Archive for the ‘Vida’ Category
30
Posted on: 21 August 2012
- In: Vida
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Llegó el momento que tanto esperé todo este año: el lunes 6 de agosto cumplí 30 años.
Siempre he pensado que los 30s es la mejor edad de la existencia de cualquier ser humano: estas lo suficientemente joven para seguir haciendo estupideces, con toda la sabiduría recolectada en los 20s.
Aunque admito que me dio una de las crisis más extrañas de la vida: empecé hacer todo lo que había satanizado, por miedo o ignorancia, como si el cambiar de década fuera una sentencia a muerte.
Comencé a comer saludable y a ejercitarme, le pegué algún jalón a algún puro (pero vea las luces… las luces… LA LUNAA…), celebré el fin de año lejos de mi familia, me enamoré, fui a los rápidos del Pacuare, estoy aprendiendo a manejar (aunque ahora quién sabe, porque le rayé el carro al Macho Ratón), caminé despacio en un puente peatonal, me compré un tiquete para jugar de mochilera, publiqué en un periódico de cobertura nacional, salvé una vida (German Ernesto y es un hermosisimo zaguatico)
Por eso, creo que la crisis no fue por susto a lo desconocido. Más bien fue como un despertar que ayudó a quitar las cortinas de mis ojos y perder el miedo a vivir, al que dirán, a las sorpresas y a la incertidumbre del futuro.
Lloré
El lunes en la mañana, cuando mi Macho Ratón me cantó cumpleaños, cierta nostalgia me invadió. Fue darme cuenta que ya no soy esa chiquilla inmadura, ingenua y peleona. Una añoranza por lo vivido en los 20s… que cuando él se fue hacer unos mandados y me vi sola en mi cuarto, no pude contenerme.
En lo que estoy jalando mocos, mi jefe en Estados Unidos me contactó solo para decirme “Happy Birthday, were you telling me it is the BIG 30?”
Ahí me cayó el cinco “… pero si no me he muerto… pendejadas las mías más culiolas… ¿para esto estabas esperando los 30s? ¿Para pasar mariquiando por los 20s?… ‘ma mierda…”
Además, ¿cómo me iba a poner a en esas después de la celebración tan impresionante? Empezando con que me auto regalé un par de zapatos bellos y dos mudadas, me invitaron a comer a Huaraches y me fui a beber guaro con mis amigos, quienes siguieron las instrucciones de la invitación y me regalaron bolsas de bolsas de herraduras de Giacomin, uno de mis gustitos pecaminos.
Fue tan buena la fiesta, que terminé con los zapatos en la mano y un pedazo de diente menos (con su correspondiente llamada dramática a doña Martha y su correspondiente control de caos por mi Macho Ratón.)
Al día siguiente no valía ni un cinco porque, ¿saben qué?, es “el momento donde un cuerpo de 30 no se recupera tan rápdio como un cuerpo de 29,” como le dice Sharon a Holly en P.S I love you (siempre quise usar esa frase)
Así es que, este es mi momento para hacerle caso a la super canción hermosísima que me paso mi compita Rolo y hacerla mi himno…
…Now it’s time to focus in on where I go from here…
… Ahora es el momento de concentrarse a dónde iré desde aquí …
…Maybe now I’ve conquered all my adolescent fears…
… tal vez ahora he vencido todos mis miedos adolescentes …
…Cry a little less, laugh a little more…
… Llorar un poco menos, reir un poco más…
…Figure out just what I’m doing here…
… Averiguar exactamente lo que estoy haciendo aquí …
My next thirty years will be the best years of my life
Mis próximos treinta años van a ser los mijores de mi vida
Vamos a ver si es cierto lo que dicen doña Martha, Sarita, Monique, Ise, Su, Lis, Amelie, Beto, Manni, Caro y Lau.
