Desabrochando a Martha

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Me fui para la tierra de mis antepasados con mi Macho Ratón (nuevo sobrenombre del Compañero Sentimental, a petición propia de él mismo) y con su mejor amigo Guajaqueño.

Así mismo es.  Los tres nos fuimos para Granada, Nicaragua a disfrutar de los manjares, el licor, la fiesta poética, la infraestructura colonial y vivir la vida burguesa que nos merecemos.

He aquí lo que allí aconteció:

Zopilotes en la frontera: Nos fuimos en carro.  Una vez que uno cruza una aguja limítrofe (sí, una aguja como de residencial es lo que demarca ambos territorios), se encuentra a merced de un grupo de zopilotes jóvenes que intentan asustarlo matarlo  ayudarle a sacar los cincuenta mil trámites que hay que hacer el lado nica.

Dos horas después, cuando ya se pagaron todos los impuestos, seguros y demás enseres, uno siente una libertad.  Una brisa.  Comienza a ver el Lago de Nicaragua.  Oye a los pajaritos y al Guajaqueño cantar y todavía no puede creer que se haya dejado el suelo tico.

¡San Juan del Sur rocks!: La belleza es incomparable.  Mar celeste cielo, arena dorada, embarcaciones esparcidas a lo largo de la playa, un Cristo que vigila todo lo que pasa y Toñas frías a cada paso que se da.  Ese es el pueblo que el Guajaqueño siempre recordará como el lugar donde comió 3 colas de langosta por $11 en uno de los restaurantes más finos del lugar.

San Juan del Sur, Nicaragua.  Foto cortesía del Macho Ratón

San Juan del Sur, Nicaragua. Foto cortesía del Macho Ratón

Granada nos recibió con doble arcoíris: No habíamos terminado de admirar la belleza de la costa, cuando entrando al camino de Granada por Rivas, comenzó a llover y dos arcoíris completos se formaron el cielo.  Mis ojos no lo podían creer y era como si Dios nos estuviera recibiendo.

La vara aquí es probarlo todo:  ToñaPremiumVictoriaVictoria FrostVictoria Selección MaestroVictoria Light… Todas se probaron, no se escatimó en nada con tal de disfrutar de las mezclas de cebadas, lúpulo y demás cereales nicaragüenses.  El Flor de Caña bajo por nuestras gargantas en una serie de mojitos.  No dejamos de lado el quesillo y el vigorón… yum, yum, yum…

En los buses todo se vale: No me monté, pero vi muchos pasar hasta el seserete de gente.  ¡Qué cosa más impresionante ver salir a la doñita de la puerta de emergencia que esta atrás!  Un muchacho le pegaba un grito al conductor para avisarle que ya todos se habían bajado y que podía arrancar.  Lo primero que dijo el Macho Ratón: “Eso en Costa Rica, ya le hubieran caído todos los grupos sociales, la ley, los ministerios…”

¡Ah! Y como en las películas, con cuarenta mil paquetes amarrados al techo.

Los buses en Nicaragua dan miedo.  Foto cortesía del Macho Ratón.

Los buses en Nicaragua dan miedo. Foto cortesía del Macho Ratón.


Calle la Calzada: Cuando la descubrimos, fue como que los ángeles hubieran quitado una cortina, un coro celestial cantara notas gloriosas y Dios nos dijera: vayan, mis queridos hijos, que por esto lo hemos puesto ahí.  Los mejores bares, restaurantes y el hotel más hermoso que jamás existió, están en esta calle adoquinada que cubre, por lo menos, unas cuatro cuadras.  Solo se puede comparar con los cafés españoles o parisinos.

Lo mejor de Nicaragua fue su gente: El vampirin que nos ayudó en la frontera.  Nick, el guía en Masaya.  Alejandro, el botero que nos llevó por las isletas.  El artista que nos demostró como decoraba.  La muchacha de la recepción.  La mesera en el bar de la esquina, quien nos recomendó comer el vigorón del quiosco del frente.  Todos y cada uno de ellos demostraron un nivel de amabilidad, educación y amor a su patria, que no había visto en nadie desde hacía mucho tiempo.

Por eso no había podido escribir… y porque me ha costado acomodarme otra vez a la realidad… ¡qué varas las mias!  Sin dejar de lado que si no era viernes o martes, no iba a publicar y luego que se acaba el mes, entonces me dije, mejor lo publico el primer dia marzo… y bueno… así va mi cabeza histéricamente atarantada.

Con respecto a mi reto personal de no ver televisión, tengo el orgullo de decir que pude cumplir con las reglas… bueno… casi…

 CONCLUSIONES

  1.  Es difícil, pero no imposible.  Llega un punto en el que tu cuerpo te pide imágenes en movimiento.  Luego te acostumbras.  Cuando ya se puede apreciar de la caja del demonio, pues ya ni dan ganas de prenderlo.
  2. Es fácil sustituir la máquina con cualquier página en internet.  Me di cuenta de esto cuando youtube me pidió meter un captcha porque estaban recibiendo muchas solicitudes de mi numero de ip… ahí fue cuando dije que mejor no seguía viendo videos.
  3. Es difícil hacer creer a un Macho Ratón que es él quien quiere ver un capítulo de Sex & the City, mientras uno está de visita.
  4. Es difícil tener que ver el resumen deportivo de canal 13 los domingo en la noche porque el Macho Ratón quiere ver cómo le fue a su equipo… sabiendo que en TCM están pasando Some like it hot y no poder decir nada.  El consuelo: pude ver a Coto, un amigo de la U.
  5. No me terminé el libro de Kundera.  Lo cual me hace pensar que tal vez el libro si sea lo pesado.  El libro, no el autor, claro está.
  6. ¿Qué hice con tanto tiempo en mis manos?  Me acosté temprano, saqué a las zaguas a caminar, ahora voy 5 veces a la semana al gimnasio, empecé a salir más con mis amigos, me he hecho más puntual y he disfrutado de los sonidos de la naturaleza, como de los pajaritos, el viento en los arboles y el río que pasa detrás de mi casa.

El único día que yo misma romí mi propio reto fue el domingo 27 de febrero porque fue la entrega de los premios de la Academia, los Oscars.  Solo porque tengo 29 años de estarlos viendo (30 si contamos cuando estaba en el vientre de mi madre) Es una tradición y costumbre familiar que no se puede romper por nada en el mundo.

No porque me guste ver la alfombra roja, ver como fueron vestidos, ver las pelis ganadoras y marcarlas en la lista que tengo de ellas, escuchar los chistes y monólogos, ver si comparto la opinión de la academia… ¡NO! ¡Jamás en la vida se trata de eso!

