Desabrochando a Martha

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He tenido esa pregunta dándome vueltas por la cabeza en las últimas semanas, no sólo porque finalmente tengo novio, sino por algunas historietas de amigas muy cercanas.

En principio, todos ustedes saben mi modus pensantis (prefiero mil veces estar sola, que mal acompañada) y soy fiel creyente de abrazar la soledad para quererse uno mismo, antes de empezar una relación romántica con algún individuo.

Partiendo de esto y de que solo me voy a referir al punto de vista femenino, que difícil es tomar una decisión de tener un novio.

Creo que llega esa altura en la vida, en la que uno no puede estar perdiendo el tiempo con cualquier pelapapas que le pase por el frente, medio haciendo una mueca.  Después de los 25 años, una va deslumbrando un futuro… enseriesandose, que llaman.

Se van tomando decisiones fuertes, gracias a ese extraño tic-tac del bendito reloj de la vida (que no se atrasa) y dejémonos de varas: una no está para ir a mallear los miércoles de 2×1, los sábados comer pizza viendo tv en la casa del tipo y los domingos cenar en la casa de una.

La vida avanza y las expectativas cambian.

Así es que, cuando llegan estas amigas con Historias de Ultratumba, casi siempre término con la pregunta incómoda: ¿vos te ves pariéndole un hijo a este tipo?

Y ahí lo digo todo.

Porque vaya a ser que, por andar jugando de mamá y papá en lo oscurito… y que se le cumpla…

En serio, es una pregunta a considerar: ¿será este el tipo con quien quiero compartir la mitad de mis genes?  ¿Será una persona al que le podría confiar un bebe de meses? ¿Será de los que le salen a uno con el “ese güila no es mio”?

Así es que, a mis casi traumáticos críticos hermosos 30 años, he llegado a la conclusión que un novio es para estar bien, porque para estar peor, mejor me quedo sola.

Un ejemplo de cómo se está peor es el tiempo desperdiciado en lágrimas, en relación directa con el tiempo invertido en carcajadas.  Si una pareja te hace llorar más de lo que te hace reír, ya sea a propósito o por la histeria femenina, pues como que no pinta muy bien el romance.

Independientemente de qué tan independiente se sea, la verdad es que una quiere estar con un hombre que sea cariñoso, que la cuide, que la chinee, que la quiera tal cual es, aunque no cague flores.

Alguien estable, no solo económicamente, porque llega a ser más importante que no le patine el coco.

Porque, para andar con un hombre inseguro, que me pase reprochando mi pasado o mi presente, que me utilice para sus deseos carnales, que pase más borracho que sobrio y que tras de todo, yo se las tenga que patrocinar… mejor me mato.

Otro punto fundamental es que él sea una persona digna de admirar: por su talento, su creatividad, su liderazgo, porque es trabajador, porque tiene sueños, metas o aspiraciones, o porque simplemente puede mantener la calma cuando me entra mi histeria bipolar.

Seamos realistas: la capacidad para tomar decisiones equivocadas, como el empezar una nueva carrera universitaria antes de conseguir un trabajo con el título que ya se tiene… pues no es muy brillante que digamos.

Creo que no podría seguir con un tipo que solo tiene una cara bonita y la cabeza hueca, un modelito para andar enseñándolo a mis amigas cuando salgo de fiesta, pero que no tiene visión y que piensa que, por su historia de vida, todos tienen que ayudarlo.

Y no quiero ni entrar en la cuestión de los abusos.  En el momento en que alguno se falte al respeto, física o psicológicamente, la verdad es que todo se va pa’ la damiersh.  ¿La señal de alerta para dejar a un hombre a la primera?  Que dude de mi integridad, que se refiera a mí con sinónimos de prostituta o que haya osado a ponerme un dedo encima, entre otras.

¡Eso no es amor ni aquí, ni en la Conchinchina!

Finalmente, creo que una tiene que estar clara que él no es la felicidad y que él no te va a ser completamente feliz.  ¿Para qué ponerle semejante tarea al pobre, si esa es mi responsabilidad?

Él es algo aún mejor: el complemento ideal.  Como quien dice, las papas fritas a la hamburguesa, la leche condensada al copo, las fresas a la crepa de Nutella, el limón a la Corona: sin eso, igual la vida sabe rica… pero se vuelve deliciosa cuando él está cerca.

Tengo la eterna fortuna de poder expresar mi cariño a la persona que quiero en lugares públicos, cuando andamos de la mano o el esporádico piquito marcaterrenos.  Soy feliz porque hoy podría ir a cenar, bailar y disfrutar una maravillosa velada con mi maravillosa pareja, si quisiéramos.

Tengo la esperanza y la seguridad que, si la vida lo dispone y el tiempo así lo permite, vamos a poder compartir nuestras vidas y tener la boda del siglo.  Si no podemos tener hijos, podríamos adoptar algún pequeñín sin mayor problema.  En conclusión, seguiremos expresando nuestros verdaderos sentimientos sin que nadie los bombardee con odio.

Yo tengo la fortuna de disfrutar de un derecho inherente porque me gusta un hombre y yo soy mujer.

Eso es algo que se dio.  No me acuerdo escuchar a doña Martha repetirme que  me tenían que gustar.    Tampoco me acuerdo de haberme sentado con mi Barbie y mi Ken a pensar los pros y los cons de que me gustara uno u otro.  En otras palabras, no fue una decisión o una obligación.

Simplemente me gustaba Leo, un compañerito del kínder, y le dije que si quería ser mi novio.  A lo que respondió que bueno, pero que él era novio de Steph.  Creo que en ese momento formamos el trío más joven del mundo… pero no duró mucho porque, eso de estar compartiendo mi hombre, no es lo mío.

