Desabrochando a Martha

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NOTA: Hace más de cuatro años, un amiguito (el mentao N.) me insistía que yo escribiera cualquier cosa, pero que no lo dejara de hacer.  Un día me encabroné  y escribí esto.  Lo encontré en el baúl de los recuerdos mientras buscaba a Benedetti.  Espero les guste.

Quieres que te escriba algo.  Cualquier cosa.  Cualquier tema.  Creo que lo único que esta en tu mente, después del sexo y el trabajo, es que yo tengo que volver a escribir.

N.… yo no quiero…

Me insistes, me acosas, me persigues, me recuerdas constantemente, me preguntas el tema, cuantas páginas llevo, si escribí ayer o si lo pienso hacer hoy.

“No, no he escrito”, te digo.

Y te enojas.

Vos crees que no lo quiero hacer, que soy perezosa, que no le dedico suficiente tiempo porque “así soy yo”.  Yo creo que me quieres ayudar, quieres verme feliz, quieres que cumpla mis sueños porque vos sos así con todos.

Pero no te enojes.  No te enfades cuando te digo que me dejes en paz.  Hablar del tema me da chicha porque… no sé cómo explicarte… no puedo.

Para vos es sencillo insistir porque precisamente sos vos.   Para mi no lo es porque precisamente soy yo.  ¿Cuándo no me he complicado la vida?

Escribir no es tan fácil para mí: es todo un ritual.  Para sentarme frente a la computadora tengo que estar descalza, en mis pantalones de escribir; tengo que tener todo lo que pueda necesitar a mí alrededor para no tener que levantarme, como comida, agua, Coca-Cola o café, cigarros, encendedor y celular.  Mi cabello tiene que estar recogido, mis uñas cortas y mis perras lejos en el patio.  No puedo tener nada que me estorbe como aretes, reloj, cansancio, ansias y hambre.

Con todo listo, solo hace falta soledad y silencio.  Mejor si es de noche porque nadie me molesta.  Para mi, seria fenomenal que mi abuela hiciera efectivo su club de cajas fúnebres… que mi hermano y su esposa se volvieran sordo-mudos… o irme a vivir al convento de Carmelitas Descalzas en medio de los Pirineos!

Llámalo blah, blah, blah… el punto es que me siento obligada a estar cómoda para hacerlo bien.

Me exasperas cuando me decís que escriba una página hoy.  ¿De qué voy a escribir?  ¿Cuál critica?  Porque escribir por escribir no va conmigo.  ¿Cuál voz?  ¿Cuál tiempo? ¿Cómo empieza? Y más importante aún, ¿cómo termina?

¿Cuándo me entenderás que las historias tienen su propia vida?  Solo que su vida es como el caminado del cangrejo.

Yo no las puedo manipular, ni acelerar.  Ellas vienen cuando quieren y nacen cuando escribo el primer borrador, pero todo gira alrededor del desenlace.  Es un motivo para la historia, como el chiste del güila que le dice al papá que el gato se murió.

Después, tienen que descansar y madurar en mi cabeza.  El tiempo las tiene que enriquecer con colores, sabores, aromas y tiempos.  Al final, sin presiones, justamente cuando es adecuado, me volverán a buscar.  Tomarán la forma que desean y habremos terminado el tormento.

Es como la historia de mi abuela que leíste el otro día.  Tiene cuatro años y todavía no es su momento.  De vez en cuando la abro y la releo, para confirmar que sigue latiendo.  Pero como el zapateador de flamenco: si no tiene el duende, no se siente igual.

¡Claro!  Para redactar una noticia no soy tan paranoica.  La noticia esta ahí y se limita a contar qué, cuándo, dónde, quién, cuál y por qué.  Siempre es lo mismo en cuanto a voz, tiempo, crítica .  Esa no tiene vida, como una roca que simplemente esta ahí.

Llámame loca… el punto es que las historias son como el Zinfandel.

Te explico que no tengo una buena computadora.

“Usa la del trabajo.  Quédate dos horas.”

¿¡Que no entiendes que no voy a poder concentrarme!?  Y si no soy la personificación del cubito Maggie, me convierto.  Soy Hulk en mujer.  Me torno en una verde ermitaña amargada.

Ya te tuviste que dar cuenta que yo sí me distraigo con el movimiento de la flecha del mouse.  Una vez trataba de escribir en la tarde y no podía porque mi hermano estaba ensayando en la batería.  De pronto, me asusté de mi gran capacidad intelectual para seguir una mosca.