La horrible verdad
Posted on: 15 May 2012
- In: Marthadas | Vida
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“Nada me queda. Tengo un closet rehiperrecontra repleto de nada que ponerme, ni una pinche blusa me gusta… me veo gorda… y esta maldita espinilla que me salió en la barbilla. Tras de todo, 15 minutos después de haberme sentado en el escritorio, comenzó esta desesperante increíble irritante dudosa sorprendente ganas de comer un chocolate del tamaño de mi cabeza.
“… un momento…
“Esto en mi vientre ¿ganas de orinar?, ¿de cagar?, ¿un pedo mal acomodado?, ¿acaso vino un ninja y me pegó una patada? Mejor me voy al baño a confirmar.”
Y ahí es cuando uno comienza a sumar síntomas, sacar cálculos y nos damos cuenta que han llegado los terribles gloriosas indefinibles días del mes: en cualquier momento nos visita la vecina, escribimos en rojo, nos viene la menstruación.
¡Solo algo tan terrible podría tener un nombre tan feo!
Hoy me parece algo tan irónico que en mi infancia esperaba ansiosamente que el día llegara. Especialmente, después de escuchar el sufrir de mi hermana, su continuo decir que es un mi… seria.
Sin entrar en mucho detalle, solo voy a contar que fue un sábado y el progenitor estaba en mi hogar. Cuando doña Martha gritó “¡A MARTHITA YA LE VINO LA REGAAAA! ¡YA ES UNA SEÑORITAAAAA!,” el susodicho se levantó, salió y regresó con mi primer paquete de toallas Amiga y un ramo de flores como bienvenida al mundo de ser una mujercita.
… porque es el mejor regalo que cualquiera puede recibir en esos momentos…
¿Por qué no un carro último modelo? ¿Por qué no una tarjeta con crédito para ir de compras?
¡¿Por qué no, simplemente, no hacer nada y dejar de decir que ahora sí soy señorita, si siempre lo he sido?!
Durante la adolescencia todas las mujeres cuerdas odiaron esos días. ¿Cuántas no usamos un sweater en la cintura porque se nos pasó? ¿Cuántas la tuvimos todo el año, con tal de no hacer educación física? ¿Cuántas no exageramos los síntomas con tal de que nuestra bellísima madre nos chineara un tantito más?
Lo peor de todo es el swing de sentimientos. Una se transforma en Hulk con solo golpearse el dedo meñique en la cama y desea agarrarla como a Loki en The Advengers. Dos segundos después, se transforma en María Magdalena si el hermano mayor se comió LA mandarina que tenías vista desde hace una semana (aunque quede media docena)
Al final, una intenta vivir en paz en un estado efervescente que ni nosotras soportamos. Por lo menos yo, hasta me acuesto temprano con tal de no escuchar a La Llorona que se alojó en mi tren de pensamientos.
Pero, hay que dejarse de varas. Después de cierta edad y cuando ya se han probado los placeres carnales del mambo horizontal, la verdad es que una le da TANTAS gracias al Todopoderoso porque, finalmente, vino… lo cual se traduce en tranquilidad durante las próximas semanas… hasta que vuelve a entrar en esa etapa de angustia…
Y bueno, ¿quién no ha pasado por el tenebroso momento de jurar, perjurar y estar segurísima que viene un mini-me, al punto de pensar nombres (Lourdes si es niña, Fátima si son dos niñas)?
Así es que, caballeros que lograron llegar al final de este post, la verdad es que los chistes de la regla no son graciosos, a menos que una los haga. Ya quisiera verlos con un pañal entre las piernas, durante 4 días, preguntando “Mae, me voy a levantar…fíjese si se me pasó, por fa… ¿No? ¿Seguro?” y hasta se pasa la mano por el rabo para reconfirmar.