A como es natural para mí, es de natural para los hombres que les gustan las mujeres y para los que les gustan los hombres y para las mujeres que les gustan las mujeres.

Las mismas bellas mariposas sentimos unos, a como sentimos los otros cuando vemos a la persona que amamos.   Por culpa de los nervios, también hacemos las mismas ideoteces frente a esa persona.  Igual que vos, todos pensamos en ese ser especial cada segundo de nuestro día.

Entonces, aquí hay algo que no entiendo.

Si esto se da por naturaleza propia de cada uno y todos tenemos tantas cosas iguales, ¿cómo puede ser posible que, la única diferencia, sea la que haga que no se les den los mismos derechos?

El otro día vi un video en youtube (mi nuevo mejor amigo) de una legisladora republicana del estado de Washington, quien defendía la unión civil entre personas del mismo sexo.  Ella comenzó hablando de cómo vivió muchos años con el hombre al que ama, hasta que él falleció.  Ella decía que de todo lo que quería tener de vuelta, lo último era el sexo y no porque no lo disfrutara.  Lo que más extrañaba eran todos esos momentos que habían construido juntos, todos esas anécdotas graciosas, esos dulces recuerdos que solo puedes compartir con la persona que amas.

Justamente es eso lo que no se les puede negar a una pareja del mismo sexo porque es inhumano, es una crueldad.

Estoy de acuerdo con ella que es responsabilidad y deber de nosotros, la mayoría, responder por los derechos de la minoría.  Es nuestra obligación como seres humanos pelear por su amor, para que sea respetado como cualquier otro que crezca en cualquier parte del mundo.

Ahora bien, yo aquí no me estoy metiendo a la iglesia ni a la religión.  Yo no estoy hablando de sacramentos.  Yo estoy hablando de uniones civiles, donde ellos puedan compartir los mismos derechos que vos  podrías compartir el día que te juntés o te casés.

Me refiero a casos como el de un conocido quien terminó en la calle después de que su novio falleciera y la familia no respetara el testamento donde le dejaba todos sus bienes a su pareja.  Él no pudo reclamar porque no hay ley que le ampare.  Hablo de casos de parejas que desean, fervientemente, darle un hogar y ser los padres de algún huerfanito, quien están viviendo un infierno en algún orfanato del PANI.  O del simple hecho de que el Seguro Social de uno cubra la enfermedad del otro.

Estoy hablando de los mismos derechos que le fueron otorgados a las parejas de unión por hecho.

Derechos civiles.

Derechos que hemos adquirido por haber nacido en este país, pero que se les ha sido arrebatados por ser diferentes a la norma.

A modo de cierre aleccionador: si a los cristianos del mundo anteponen el mandato divino, yo solo les quiero recordar Mt 22; 37-40.  Si piensan que es una error que homosexuales críen niños, sepan que los culpables de la epidemia de violencia contra los niños en el país, en su mayoría, son los padres naturales que agreden a los hijos que parieron.  Si piensan que el sexo entre hombres es una aberración, acuérdense de las veces que le han pedido a su novia “hacerlo por detrás”.  Si piensan que el sexo entre mujeres es contra natura, no se les olvide que la fantasía número uno de muchos hombres es tener a dos mujeres en su cama y no para jugar UNO, digamos.

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen

De la misma forma en la que amo los niños, los gatos, las motos y las mantarrayas: ajenas.

Las bodas son una verdadera celebración al amor y valentía.  El simple hecho que el novio se juegue el chance de quedarse escuchando la marcha nupcial una y otra y otra y otra vez sin que aparezca la novia, ya eso es tener un par de cojones bien puestos.

O, por el otro lado, el de la novia al levantarse a las 4:30 de la mañana para cumplir con sus obligaciones como tal: el manicure en french; pedicure en rojo; depilación en lugares nunca antes pensados; maquillaje que dure todo el día; peinado; ponerse la ropa interior sexy, pero incómoda; los zapatos de tacón que probablemente hará tirados cuando tenga la primera oportunidad; un vestido que parece disfraz de la época victoriana, mientras se muere de hambre y jugándose el chance que el tipo no aparezca… WoW…

Pero ese momento tan mágico en el que el novio está al pie del altar y ve a su majestuosa novia caminar hacia él, ese microsegundo en el que se deslumbra un incremento ligero en su sonrisa y los ojos de ilusión que lleva ella puestos al caminar junto a sus padres a los brazos de su amado, con la seguridad de que es él y solo él… es el microsegundo más romántico que cualquier ser humano puede ser testigo.

Vivo por ver ese momento.  Sin dejar de lado los famosos posibles errores embarazosos que la marcan como única (viste cuando la hermana de la amiga de la prima de la vecina del frente se cayó por el poco de petálos… jajaja… ay, viste que los del restaurante de la par solo tomarle fotos a la novia… jajaja…)

Personalmente, comparto la misma línea filosófica de doña Martha: las bodas son para ir a comer.  En ciertas bodas (a las que me rehúso identificar), he practicado la abstinencia moderada de alimentos durante el día, con tal de ir a saborearme cuanto plato sirvan en la noche.  Así mismo, doña Martha me ha envestido con su técnica infalible para la recolección de los mismos, cuando es buffet:

“Ay mi’jita, vea: usted primero ubica la mesa del buffet más cercana, busca por donde salen los meseros, que de ahí viene la comida.  Justo cuando vea que sacan pailas, hace como que va al baño y… ay, mirá ya los novios se sirvieron: corré, corré, que ahí va la Camacho y esa dura un montón sirviéndose…

“Los cubiertos en la mano derecha y pones el plato pequeño de la ensalada encima.  Ahora el grande en el antebrazo… si, si… como los meseros. Ay si, lomito… que rico que se ve… ay, si me puede echar salsita sobre el arrocito… si, si, dele… con confianza que soy la tía de la novia.

