Desabrochando a Martha

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"Seremos mejores amigas por siempre porque ya sabes mucho."

Algunos me han preguntado por qué no he vuelto a publicar en las últimas semanas y la verdad es una: he estado guardando luto.

Si damas y caballeros, el luto por la cantidad de gente que consideré mis amigos y ya no lo son.

Estoy en estas mariconaditas porque, en estas semanas, se cumplió un año del “divorcio” entre mi roomate del año pasado y yo.  Una separación que tal vez me dejó con la fama de la mayor loca bipolar de este mundo (según dicen), pero que también me dejó sumergida en un cansancio emocional.

Aun y a pesar del mal momento, también es el aniversario de la mayor expresión de cariño de un gran ser humano, quien no solo abrió las puertas de su casa, sino que también me permitió compartir con su maravillosa familia, su mayor tesoro.  Ese mes que estuve con una gran y verdadera amiga, me llenó de la paz necesaria para seguir adelante y tomar aún mayores decisiones.

Ese gesto de bondad y misericordia solo demuestra lo que dijo un compita por ahí: “No nos vemos mucho, pero somos los mejores amigos… porque hemos estado más en las malas que en las buenas.”

¡Ah puta!, ¿con que eso era así?

Eso toma mayor sentido cuando le sumo lo que alguna vez me dijo una amiguita argentina después de una gran discusión y su consecuente reconciliación: “Ahora seremos amigas para toda la vida, porque ya superamos nuestra primera gran pelea.”

Por eso, muchos de los que menciono en Mi familia entre extraños, ya no somos tan cercanos.

Digamos que algunos con razón, como aquella excéntrica, quien me metió en una telaraña de mentiras con objetivos oscuros y turbios, sin importar a quien se llevara entre las patas.  O está aquella vez en que alguien dijo la frase perfecta, el día adecuado para darme cuenta que tenía que delimitar la relación con un grupo de amigos.  O también han pasado los que están en círculos viciosos de los que, de no haber puesto distancia, yo hubiera terminado sumergida en el famoso tanque séptico: a como dijo alguna mente brillante, a los amigos los llevamos al cementerio, pero no nos enterramos con ellos.

Es que  llega un momento en la vida en la que hay que dejar el drama sin sentido y la gente que lo crea, para rodearse de personas que te hacen tan feliz… que te ayudan a concentrarte en lo bueno… o por lo menos eso fue lo que leí por ahí…

Aunque, también, hay de esos grandes seres humanos con corazones sin límites,  que las circunstancias de la vida actual son las que nos han impuesto esa separación… y son los que más duelen, aunque no te mata.

Es que así es la ley de la vida: todos vienen, la mayoría se van y son pocos los que se quedan.

Ahora bien, seamos realistas: aunque canto como los ángeles (eso, evidentemente fue un chiste)… tampoco soy un anillito de oro, que todo el mundo quiere tener, abrazar, besar y guindar en una cadenita al rededor del cuello como Gollum.  Más de una persona ha de estar feliz de no escuchar mi cantaleta de siempre.

En fin, este es un brindis honorífico por aquellos que se han ido, para que la vida los llene de lo que se merecen; por los que todavía están, para que la vida nos siga dando fuerza para aguantarnos; y por los que vienen, para que la vida nos apresure el paso y comencemos a disfrutar de los bellos momentos juntos.

Tengo  una personalidad histérica y un pensamiento analítico que no me deja vivir en paz. ¿Qué puedo decir? Soy mujer.  Y entre histerias, historias e historietas, creo que mi amiguito El Creídoso entró en el círculo histérico, soltando la bomba A: “Marthita, tal vez yo no sea el experto en estos temas, pero solo tengo un consejo que te va a funcionar y creo que es efectivo: disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado y vas a ver como lo que quieres, se da.”

…pinche vida…

¿Por qué los hombres ven todo tan fácil?

¿Por qué las mujeres nos lo complicamos todo?

¿Qué es esa cuestión que siempre nos gusta estar dándole vuelta a las cosas como la bruja de Blanca Nieves que revolvía y revolvía y revolvía su veneno aniquilador, sin darse cuenta que esos vapores verdes la hacen ver fea? ¿Por qué no somos como el cazador que no mató a la Blanquita, llevó el corazón de ciervo y siguió su vida como si nada, después de haber hecho lo que quiso?