Simplemente estaba respetando una tradición.

Para este mes, voy a usar el mínimo del internet.  En el caso de Facebook, solo en la mañana y en la tarde.  Quedan fuera del juego desabrochandoamartha.com, twitter.com, google.com, wikipedia.org (y no porque lo lea cuando estoy aburrida), sites de líneas aereas, buses y trenes.  Osea, no voy a ver ni 9gag.com ni youtube.com, básicamente… ni monsterdivx.com… ni cuevana.tv

¡OH DIOS! ¿EN QUÉ ME ESTOY METIENDO?

¿Lo lograré?  No 9gag va a estar difícil.

¿Lo lograré? No 9gag va a estar difícil.

A mediados de enero estaba saliendo de mi casa cuando una figura sombría se me acercó.  Mi reacción natural fue dar un paso atrás…

“¿Muchacha, ahí vive doña Martha?”

“Sí.”

“¿Marthita, no se acuerda de mí? Soy Annie”

“¡Por Dios Santísimo! ¿Annie?  ¿Annie, Annie, mi nana Annie?”

“Sí mi chiquita, soy yo.”

Mi mamá conoció a Annie pocos años después de que se divorciara,en este grupo de la iglesia católica llamado el NeoCatecumenado.  Era  una jovencita de 18 años quien amaba la vida y tenía la voz más linda que jamás he escuchado en la vida.  Su carisma era tan hermoso y era tan cariñosa que al poco tiempo se convirtió en nuestra nana.  Mi recuerdo más vivo con ella es estar en la iglesia, las dos jugando a dar vueltas.

Pero como todo en la vida, todo sigue su ritmo y llegó un punto en el que nunca más volvimos a ver a Annie.

Hasta hace unos 10 años.

Doña Martha regresó al grupo.  Las vueltas de la vida hicieron que ella estuviera en la misma comunidad que la mamá de Annie.  Con la fuerza que solo una madre puede tener, le contó que ya no vivían juntas porque le había robado hasta lo que no tenía para gastarlo en drogas.

Escuchar esa noticia fue como una patada en el estómago.

Para Semana Santa, un par de días antes de la Pascua, Doña Martha ofreció llevar a varias personas a su casa en su hermosa buseta de 12 personas.  Entre ellas, a la mamá de Annie, quien se sentó al frente.

100 mts sur de la Cañada, escuchamos:

“¡MARTHA! ¡MARTHA! ¡MARTHA!  ¡ES PASCUA!”

Doña Martha pegó un frenazo inmediatamente.  Yo nada más vi algo que no puedo definir: una figura que corría como queriéndose quebrar, un esqueleto sucio, con el pelo enredado, casi sin dientes, que escupía palabras gruesas, con ese tono de hablar de la calle, con los ojos perdidos en el limbo de su realidad.

La mamá de Annie solo le pedía a mi mamá, en nombre de todo lo que es bueno y santo, que por favor arrancara.

Ese zombie se aferró a la ventana de doña Martha quien, en la muerte de su suspiro, dijo el nombre.  Ese momento fue como sacado de una película: Annie pidiendo dinero para un café porque no había comido quién sabe desde cuando, doña Martha en shock porque no entendía lo que pasaba y la mamá de Annie le decía que se fueran ya con la mayor de las frialdades.

Le dio 300 colones que era la único que tenía y seguimos con el corazón en la mano.

Nunca, en la vida, voy a olvidar ese momento en el que Annie me volvió a ver y gritó “¡Marthita, mi chiquita!”, estiró su mano para tocarme y yo me hice para atrás.

En fin, creo que nadie logró dormir.

La mamá de Annie nos llamó al día siguiente: los compañeros de andanzas la había golpeado de tal manera por robarle la plata, que estaba internada en el hospital.  Al salir, la mamá hizo lo que una madre siempre hace: se la llevó a su casa con la promesa incierta de que entraría en rehabilitación.

A los pocos días, fuimos a visitarla.

“Marthita, nunca se meta drogas, nunca.  Es un mundo tan feo y usted es tan linda, mi chiquita.”

“Pero Annie, ¿cómo te dejaste?  ¿Cómo llegaste a ese extremo?”

“Muy fácil Marthita.  Primero probé la marihuana y esa sensación de paz es increíble.  Después cogí fumada y es muy rico, me gustó, ¿me entiende?  Luego me regalaron un puro de marihuana con coca y  no hubo vuelta atrás.  Pero, ¿usted me entiende?  Yo quería sentir más.  Y me empecé a meter coca, heroína, extasis… hasta que un día alguien me dijo que probara la piedra.  Marthita, el momento en el que la prende, tira ese destello y uno empieza a sentir algo tan maravilloso por todo el cuerpo… Uno la pasa tratando de volverlo a sentir, pero en su puta vida vuelve… y uno fuma, y fuma, y fuma, y fuma buscando sentir lo mismo…”

Entre las historias más crudas que me contó, se acuerda de una noche en que un hombre en un 4×4 lujoso llegó a la esquina donde siempre estaba.  El del carro les dijo que tenía una casa llena de droga y que si quería, podían irse con él.  Eso fue una orgía que duró una semana.  El legítimo, todos contra todos: cogiendo, inyectándose, oliendo, durmiendo, cagando, fumando y volviendo a coger.

La crudeza está en saber que eso pasó a 100 mts de mi casa, en la de un alemán que sólo Dios sabe que pasó con él.  Era un piloto que estuvo en la cárcel por andar no sé cuántos kilos de cocaína en una avioneta.

Annie no aguantó y a las dos semanas volvió a la calle, robando a su mamá lo poco que tenía.

No voy a mentir, cada vez que pasaba por la cañada, iba con los ojos muy abiertos tratando de ver alguna cara conocida, con los oídos muy atentos tratando de escuchar mi nombre, con el corazón que me latía a mil, con el cerebro maquinando el qué hacer si me la topaba.

Verla, finalmente, frente a mí, recuperada, bien vestida, como cualquier hija de vecino, me hizo un nudo en la garganta y lo más que uno puede hacer es darse un abrazo fuerte.

“Tengo cinco años sobria.  Ahora ayudo aquí no más, que pusimos una casa de restauración.”

“Annie, se lo juro, me ha hecho muy feliz hoy.  ¿Cómo fue que se recuperó?”

“Casi me muero dos veces.  A la segunda me dije, ¿qué putas estoy haciendo aquí, Dios mío?  Tengo el hígado destrozado, tenía anemia, la sangre ralita… si yo le contara mi chiquita.   Pero Gracias a Dios, llevo 5 años sobria, un día a la vez… Ya hasta le hablo a mami,” me cuenta, todavía con ese modo de hablar tan particular de la calle.