Si, de repente, ve que su dama está más sensible que de costumbre, llévele un chocolatico aunque esté a dieta y matándose en el gimnasio. Si ve que no sabe que ponerse, no le diga que con eso se ve bien… admírela, pásele una blusa flojita y un pantalón de pijama y dígale: “mejor nos quedamos viendo una peli, mi amorcito”
… aunque podría correr el riesgo de “… ¡¿Me pasás una blusa floja?! ¡Ves que sí estoy gorda! ¿Qué es, que te doy vergüenza?…”
En cuyo caso, recomiendo emprender la retirada.
Annie
Posted on: 7 February 2012
- In: Amigos | Vida
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A mediados de enero estaba saliendo de mi casa cuando una figura sombría se me acercó. Mi reacción natural fue dar un paso atrás…
“¿Muchacha, ahí vive doña Martha?”
“Sí.”
“¿Marthita, no se acuerda de mí? Soy Annie”
“¡Por Dios Santísimo! ¿Annie? ¿Annie, Annie, mi nana Annie?”
“Sí mi chiquita, soy yo.”
Mi mamá conoció a Annie pocos años después de que se divorciara,en este grupo de la iglesia católica llamado el NeoCatecumenado. Era una jovencita de 18 años quien amaba la vida y tenía la voz más linda que jamás he escuchado en la vida. Su carisma era tan hermoso y era tan cariñosa que al poco tiempo se convirtió en nuestra nana. Mi recuerdo más vivo con ella es estar en la iglesia, las dos jugando a dar vueltas.
Pero como todo en la vida, todo sigue su ritmo y llegó un punto en el que nunca más volvimos a ver a Annie.
Hasta hace unos 10 años.
Doña Martha regresó al grupo. Las vueltas de la vida hicieron que ella estuviera en la misma comunidad que la mamá de Annie. Con la fuerza que solo una madre puede tener, le contó que ya no vivían juntas porque le había robado hasta lo que no tenía para gastarlo en drogas.
Escuchar esa noticia fue como una patada en el estómago.
Para Semana Santa, un par de días antes de la Pascua, Doña Martha ofreció llevar a varias personas a su casa en su hermosa buseta de 12 personas. Entre ellas, a la mamá de Annie, quien se sentó al frente.
100 mts sur de la Cañada, escuchamos:
“¡MARTHA! ¡MARTHA! ¡MARTHA! ¡ES PASCUA!”
Doña Martha pegó un frenazo inmediatamente. Yo nada más vi algo que no puedo definir: una figura que corría como queriéndose quebrar, un esqueleto sucio, con el pelo enredado, casi sin dientes, que escupía palabras gruesas, con ese tono de hablar de la calle, con los ojos perdidos en el limbo de su realidad.
La mamá de Annie solo le pedía a mi mamá, en nombre de todo lo que es bueno y santo, que por favor arrancara.
Ese zombie se aferró a la ventana de doña Martha quien, en la muerte de su suspiro, dijo el nombre. Ese momento fue como sacado de una película: Annie pidiendo dinero para un café porque no había comido quién sabe desde cuando, doña Martha en shock porque no entendía lo que pasaba y la mamá de Annie le decía que se fueran ya con la mayor de las frialdades.
Le dio 300 colones que era la único que tenía y seguimos con el corazón en la mano.
Nunca, en la vida, voy a olvidar ese momento en el que Annie me volvió a ver y gritó “¡Marthita, mi chiquita!”, estiró su mano para tocarme y yo me hice para atrás.
En fin, creo que nadie logró dormir.
La mamá de Annie nos llamó al día siguiente: los compañeros de andanzas la había golpeado de tal manera por robarle la plata, que estaba internada en el hospital. Al salir, la mamá hizo lo que una madre siempre hace: se la llevó a su casa con la promesa incierta de que entraría en rehabilitación.
A los pocos días, fuimos a visitarla.
“Marthita, nunca se meta drogas, nunca. Es un mundo tan feo y usted es tan linda, mi chiquita.”
“Pero Annie, ¿cómo te dejaste? ¿Cómo llegaste a ese extremo?”