La verdad, esta es una de las grandes incógnitas de la humanidad que ni Stephen Hawking, con la ayuda de Jack Canfield y Mark Victor Hansen, va a poder resolver.

Pero esta es una de esas pocas veces que este Creídoso tiene razón.

Verán, este es el pensamiento lógico detrás de su hablada: entre más invierta neuronas en cuanta cosa que sucede en el mundo, menos se entera de lo bonito que se surfea en esta vida.

Y esto aplica para todo: si se pasa dándole cabeza a la vez que se equivocó en el trabajo, no va a poder regocijarse de todos los éxitos.  O como el bendito juego entre sexos: por estar pensando que si esa mirada significó algo, no se da cuenta del momento tan espléndido con esa persona. O con la eterna bancarrota: si se piensa tanto en que tiene que rendir el dinero hasta el  próximo pago, se va de las manos sin haberlo disfrutado.

Ahora bien, para lograrlo, se tiene que empezar por ocupar el cerebro porque, como dice doña Martha, cuando uno tiene mucho tiempo libre, solo en estupideces se piensa.  Hay que buscar pasatiempos que nos hagan más inteligentes (leer), más saludables (correr), más interesantes (estudiar la Teoría Sobre la Motivación Humana o La Pirámide de Maslow)  El punto es estar haciendo que se hace.

Una vez que esas irrelevancias de la vida pasan a un segundo plano, es entonces cuando se comienza a deleitar de la compañía del mundo que nutre con sabiduría y energía positiva, hasta poder abrazar la tan importante soledad, que facilita el contestar las temidas preguntas: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Cómo voy a llegar ahí?

Entonces, se deja de perder el tiempo en banalidades, para empezar hacer lo que verdaderamente gusta, ama, apasiona… y se es simplemente feliz.

Claro, esto es de aplicar con moderación y bajo receta médica, pues se puede llegar al valeverguismo… y que jodido entrar ahí.

Como nota al pie, quiero denotar que queda comprobado lo que dije al principio de esta historieta (eso de que analizo mucho y etc.), porque si no, ¿cómo pude haber agregado más de 500 palabras a las primeras 49?

¡Qué vida la mía!

Una de las cosas que no he logrado comprender es el deseo humano por seguir sumergido en el tanque séptico.  Esas personas que les fascina darse un chapuzón en el mierdero, tiempo después de haber terminado una relación que no funcionaba desde un inicio.

Mi pareja no me complace si la engaño con otra persona y para darme cuenta de eso no creo que se necesite el lente magnificador de Sherlok Holmes. 

Tengo problemas de autoestima si necesito que me adulen y demuestren afecto constantemente: hasta Sigmund Freud lo supo décadas atrás!

La Virgen Maria no se me tiene que aparecer para ver la luz al final del túnel: no me están dando mi lugar si mi novio no me quiere presentar como su novia ante sus amigos y compañeros.

 Entonces, ¿para que carajos voy a seguir ahí?  ¿Por que no apreciarme a mí misma, mi soledad y empezar a conocer a la nueva yo que surgió de tanto tormento?

Personalmente, intento ser tajante en estos temas.

El único “novio” que he tenido me hizo llorar como una Magdalena a lo largo de los tres meses relación.  Cuando terminó conmigo, me tomó días para quitar la catarata del tercer ojo y distinguir cada uno de los errores que cometí al aceptar o justificar la serie de sandeces que hizo. 

¿Cómo iba a ser posible que para San Valentín no hiciéramos nada, pero si invitó a su “mejor amiga” a comer sushi?  Una vez, delante de mis amigos, apostó que iba a terminar conmigo si lo que él decía era mentira y yo me reí.  ¿Cómo fui tan ingenuamente estúpida?

Cuando terminamos, TODO terminó: no puedo esperar que sus amigos sigan siendo los míos.  El no puede esperar que mi familia lo reciba con los brazos abiertos después de saber el daño que me hizo. 

Porque, abriendo el corazón a la verdad, no me tiene que interesar si salió o si sale o si va a salir con alguien.  Acosar a sus amigos o familiares para tener noticias de él es humillarme, degradarme, perder mi dignidad y estropear la imagen que había creado ante todos.