Como siempre he dicho, cada quien hace de su culo, un florero.  Pero cuando alguien cercano decide vive en ese infierno, es como que le estén metiendo la flor a uno.

Nunca dejé de pensar en Annie y de sentir una angustia profunda en el corazón.

Ya no más.

De la misma forma en la que amo los niños, los gatos, las motos y las mantarrayas: ajenas.

Las bodas son una verdadera celebración al amor y valentía.  El simple hecho que el novio se juegue el chance de quedarse escuchando la marcha nupcial una y otra y otra y otra vez sin que aparezca la novia, ya eso es tener un par de cojones bien puestos.

O, por el otro lado, el de la novia al levantarse a las 4:30 de la mañana para cumplir con sus obligaciones como tal: el manicure en french; pedicure en rojo; depilación en lugares nunca antes pensados; maquillaje que dure todo el día; peinado; ponerse la ropa interior sexy, pero incómoda; los zapatos de tacón que probablemente hará tirados cuando tenga la primera oportunidad; un vestido que parece disfraz de la época victoriana, mientras se muere de hambre y jugándose el chance que el tipo no aparezca… WoW…

Pero ese momento tan mágico en el que el novio está al pie del altar y ve a su majestuosa novia caminar hacia él, ese microsegundo en el que se deslumbra un incremento ligero en su sonrisa y los ojos de ilusión que lleva ella puestos al caminar junto a sus padres a los brazos de su amado, con la seguridad de que es él y solo él… es el microsegundo más romántico que cualquier ser humano puede ser testigo.

Vivo por ver ese momento.  Sin dejar de lado los famosos posibles errores embarazosos que la marcan como única (viste cuando la hermana de la amiga de la prima de la vecina del frente se cayó por el poco de petálos… jajaja… ay, viste que los del restaurante de la par solo tomarle fotos a la novia… jajaja…)

Personalmente, comparto la misma línea filosófica de doña Martha: las bodas son para ir a comer.  En ciertas bodas (a las que me rehúso identificar), he practicado la abstinencia moderada de alimentos durante el día, con tal de ir a saborearme cuanto plato sirvan en la noche.  Así mismo, doña Martha me ha envestido con su técnica infalible para la recolección de los mismos, cuando es buffet:

“Ay mi’jita, vea: usted primero ubica la mesa del buffet más cercana, busca por donde salen los meseros, que de ahí viene la comida.  Justo cuando vea que sacan pailas, hace como que va al baño y… ay, mirá ya los novios se sirvieron: corré, corré, que ahí va la Camacho y esa dura un montón sirviéndose…

“Los cubiertos en la mano derecha y pones el plato pequeño de la ensalada encima.  Ahora el grande en el antebrazo… si, si… como los meseros. Ay si, lomito… que rico que se ve… ay, si me puede echar salsita sobre el arrocito… si, si, dele… con confianza que soy la tía de la novia.

“Sírvase uno de cada uno de los postres y se lleva el platito en la mano izquierda.”

Creo que aquí vale aclarar que uno de los dichos favoritos de doña Martha es: “coma hoy, que usted no sabe si va a comer mañana y más si es gratis,” el cual, también aplica para muestras en los supermercados.

Es más, mi madre me ha hecho llevar a mi mejor amigo de la U para que la sacara a bailar, compartieran opiniones de licores y le ayudara a llevar los platos del buffette.

“Guanaco, coma, coma.  Aproveche que es gratis y quien sabe cuando vuelve uno a comer algo así de rico.”

Ahora que lo pienso, las bodas son los quinceaños para los treintones.  La misma carajada: un desfile de damas en vestidos ridículos, quienes caminan con  acompañantes, los cuales le abren el paso a la pobre mujercita que anda con un vestido tan incómodo y con tacones tan altos, que camina como con pañal.

Después de la iglesia, sigue la famosa fiesta que comienza con el Tiempo de Vals de Chayanne, para abrir la pista y que todos se pongan a mover el bote.  En algún momento se sirve la comida, se pasa tomando refresquitos toda la noche (algunos más benditos que otros), llegan los mariachis, la comparsa, los payasos en sancos, se parte el pastel y se acabó.

Estoy segura que la pobre chiquita pasó la misma procesión que pasó la novia, teniendo que madrugar para lucir hermosa (menos la depilación, espero yo)  La misma procesión de ir de mesa en mesa, tomándose fotos.  El mismo acto de quitarse los zapatos en medio de la fiesta por el increíble dolor.

La diferencia, es que en el quinceaños uno se va a la casita de los papitos, para que la mamita le ayude a quitarse el moño lleno de colochos y el vestido de princesa.  Después de la boda, se quitan muchas cosas, tal vez no con la misma paciencia… ¿qué sé yo?

En fin, volviendo a las bodas, me encantan las pequeñas tradiciones que se crean como el baile del billete, tirar la liga y tirar el ramo.  De esa última, soy súper fan.  Soy la típica soltera que se burla del grupo de mujeres desesperadas, darse de codazos, correr, gritar, pelearse por un ramo de flores y su significado: el que, tal vez, sean las próximas en casarse.

Todo esto para contarles, mis queridísimos lectores, que el fin de semana pasado me jugaron una jugarreta.

La Mo se casó con el Pa.  Pasé DIAS enteros preparando el brindis:

 “Por la Mo y el Pa, que el camino de su matrimonio sea como el del Chirripó: lleno de aventuras, paisajes hermosos y que aunque tiene subidas muy difíciles y bajadas increíbles, los llena de satisfacción saber que lo hicieron juntos.

“Que todas las fotos de aniversarios sean como aquella en la casa del Pa, donde están abrazados, sonriendo, viendo hacia delante, con San José empujándolos a seguir y las luces iluminándoles el futuro.

“Y que su matrimonio sea como la clase de sushi para la que fueron en un aniversario: un regalo inesperado, que los saca de la rutina y los deja satisfechos… pero siempre con ganas de más.

“Por la Mo y el Pa, que el amor sea siempre el ingrediente secreto.”

Horas de mi presiado sueño, días frente a la computadora tratando de pescar a mi genio, meses de investigación googlelística.  ¿Para qué?

Para que al final, después de agradecer a los invitados, dijera algo como:

“…para las que se están preguntando por el ramo, la verdad es que está muy bonito, a mi me gustó mucho y quiero regalárselo a una personita muy especial y a la que quiero mucho…”

El ramo y yo, una historia de amor, llanto y odio.                        Foto cortesía de Carlos Ávila y Marco Chanto

El ramo y yo, una historia de amor, llanto y odio. Foto cortesía de Carlos Ávila y Marco Chanto

 Y helo ahí, en mi pichel de fresco porque no tengo florero, en la esquina de mi escritorio, acosando cada una de mis letras que digito en mi teclado.