“Sírvase uno de cada uno de los postres y se lleva el platito en la mano izquierda.”

Creo que aquí vale aclarar que uno de los dichos favoritos de doña Martha es: “coma hoy, que usted no sabe si va a comer mañana y más si es gratis,” el cual, también aplica para muestras en los supermercados.

Es más, mi madre me ha hecho llevar a mi mejor amigo de la U para que la sacara a bailar, compartieran opiniones de licores y le ayudara a llevar los platos del buffette.

“Guanaco, coma, coma.  Aproveche que es gratis y quien sabe cuando vuelve uno a comer algo así de rico.”

Ahora que lo pienso, las bodas son los quinceaños para los treintones.  La misma carajada: un desfile de damas en vestidos ridículos, quienes caminan con  acompañantes, los cuales le abren el paso a la pobre mujercita que anda con un vestido tan incómodo y con tacones tan altos, que camina como con pañal.

Después de la iglesia, sigue la famosa fiesta que comienza con el Tiempo de Vals de Chayanne, para abrir la pista y que todos se pongan a mover el bote.  En algún momento se sirve la comida, se pasa tomando refresquitos toda la noche (algunos más benditos que otros), llegan los mariachis, la comparsa, los payasos en sancos, se parte el pastel y se acabó.

Estoy segura que la pobre chiquita pasó la misma procesión que pasó la novia, teniendo que madrugar para lucir hermosa (menos la depilación, espero yo)  La misma procesión de ir de mesa en mesa, tomándose fotos.  El mismo acto de quitarse los zapatos en medio de la fiesta por el increíble dolor.

La diferencia, es que en el quinceaños uno se va a la casita de los papitos, para que la mamita le ayude a quitarse el moño lleno de colochos y el vestido de princesa.  Después de la boda, se quitan muchas cosas, tal vez no con la misma paciencia… ¿qué sé yo?

En fin, volviendo a las bodas, me encantan las pequeñas tradiciones que se crean como el baile del billete, tirar la liga y tirar el ramo.  De esa última, soy súper fan.  Soy la típica soltera que se burla del grupo de mujeres desesperadas, darse de codazos, correr, gritar, pelearse por un ramo de flores y su significado: el que, tal vez, sean las próximas en casarse.

Todo esto para contarles, mis queridísimos lectores, que el fin de semana pasado me jugaron una jugarreta.

La Mo se casó con el Pa.  Pasé DIAS enteros preparando el brindis:

 “Por la Mo y el Pa, que el camino de su matrimonio sea como el del Chirripó: lleno de aventuras, paisajes hermosos y que aunque tiene subidas muy difíciles y bajadas increíbles, los llena de satisfacción saber que lo hicieron juntos.

“Que todas las fotos de aniversarios sean como aquella en la casa del Pa, donde están abrazados, sonriendo, viendo hacia delante, con San José empujándolos a seguir y las luces iluminándoles el futuro.

“Y que su matrimonio sea como la clase de sushi para la que fueron en un aniversario: un regalo inesperado, que los saca de la rutina y los deja satisfechos… pero siempre con ganas de más.

“Por la Mo y el Pa, que el amor sea siempre el ingrediente secreto.”

Horas de mi presiado sueño, días frente a la computadora tratando de pescar a mi genio, meses de investigación googlelística.  ¿Para qué?

Para que al final, después de agradecer a los invitados, dijera algo como:

“…para las que se están preguntando por el ramo, la verdad es que está muy bonito, a mi me gustó mucho y quiero regalárselo a una personita muy especial y a la que quiero mucho…”

El ramo y yo, una historia de amor, llanto y odio.                        Foto cortesía de Carlos Ávila y Marco Chanto

El ramo y yo, una historia de amor, llanto y odio. Foto cortesía de Carlos Ávila y Marco Chanto

 Y helo ahí, en mi pichel de fresco porque no tengo florero, en la esquina de mi escritorio, acosando cada una de mis letras que digito en mi teclado.

(Espero no ahuyentar a ningún posible pretendiente)

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NOTA: Dedicadísimo a mi amiga Mo y al Pa.  Este es mi tributo a ustedes, a su amor y a su felicidad.  Que la vida los siga llenando de tantas bendiciones como hasta ahora… y como diría cualquier comehuevo a quien se acaba de casar: ¿y pa cuando los güilas?

Yo amo Diciembre.

Adoro Diciembre.

Mi corazón late todos los meses en espera de Diciembre.

Primero y antes que nada: finalmente llegan los vientos alisios, junto con el solcito rico de la época seca: disfrutar de días soleados, frescos atardeceres de ensueño y la libertad que dan las vacaciones de fin de año.

Segundo e igual de importante: llega Navidad y Año Nuevo.

Eso significaba que El Progenitor nos llevaba a Llobet para comprarnos dos mudadas completas: una formal para la cena del 24 y una informal para la del 31.

Verán: tengo una hermana y cuatro primas mayores.  Eso se traduce en que todas mis posesiones terrenales eran cosas que ya no necesitaban… excepto las dos mudadas de Diciembre.  Por eso, yo me volvía loca en dicha tienda, escogiendo cada una de las prendas.

La otra parte emocionante eran los regalos.  Yo dedicaba HORAS enteras en escribirle la carta a Santa y al Niñito: en papel de carta perfumado con miles de calcomanías.