“Muy fácil Marthita. Primero probé la marihuana y esa sensación de paz es increíble. Después cogí fumada y es muy rico, me gustó, ¿me entiende? Luego me regalaron un puro de marihuana con coca y no hubo vuelta atrás. Pero, ¿usted me entiende? Yo quería sentir más. Y me empecé a meter coca, heroína, extasis… hasta que un día alguien me dijo que probara la piedra. Marthita, el momento en el que la prende, tira ese destello y uno empieza a sentir algo tan maravilloso por todo el cuerpo… Uno la pasa tratando de volverlo a sentir, pero en su puta vida vuelve… y uno fuma, y fuma, y fuma, y fuma buscando sentir lo mismo…”
Entre las historias más crudas que me contó, se acuerda de una noche en que un hombre en un 4×4 lujoso llegó a la esquina donde siempre estaba. El del carro les dijo que tenía una casa llena de droga y que si quería, podían irse con él. Eso fue una orgía que duró una semana. El legítimo, todos contra todos: cogiendo, inyectándose, oliendo, durmiendo, cagando, fumando y volviendo a coger.
La crudeza está en saber que eso pasó a 100 mts de mi casa, en la de un alemán que sólo Dios sabe que pasó con él. Era un piloto que estuvo en la cárcel por andar no sé cuántos kilos de cocaína en una avioneta.
Annie no aguantó y a las dos semanas volvió a la calle, robando a su mamá lo poco que tenía.
No voy a mentir, cada vez que pasaba por la cañada, iba con los ojos muy abiertos tratando de ver alguna cara conocida, con los oídos muy atentos tratando de escuchar mi nombre, con el corazón que me latía a mil, con el cerebro maquinando el qué hacer si me la topaba.
Verla, finalmente, frente a mí, recuperada, bien vestida, como cualquier hija de vecino, me hizo un nudo en la garganta y lo más que uno puede hacer es darse un abrazo fuerte.
“Tengo cinco años sobria. Ahora ayudo aquí no más, que pusimos una casa de restauración.”
“Annie, se lo juro, me ha hecho muy feliz hoy. ¿Cómo fue que se recuperó?”
“Casi me muero dos veces. A la segunda me dije, ¿qué putas estoy haciendo aquí, Dios mío? Tengo el hígado destrozado, tenía anemia, la sangre ralita… si yo le contara mi chiquita. Pero Gracias a Dios, llevo 5 años sobria, un día a la vez… Ya hasta le hablo a mami,” me cuenta, todavía con ese modo de hablar tan particular de la calle.
Como siempre he dicho, cada quien hace de su culo, un florero. Pero cuando alguien cercano decide vive en ese infierno, es como que le estén metiendo la flor a uno.
Nunca dejé de pensar en Annie y de sentir una angustia profunda en el corazón.
Ya no más.
Se nos va el 2011… Bienvenido 2012
Posted on: 1 January 2012
- In: Vida
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Se nos fue el 2011.
Que hace que era un pequeño añito, que nos llenaba de ilusiones a todos, nos cargaba el corazón de esperanza, nos alentaba a salir de la casa sonrientes porque estábamos estrenando uno nuevo…
… sin saber lo que se nos venía…
Llegamos a los 7 billones de humanos. Renuncia Mubarak. Se inauguró el eternamente nuevo Estadio Nacional. Muere Elizabeth Taylor. Ponen cámaras de tránsito y no duran nada. Oficialmente termina la guerra en Irak. Muere Kim Jong-Il y entra Kim Jong-un con más ganas. Muere Bin Laden. Comienza las protestas más certeras del mundo, con los indignados en España, Estados Unidos y otros países. La revolución más hermosa del mundo con la primavera del mundo Islámico. Se concibe el Estado Palestino. Muere Gadafi. El dragado del río San Juan y la demostración de máxima estupidez de un ser humano. Muere Fidel Gamboa y, con él, el mejor grupo de música costarricense: Malpaís. Hay un terremoto en Japón, seguido de un tsunami. Murió Steve Jobs. Amy Winehouse entra al club de los 27. Sep-11 cumple 10 años y, con él, nuestro nuevo estilo de vida. El último viaje espacial de un transbordador estadounidense. Muere Ernesto Sábato y Mario Echandi Jimenez. Terminó y volvió a comenzar una crisis económica. Se casó mi amor platónico, el príncipe William de Gales con una plebeya. Nery Brenes nos llenó de orgullo con su oro elos panamericanos y de esperanza para las Olimpiadas. Regresó Figueres por su tamalito.
