor (como los taxis que te llevan a Colón)  Así es que de ida, le di muchas gracias a Morfeo por abrazarme la mayor parte del trayecto.

Pero en el bote, lo único que pude hacer fue invocar la oración de las mujeres de mi familia (ay, por la Santísima Trinidad y la sangre de Jesucristo, el manto santísimo de la Virgen María, por los clavos de la cruz, padre Pío, Santa María de Cascia, que por el amor de todos los Santos, QUE ESTA PANGA NO SE VUELQUE)

De regreso, un espantoso olor a gasolina comenzó a invadir mi espacio y ¡ROOOAAWWRRR!, se detuvo la lancha.

Lo primero que hice fue ver en un ángulo de 360  grados, para encontrar el bote más cercano hacia donde nadar.  Ninguno a la vista.

Arrancó de nuevo y el tipo le metió chancleta como si temiera por su vida… pero ¡ROOOAAWWRRR!… se volvió a detener.

Aquí fue cuando busqué la orilla más cercana y me di cuenta que era causa perdida porque fijo me iba a cansar antes de llegar hasta allaaaaaaaaaá.

Esto pasó por lo menos unas cuatro veces y en algún momento me acordé de una conversación con un compita sobre la muerte: Jim Morrison pensaba que uno tenía que experimentar la muerte, porque, al final de cuentas, solo pasa una única vez… entonces, que qué era esa vaina de morir mientras se dormía.

Y yo dije: diay si, ahora es cuando… así es que sigámosle el consejito a Jimmy (porque soy muy dramática)  Solo por aquello, pelé las guayabas para no perderme ni un segundo.

Pero no pasó a más (evidentemente), pues llegó otro bote para hacer un trasbordo.

¿Ven como si tenía una buena razón para lo de la poesía?

¿Acaso no es hermoso?

Sí, lo admito: soy una nerd que le encanta leer.  Pero es que mi amor por la literatura se ha limitado a la prosa por decisión, más que por gusto.

Todo comenzó en el colegio cuando nos tocaba leer poesía para definir métricas y ritmos, sílabas y acentos, versos de 8 o 12 o  1 000 sílabas, que si había un símil o una hipérbaton, que si correspondía al romanticismo, al nacionalismo, latinoamericana o si ya era amada por el universo entero.

Nunca me enseñaron a amarla.  Nunca me sentaron para que la leyera y apreciara la astucia y el valor de poder abrir la verdad oculta en lo más profundo del corazón, para demostrar el humano desvalido por sus sentimientos.

Para rematar, los autores de las grandes poesías son hombres que se traen abajo toda idea preconcebida de lo que un macho que se respeta debería ser.

Me limité a verlo como algo cursi y ridículo que una mujer con tendencias feminista y comunista, no podía darse el lujo de valorar como un modo de vida (o por lo menos así lo consideraba en el colegio) Simplemente, no le di oportunidad y decidí que nunca me iba a gustar.

Hasta que llegó Pablo Neruda y su Poema XV.  Lo pongo así: en mis fantasías imaginarias de adolescente, el hombre de mi vida me lo leía el día que declaraba su amor.

Otro que me mata, me deshace, me derrite en un charco de romanticismo puro es E.E Cummings:

Llevo tu corazón conmigo, lo llevo en mi corazón,

nunca estoy sin él.

A cualquier parte que voy, vas tú.

 Así es que, esta noche (que van a ser de todos los sábados durante este mes) voy a leer un hermoso poema de un autor diferente cada vez, y darles una oportunidad porque de poetas y locos, todos tenemos un poco…

… y luego les cuento que tal me fue… si me quieren recomendar alguno, pues no duden en contarme…

Les recomiendo fervientemente los TEDTalks.  Estas son conferencias de 3, 5 o 17 minutos ofrecidas por los cerebros más grandes de la existencia del ser humano, hablando de todo lo que hacen para hacer del mundo un lugar mejor, desde un punto de vista científico, artístico, ecológico, psicológico, creativo… ustedes mencionen el tema, que fijo ya se habló en TED.  Están en inglés, pero todos tienen opción de subtítulos.

Y sí, lo admito, soy una cerebrito que es fan en Facebook, suscriptora en YouTube y de vez en cuando, me meto en su página principal para absorber información general sobre situaciones que me agobian, como liderazgo en el trabajo, pero principalmente cómo hago para incrementar mi creatividad cuando paso por episodios del famoso writer´s block.