Sí, damas y caballeros, siempre le escribía a los dos, pidiendo cosas diferentes a cada uno: fuera ser que me trajeran lo mismo y ¿cómo lo iba a cambiar?

Me acuerdo que una vez me encontré las cartas entre las sweaters de mi señora madre.  Cuando ella llegó después del trabajo, yo estaba hecha un mar de mocos, tenía los ojos abotagados, echa un puño en mi cama.  Doña Martha no pudo más que reír cuando yo saqué las cartas de debajo de mi almohada, de una forma dramática, al mejor estilo de novela mexicana.  Mi corazón no aguantó tanto desinterés y estallé a llorar desconsoladamente.  Al día siguiente, me llevó a la oficina del correo interno del banco donde trabajaba para pedir, personalmente, que mandaran las cartas de inmediato.

Pero en ninguna de ellas pedí salud, trabajo, paz, ni nada de esas cosas porque, gracias infinitas al Todopoderoso, nunca me han faltado.  Gracias a Dios, mi salud no me ha fallado como para pasar semanas internada, siempre he estudiado y/o tenido un trabajito, vivo en un país que es mundialmente conocido por su falta de guerras armadas… sería gula si pidiera más.

Además, si abro mi corazón a la verdad, sé que no quiero cosas tan etéreas como la felicidad, el amor o la prosperidad, porque soy fiel creyente que eso no se recibe como regalo: eso se aprende a construir.

Yo sé que quiero tamales, medias lunas de Giacomin, el Lonely Planet de India.  Sé que me voy a comprar ropa y zapatos para rellenar mi closet lleno de nada que ponerme.  Deseo leerme los 1001 libros que hay que leer antes de morir y todavía tengo que comprar 947.

Por eso, lo admito públicamente: me cae mal cuando le pregunto a alguien qué le pidió al Niñito y me salen con que salud, trabajo y paz para las fiestas.

No les creo.

Repito: si está en todas, tiene brete y no vive en un país en guerra… Admita que es un capitalista más y que quiere un Wii o unos Manolos o dinero para ir a gastarlo en cualquier centro comercial.  Si tiene una pareja maravillosa que lo adora, amigos que están con usted en las buenas y en las malas, sabe mantener sus ahorros, ¿para qué pedir más?

Como lo dijo mi amiguita La Titi: “Si quiere paz haga el bien, si quiere salud, cuide su cuerpo y mente y si quiere trabajo póngale bonito porque Dios es muy bueno, pero Él tampoco regala las cosas, hay que ponerle un poquito!! He dicho. Tenkius!”

Ahora bien, no quiero que me malinterpreten.  No quiero que piensen que solo le doy valor a las cosas materiales, porque todo se pierde, se quema o se bota.  Solo digo que deberíamos ser sinceros y admitir que nos gusta que nos regalen cosas que nos podemos poner, comer, leer, palpar.  No creo que nadie nos vaya a juzgar mal por admitir algo que a todos nos pasa.

También creo que se debería practicar el dar.  No me refiero al dar un regalito a tus hermanos y amigos.  Hablo de devolverle al mundo todo lo bueno que ha sido la vida con nosotros, compartir nuestras fortunas.  Por ejemplo, invertir parte de nuestro dinero en comida para alguna familia que no tiene.

Como mi amiguita Zarhay, La Pianista, quien va todos los sábados a enseñar música a los niños de La Cueva del Sapo, en la Carpio: casi sin instrumentos y regalando su tiempo, ella le cambia la vida a los pequeños, enseñándoles sobre disciplina, demostrándoles las bellezas de las que son capaces… pero de eso, les voy a contar el próximo año.

Quiero cerrar con un status de Facebook que dejó La Titi para las fiestas:

“Por favor no pida salud, trabajo y paz para el año nuevo. Es una estrategia que no ha funcionado en siglos. Mejor póngale bonito al ejercicio (de cuerpo y mente) y a la buena alimentación, haga lo que tenga que hacer para tener y conservar un brete (incluye llegar temprano, capacitarse, ser competitivo, estudiar, actualizarse, innovar, etc.) y para la paz, la verdad es que solo la paz interna depende de uno mismo. “

...cuando lo vean, sabrán...

...cuando lo vean, sabrán...

El ciclo de la vida en Costa Rica es en línea recta:

Nacer -> Crecer -> Ir a una Universidad Privada -> Aprender inglés -> Entrar a trabajar en algún Call Center a poner en práctica nada de lo que estudió en la Universidad Privada -> Ennoviarse con el tipo/la tipa de sus sueños -> Casarse -> Ir de luna de miel a San Andres -> Reproducirse -> Divorciarse -> Morir

La parte de Nacer, pues uno no tiene mucha vela en el entierro… aparte de ser la orgullosa espermatozoidito que ganó la gran carrera de la vida.  La de Crecer tampoco necesitó mucho  porque digamos que del 1.54 m de estatura, ya no pasé.

Eso de estudiar en Universidad Privada, aprender inglés y trabajar en un Call Center, pues admito que todo lo hice muy a mi manera.

Justo, ante la etapa de la vida que continúa según los estatutos, es que entendí que hay todo un mundo de posibilidades ahí afuera que incluyen viajar, conocer gente nueva, aprender idiomas, viajar, comer comidas exóticas, leer, estudiar, escribir, viajar… Y que el famoso ciclo no tiene que ser en línea recta, pero como un árbol que abre sus ramas.