¡Ah puta!
Si ha estado cargado este año.
En lo personal, yo estoy emocionada porque fue un año de ajustes por mi prematura crisis de los 30s. Encontré amigos nuevos y continúan amistades que más que eso, ya son como hermanos. Pude trabajar, ejercitarme, comer sano, levantarme todas las mañanas (a duras penas) con una sonrisa en la cara.
Y bueno, verán, soy 100% agüizotera, creo en cinco cosas que practico a fin de año:
- Lo que hago el último día del año es lo que voy a pasar haciendo todo el año;
- Lo que hago en cada uno de los primeros 12 días, es lo que voy a pasar haciendo en cada uno de los meses;
- Lo admito: yo soy de las loquitas del pueblo, que salen corriendo con su maleta al hombro al ser media noche, para viajar en el año nuevo (y hasta el momento me ha funcionado)
- Estreno ropita nuevo
- Limpio mi casita (por aquello de las vibras)
Así es que el jueves llegó doña Damaris a limpiarme mi casita y ando puesto la mudada más bella que me pude haber comprado en la vida.
Hoy hice lo que acostumbro hacer: vivir el último día del año con el honor que se merece. Me fui, con mi amiguita la Annie, a pasar el día a tres playas de arena blanca y agua cristalina (Dantita, Danta y Minas). Disfrutamos de deliciosos emparedados de jamón de pavo y queso, unas Toñas heladas que sabían a gloria, una ensalada de vegetales tan frescos a como si los hubieran sacado del huerto en el momento, vimos el último atardecer con el reventar de las olas de Langosta y cenamos un asado argentino.
Ahora, al ser casi la última media hora del 2011, estoy finiquitando los últimos detalles de este blog, para ir corriendo con mi maleta por todo el vecindario.
Pero antes, quiero agradecerles a mis lectores por leer este, su blog. Me llena de tanta alegría ver sus comentarios, preguntas y cuando lo comparten, juro que me llenan el corazón de una alegría inimaginable.
Más que nunca, gracias a la vida, que me está dando el regalo más hermoso: el seguir aquí con ustedes.
Muchos besos y abrazos, que Diosito, Alá o ese ser Todopoderoso en el que creen, los sigan llenando de bendiciones.
¡Seguimos en contacto en el 2012!
- In: Vida
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Yo amo Diciembre.
Adoro Diciembre.
Mi corazón late todos los meses en espera de Diciembre.
Primero y antes que nada: finalmente llegan los vientos alisios, junto con el solcito rico de la época seca: disfrutar de días soleados, frescos atardeceres de ensueño y la libertad que dan las vacaciones de fin de año.
Segundo e igual de importante: llega Navidad y Año Nuevo.
Eso significaba que El Progenitor nos llevaba a Llobet para comprarnos dos mudadas completas: una formal para la cena del 24 y una informal para la del 31.
Verán: tengo una hermana y cuatro primas mayores. Eso se traduce en que todas mis posesiones terrenales eran cosas que ya no necesitaban… excepto las dos mudadas de Diciembre. Por eso, yo me volvía loca en dicha tienda, escogiendo cada una de las prendas.
La otra parte emocionante eran los regalos. Yo dedicaba HORAS enteras en escribirle la carta a Santa y al Niñito: en papel de carta perfumado con miles de calcomanías.