(Espero no ahuyentar a ningún posible pretendiente)

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NOTA: Dedicadísimo a mi amiga Mo y al Pa.  Este es mi tributo a ustedes, a su amor y a su felicidad.  Que la vida los siga llenando de tantas bendiciones como hasta ahora… y como diría cualquier comehuevo a quien se acaba de casar: ¿y pa cuando los güilas?

Yo amo Diciembre.

Adoro Diciembre.

Mi corazón late todos los meses en espera de Diciembre.

Primero y antes que nada: finalmente llegan los vientos alisios, junto con el solcito rico de la época seca: disfrutar de días soleados, frescos atardeceres de ensueño y la libertad que dan las vacaciones de fin de año.

Segundo e igual de importante: llega Navidad y Año Nuevo.

Eso significaba que El Progenitor nos llevaba a Llobet para comprarnos dos mudadas completas: una formal para la cena del 24 y una informal para la del 31.

Verán: tengo una hermana y cuatro primas mayores.  Eso se traduce en que todas mis posesiones terrenales eran cosas que ya no necesitaban… excepto las dos mudadas de Diciembre.  Por eso, yo me volvía loca en dicha tienda, escogiendo cada una de las prendas.

La otra parte emocionante eran los regalos.  Yo dedicaba HORAS enteras en escribirle la carta a Santa y al Niñito: en papel de carta perfumado con miles de calcomanías.

Sí, damas y caballeros, siempre le escribía a los dos, pidiendo cosas diferentes a cada uno: fuera ser que me trajeran lo mismo y ¿cómo lo iba a cambiar?

Me acuerdo que una vez me encontré las cartas entre las sweaters de mi señora madre.  Cuando ella llegó después del trabajo, yo estaba hecha un mar de mocos, tenía los ojos abotagados, echa un puño en mi cama.  Doña Martha no pudo más que reír cuando yo saqué las cartas de debajo de mi almohada, de una forma dramática, al mejor estilo de novela mexicana.  Mi corazón no aguantó tanto desinterés y estallé a llorar desconsoladamente.  Al día siguiente, me llevó a la oficina del correo interno del banco donde trabajaba para pedir, personalmente, que mandaran las cartas de inmediato.

Pero en ninguna de ellas pedí salud, trabajo, paz, ni nada de esas cosas porque, gracias infinitas al Todopoderoso, nunca me han faltado.  Gracias a Dios, mi salud no me ha fallado como para pasar semanas internada, siempre he estudiado y/o tenido un trabajito, vivo en un país que es mundialmente conocido por su falta de guerras armadas… sería gula si pidiera más.

Además, si abro mi corazón a la verdad, sé que no quiero cosas tan etéreas como la felicidad, el amor o la prosperidad, porque soy fiel creyente que eso no se recibe como regalo: eso se aprende a construir.

Yo sé que quiero tamales, medias lunas de Giacomin, el Lonely Planet de India.  Sé que me voy a comprar ropa y zapatos para rellenar mi closet lleno de nada que ponerme.  Deseo leerme los 1001 libros que hay que leer antes de morir y todavía tengo que comprar 947.

Por eso, lo admito públicamente: me cae mal cuando le pregunto a alguien qué le pidió al Niñito y me salen con que salud, trabajo y paz para las fiestas.

No les creo.

Repito: si está en todas, tiene brete y no vive en un país en guerra… Admita que es un capitalista más y que quiere un Wii o unos Manolos o dinero para ir a gastarlo en cualquier centro comercial.  Si tiene una pareja maravillosa que lo adora, amigos que están con usted en las buenas y en las malas, sabe mantener sus ahorros, ¿para qué pedir más?

Como lo dijo mi amiguita La Titi: “Si quiere paz haga el bien, si quiere salud, cuide su cuerpo y mente y si quiere trabajo póngale bonito porque Dios es muy bueno, pero Él tampoco regala las cosas, hay que ponerle un poquito!! He dicho. Tenkius!”

Ahora bien, no quiero que me malinterpreten.  No quiero que piensen que solo le doy valor a las cosas materiales, porque todo se pierde, se quema o se bota.  Solo digo que deberíamos ser sinceros y admitir que nos gusta que nos regalen cosas que nos podemos poner, comer, leer, palpar.  No creo que nadie nos vaya a juzgar mal por admitir algo que a todos nos pasa.

También creo que se debería practicar el dar.  No me refiero al dar un regalito a tus hermanos y amigos.  Hablo de devolverle al mundo todo lo bueno que ha sido la vida con nosotros, compartir nuestras fortunas.  Por ejemplo, invertir parte de nuestro dinero en comida para alguna familia que no tiene.

Como mi amiguita Zarhay, La Pianista, quien va todos los sábados a enseñar música a los niños de La Cueva del Sapo, en la Carpio: casi sin instrumentos y regalando su tiempo, ella le cambia la vida a los pequeños, enseñándoles sobre disciplina, demostrándoles las bellezas de las que son capaces… pero de eso, les voy a contar el próximo año.

Quiero cerrar con un status de Facebook que dejó La Titi para las fiestas:

“Por favor no pida salud, trabajo y paz para el año nuevo. Es una estrategia que no ha funcionado en siglos. Mejor póngale bonito al ejercicio (de cuerpo y mente) y a la buena alimentación, haga lo que tenga que hacer para tener y conservar un brete (incluye llegar temprano, capacitarse, ser competitivo, estudiar, actualizarse, innovar, etc.) y para la paz, la verdad es que solo la paz interna depende de uno mismo. “

...cuando lo vean, sabrán...

...cuando lo vean, sabrán...

El ciclo de la vida en Costa Rica es en línea recta:

Nacer -> Crecer -> Ir a una Universidad Privada -> Aprender inglés -> Entrar a trabajar en algún Call Center a poner en práctica nada de lo que estudió en la Universidad Privada -> Ennoviarse con el tipo/la tipa de sus sueños -> Casarse -> Ir de luna de miel a San Andres -> Reproducirse -> Divorciarse -> Morir

La parte de Nacer, pues uno no tiene mucha vela en el entierro… aparte de ser la orgullosa espermatozoidito que ganó la gran carrera de la vida.  La de Crecer tampoco necesitó mucho  porque digamos que del 1.54 m de estatura, ya no pasé.

Eso de estudiar en Universidad Privada, aprender inglés y trabajar en un Call Center, pues admito que todo lo hice muy a mi manera.

