Desabrochando a Martha

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...cuando lo vean, sabrán...

...cuando lo vean, sabrán...

El ciclo de la vida en Costa Rica es en línea recta:

Nacer -> Crecer -> Ir a una Universidad Privada -> Aprender inglés -> Entrar a trabajar en algún Call Center a poner en práctica nada de lo que estudió en la Universidad Privada -> Ennoviarse con el tipo/la tipa de sus sueños -> Casarse -> Ir de luna de miel a San Andres -> Reproducirse -> Divorciarse -> Morir

La parte de Nacer, pues uno no tiene mucha vela en el entierro… aparte de ser la orgullosa espermatozoidito que ganó la gran carrera de la vida.  La de Crecer tampoco necesitó mucho  porque digamos que del 1.54 m de estatura, ya no pasé.

Eso de estudiar en Universidad Privada, aprender inglés y trabajar en un Call Center, pues admito que todo lo hice muy a mi manera.

Justo, ante la etapa de la vida que continúa según los estatutos, es que entendí que hay todo un mundo de posibilidades ahí afuera que incluyen viajar, conocer gente nueva, aprender idiomas, viajar, comer comidas exóticas, leer, estudiar, escribir, viajar… Y que el famoso ciclo no tiene que ser en línea recta, pero como un árbol que abre sus ramas.

Así es que cuando se habla del noviazgo, pues empieza a temblarme el parpado.  Creo que todo comenzó con el padre Barona, un amigo de la familia, quien fue el encargado en satanizarme el concepto de noviazgo:

“Marthita, tenga muchos amigos: salga con ellos, vaya a comer, vaya a bailar, tómese sus traguitos y disfrute mucho de la vida.  Pero recuerde una cosa siempre y es que los novios son para casarse.  Cuando uno entra a un noviazgo, es porque ha llegado el momento de formar una familia.”

¡Ah puta!

Prácticamente el padrecito se cagó en mi vida romántica de adolescente y joven veinteañera.  Con ese presagio, ¡qué iba a cerrarle ningún ojito a nadie!

Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca.

Inclusive, su desesperación para que mi vida avance acorde a los estatutos familiares, ha llegado a límites inimaginables, en los que me hecha indirectas que el reloj cada vez se acerca a su hora final en la que no voy a poder parir la 19va bisnieta que tanto quiere para poder descansar y morir en paz.

A lo que contesto: “No voy a cargar con su muerte sobre mis hombros.”

A lo que ella contesta: “¡No jodás vos! ¡Que ya estoy cansada de pagar doctores!”

El matrimonio se ha satirizado tanto, que pareciera que la gente no se alegra cuando oye que alguien se comprometió.  Frases como “se cansó de vivir tranquilo“, “ya vas a ir a regalar el cheque“, “voy a tener un carro esperando afuera, por aquello” son tan comunes cuando alguien cuenta la gran noticia.  A mí me da un pecado verles las caritas llenas de emoción, deformarse a preocupación.

Como cuando mi amiguita Monique me pidió que fuera la testiga de su boda.  ”A mí no me meta en enredos“, le dije.  La pobre me hace una cara… que le tengo que explicar que es un chistesín y que para mi es mas que un honor.

Es tanta la cosa que, cuando me puse a buscar sinónimos para este blog, me encontré este link, donde incluye palabras como desesperación, forzar, ideal, disparate y locura… y si en Internet lo dice, debe ser cierto.

Hablando en serio, no es que yo esté cerrada a la posibilidad de casarme.  De hecho, soy igual que cualquier otra mujer quien ha pensado en su día feliz (una gran boda pequeña, con un pequeño anillo de compromiso de ensueño, llena de yerberas y con un vestido de novia bien extravagante sencillo)

En lo que no estoy dispuesta es a casarme porque es lo que se espera de mí en este momento, con cualquier macho proveedor que me tenga pariendo chigüines, esperándolo que venga al hogar, con la pata en la chanchera y el platito de comida caliente en la mesa.