Hablando en serio, te voy a decir algo que no lo he dicho a nadie: me da miedo.  Me da pánico no llenar las expectativas de la gente y busco cosas que hacer antes de.  Lo cierto es que escribo para mí, a nadie le enseño nada.  En la universidad no tenía otra opción.  Lo que he escrito desde que salí es para mis ojos only.

No entiendo de dónde sacan que escribo bien.

….  y apareces vos… como chiquito de tres años preguntando por qué no escribo…

Llámalo bullshit… el punto es que hasta me sudan las manos de solo pensar que estas leyendo esto.

Además, súmale: es un lujo que no puedo costear.

Escribir implica mucho tiempo que no tengo.  Hay que pensar, buscar, investigar, entrevistar, estudiar, redactar, repasar, editar, leer, aprender, hablar, intentar, responder, saber, visitar, escuchar, esperar.  ¿Cuándo voy a poder hacer todo eso?  Para cuando salgo del trabajo, ya todo esta cerrado: bibliotecas, departamentos de prensa, oficinas públicas y privadas.

Además, entre las cosas de mi mamá, el trabajo, mis hermanos y sus cónyuges, mis perras, mis amigos, mi papá, mi abuela, mis loqueras… cuando tengo mi tiempito libre, lo único que quiero es desconectarme: fumar, tomar guaro y dormir (en ese orden)

…tras de todo quieres que haga ejercicios…

No creas que me estoy rindiendo, porque no es así.  No creas que son excusas, porque tampoco.  Mi deseo por escribir es tan grande, que me hace insignificante.  Por eso mantengo mi diario, devoro libros, me sumerjo en la National Geographic y hago cosas que me inspiran, como ir al museo, a la opera, al ballet.

O conocer a la gente.  Por eso saludo a todo el mundo, porque me interesan, me inspiran, porque sé que guardan una historia que el mundo debe conocer.

Llámame pura mierda… el punto es que así soy yo.

¡Ay N.…!  ¿Cómo te explico?  ¿Cómo te hago entender que mi pasión por escribir es tan fuerte que me llena de alegría y me drena de tristeza?

¿Nunca has sentido algo así?  Algo que sea tan desesperante que no puedes contenerlo, que necesitas hacerlo, ojalá, todos los días y a todas horas.

Es como hacer el amor.

La historia es un amante que me seduce en mi cabeza: me enreda en una maraña de sentimientos.  Lo hace de  tal manera… que hasta me eriza las piernas.  Es un amante con el que quiero estar y no lo puedo hacer en la primera cita.  Tengo que ir con buena letra o puede salir todo mal.

Empezar y mientras lo hago me emociono, soy feliz, me hace sentir completa, tengo fuerza, valor, puedo conquistar el mundo.  Siento que soy mujer, única, etérea, voraz.  Soy  yo.  No importa la fecha, la hora, todo puede esperar.

No hay nada más en el mundo, solo la computadora y yo.

Con el punto final, siento un regocijo interior tan fuerte, tan desesperadamente abrasador, que también me hace vulnerable.  Me puede hacer llorar y reír al instante y al mismo tiempo.

Y quiero volver a empezar.

Hasta llego feliz al trabajo.

¡…Ay, no sé, N.…!  No sé cómo explicarte.

Pero de una vez quedas sentenciado: en la vida te atrevas a dejarlo de hacer.  Ni se te ocurra no volver a preguntarme si he escrito.  Es solo por hoy que no te quiero ni a tres metros quince de mí preguntándome cada tres segundos que si ya empecé.

Tal vez si son blah, blah, blahs… Tal vez sí estoy loca.  Tal vez si es bullshit.  Tal vez sí soy pura mierda.

El punto es que hoy quieres que yo escriba y yo solo quiero dormir.

"Seremos mejores amigas por siempre porque ya sabes mucho."

Algunos me han preguntado por qué no he vuelto a publicar en las últimas semanas y la verdad es una: he estado guardando luto.

Si damas y caballeros, el luto por la cantidad de gente que consideré mis amigos y ya no lo son.

Estoy en estas mariconaditas porque, en estas semanas, se cumplió un año del “divorcio” entre mi roomate del año pasado y yo.  Una separación que tal vez me dejó con la fama de la mayor loca bipolar de este mundo (según dicen), pero que también me dejó sumergida en un cansancio emocional.

Aun y a pesar del mal momento, también es el aniversario de la mayor expresión de cariño de un gran ser humano, quien no solo abrió las puertas de su casa, sino que también me permitió compartir con su maravillosa familia, su mayor tesoro.  Ese mes que estuve con una gran y verdadera amiga, me llenó de la paz necesaria para seguir adelante y tomar aún mayores decisiones.