Así es que cuando se habla del noviazgo, pues empieza a temblarme el parpado.  Creo que todo comenzó con el padre Barona, un amigo de la familia, quien fue el encargado en satanizarme el concepto de noviazgo:

“Marthita, tenga muchos amigos: salga con ellos, vaya a comer, vaya a bailar, tómese sus traguitos y disfrute mucho de la vida.  Pero recuerde una cosa siempre y es que los novios son para casarse.  Cuando uno entra a un noviazgo, es porque ha llegado el momento de formar una familia.”

¡Ah puta!

Prácticamente el padrecito se cagó en mi vida romántica de adolescente y joven veinteañera.  Con ese presagio, ¡qué iba a cerrarle ningún ojito a nadie!

Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca.

Inclusive, su desesperación para que mi vida avance acorde a los estatutos familiares, ha llegado a límites inimaginables, en los que me hecha indirectas que el reloj cada vez se acerca a su hora final en la que no voy a poder parir la 19va bisnieta que tanto quiere para poder descansar y morir en paz.

A lo que contesto: “No voy a cargar con su muerte sobre mis hombros.”

A lo que ella contesta: “¡No jodás vos! ¡Que ya estoy cansada de pagar doctores!”

El matrimonio se ha satirizado tanto, que pareciera que la gente no se alegra cuando oye que alguien se comprometió.  Frases como “se cansó de vivir tranquilo“, “ya vas a ir a regalar el cheque“, “voy a tener un carro esperando afuera, por aquello” son tan comunes cuando alguien cuenta la gran noticia.  A mí me da un pecado verles las caritas llenas de emoción, deformarse a preocupación.

Como cuando mi amiguita Monique me pidió que fuera la testiga de su boda.  ”A mí no me meta en enredos“, le dije.  La pobre me hace una cara… que le tengo que explicar que es un chistesín y que para mi es mas que un honor.

Es tanta la cosa que, cuando me puse a buscar sinónimos para este blog, me encontré este link, donde incluye palabras como desesperación, forzar, ideal, disparate y locura… y si en Internet lo dice, debe ser cierto.

Hablando en serio, no es que yo esté cerrada a la posibilidad de casarme.  De hecho, soy igual que cualquier otra mujer quien ha pensado en su día feliz (una gran boda pequeña, con un pequeño anillo de compromiso de ensueño, llena de yerberas y con un vestido de novia bien extravagante sencillo)

En lo que no estoy dispuesta es a casarme porque es lo que se espera de mí en este momento, con cualquier macho proveedor que me tenga pariendo chigüines, esperándolo que venga al hogar, con la pata en la chanchera y el platito de comida caliente en la mesa.

Siempre he pensado que antes de CONSIDERAR casarse, uno tiene que cumplir 4 puntos:

  1. Viajar:.. Sí, sé que soy demasiado necia en este punto… Lo que pasa es que, cuando uno pone un pie en otro país, se abre las puertas del mundo y uno se da cuenta de lo pequeño e insignificante que es.  Aprender de las culturas y de las formas de vida en otros lugares, le abre la mente a que la vida no tiene que ser como lo dicen nuestras abuelas.
  2. Coger: No estoy hablando del verbo sea promiscua y hágase un hongo con patas en el proceso.  Estoy hablando del verbo aprenda a disfrutar del sexo.  Si su elección de vida es llegar virgen, pues por lo menos visite a Manuelito un ratico, porque si uno no se conoce, ¿cómo vamos a pedirle al otro que nos conozca?
  3. Vivir sola: O con un roomate.  Es la mejor aventura que uno puede experimentar para darse cuenta de sus habilidades, límites y probarle a sus papitos la excelente educación que usted ha tenido.  uno aprende tanto… desde cómo controlar el dinero, hasta reglas básicas de seguridad.
  4. Vivir con la pareja:  Exacto: yo promuevo el concubinato escandaloso.  Es una forma de poder adaptarse a las maneras del otro, porque viviendo juntos ya no hay tiempo fuera.  Es aprender a soportar pedos, desórdenes, malos humores y todas las cosas negativas que pueden sentirse en la convivencia.  Pero también es adelantar el trabajo en la distribución de las tareas del hogar, la creación del presupuesto, aprender a negociar todas las decisiones y bueno, ya ustedes saben el resto.

Además, soy fiel creyente que el matrimonio es un contrato muy serio en el que, si entro, es para toda la vida.  Por eso, el pobre diablo en condena que se atreva a ser mi marido, no va a ser cualquier patas vueltas con sonrisa bonita, zapatito limpio,platica en la bolsa y hablada.  El tipo va a tener que ser casi un santo para poder soportar tantas histerias y episodios bipolares, digamos.

Porque casarse para divorciarse, mejor se mata.

Yo no pienso entrar pensando en que si no funcionan las cosas, llamamos al abogado.  No quiero que los futuros retoños (a las que ya les puse nombre, como buena mujer) pasen por las que mis hermanos cuando los míos se divorciaron (yo ni me di cuenta)

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Este post tan romántico, va dedicado a mi compañerito el Albin-o, quien en estos días se casa con su hermosísima novia.  Y al Aureliano, quien se comprometió con la bellísima Adriana.  Felicidades chiquillos, la mejor de las suertes… Tan bonitos los dos, jugando de grandes… ¿quién los mete?

Para este sábado, me dije que iba a seguir el comentario que mi querida Amelie dejó en el blog que inició mi conquista por la lírica y me puse a buscar sobre Benedetti.