Justo, ante la etapa de la vida que continúa según los estatutos, es que entendí que hay todo un mundo de posibilidades ahí afuera que incluyen viajar, conocer gente nueva, aprender idiomas, viajar, comer comidas exóticas, leer, estudiar, escribir, viajar… Y que el famoso ciclo no tiene que ser en línea recta, pero como un árbol que abre sus ramas.

Así es que cuando se habla del noviazgo, pues empieza a temblarme el parpado.  Creo que todo comenzó con el padre Barona, un amigo de la familia, quien fue el encargado en satanizarme el concepto de noviazgo:

“Marthita, tenga muchos amigos: salga con ellos, vaya a comer, vaya a bailar, tómese sus traguitos y disfrute mucho de la vida.  Pero recuerde una cosa siempre y es que los novios son para casarse.  Cuando uno entra a un noviazgo, es porque ha llegado el momento de formar una familia.”

¡Ah puta!

Prácticamente el padrecito se cagó en mi vida romántica de adolescente y joven veinteañera.  Con ese presagio, ¡qué iba a cerrarle ningún ojito a nadie!

Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca.

Inclusive, su desesperación para que mi vida avance acorde a los estatutos familiares, ha llegado a límites inimaginables, en los que me hecha indirectas que el reloj cada vez se acerca a su hora final en la que no voy a poder parir la 19va bisnieta que tanto quiere para poder descansar y morir en paz.

A lo que contesto: “No voy a cargar con su muerte sobre mis hombros.”

A lo que ella contesta: “¡No jodás vos! ¡Que ya estoy cansada de pagar doctores!”

El matrimonio se ha satirizado tanto, que pareciera que la gente no se alegra cuando oye que alguien se comprometió.  Frases como “se cansó de vivir tranquilo“, “ya vas a ir a regalar el cheque“, “voy a tener un carro esperando afuera, por aquello” son tan comunes cuando alguien cuenta la gran noticia.  A mí me da un pecado verles las caritas llenas de emoción, deformarse a preocupación.

Como cuando mi amiguita Monique me pidió que fuera la testiga de su boda.  ”A mí no me meta en enredos“, le dije.  La pobre me hace una cara… que le tengo que explicar que es un chistesín y que para mi es mas que un honor.

Es tanta la cosa que, cuando me puse a buscar sinónimos para este blog, me encontré este link, donde incluye palabras como desesperación, forzar, ideal, disparate y locura… y si en Internet lo dice, debe ser cierto.

Hablando en serio, no es que yo esté cerrada a la posibilidad de casarme.  De hecho, soy igual que cualquier otra mujer quien ha pensado en su día feliz (una gran boda pequeña, con un pequeño anillo de compromiso de ensueño, llena de yerberas y con un vestido de novia bien extravagante sencillo)

En lo que no estoy dispuesta es a casarme porque es lo que se espera de mí en este momento, con cualquier macho proveedor que me tenga pariendo chigüines, esperándolo que venga al hogar, con la pata en la chanchera y el platito de comida caliente en la mesa.

Siempre he pensado que antes de CONSIDERAR casarse, uno tiene que cumplir 4 puntos:

  1. Viajar:.. Sí, sé que soy demasiado necia en este punto… Lo que pasa es que, cuando uno pone un pie en otro país, se abre las puertas del mundo y uno se da cuenta de lo pequeño e insignificante que es.  Aprender de las culturas y de las formas de vida en otros lugares, le abre la mente a que la vida no tiene que ser como lo dicen nuestras abuelas.
  2. Coger: No estoy hablando del verbo sea promiscua y hágase un hongo con patas en el proceso.  Estoy hablando del verbo aprenda a disfrutar del sexo.  Si su elección de vida es llegar virgen, pues por lo menos visite a Manuelito un ratico, porque si uno no se conoce, ¿cómo vamos a pedirle al otro que nos conozca?
  3. Vivir sola: O con un roomate.  Es la mejor aventura que uno puede experimentar para darse cuenta de sus habilidades, límites y probarle a sus papitos la excelente educación que usted ha tenido.  uno aprende tanto… desde cómo controlar el dinero, hasta reglas básicas de seguridad.
  4. Vivir con la pareja:  Exacto: yo promuevo el concubinato escandaloso.  Es una forma de poder adaptarse a las maneras del otro, porque viviendo juntos ya no hay tiempo fuera.  Es aprender a soportar pedos, desórdenes, malos humores y todas las cosas negativas que pueden sentirse en la convivencia.  Pero también es adelantar el trabajo en la distribución de las tareas del hogar, la creación del presupuesto, aprender a negociar todas las decisiones y bueno, ya ustedes saben el resto.

Además, soy fiel creyente que el matrimonio es un contrato muy serio en el que, si entro, es para toda la vida.  Por eso, el pobre diablo en condena que se atreva a ser mi marido, no va a ser cualquier patas vueltas con sonrisa bonita, zapatito limpio,platica en la bolsa y hablada.  El tipo va a tener que ser casi un santo para poder soportar tantas histerias y episodios bipolares, digamos.

Porque casarse para divorciarse, mejor se mata.

Yo no pienso entrar pensando en que si no funcionan las cosas, llamamos al abogado.  No quiero que los futuros retoños (a las que ya les puse nombre, como buena mujer) pasen por las que mis hermanos cuando los míos se divorciaron (yo ni me di cuenta)

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Este post tan romántico, va dedicado a mi compañerito el Albin-o, quien en estos días se casa con su hermosísima novia.  Y al Aureliano, quien se comprometió con la bellísima Adriana.  Felicidades chiquillos, la mejor de las suertes… Tan bonitos los dos, jugando de grandes… ¿quién los mete?

NOTA: Hace más de cuatro años, un amiguito (el mentao N.) me insistía que yo escribiera cualquier cosa, pero que no lo dejara de hacer.  Un día me encabroné  y escribí esto.  Lo encontré en el baúl de los recuerdos mientras buscaba a Benedetti.  Espero les guste.

Quieres que te escriba algo.  Cualquier cosa.  Cualquier tema.  Creo que lo único que esta en tu mente, después del sexo y el trabajo, es que yo tengo que volver a escribir.

N.… yo no quiero…

Me insistes, me acosas, me persigues, me recuerdas constantemente, me preguntas el tema, cuantas páginas llevo, si escribí ayer o si lo pienso hacer hoy.

“No, no he escrito”, te digo.

Y te enojas.

Vos crees que no lo quiero hacer, que soy perezosa, que no le dedico suficiente tiempo porque “así soy yo”.  Yo creo que me quieres ayudar, quieres verme feliz, quieres que cumpla mis sueños porque vos sos así con todos.