En una de tantas, me topé con el TEDTalk de Elizabeth Gilbert, escritora del afamado libro Eat Pray Love.  Como nota aparte, digamos que siempre he querido ser la versión latina de ella, es decir, una escritora que viaja por el mundo para encontrarle el verdadero sentido de la vida, disfrutando de los placeres de un buen plato de pasta con una buena copa de vino tinto, para luego sumergirse en una clase de meditación yogística y terminar el día entrepiernada de un maravilloso macho masculino que se respeta… suspiro…

Volviendo a su conferencia, ella habla sobre la creatividad y como quitarnos semejante yugo de culpabilidad, a nosotros, las mentes torturadas que deseamos ser artistas en cada una de nuestras áreas.  Expone esta increíble teoría sobre el origen de la genialidad que se remonta hasta las civilizaciones antiguas: el ser creativo no está en uno, sino que es un duende mágico que te susurra al oído las grandes ideas.

Ese pensamiento mitológico de un genio externo, al que le puedo echar las culpas por mi pavor a la página en blanco, me dio una paz… porque ya todo tiene sentido.

¡Sí claro!  Todos esos momentos de angustia, en la que una idea espectacular llega a mi cabeza, justo en el momento menos indicado, ha llegado a su fin, pues simplemente veo a la esquina superior izquierda (donde me imagino que el bicho está sentado) y simplemente pienso: “¡NO EMPECES!  ¿No ves que estoy en media reunión con el cliente hablando de los riegos de llevar a cabo este implementación?  Escríbalo usted en alguna parte y después me la cuenta.  Yo ahorita, no puedo.”

¡In your face!

Estoy segura que muchos deben de estar pensando que soy la más esquizofrénica de todas y que ahoritica llega una ambulancia del psiquiátrico a ponerme la chaquetona.  Pero, ¿es que acaso no piensan así de todos los que nos aventuramos al área creativa, como la música, la pintura, la literatura?  Vean a Van Gogh… al rato y no estaba tan loco como la gente piensa… simplemente vivía en una era donde su genio no podía ser totalmente comprendido.

La verdad, al final del día, estoy dispuesta a soportar esa mirada de reojo, de incomprensión, pues se los aseguro que mi discusión mental con mi genio inoportuno me ha dado mejores resultados de los que hubiera imaginado.  Prueba de ello es que, últimamente, han tenido la entrega semanal de este, su blog.

Pueda ser que me ayuda a organizar mis momentos de geniales y crear espacios en mi día para sentarme a garabatear.  O que, en parte, me dio la oportunidad de echarle la culpa a algo más si no escribo a tiempo, como buena tica (“No, no he vuelto a escribir.  Es que mi genio se incapacitó por un zapatazo le que tiré el otro día y le di en medio del ingenio… vos sabés como son en estos días…)

 

Cada cierto tiempo, una señorita de su hogar, trabajadora, profesional… así como yo… necesita un tiempo para alinear chakras, encontrar el sentido a la vida y organizar los objetivos de este año. Lo que algunos llaman el enfrentarse a uno mismo.

Ese momento, mis queridos amigos, ha llegado.

Voy a tomar todo un fin de semana para disfrutar del calor del sol en mi piel, la fuerza del viento al chocar contra mi cuerpo y escuchar la maravillosa música de los pajaritos.

Siempre he pensado que justo y necesario, especialmente cuando vas a comenzar una nueva etapa. Como en mí caso, que mí cumpleaños es el próximo fin de semana… y es que no es cualquier edad… más ahora que tengo una cana más y le está haciendo compañía a la otra; que las líneas de expresión se unieron a la fiesta y un par de pequitas decidieron decorar mis manos; sin dejar de lado la maldita gravedad que está reorganizando mi desorganizado cuerpo (suspiro)

¡Ay Dios! Sí, lo admito: estoy en crisis de los 30s sin haberlos cumplido. Siempre he sido precoz, ¿qué más puedo decir?

Entonces, ¿entienden lo que digo? Necesito paz para poner mis histerias en orden, organizadas según mi lado Monk y programar mis metas para los últimos meses del año.

Todo esto para contarles que mi post de los viernes se va a trasladar al próximo martes, cuando haya encontrado el camino al Nirvana.

Apuesto que a ustedes les ha pasado lo mismo, ¿cierto?


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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