Ese gesto de bondad y misericordia solo demuestra lo que dijo un compita por ahí: “No nos vemos mucho, pero somos los mejores amigos… porque hemos estado más en las malas que en las buenas.”

¡Ah puta!, ¿con que eso era así?

Eso toma mayor sentido cuando le sumo lo que alguna vez me dijo una amiguita argentina después de una gran discusión y su consecuente reconciliación: “Ahora seremos amigas para toda la vida, porque ya superamos nuestra primera gran pelea.”

Por eso, muchos de los que menciono en Mi familia entre extraños, ya no somos tan cercanos.

Digamos que algunos con razón, como aquella excéntrica, quien me metió en una telaraña de mentiras con objetivos oscuros y turbios, sin importar a quien se llevara entre las patas.  O está aquella vez en que alguien dijo la frase perfecta, el día adecuado para darme cuenta que tenía que delimitar la relación con un grupo de amigos.  O también han pasado los que están en círculos viciosos de los que, de no haber puesto distancia, yo hubiera terminado sumergida en el famoso tanque séptico: a como dijo alguna mente brillante, a los amigos los llevamos al cementerio, pero no nos enterramos con ellos.

Es que  llega un momento en la vida en la que hay que dejar el drama sin sentido y la gente que lo crea, para rodearse de personas que te hacen tan feliz… que te ayudan a concentrarte en lo bueno… o por lo menos eso fue lo que leí por ahí…

Aunque, también, hay de esos grandes seres humanos con corazones sin límites,  que las circunstancias de la vida actual son las que nos han impuesto esa separación… y son los que más duelen, aunque no te mata.

Es que así es la ley de la vida: todos vienen, la mayoría se van y son pocos los que se quedan.

Ahora bien, seamos realistas: aunque canto como los ángeles (eso, evidentemente fue un chiste)… tampoco soy un anillito de oro, que todo el mundo quiere tener, abrazar, besar y guindar en una cadenita al rededor del cuello como Gollum.  Más de una persona ha de estar feliz de no escuchar mi cantaleta de siempre.

En fin, este es un brindis honorífico por aquellos que se han ido, para que la vida los llene de lo que se merecen; por los que todavía están, para que la vida nos siga dando fuerza para aguantarnos; y por los que vienen, para que la vida nos apresure el paso y comencemos a disfrutar de los bellos momentos juntos.

Tengo  una personalidad histérica y un pensamiento analítico que no me deja vivir en paz. ¿Qué puedo decir? Soy mujer.  Y entre histerias, historias e historietas, creo que mi amiguito El Creídoso entró en el círculo histérico, soltando la bomba A: “Marthita, tal vez yo no sea el experto en estos temas, pero solo tengo un consejo que te va a funcionar y creo que es efectivo: disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado y vas a ver como lo que quieres, se da.”

…pinche vida…

¿Por qué los hombres ven todo tan fácil?

¿Por qué las mujeres nos lo complicamos todo?

¿Qué es esa cuestión que siempre nos gusta estar dándole vuelta a las cosas como la bruja de Blanca Nieves que revolvía y revolvía y revolvía su veneno aniquilador, sin darse cuenta que esos vapores verdes la hacen ver fea? ¿Por qué no somos como el cazador que no mató a la Blanquita, llevó el corazón de ciervo y siguió su vida como si nada, después de haber hecho lo que quiso?

La verdad, esta es una de las grandes incógnitas de la humanidad que ni Stephen Hawking, con la ayuda de Jack Canfield y Mark Victor Hansen, va a poder resolver.

Pero esta es una de esas pocas veces que este Creídoso tiene razón.

Verán, este es el pensamiento lógico detrás de su hablada: entre más invierta neuronas en cuanta cosa que sucede en el mundo, menos se entera de lo bonito que se surfea en esta vida.

Y esto aplica para todo: si se pasa dándole cabeza a la vez que se equivocó en el trabajo, no va a poder regocijarse de todos los éxitos.  O como el bendito juego entre sexos: por estar pensando que si esa mirada significó algo, no se da cuenta del momento tan espléndido con esa persona. O con la eterna bancarrota: si se piensa tanto en que tiene que rendir el dinero hasta el  próximo pago, se va de las manos sin haberlo disfrutado.

Ahora bien, para lograrlo, se tiene que empezar por ocupar el cerebro porque, como dice doña Martha, cuando uno tiene mucho tiempo libre, solo en estupideces se piensa.  Hay que buscar pasatiempos que nos hagan más inteligentes (leer), más saludables (correr), más interesantes (estudiar la Teoría Sobre la Motivación Humana o La Pirámide de Maslow)  El punto es estar haciendo que se hace.