Pero no te enojes.  No te enfades cuando te digo que me dejes en paz.  Hablar del tema me da chicha porque… no sé cómo explicarte… no puedo.

Para vos es sencillo insistir porque precisamente sos vos.   Para mi no lo es porque precisamente soy yo.  ¿Cuándo no me he complicado la vida?

Escribir no es tan fácil para mí: es todo un ritual.  Para sentarme frente a la computadora tengo que estar descalza, en mis pantalones de escribir; tengo que tener todo lo que pueda necesitar a mí alrededor para no tener que levantarme, como comida, agua, Coca-Cola o café, cigarros, encendedor y celular.  Mi cabello tiene que estar recogido, mis uñas cortas y mis perras lejos en el patio.  No puedo tener nada que me estorbe como aretes, reloj, cansancio, ansias y hambre.

Con todo listo, solo hace falta soledad y silencio.  Mejor si es de noche porque nadie me molesta.  Para mi, seria fenomenal que mi abuela hiciera efectivo su club de cajas fúnebres… que mi hermano y su esposa se volvieran sordo-mudos… o irme a vivir al convento de Carmelitas Descalzas en medio de los Pirineos!

Llámalo blah, blah, blah… el punto es que me siento obligada a estar cómoda para hacerlo bien.

Me exasperas cuando me decís que escriba una página hoy.  ¿De qué voy a escribir?  ¿Cuál critica?  Porque escribir por escribir no va conmigo.  ¿Cuál voz?  ¿Cuál tiempo? ¿Cómo empieza? Y más importante aún, ¿cómo termina?

¿Cuándo me entenderás que las historias tienen su propia vida?  Solo que su vida es como el caminado del cangrejo.

Yo no las puedo manipular, ni acelerar.  Ellas vienen cuando quieren y nacen cuando escribo el primer borrador, pero todo gira alrededor del desenlace.  Es un motivo para la historia, como el chiste del güila que le dice al papá que el gato se murió.

Después, tienen que descansar y madurar en mi cabeza.  El tiempo las tiene que enriquecer con colores, sabores, aromas y tiempos.  Al final, sin presiones, justamente cuando es adecuado, me volverán a buscar.  Tomarán la forma que desean y habremos terminado el tormento.

Es como la historia de mi abuela que leíste el otro día.  Tiene cuatro años y todavía no es su momento.  De vez en cuando la abro y la releo, para confirmar que sigue latiendo.  Pero como el zapateador de flamenco: si no tiene el duende, no se siente igual.

¡Claro!  Para redactar una noticia no soy tan paranoica.  La noticia esta ahí y se limita a contar qué, cuándo, dónde, quién, cuál y por qué.  Siempre es lo mismo en cuanto a voz, tiempo, crítica .  Esa no tiene vida, como una roca que simplemente esta ahí.

Llámame loca… el punto es que las historias son como el Zinfandel.

Te explico que no tengo una buena computadora.

“Usa la del trabajo.  Quédate dos horas.”

¿¡Que no entiendes que no voy a poder concentrarme!?  Y si no soy la personificación del cubito Maggie, me convierto.  Soy Hulk en mujer.  Me torno en una verde ermitaña amargada.

Ya te tuviste que dar cuenta que yo sí me distraigo con el movimiento de la flecha del mouse.  Una vez trataba de escribir en la tarde y no podía porque mi hermano estaba ensayando en la batería.  De pronto, me asusté de mi gran capacidad intelectual para seguir una mosca.

Hablando en serio, te voy a decir algo que no lo he dicho a nadie: me da miedo.  Me da pánico no llenar las expectativas de la gente y busco cosas que hacer antes de.  Lo cierto es que escribo para mí, a nadie le enseño nada.  En la universidad no tenía otra opción.  Lo que he escrito desde que salí es para mis ojos only.

No entiendo de dónde sacan que escribo bien.

….  y apareces vos… como chiquito de tres años preguntando por qué no escribo…

Llámalo bullshit… el punto es que hasta me sudan las manos de solo pensar que estas leyendo esto.

Además, súmale: es un lujo que no puedo costear.

Escribir implica mucho tiempo que no tengo.  Hay que pensar, buscar, investigar, entrevistar, estudiar, redactar, repasar, editar, leer, aprender, hablar, intentar, responder, saber, visitar, escuchar, esperar.  ¿Cuándo voy a poder hacer todo eso?  Para cuando salgo del trabajo, ya todo esta cerrado: bibliotecas, departamentos de prensa, oficinas públicas y privadas.

Además, entre las cosas de mi mamá, el trabajo, mis hermanos y sus cónyuges, mis perras, mis amigos, mi papá, mi abuela, mis loqueras… cuando tengo mi tiempito libre, lo único que quiero es desconectarme: fumar, tomar guaro y dormir (en ese orden)

…tras de todo quieres que haga ejercicios…

No creas que me estoy rindiendo, porque no es así.  No creas que son excusas, porque tampoco.  Mi deseo por escribir es tan grande, que me hace insignificante.  Por eso mantengo mi diario, devoro libros, me sumerjo en la National Geographic y hago cosas que me inspiran, como ir al museo, a la opera, al ballet.

O conocer a la gente.  Por eso saludo a todo el mundo, porque me interesan, me inspiran, porque sé que guardan una historia que el mundo debe conocer.

Llámame pura mierda… el punto es que así soy yo.

¡Ay N.…!  ¿Cómo te explico?  ¿Cómo te hago entender que mi pasión por escribir es tan fuerte que me llena de alegría y me drena de tristeza?

¿Nunca has sentido algo así?  Algo que sea tan desesperante que no puedes contenerlo, que necesitas hacerlo, ojalá, todos los días y a todas horas.

Es como hacer el amor.

La historia es un amante que me seduce en mi cabeza: me enreda en una maraña de sentimientos.  Lo hace de  tal manera… que hasta me eriza las piernas.  Es un amante con el que quiero estar y no lo puedo hacer en la primera cita.  Tengo que ir con buena letra o puede salir todo mal.

Empezar y mientras lo hago me emociono, soy feliz, me hace sentir completa, tengo fuerza, valor, puedo conquistar el mundo.  Siento que soy mujer, única, etérea, voraz.  Soy  yo.  No importa la fecha, la hora, todo puede esperar.

No hay nada más en el mundo, solo la computadora y yo.

Con el punto final, siento un regocijo interior tan fuerte, tan desesperadamente abrasador, que también me hace vulnerable.  Me puede hacer llorar y reír al instante y al mismo tiempo.

Y quiero volver a empezar.