De todo, lo que me asombra es esa esperanza al perdón universal y al Alzheimer selectivo después de traicionar a la persona que “aman”.  Yo me pregunto, ¿ustedes les habrían perdonado y empezado desde cero?  ¿Hubieran vuelto a depositar la confianza ingenua sin más ni más?

Apuesto que están diciendo que si en nombre del amor… pero no, muy en el fondo de sus corazones saben que eso no es amor y no lo harían. 

En serio, ¿creen que es tan fácil como mandar dos docenas de hierberas o una pizza grande?  ¿De verdad piensa que para uno es importante ayudarle a hacer cierre, evocando los poquísimos momentos de felicidad?  Pues no.  Para eso, les puedo recomendar el numero de la psicologa que me ayuda a superar traumas de infancia. 

Seamos realistas: somos humanos y para lograr ese tipo de perdón lleva mucho tiempo de yoga, meditación, asilo, conversión, haber hecho grandes obras en Calcuta y ser un sudafricano de apellido Mandela.

No es tan fácil.  Las palabras sinceras de cariño hacia el hombre que tuvo el descaro de mentirme… no, no, no… ni lo puedo concebir.  Y que lo vuelva a hacer, excusándose justamente en esa indiferencia, es una muestra de inmadurez irreverente.

Mi consejo

  1. Si a usted todo el mundo le hace comentarios con palabras como agresión, violencia, codependencia, enfermedad y sus respectivos sinónimos, raíces y familiares…  Haga un alto frente al espejo, desnúdese ante su imagen y encuentre quien es usted: sus gustos, disgustos, características que la hacen única.  Cuando los encuentre, envuélvalos con la aceptación y deguste el calor que el amor propio genera.
  2. Si usted mintió, engañó, traicionó, maltrató, golpeó, humilló o denigró a su pareja, y está esperando el perdón divino, créalo que ya lo recibió: Dios siempre perdona nuestros pecados.  Por el contrario, no espere volver a tener una relación extraordinaria que solo está en su mente.  Pregúntese si quiere volver a ese martirio por el miedo a la separación.  Sane su corazón y revise ese saco lleno de aprendizajes cuando empiece una relación nueva.
  3.  Para ambos: comiencen a abrazar la tersa soledad que nos acompaña en este camino rocoso que llamamos vida.  Una vez que la acepten, verán que es mucho más fácil encontrarse a sí mismo, quererse … y hasta entonces, podrán querer a otra persona.

Aunque no lo parezca en primera entrada, me han acontecido cosas a las que constantemente me dicen: “Mae, Martha, solo a usted le pasan esas varas.”

Estas son algunas de las lecciones que he aprendido:

Tus hermanos son con quienes vas a compartir la mayor parte de tu vida.  En algún punto, por más que me cueste admitirlo, mi mamá va a fallecer y mi papá siempre ha sido mantequilloso.  Los amigos nos siempre están ahí y los conocidos, van y vienen.

Los amigos no reclaman.  La amistad es un regalo maravilloso de Dios, que no todos tenemos el lujo de disfrutar.  Por eso, yo no reclamo si no me llaman, no me invitan, no me buscan.  Cuando me llaman, me invitan o me buscan me llena mi corazón de felicidad al darme cuenta que, aun y a pesar del tiempo y la distancia, seguimos siendo tan amigos como siempre.  Y viceversa.

Muchas veces es mejor callar.  Lo lamentable es que, la mayoría de veces, me doy cuenta que era lo mejor cuando ya despotriqué.  Pero cuando escucho, tengo mejores armas para contestar o desarrollo la humildad para admitir que estoy equivocada.

Casa de herrero, cuchillo de palo.  Yo soy comunicadora y me cuesta expresar cuando algo me molesta.  Tista arregla conexiones de wireless y al router de la dueña del apartamento todavía se le desconfigura el DNS server.  Una amiga es psicóloga y está más loca que una cabra.  Conclusión: estudia por pasión y lo que realmente no quieras hacer en tu hogar.

Hay que discutir. Es saludable saber que la gente piensa diferente a uno.  Más allá de eso, es importante aceptarlo.  El darse cuenta que, en la mayoría de las situaciones, no hay ni bueno ni malo, solo diferente.  Pero cuando la raya se difumina y parece que empiezan a marcar el cuadrilátero, prefiero sacar un chiste y reír un rato.

 Los secretos son buenos, pero sin abusar.  Pero no revelar porque tus papás se divorciaron es demasiado.  O el mantener una relación romántica en secreto… bueno… algo anda mal.