Empecemos con que yo creo que los papás nunca se pusieron de acuerdo y le encaramaron todos los nombres de la lista: Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, quien nació en 1920 y el mundo dejó de sentir su luz el año pasado, el 17 de mayo (o por lo menos así lo dice Wikipedia)

Digamos que lo admiro a más no poder porque hizo todo lo que yo quiero hacer cuando sea grande: escritor de novelas, ensayos, poesía, artículos, teatro, cuentos y hasta tiene discos donde grabó su voz leyendo sus propias obras… ¡en duetos!  En total, logró publicar 80 libros y algunos traducidos en otros idiomas.

O sea, este hombre casi, casi, casi, casi destrona a Gabo en mi vida.

Echándole una ojeada a los títulos de sus novelas, me di cuenta que ya me había leído una de sus grandes obras: Gracias por el fuego.

¡Qué novela! ¡Qué narrativa! ¡Qué estilo! ¡Qué final!

Entonces, viene la parte mágica de mi travesía, porque me di cuenta que, en mi folder de lecturas favoritas que se caracterizan por ser inspiradoras, ¡tengo 5 poemas y 1 lectura de él!

Sí, damas y caballeros.  Yo, Marthica Towers, he vivido en negación al no querer aceptar que me gusta la poesía.

Pero es que, ¿cómo no se va a enamorar uno de Táctica y Estragia?:

 

mi estrategia es

en cambio

más profunda y más

simple

mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo ni sé

con qué pretexto

por fin me necesites

 

¿Cómo no caer rendida ante Corazón Coraza?:

 

porque te miro y muero

y peor que muero

si no te miro amor

si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera

pero existes mejor donde te quiero

 

Así es que me puse a buscar otras obras suyas, como quien dice, para confirmar lo que ya sabía (que este hombre fue el romanticismo en carne y hueso) y me topé con un poema que todo mundo busca en google: Te quiero.

Lo que me encantó es que la razón para querer a esa persona, no son mariconaditas como el reflejo de la Luna en su pupila, si no el ser la compañera en la lucha constante de la vida.

Y ni que decir de Si Dios fuera mujer… es más… no voy a opinar para que ustedes me digan lo qué piensan.

Conclusión:  Mario Benedetti me enseñó que soy una amante de la poesía, quien estaba hundida en la negación rotunda.  Que ese pensamiento retrógrado que lo escrito en versos son cursilerías, es una total y completa falacia.  Que para decir que se ama, se puede hacer en rima, siendo real y sin entrar al terrible las rosas son rojas…

Me identifique tanto...

Me identifique tanto...

 

Pasando los dedos por mi pequeña bibliotequita, me topé con una belleza que me regaló mi amiguita La Pianista: Milagro Abierto, de Jorge DeBravo.

¿Qué mejor manera de empezar mi camino travieso hacia la lírica que con poeta costarricense y que, además, fue un regalito del corazón?

Así es que, lo saqué y me senté en una calurosa tarde de verano a disfrutar.

Él fue una de esas mentes esplendorosas que se esconden en lo recóndito de los pueblitos más alejados, pues creció en Guayabo de Turrialba de Cartago de Costa Rica.  Amén.

A los 15 años se graduó de la escuela y se tuvo que salir del colegio para trabajar en la Caja.  Se casó a los 21 años, tuvo dos hijos; a los 27 terminó el colegio y se puso a estudiar periodismo; falleció en 1967 a los 29 años en un accidente de moto.

Para empezar, una de las cosas fascinantes que encontré en él fue el realismo con que miraba su arte: “No me gustan los poetas ininteligibles.  Se los medita durante horas y no se los entiende.”  Cuando lees sus versos te das cuenta que, su objetivo al escribir, no era lucir su habilidad, si no que enviar el mensaje claro, no enredarnos entre muchas metáforas y símiles.

Jorgito encontró en la poesía una forma de luchar contra la desigualdad, una manera de tirarle piedras a los que provocaban injusticias, como en los versos de Consejos para Cristo al comenzar el año:

Yo – el menos – ya estoy bien cansado

de oír que llaman héroe al que mata

cien hombres defendiendo a un tirano

que se mama los pechos de la patria.

 —

 Podrías darles lecciones a los curas,

recordarles lo que es el cristianismo,

cambiarles el cerebro a algunos tipos:

A los políticos y a algunos dictadores

presumidos.

O como en Hombre, donde se nota su desesperación por hacer valer su condición de humano y exige igualdad:

Soy hombre, es decir,

animal con palabras.

Y exijo, por lo tanto,

que me dejen usarlas.

 Pero dejémonos de varas, porque cualquier poeta (hombre o mujer) termina escribiéndole al motor de todas las cosas: el amouuuurrrrggghhh!

En Nocturno íntimo, describe como el verdadero amor se vive en la realidad de la Tierra y no en las fantasías imaginarias:

Te amo simplemente, sin fatigas,

sin grandes miedos, por lo que tú eres.

No por los sueños que fabrico a solas,

sino por lo que das y lo que tienes.

Del que me enamoré y me parece uno de los poemas más románticos que esta tierra ha podido engendrar, el segundo soneto de Dos sonetos de amor humano:

Desde este día, Amada, estoy dispuesto

a serte mesa, lecho o almohada.

A ajustarme según tu presupuesto

y a callarme si te hayas enojada.

Si vas de compras serviré de cesto.

De almohadón si te encuentras fatigada.

Compondré lo que tengas descompuesto

la radio, el corazón o la mirada.

Te vestiré si quedas desvestida.

Te nutriré si quedas desangrada

en cualquier rinconzuelo de la vida.

Seré el esclavo de tu amor en cada

ocasión que me des lo que te pida

y quieras ser también esclavizada…

Conclusión:

Jorge DeBravo me enseñó que la poesía es libre de expresar cualquier preocupación que aqueje la mente atormentada del poeta.  No se limita al amor ni a la cursilería.  Es una herramienta de color que se usa para que el mundo escuche la verdad.