Una vez que esas irrelevancias de la vida pasan a un segundo plano, es entonces cuando se comienza a deleitar de la compañía del mundo que nutre con sabiduría y energía positiva, hasta poder abrazar la tan importante soledad, que facilita el contestar las temidas preguntas: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Cómo voy a llegar ahí?

Entonces, se deja de perder el tiempo en banalidades, para empezar hacer lo que verdaderamente gusta, ama, apasiona… y se es simplemente feliz.

Claro, esto es de aplicar con moderación y bajo receta médica, pues se puede llegar al valeverguismo… y que jodido entrar ahí.

Como nota al pie, quiero denotar que queda comprobado lo que dije al principio de esta historieta (eso de que analizo mucho y etc.), porque si no, ¿cómo pude haber agregado más de 500 palabras a las primeras 49?

¡Qué vida la mía!

El se levanta a las 4 de la madrugada, hasta en sus días libres, para despertarme y evitar que me amonesten por llegar tarde al trabajo.  El sabe cuando necesito que me diga que me quieren, con tan solo mandarle un emoticón al Messenger.  Aparenta no morir del asco cuando mi colon se inflama del stress y parezco Homero Simpson eructando por toda la casa.

Si me quedo sin dinero, sin comida, sin esperanza, sin una lagrima más, su enorme corazón es el que me reconforta con palabras como: “tranquila, para eso estoy aquí.”  Ha desarrollado un fino instinto de oportunidad, con el que crea chistes distractores basados en mis penas.

Pero parece ser pecado que viva con él… no porque sea un macho masculino… si no porque es un hombre que disfruta del amor con otro hombre… o peor aun… parece ser pecado que viva.  Punto.

Cuando le dije a mi progenitor, despotricó con palabras tan soeces como degenerado y anti-natura.  Se le ocurrió que, a estas alturas de la vida, era el momento oportuno para cuidar de mi virtud femenina, con miedos infundados de posibles envestidas nocturnas… ¡Claro!, porque cabe la posibilidad que “él no sea tan gay como él dice ser…”

Y porque esos pensamientos no son degenerados y ni anti-natura.

Me sorprendió un conocido, quien no puede comprender que vivo con un hombre al que, muy probablemente, le puedo salir desnuda del baño y ni tan siquiera levante la mirada de Facebook. 

Parece ser que el punto gramatical llegó después de la frase “… vivo con un hombre…”

Al piso fue a dar mi quijada cuando la dueña del apartamento, a quien su cristianismo solo le permite comer santos y cagar diablos, me extendió una carta pidiendo el apartamento.  Una carta en donde explica que decidió quedarse en el lluvioso trópico, en vez de regresar a las bellezas históricas de Suiza o Suecia o Republica Checa o donde carajos viva.

PERO!!!! 

Fue a mí a quien se la dio, porque su relación tan estrecha con su “dios” no le permitió ni siquiera ver a mi amigo a los ojos.  Su vil fachada no puede ocultar su disgusto porque uno de sus arrendatarios va en contra de lo que dice su biblia, la cual, debe ser una traducción no autorizada y barata de Las Sagradas Escrituras, pienso yo…

…o seguro es el resumen ejecutivo donde solo explica que Dios creó al hombre y a la mujer para poblar el mundo.  Lamentablemente y por problemas de espacio, seguro eliminaron donde dice que El creó la tolerancia para aceptar, el amor para perdonar, el respeto para convivir, la miel para conllevar los pasajes amargos o la tan conocida lección de cuándo y cómo tirar piedras. 

No sé si el suyo es el mismo, pero mi Dios mandó a Jesucristo a morir en la cruz para ninguno de los simples mortales, como doña Petunia, viniera a juzgar, señalar, denigrar, insultar, humillar o discriminar…

Cierto, admito que me desespera cuando empapa el piso después de bañarse.  Pero, hoy por hoy, es mi amigo, mi familia, quien ha demostrado ser mucho mejor cristiano en su agnosticismo que muchos de los que “ruegan por nosotros” con golpecitos en el pecho.

Así es que, a todos los homofóbicos, quienes se regocijan en una idolatría equivoca de un dios inventado para su beneficio, los dejo unas frases de la admirable mente teológica de los últimos tiempos:

¡La Iglesia de hoy no necesita “cristianos a tiempo parcial”, sino cristianos de una pieza! … Los creyentes de todas las religiones, junto con los hombres de buena voluntad, abandonando cualquier forma de intolerancia y discriminación, están llamados a construir la paz… La paz exige cuatro condiciones esenciales: Verdad, justicia, amor y libertad…”   Karol Wojtyla

… Y hay aprietos con la definición…

Omitir una verdad, ¿es mentir?