Hasta llego feliz al trabajo.

¡…Ay, no sé, N.…!  No sé cómo explicarte.

Pero de una vez quedas sentenciado: en la vida te atrevas a dejarlo de hacer.  Ni se te ocurra no volver a preguntarme si he escrito.  Es solo por hoy que no te quiero ni a tres metros quince de mí preguntándome cada tres segundos que si ya empecé.

Tal vez si son blah, blah, blahs… Tal vez sí estoy loca.  Tal vez si es bullshit.  Tal vez sí soy pura mierda.

El punto es que hoy quieres que yo escriba y yo solo quiero dormir.

"Seremos mejores amigas por siempre porque ya sabes mucho."

Algunos me han preguntado por qué no he vuelto a publicar en las últimas semanas y la verdad es una: he estado guardando luto.

Si damas y caballeros, el luto por la cantidad de gente que consideré mis amigos y ya no lo son.

Estoy en estas mariconaditas porque, en estas semanas, se cumplió un año del “divorcio” entre mi roomate del año pasado y yo.  Una separación que tal vez me dejó con la fama de la mayor loca bipolar de este mundo (según dicen), pero que también me dejó sumergida en un cansancio emocional.

Aun y a pesar del mal momento, también es el aniversario de la mayor expresión de cariño de un gran ser humano, quien no solo abrió las puertas de su casa, sino que también me permitió compartir con su maravillosa familia, su mayor tesoro.  Ese mes que estuve con una gran y verdadera amiga, me llenó de la paz necesaria para seguir adelante y tomar aún mayores decisiones.

Ese gesto de bondad y misericordia solo demuestra lo que dijo un compita por ahí: “No nos vemos mucho, pero somos los mejores amigos… porque hemos estado más en las malas que en las buenas.”

¡Ah puta!, ¿con que eso era así?

Eso toma mayor sentido cuando le sumo lo que alguna vez me dijo una amiguita argentina después de una gran discusión y su consecuente reconciliación: “Ahora seremos amigas para toda la vida, porque ya superamos nuestra primera gran pelea.”

Por eso, muchos de los que menciono en Mi familia entre extraños, ya no somos tan cercanos.

Digamos que algunos con razón, como aquella excéntrica, quien me metió en una telaraña de mentiras con objetivos oscuros y turbios, sin importar a quien se llevara entre las patas.  O está aquella vez en que alguien dijo la frase perfecta, el día adecuado para darme cuenta que tenía que delimitar la relación con un grupo de amigos.  O también han pasado los que están en círculos viciosos de los que, de no haber puesto distancia, yo hubiera terminado sumergida en el famoso tanque séptico: a como dijo alguna mente brillante, a los amigos los llevamos al cementerio, pero no nos enterramos con ellos.

Es que  llega un momento en la vida en la que hay que dejar el drama sin sentido y la gente que lo crea, para rodearse de personas que te hacen tan feliz… que te ayudan a concentrarte en lo bueno… o por lo menos eso fue lo que leí por ahí…

Aunque, también, hay de esos grandes seres humanos con corazones sin límites,  que las circunstancias de la vida actual son las que nos han impuesto esa separación… y son los que más duelen, aunque no te mata.

Es que así es la ley de la vida: todos vienen, la mayoría se van y son pocos los que se quedan.

Ahora bien, seamos realistas: aunque canto como los ángeles (eso, evidentemente fue un chiste)… tampoco soy un anillito de oro, que todo el mundo quiere tener, abrazar, besar y guindar en una cadenita al rededor del cuello como Gollum.  Más de una persona ha de estar feliz de no escuchar mi cantaleta de siempre.

En fin, este es un brindis honorífico por aquellos que se han ido, para que la vida los llene de lo que se merecen; por los que todavía están, para que la vida nos siga dando fuerza para aguantarnos; y por los que vienen, para que la vida nos apresure el paso y comencemos a disfrutar de los bellos momentos juntos.

Tengo  una personalidad histérica y un pensamiento analítico que no me deja vivir en paz. ¿Qué puedo decir? Soy mujer.  Y entre histerias, historias e historietas, creo que mi amiguito El Creídoso entró en el círculo histérico, soltando la bomba A: “Marthita, tal vez yo no sea el experto en estos temas, pero solo tengo un consejo que te va a funcionar y creo que es efectivo: disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado y vas a ver como lo que quieres, se da.”

…pinche vida…

¿Por qué los hombres ven todo tan fácil?

¿Por qué las mujeres nos lo complicamos todo?

¿Qué es esa cuestión que siempre nos gusta estar dándole vuelta a las cosas como la bruja de Blanca Nieves que revolvía y revolvía y revolvía su veneno aniquilador, sin darse cuenta que esos vapores verdes la hacen ver fea? ¿Por qué no somos como el cazador que no mató a la Blanquita, llevó el corazón de ciervo y siguió su vida como si nada, después de haber hecho lo que quiso?

La verdad, esta es una de las grandes incógnitas de la humanidad que ni Stephen Hawking, con la ayuda de Jack Canfield y Mark Victor Hansen, va a poder resolver.

Pero esta es una de esas pocas veces que este Creídoso tiene razón.

Verán, este es el pensamiento lógico detrás de su hablada: entre más invierta neuronas en cuanta cosa que sucede en el mundo, menos se entera de lo bonito que se surfea en esta vida.

Y esto aplica para todo: si se pasa dándole cabeza a la vez que se equivocó en el trabajo, no va a poder regocijarse de todos los éxitos.  O como el bendito juego entre sexos: por estar pensando que si esa mirada significó algo, no se da cuenta del momento tan espléndido con esa persona. O con la eterna bancarrota: si se piensa tanto en que tiene que rendir el dinero hasta el  próximo pago, se va de las manos sin haberlo disfrutado.

Ahora bien, para lograrlo, se tiene que empezar por ocupar el cerebro porque, como dice doña Martha, cuando uno tiene mucho tiempo libre, solo en estupideces se piensa.  Hay que buscar pasatiempos que nos hagan más inteligentes (leer), más saludables (correr), más interesantes (estudiar la Teoría Sobre la Motivación Humana o La Pirámide de Maslow)  El punto es estar haciendo que se hace.

Una vez que esas irrelevancias de la vida pasan a un segundo plano, es entonces cuando se comienza a deleitar de la compañía del mundo que nutre con sabiduría y energía positiva, hasta poder abrazar la tan importante soledad, que facilita el contestar las temidas preguntas: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Cómo voy a llegar ahí?

Entonces, se deja de perder el tiempo en banalidades, para empezar hacer lo que verdaderamente gusta, ama, apasiona… y se es simplemente feliz.