Siempre he pensado que antes de CONSIDERAR casarse, uno tiene que cumplir 4 puntos:

  1. Viajar:.. Sí, sé que soy demasiado necia en este punto… Lo que pasa es que, cuando uno pone un pie en otro país, se abre las puertas del mundo y uno se da cuenta de lo pequeño e insignificante que es.  Aprender de las culturas y de las formas de vida en otros lugares, le abre la mente a que la vida no tiene que ser como lo dicen nuestras abuelas.
  2. Coger: No estoy hablando del verbo sea promiscua y hágase un hongo con patas en el proceso.  Estoy hablando del verbo aprenda a disfrutar del sexo.  Si su elección de vida es llegar virgen, pues por lo menos visite a Manuelito un ratico, porque si uno no se conoce, ¿cómo vamos a pedirle al otro que nos conozca?
  3. Vivir sola: O con un roomate.  Es la mejor aventura que uno puede experimentar para darse cuenta de sus habilidades, límites y probarle a sus papitos la excelente educación que usted ha tenido.  uno aprende tanto… desde cómo controlar el dinero, hasta reglas básicas de seguridad.
  4. Vivir con la pareja:  Exacto: yo promuevo el concubinato escandaloso.  Es una forma de poder adaptarse a las maneras del otro, porque viviendo juntos ya no hay tiempo fuera.  Es aprender a soportar pedos, desórdenes, malos humores y todas las cosas negativas que pueden sentirse en la convivencia.  Pero también es adelantar el trabajo en la distribución de las tareas del hogar, la creación del presupuesto, aprender a negociar todas las decisiones y bueno, ya ustedes saben el resto.

Además, soy fiel creyente que el matrimonio es un contrato muy serio en el que, si entro, es para toda la vida.  Por eso, el pobre diablo en condena que se atreva a ser mi marido, no va a ser cualquier patas vueltas con sonrisa bonita, zapatito limpio,platica en la bolsa y hablada.  El tipo va a tener que ser casi un santo para poder soportar tantas histerias y episodios bipolares, digamos.

Porque casarse para divorciarse, mejor se mata.

Yo no pienso entrar pensando en que si no funcionan las cosas, llamamos al abogado.  No quiero que los futuros retoños (a las que ya les puse nombre, como buena mujer) pasen por las que mis hermanos cuando los míos se divorciaron (yo ni me di cuenta)

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Este post tan romántico, va dedicado a mi compañerito el Albin-o, quien en estos días se casa con su hermosísima novia.  Y al Aureliano, quien se comprometió con la bellísima Adriana.  Felicidades chiquillos, la mejor de las suertes… Tan bonitos los dos, jugando de grandes… ¿quién los mete?

Ser amante de mi patria no es solo un deber, es un requisito para formar parte de mi familia: doña Martha siempre fue miembro del Sindicato y el Progenitor fue presidente de la Cooperativa del banco donde trabajaban.  Para rematar, mi Padrinosky fue diputado en la época cuando sí se trabajaba en la Asamblea y todavía es sindicalista, quien lucha por la igualdad de cuanta minoría exista.

Pero siempre celebrábamos el 15 de Septiembre diferente al resto del país.  En todos mis años de vida, me acuerdo haber ido una vez a los faroles (y sin farol); una vez a ver los desfiles porque mi hermana era abanderada por ser el mejor promedio (y eso era como dar la vida en 1856); y nunca baile ningún baile típico porque no tenía traje (cuando nos lo pedían en la escuela, doña Martha me encaramaba un hijuelagran saco de gangoche que picaba en fruta, me pintaba de aborigen y decía que no había nada más típico que ser india)

Lo más irónico de todo sigue siendo la Gran Matriarca: decora de blanco, azul y rojo TODA la casa, con banderas en las ventanas y guirnaldas en el corredor.  Cuelga faroles de los candelabros y en todas las puertas, pega aunque sea un escudo.  Es más, doña Yelba se deprimió tanto cuando perdieron su expediente en el TSE y su cédula 8 pasó a ser un 9, porque:

“Seguro se lo comieron el comején, de lo viejo que era… ¡Puta amigo!”

“Pero vos sabés que sos nica, con eso basta.”

“Seas jodida, si yo soy más tica que vos.  Pero según esto, ya no soy ni de aquí, ni de allá ni del culo del diablo.”

“Entonces, ándate para Nicaragua y buscás tus papeles.”

“¡Qué va! Si eso seguro se fue en algún incendio o se lo tragó la tierra en el terremoto.  ¡Si yo soy tica!  Después de tantos años, ya me lo gané… ¡Si yo parí más ticos que cualquiera, puta amigo!”