Y si de amor se trata, no tiene porqué rayar en lo ridículo, sino más bien en la belleza que rodea al amor: la simplicidad de la cotidianidad.

Sí, lo admito: soy una nerd que le encanta leer.  Pero es que mi amor por la literatura se ha limitado a la prosa por decisión, más que por gusto.

Todo comenzó en el colegio cuando nos tocaba leer poesía para definir métricas y ritmos, sílabas y acentos, versos de 8 o 12 o  1 000 sílabas, que si había un símil o una hipérbaton, que si correspondía al romanticismo, al nacionalismo, latinoamericana o si ya era amada por el universo entero.

Nunca me enseñaron a amarla.  Nunca me sentaron para que la leyera y apreciara la astucia y el valor de poder abrir la verdad oculta en lo más profundo del corazón, para demostrar el humano desvalido por sus sentimientos.

Para rematar, los autores de las grandes poesías son hombres que se traen abajo toda idea preconcebida de lo que un macho que se respeta debería ser.

Me limité a verlo como algo cursi y ridículo que una mujer con tendencias feminista y comunista, no podía darse el lujo de valorar como un modo de vida (o por lo menos así lo consideraba en el colegio) Simplemente, no le di oportunidad y decidí que nunca me iba a gustar.

Hasta que llegó Pablo Neruda y su Poema XV.  Lo pongo así: en mis fantasías imaginarias de adolescente, el hombre de mi vida me lo leía el día que declaraba su amor.

Otro que me mata, me deshace, me derrite en un charco de romanticismo puro es E.E Cummings:

Llevo tu corazón conmigo, lo llevo en mi corazón,

nunca estoy sin él.

A cualquier parte que voy, vas tú.

 Así es que, esta noche (que van a ser de todos los sábados durante este mes) voy a leer un hermoso poema de un autor diferente cada vez, y darles una oportunidad porque de poetas y locos, todos tenemos un poco…

… y luego les cuento que tal me fue… si me quieren recomendar alguno, pues no duden en contarme…

¡ESTE POST NO LO ESCRIBI YO!

Un amiguito se ofreció a escribir sobre la voraz pregunta más escuchada por esta, su servidora. 

La verdad, no me pude meter en tema más complejo. Hablar de fútbol, religión, política y ahora del funcionamiento de las relaciones entre parejas siempre generará dificultades.

Más, cuando el ofrecimiento es escribir respondiendo a una pregunta que viene plasmada en el entre líneas del blog desde sus inicios: ¿por qué Martha no tiene novio?

Pudo ser hace unos diez años, cuando una tarde posterior a un examen, apareció una nueva compañera, “ñoña” (apropiándome de su propio vocabulario) y de pocos tapujos. Abiertamente dijo en mesa de pirañas que detestaba que le dijeran Irex y recordó cómo había chocado con un poste, tropezado en las aceras infinidad de veces, entre muchos más de una serie de infortunios de forma regular.

Conforme vino la confianza y se integró al grupo (muy a su manera), clasificó como un “mae más” del grupo y cualquier intento de flirteo podía interpretarse como un acto gay.

Luego, de sus historias conocidas sólo prevalece una relacionada con la industria automotriz. Un sujeto, conocido por una marca alemana de automóviles que creo no estoy autorizado a publicar, fue su eterno affaire, llegando incluso a ocultarse infructíferamente tras una puerta.

Partiendo de esa relación como la historia conocida más estable de pareja, ya el tema evidencia sus primeros obstáculos. No merece un tratamiento tradicional.

Sin querer, llegué al Animal Planet y me topé con un documental del reino animal. El propósito era demostrar cómo el macho dominante conseguía a la mejor hembra.

El mejor macho era aquel capaz de llevar la comida, imponerse ante sus rivales y liderar entre la manada. En tanto, la mejor hembra es aquella que tenía privilegios en sus facultades reproductivas.

Volviendo al caso en cuestión, ver ese programa no me ayudó. La nieta de doña Yelba está acostumbrada a sobrevivir por sus medios, y detesta que le den de comer en la boca.

Por otro lado, detesta que le limiten sus capacidades a temas reproductivos y de accesorios relacionados. Por tanto, Animal Planet y sus propuestas resultaron inútiles, aunque sí un tanto divertido por las comparaciones sociales.

El ejercicio me pareció interesante, y seguí buscando artículos científicos. Uno de ellos explicaba que el enamoramiento se debe a las feromonas y que inconscientemente influye el olor de las personas que nos atrae.

Asimismo, la geometría de las facciones y otros detalles que intervienen en ese proceso. Tuve que descartar este sustento, porque esto sólo serviría para explicar las relaciones ocasionales y no el paradigma del por qué la falta de novio.

Ahora, ¿por qué no se queda con esos ligues?

Creo que acá aplica la frase “usted es demasiado para él”.

Acá tuve que abandonar la comodidad del televisor y emplear cervezas para obtener información adicional; o incluso aprovechar la confianza que dan los medios electrónicos para que las personas hablen cosas que en vivo evitan.

Una de ellas tiene 32 años, es independiente y con buen puesto de trabajo, pero no puede tolerar depender de alguien. Llega a las citas en su propio carro, le gusta pagar su cuenta para evitar cualquier compromiso y se adelanta a él cuando el mesero toma la orden.

Igualmente, la ponderación del riesgo varía.