Claro, esto es de aplicar con moderación y bajo receta médica, pues se puede llegar al valeverguismo… y que jodido entrar ahí.

Como nota al pie, quiero denotar que queda comprobado lo que dije al principio de esta historieta (eso de que analizo mucho y etc.), porque si no, ¿cómo pude haber agregado más de 500 palabras a las primeras 49?

¡Qué vida la mía!

La vida es tan corta

En un segundo decidís que para salvar tu vida y evitar ser violada, debes tomar la vida de tu agresor.  Parpadeas y listo: él está muerto y vos seguís con vida.

Un minuto vas por la carretera, seguramente pensando en lo maravilloso que va a ser el fin de semana largo y al minuto siguiente, estás en el hospital sin saber la tragedia tan espantosa que rodea tu vida.

Así, la vida transcurre, entre decisiones, sueños y metas sin cumplir.

Estoy tan sorprendida porque en las noticias, no fue cualquiera al que le pasó el suceso, fueron unos compañeros de trabajo y su hijita de año y medio.  Iban por una de las carreteras más peligrosas de este país y una roca se desprendió, con la mala suerte que fue en el mismo momento en que  ellos iban pasando por ahí.

Él y su hija gozan de estar en el lugar más bello imaginado por el ser humano, junto a nuestro Creador.  Ella está muy grave en el hospital y me rehúso a imaginar el impacto que se va a llevar esa mujer cuando se entere de su realidad.

“Uno lee las noticias y no se piensa que les pudo haber pasado a alguien cercano,” me decía un amigo en la mañana, mientras compartíamos nuestro asombro por teléfono.  Y que tan cierto es eso.

Los escalofríos no se me quitan y constantemente se me viene a la mente momentos compartidos, como en las mañanas cuando me los topaba en la cocineta mientras ellos desayunaban juntos o cuando me acercaba a su cubículo a preguntarle por información urgente o cuando les preguntaba por su bella hija.

Todo esto me hace  refelxionar sobre la necedad mía de creer que la vida va a continuar tal cual es, sin cambios, sin sorpresas y sin tristezas.  Tengola tan mala costumbre de dar por garantizado todo lo que me rodea: mi familia, mis amigos, mi trabajo, mis planes, mi metas… todo.  ¡Pero no es así!  La vida se trata de surfear los cambios.  La vida es aprender a soportar los cambios: ayer estabas aquí, hoy ya no. 

Definitivamente, este es un nuevo jalón de orejas de Dios, diciendome que todos mis zapatos, mi ropa, mi refrigeradora, mis planes, mis ganas por hacer las cosas mañana son pura y real caca de toro.  De lo poco que vale y lo poco que sirve cuando pasas por una situación como estas.

Una vez  más, la vida me está dando la lección que no he querido aprender: esto es solo un segundo.

En memoria de Hernány Aileen.  Fortaleza y sabiduria para Suelen.

El se levanta a las 4 de la madrugada, hasta en sus días libres, para despertarme y evitar que me amonesten por llegar tarde al trabajo.  El sabe cuando necesito que me diga que me quieren, con tan solo mandarle un emoticón al Messenger.  Aparenta no morir del asco cuando mi colon se inflama del stress y parezco Homero Simpson eructando por toda la casa.

Si me quedo sin dinero, sin comida, sin esperanza, sin una lagrima más, su enorme corazón es el que me reconforta con palabras como: “tranquila, para eso estoy aquí.”  Ha desarrollado un fino instinto de oportunidad, con el que crea chistes distractores basados en mis penas.

Pero parece ser pecado que viva con él… no porque sea un macho masculino… si no porque es un hombre que disfruta del amor con otro hombre… o peor aun… parece ser pecado que viva.  Punto.

Cuando le dije a mi progenitor, despotricó con palabras tan soeces como degenerado y anti-natura.  Se le ocurrió que, a estas alturas de la vida, era el momento oportuno para cuidar de mi virtud femenina, con miedos infundados de posibles envestidas nocturnas… ¡Claro!, porque cabe la posibilidad que “él no sea tan gay como él dice ser…”

Y porque esos pensamientos no son degenerados y ni anti-natura.

Me sorprendió un conocido, quien no puede comprender que vivo con un hombre al que, muy probablemente, le puedo salir desnuda del baño y ni tan siquiera levante la mirada de Facebook. 

Parece ser que el punto gramatical llegó después de la frase “… vivo con un hombre…”

Al piso fue a dar mi quijada cuando la dueña del apartamento, a quien su cristianismo solo le permite comer santos y cagar diablos, me extendió una carta pidiendo el apartamento.  Una carta en donde explica que decidió quedarse en el lluvioso trópico, en vez de regresar a las bellezas históricas de Suiza o Suecia o Republica Checa o donde carajos viva.

PERO!!!! 

Fue a mí a quien se la dio, porque su relación tan estrecha con su “dios” no le permitió ni siquiera ver a mi amigo a los ojos.  Su vil fachada no puede ocultar su disgusto porque uno de sus arrendatarios va en contra de lo que dice su biblia, la cual, debe ser una traducción no autorizada y barata de Las Sagradas Escrituras, pienso yo…

…o seguro es el resumen ejecutivo donde solo explica que Dios creó al hombre y a la mujer para poblar el mundo.  Lamentablemente y por problemas de espacio, seguro eliminaron donde dice que El creó la tolerancia para aceptar, el amor para perdonar, el respeto para convivir, la miel para conllevar los pasajes amargos o la tan conocida lección de cuándo y cómo tirar piedras. 

No sé si el suyo es el mismo, pero mi Dios mandó a Jesucristo a morir en la cruz para ninguno de los simples mortales, como doña Petunia, viniera a juzgar, señalar, denigrar, insultar, humillar o discriminar…

Cierto, admito que me desespera cuando empapa el piso después de bañarse.  Pero, hoy por hoy, es mi amigo, mi familia, quien ha demostrado ser mucho mejor cristiano en su agnosticismo que muchos de los que “ruegan por nosotros” con golpecitos en el pecho.

Así es que, a todos los homofóbicos, quienes se regocijan en una idolatría equivoca de un dios inventado para su beneficio, los dejo unas frases de la admirable mente teológica de los últimos tiempos:

¡La Iglesia de hoy no necesita “cristianos a tiempo parcial”, sino cristianos de una pieza! … Los creyentes de todas las religiones, junto con los hombres de buena voluntad, abandonando cualquier forma de intolerancia y discriminación, están llamados a construir la paz… La paz exige cuatro condiciones esenciales: Verdad, justicia, amor y libertad…”   Karol Wojtyla


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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