 

Para rematar, mi familia es tan folklórica, pero taaaaaaaan folklórica… que el feriado terminábamos como los más comehuevos:

  • Saltando el alambre de púas de alguna finca
  • Comiendo sanwichitos de huevo duro y frijol molido con fresco de sirope rojo con fruticas picadas, envasado en la botella de Coca Cola.
  • Pasando a tomar café a cualquier sodita de pueblo, con buen gallito de papa y lengua en salsa.
  • Si el aeropuerto estaba de camino, parábamos para ver los aviones y comer copos con dos leches (el cual, siempre terminaba en mi vestido por más que yo me hiciera para delante)

El folklorismo llegó a su punto máximo cuando regresé después del intercambio, pues como que los gringos se hacen más comunes y siempre hay uno con problemas de comunicación.  El Progenitor siempre empezaba:

“Martha Iris, vaya ayude al gringo.”

“Ay no papi, ¡que polo!”

“Vaya, Martha Iris, sea una buena costarricense. ¡Ayude a su país!”

“Ay mi Tata, ¡que no! ¿En qué voy ayudar al país?”

“Vea que el gringo está comprando algo y, ¿para qué carajos aprendió usted otro idioma si no es para usarlo?  Vaya y le traduce al gringo.  Sea una buena patriota , acuérdese de los valores patrios de paz e igualdad y es su deber ayudar al que lo necesita.  Acuerdese que no solo tenemos derechos, tambien deberes y uno es dejar el nombre de su país en alto…”

 “… uysh, bueno… ”  

(Típico, iba arrastrando los pies, con cara de odio mi vida y prefiero ser antipatriota antes de ayudarle a este gringo fondongo, que no va a querer aprender de mi cultura, sino invadirla…¡REVOLUCIÓN! ¡ ANARQUÍA!… maldición…)

 

Mi momento menos patrio fue, justamente durante mi intercambio, cuando celebramos la noche cultural. 

Tratando de preparar un plato típico, terminé haciendo un tres leches a base de un queque de caja y lustre preparado de Pillsbury.  Por un Dios que me ve en los cielos, es el tres leches más seco que me he comido en la vida.  Estaba tan dulce que las orejas se me pegaron a la nuca y se me salieron lágrimas. 

Para rematar, decidí cantar la Patriótica (¿qué más me podía hacer? No iba ni a bailar ni a recitar, pero sí cantar viendo a la lucecita roja)  Al final de cuentas, yo no sé qué carajada terminé cantando, porque por ahí le agregué unas estrofas con flores blancas, La Sabana y yo creo que hasta el Sapri salió en la colada.

Lo mejor de todo fue que hasta el público lloró conmigo y todos me dijeron que no habían oído un himno nacional más hermoso y yo les dije muy digna: “Yo tampoco.”

 

Yo sí me siento orgullosa de ser tan tica como el guaro con limón

Al rato y por consuelo de tontos pero, a pesar de que estamos mal en seguridad, economía, corrupción, religión, etc, hay países que están peor.  Por lo menos, hemos sobrevivido sin militares, las elecciones presidenciales son verdaderas fiestas, y el primer lunes de todos los Febreros es una delicia ver a esas pulguitas caminar en sus gabachas celestes. 

Es más: el simple hecho que los desfiles del día de la independencia  sean de colegiales calenturientos, dandole fuerte y valiente al chiqui-chiqui, vale más que los desfiles militares en tantas “grandes” naciones primermundistas.

Tal vez no sea tan cool , pero los costarriqueñismos son tan exquisitos y saben tan rico en la boca, que me es inevitable no decirlos. 

No hay nada más sabroso que comerse un buen casado con arroz, frijoles, picadillo de arracache, ensalada de repollo, chuleta ahumada, huevo, tortilla, queso, macarrones y fresco de chan.  Y ojalá que haya una entradita de olla de carne con elotico… ¡seas tan bárbaro!

 ¿Y qué tal el humor tico?  Es que el desgajarse de la risa leyendo Sentimientos en Conflicto o las salidas de Oldemarsh de Tierra Blanca, no tienen precio.

Así es que en la celebración de nuestro 190vo aniversario de independencia española, no me voy a poner a analizar si de verdad somos o no independientes.  Que eso lo hagan los grandes medios de comunicación.  Yo voy a celebrar vestida de los colores patrios y cantando el Himno Nacional a galillo pelao.

Cuando suena mi celular y veo el número, respiro profundo porque sé a lo que voy.  Contesto.  Que tiene unos fustanes blancos, negros y beiges que ya no usa y que me quiere regalar.  

“Pero yo no uso fustán desde que tengo como 10 años.”  

“¿Y entonces qué?  ¿Andas transparentando como la putilla del pueblo? Y aun así, ¿y no tenés marido?”