Ya no es lo mismo conocer un carajo y entrarle, porque entran en juego variables como edad, tiempo, si tiene hijos, posición socioeconómica y la verdad es que entra la edad a meter prudencia a las negociaciones. No se quieren casar, pero también se evade un tanto el chingue.

 La culpa es de los vampiros

 

Que no me digan nada, todo esto es problema de los vampiros emo con tendencias depresivas.

En la actualidad, los hombres son más propensos a lo cursi (o culeolada, ustedes escogen). Dedicación de canciones de amor melosas, escenas de celos, llamadas asfixiantes, post vergonzosos en facebook y otros recursos antes atribuibles a las féminas.

Ahora la conversación normal en un bar es escucharla a ella decir que dejó al novio en la casa; y acá me recordaba del Animal Planet y lo confuso del asunto.

Cualquier semejanza con Twilight y esos vampiros que ganan rating en los canales por cable es un reflejo de estas cosas que ya dejaron de ser coincidencia.

Ya buscando una explicación más lógica; durante las dos últimas generaciones las mujeres han sido las jefas de casa, sacado a los hijos solas en muchos casos e inclusive liderando su propio negocio. Y si las hijas lo vieron –como es el caso de Martha-, ¡qué difícil explicarles que necesitan un hombre!

Bueno, realmente no lo necesitan.

Y creo que esa es la respuesta, realmente no lo necesitan como un tema de dependencia, y el hombre está experimentando una crisis social de su rol en una relación. Debe ganar más que ella, pero ya el viejo criterio de la dominación quedó anticuado.

A veces, esas presiones resultan demasiado y pueden echarlo a perder. Que queda, hay que evolucionar sin hacer mucho melodrama… Darwin lo dijo hace muchos años.

Creo que por eso todos los libros de autoayuda como “Los hombres las prefieren tontas” y otro cuyo título estaba relacionado con los planetas no son más que la necesidad de entender por qué la sociedad está disfuncional.

Las mujeres saben ya de su poder, el valor de la individualidad y las posibilidades de realización. No en vano los 30 años dejaron de ser un límite para convertirse en una segunda juventud, más madura y menos propensa a los errores.

Creo que han llegado a apropiarse cada vez más de su tiempo, de sus deseos, del destino (que va más allá del casarse o no) y dejar de ser las víctimas para dar paso a una nueva época de “machos” mártires confundidos, que si bien no son todos, sí se doblan ante una mujer que tenga brillo propio.

¡Y que alguien se preocupe por dar charlas de autoayuda a la generación de vampiros desorientados y con problemas de identidad!

Tengo  una personalidad histérica y un pensamiento analítico que no me deja vivir en paz. ¿Qué puedo decir? Soy mujer.  Y entre histerias, historias e historietas, creo que mi amiguito El Creídoso entró en el círculo histérico, soltando la bomba A: “Marthita, tal vez yo no sea el experto en estos temas, pero solo tengo un consejo que te va a funcionar y creo que es efectivo: disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado y vas a ver como lo que quieres, se da.”

…pinche vida…

¿Por qué los hombres ven todo tan fácil?

¿Por qué las mujeres nos lo complicamos todo?

¿Qué es esa cuestión que siempre nos gusta estar dándole vuelta a las cosas como la bruja de Blanca Nieves que revolvía y revolvía y revolvía su veneno aniquilador, sin darse cuenta que esos vapores verdes la hacen ver fea? ¿Por qué no somos como el cazador que no mató a la Blanquita, llevó el corazón de ciervo y siguió su vida como si nada, después de haber hecho lo que quiso?

La verdad, esta es una de las grandes incógnitas de la humanidad que ni Stephen Hawking, con la ayuda de Jack Canfield y Mark Victor Hansen, va a poder resolver.

Pero esta es una de esas pocas veces que este Creídoso tiene razón.

Verán, este es el pensamiento lógico detrás de su hablada: entre más invierta neuronas en cuanta cosa que sucede en el mundo, menos se entera de lo bonito que se surfea en esta vida.

Y esto aplica para todo: si se pasa dándole cabeza a la vez que se equivocó en el trabajo, no va a poder regocijarse de todos los éxitos.  O como el bendito juego entre sexos: por estar pensando que si esa mirada significó algo, no se da cuenta del momento tan espléndido con esa persona. O con la eterna bancarrota: si se piensa tanto en que tiene que rendir el dinero hasta el  próximo pago, se va de las manos sin haberlo disfrutado.

Ahora bien, para lograrlo, se tiene que empezar por ocupar el cerebro porque, como dice doña Martha, cuando uno tiene mucho tiempo libre, solo en estupideces se piensa.  Hay que buscar pasatiempos que nos hagan más inteligentes (leer), más saludables (correr), más interesantes (estudiar la Teoría Sobre la Motivación Humana o La Pirámide de Maslow)  El punto es estar haciendo que se hace.

Una vez que esas irrelevancias de la vida pasan a un segundo plano, es entonces cuando se comienza a deleitar de la compañía del mundo que nutre con sabiduría y energía positiva, hasta poder abrazar la tan importante soledad, que facilita el contestar las temidas preguntas: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Cómo voy a llegar ahí?

Entonces, se deja de perder el tiempo en banalidades, para empezar hacer lo que verdaderamente gusta, ama, apasiona… y se es simplemente feliz.

Claro, esto es de aplicar con moderación y bajo receta médica, pues se puede llegar al valeverguismo… y que jodido entrar ahí.

Como nota al pie, quiero denotar que queda comprobado lo que dije al principio de esta historieta (eso de que analizo mucho y etc.), porque si no, ¿cómo pude haber agregado más de 500 palabras a las primeras 49?

¡Qué vida la mía!


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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