Algunos dirán que habría que analizar cada situación, pues muchas veces no admitir una verdad beneficia al que pregunta.

Para mí no hay diferencia.  El no decir algo o ajustar la historia o contar algo completamente diferente, es igual de repugnante y traicionero.

Tampoco vengo a jugar de jueza de paz y tirar piedras a lo loco, porque no es así.  Quien me conoció en la escuela o en el cole, sabrá que yo tendía modificar un poquito mi historia.  No lo justifico, pero mi realidad no era tan amena: yo deseaba ser alguien más para que me trataran diferente.  Pero también aprendí que falsificar una vida no es tan enriquecedor como aceptar quien soy. 

Más allá de eso, ir por el mundo hilando historias llega a ser cansado.  Al final de cuentas, es un trabajo innecesario comenzar una telaraña quimérica para tapar algo que habría costado menos el aceptarlo en el principio.

Hago todo este análisis retórico porque, en dos patadas, me di cuenta que una “amiga” omitió decirme una parte de su historia que, a la larga, afecta la mía.

Yo no quiero que oculten piezas de información que me perjudica porque “…pobrecita Marthita, como va a sufrir…”

Pues yo no soy pobrecita y esa falsa consideración es para mí igual a una traición, aumentada por un valor inflacionario.

No pido lujo de detalles, simplemente una banderola roja que me alerte que voy por mal camino.

Quiero aclarar que no me voy a resentir si “se les olvidó” contarme que regresó con el novio malo por enésima vez, pues a mí solo me tocará escuchar las historias y dar mi opinión.

Pero que me mientan cuando aplico para algo que no me beneficia; o cuando me estoy ligando al tipo con el que tuviste un romance; o cuando algún “amigo” me está devorando a las espaldas; o cuando sabes que el tipo que me encanta vive con su familia (léase, esposa e hijas)… esas omisiones son tan malas como vender a la patria.

La pregunta del millón es, ¿cómo carajos la trato ahora que sé la verdad?

Para mí, la complejidad de una amistad se entremezcla con una serie de cualidades y características que despliega cada miembro.  Hay una tolerancia máxima ante las diferencias que, a su vez, los unen.  Se desarrolla una empatía al identificarse con experiencias, gustos, ideales y otros.  Hay una compatibilidad o esa aptitud para unirse en un mismo lugar en el camino de la vida.

Pero aun más importante, se desarrolla un entendimiento. 

El entendimiento es una cualidad del alma, una virtud que hace concebir las cosas, compararlas, las juzga, induce y deduce de las que ya conoce (o más o menos dice la RAE)

Entonces, un amigo antes de serlo, pasa por un escrutinio en el que se compara con otros, amigos o no, para ver si hay una compatibilidad de caracteres.  Se juzga desde la moral hasta el sentido del humor para evaluar el grado de tolerancia que habría que mantener.  Se induce una serie de pruebas de confianza… hasta llegar a la deducción que pueden ser lo suficientemente empáticos para aceptarse mutuamente.

Si este es un esbozo muy macro de lo que envuelve el camino hacia la amistad, me deja todavía perpleja el que haya gente que no me termine de conocer y que se haya detenido en el juzgar actitudes que no van de acuerdo con sus puntos de vista y que no están dispuestas a tolerar, porque no pueden llegar al momento de decir: me caes bien, me puedo poner en tus zapatos y voy a intentar comprender lo que te pasa.

Y lo que me pasa es que mi trabajo es resolver problemas y digiero problemas las 24 horas, aunque yo trabajo 12 y solo me pagan 8.  Todos mis proyectos tienen tiempos de entrega tan bien definidos y justos, que no da chance ni de lamparear

Además, no solo veo problemas en el trabajo, sino que tengo los propios y me tomo el tiempo de escuchar y entender los suyos.  Para cuando llega el sábado en la mañana, me asombro de lo poco que me dedico a mi misma y de la gran cantidad que reparto en el grupo policromático de personas que quiero.

Por eso y otras razones, encarecidamente, lo único que pido es entendimiento cuando no contesto una llamada, chat, mensaje, señal de humo o cuando declino una invitación a tomar guaro, a un foro o a lamparear. 

Créanme cuando digo que no es algo personal en contra de nadie.  Simplemente no puedo.

Y si es algo que no podés tolerar, pues lamentablemente, eso es algo que yo tampoco puedo.


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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