Doña Yelba Esperanza Moreira Chaves, gran matriarca, madre de doña Martha, mi progenitora.  A sus 85 años, es la dueña y señora toda poderosa de todo cuanto quehacer acontece en la familia Solano.  Nicaragüense de nacimiento, carácter y personalidad: ella es arrecha.  Su poder de mandato es tan imponente, que en vez de ser la abuelita que hace galletas, la llamamos abuelo  y ¡ay de aquel que no le haga caso cuando ella dice que se tienen que hacer las cosas!

Nosotras tenemos la verdadera relación amor-odio: amo pasar tiempo con ella hablando del pasado, socavando historias secretas de la familia, hablando de cuando era la única costurera de la Yunai.  Pero odio, eternamente, esa necesidad interna por mandarme a casar cada 15 minutos y a ser una mujer de su hogar.  Verán, de los once nietos, soy la que no se ha casado y no tiene hijos.

Cuando tenía 24 años, me fui a vivir con una amiga y un amigo gay.  Alguna matemática hizo en su cabeza, que me invitó a tomar café.  Entre rosquillas, pancito casero y pudín, abrió su corazón:

“Martha Iris, decime la verdad: ¿vos sos lesbiana?” 

¡Ah, puta!  Hasta me sacó las lágrimas de la carcajeada.

“Abuelo, yo no tengo como demostrártelo, pero te aseguro que a mí me gustan los hombres.  No me quiero casar porque quiero estudiar, viajar, trabajar, hacer un montón de cosas.”

“Pero, ¿qué más querés viajar y estudiar vos?  ¡Casate con un buen muchaho y dejá de trabajar!” 

“¡Mami, vea al abuelo!” 

“¡Dejá a la chiquita en paz, que si no se quiere casar, que no se case!”

Después de un pre-infarto, la fui a cuidar al hospital.  Con ojos a media asta y voz moribunda, me dijo que ella no se iba a morir hasta ver casados a todos sus nietos. 

“Ah, entonces vas para largo.” 

“No jodás, que yo ya estoy cansada.”

Mi abuela ha sobrevivido un matrimonio, tres partos, un cáncer en la matriz y su correspondiente “sacada de menudos”, un par de pre-infartos, un paro cardiaco, cantidad innumerables de ahogos asmáticos, operaciones de juanetes, artritis, solidificaciones en las arterias, incontinencia urinaria y, hace poco, una uñero que no la dejaba en paz.  Se los juro: no hay kryptonita capaz de terminar con la fortaleza de esta mujer.

Cuando le dio el paro, yo estaba con ella.  Verla tan frágil e indefensa me movió el piso y hasta los doctores dudaban que de esta, ni Tatica Dios la iba a sacar.  En 24 horas iba a terminar su otoño y había que llamar a mi mamá y hermana, que viven en el extranjero, para que viniera al último adiós: llegarían al día siguiente a las 10 am.

Mi tía, para que no se llevara una gran impresión, le contó esa misma noche.  A las 6 am nos llamaron porque la señora estaba de lo más bien.  Su recuperación fue tan sorprendente, que los médicos le dieron de alta en el momento justo que aterrizaron la repatriadas.  En la casa, puso orden y empezó a mandar la sarta de tiernitos para que hicieran lo que ella quería: 

“…¡Sonia, poné el café!  ¡Octavio, tráeme mi celular!  ¡Martha, traete ese pan rico de Barrio Lujan!…”

Es por eso que, de una manera muy cruel y déspota, sin perdón de Dios y que demuestra lo poco ser humanos que somos los Torres Solano, le tenemos un par de frases:

  • Yelba mala nunca muere.
  • La Esperanza es lo último que se pierde. 

Cada vez que le decimos, nos manda al carajo o a comer mierda (literalmente), bajo una risilla cómplice, pues sabe que va a sobrevivir el 2012 y las trompetas apocalípticas del fin del mundo.

Así es que, al día siguiente, después del trabajo, fui a ver lo que tenía.

“Te ves como una lora apaleada.”

“Que gusto verte.”

Se rie.  Me saca 6 pares de medias, 5 fustanes, 2 brassieres sin varillas.  Son mi regalo de cumpleaños.

 “Mirá, hay un fustán largo que es para vestido de novia.”  

“¿Y yo para qué quiero uno?”

“¡Diay qué! ¿No te pensás casar algún día?  Yo quiero comer queue antes de morirme.  No entiendo que es lo tanto que tenés que hacer.  Mirá, yo te regalo la refri…”

Ahí me doy cuenta que todo está bien.

El del centro es el del vestido de novia. No hubo manera de rechazarlo.


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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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