Ser positivista es de lo mejor. Si sos positivo y miras la vida con entusiasmo todos los días, veras que todos los días traen maravillas.  Si sos negativo y solo ves el vaso medio vacío, seguirás nadando en el tanque séptico y no lograras salir.  Lo peor de todo: el negativismo es una enfermedad que se contagia.  ¿En serio se la quiero transmitir a mis amigos? No lo creo.

Hacer algo bueno todos los días.  En un momento de crisis existencial, una amiga me dijo que hacer una cosa buena a favor del prójimo, todos los días, ayudaba a la salud mental.  Va a sonar extraño, pero la verdad es que funciona y se siente una gratificación que no había sentido antes.

Nadie tiene derecho a decirme que no puedo.  Si me lo dicen, me agarro de ese “no” para tomar impulso y demostrarle al mundo que si puedo.  Como cuando Tista me dijo que yo no iba a soportar bañarme con agua fría.  Dure dos meses congelándome todas las mañanas, hasta que me di cuenta que el recibo de la luz bajó solo 100 colones.

Lo bonito es para usarlo hoy.  ¿Cuántas cosas me he comprado para una ocasión especial que nunca llegó?  Me di cuenta del desperdicio cuando abrí un closet de mi abuela: repleto de ropa que ella no se puso, por esperar el momento adecuado.  Cosas que no se va a poner porque ya no le queda.

Dios me ama tal y cual soy.  Entonces, ¿por qué voy a cambiar para que otros me amen?  Bien lo dijo mi santa madre: “El tipo que quiere estar con usted, le va a soportar todo el paquete, va a mover el cielo y la tierra para estar con usted… así es que deje de llorar por un pendejo que no sabe lo que acaba de perder.”

El mañana no existe. Así es que, si quiero bajar de peso hoy, salgo a correr hoy, duermo bien hoy, como saludable hoy.

Para mí, la complejidad de una amistad se entremezcla con una serie de cualidades y características que despliega cada miembro.  Hay una tolerancia máxima ante las diferencias que, a su vez, los unen.  Se desarrolla una empatía al identificarse con experiencias, gustos, ideales y otros.  Hay una compatibilidad o esa aptitud para unirse en un mismo lugar en el camino de la vida.

Pero aun más importante, se desarrolla un entendimiento. 

El entendimiento es una cualidad del alma, una virtud que hace concebir las cosas, compararlas, las juzga, induce y deduce de las que ya conoce (o más o menos dice la RAE)

Entonces, un amigo antes de serlo, pasa por un escrutinio en el que se compara con otros, amigos o no, para ver si hay una compatibilidad de caracteres.  Se juzga desde la moral hasta el sentido del humor para evaluar el grado de tolerancia que habría que mantener.  Se induce una serie de pruebas de confianza… hasta llegar a la deducción que pueden ser lo suficientemente empáticos para aceptarse mutuamente.

Si este es un esbozo muy macro de lo que envuelve el camino hacia la amistad, me deja todavía perpleja el que haya gente que no me termine de conocer y que se haya detenido en el juzgar actitudes que no van de acuerdo con sus puntos de vista y que no están dispuestas a tolerar, porque no pueden llegar al momento de decir: me caes bien, me puedo poner en tus zapatos y voy a intentar comprender lo que te pasa.

Y lo que me pasa es que mi trabajo es resolver problemas y digiero problemas las 24 horas, aunque yo trabajo 12 y solo me pagan 8.  Todos mis proyectos tienen tiempos de entrega tan bien definidos y justos, que no da chance ni de lamparear

Además, no solo veo problemas en el trabajo, sino que tengo los propios y me tomo el tiempo de escuchar y entender los suyos.  Para cuando llega el sábado en la mañana, me asombro de lo poco que me dedico a mi misma y de la gran cantidad que reparto en el grupo policromático de personas que quiero.

Por eso y otras razones, encarecidamente, lo único que pido es entendimiento cuando no contesto una llamada, chat, mensaje, señal de humo o cuando declino una invitación a tomar guaro, a un foro o a lamparear. 

Créanme cuando digo que no es algo personal en contra de nadie.  Simplemente no puedo.

Y si es algo que no podés tolerar, pues lamentablemente, eso es algo que yo tampoco puedo.


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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