Sí, damas y caballeros, siempre le escribía a los dos, pidiendo cosas diferentes a cada uno: fuera ser que me trajeran lo mismo y ¿cómo lo iba a cambiar?
Me acuerdo que una vez me encontré las cartas entre las sweaters de mi señora madre. Cuando ella llegó después del trabajo, yo estaba hecha un mar de mocos, tenía los ojos abotagados, echa un puño en mi cama. Doña Martha no pudo más que reír cuando yo saqué las cartas de debajo de mi almohada, de una forma dramática, al mejor estilo de novela mexicana. Mi corazón no aguantó tanto desinterés y estallé a llorar desconsoladamente. Al día siguiente, me llevó a la oficina del correo interno del banco donde trabajaba para pedir, personalmente, que mandaran las cartas de inmediato.
Pero en ninguna de ellas pedí salud, trabajo, paz, ni nada de esas cosas porque, gracias infinitas al Todopoderoso, nunca me han faltado. Gracias a Dios, mi salud no me ha fallado como para pasar semanas internada, siempre he estudiado y/o tenido un trabajito, vivo en un país que es mundialmente conocido por su falta de guerras armadas… sería gula si pidiera más.
Además, si abro mi corazón a la verdad, sé que no quiero cosas tan etéreas como la felicidad, el amor o la prosperidad, porque soy fiel creyente que eso no se recibe como regalo: eso se aprende a construir.
Yo sé que quiero tamales, medias lunas de Giacomin, el Lonely Planet de India. Sé que me voy a comprar ropa y zapatos para rellenar mi closet lleno de nada que ponerme. Deseo leerme los 1001 libros que hay que leer antes de morir y todavía tengo que comprar 947.
Por eso, lo admito públicamente: me cae mal cuando le pregunto a alguien qué le pidió al Niñito y me salen con que salud, trabajo y paz para las fiestas.
No les creo.
Repito: si está en todas, tiene brete y no vive en un país en guerra… Admita que es un capitalista más y que quiere un Wii o unos Manolos o dinero para ir a gastarlo en cualquier centro comercial. Si tiene una pareja maravillosa que lo adora, amigos que están con usted en las buenas y en las malas, sabe mantener sus ahorros, ¿para qué pedir más?
Como lo dijo mi amiguita La Titi: “Si quiere paz haga el bien, si quiere salud, cuide su cuerpo y mente y si quiere trabajo póngale bonito porque Dios es muy bueno, pero Él tampoco regala las cosas, hay que ponerle un poquito!! He dicho. Tenkius!”
Ahora bien, no quiero que me malinterpreten. No quiero que piensen que solo le doy valor a las cosas materiales, porque todo se pierde, se quema o se bota. Solo digo que deberíamos ser sinceros y admitir que nos gusta que nos regalen cosas que nos podemos poner, comer, leer, palpar. No creo que nadie nos vaya a juzgar mal por admitir algo que a todos nos pasa.
También creo que se debería practicar el dar. No me refiero al dar un regalito a tus hermanos y amigos. Hablo de devolverle al mundo todo lo bueno que ha sido la vida con nosotros, compartir nuestras fortunas. Por ejemplo, invertir parte de nuestro dinero en comida para alguna familia que no tiene.
Como mi amiguita Zarhay, La Pianista, quien va todos los sábados a enseñar música a los niños de La Cueva del Sapo, en la Carpio: casi sin instrumentos y regalando su tiempo, ella le cambia la vida a los pequeños, enseñándoles sobre disciplina, demostrándoles las bellezas de las que son capaces… pero de eso, les voy a contar el próximo año.
Quiero cerrar con un status de Facebook que dejó La Titi para las fiestas:
“Por favor no pida salud, trabajo y paz para el año nuevo. Es una estrategia que no ha funcionado en siglos. Mejor póngale bonito al ejercicio (de cuerpo y mente) y a la buena alimentación, haga lo que tenga que hacer para tener y conservar un brete (incluye llegar temprano, capacitarse, ser competitivo, estudiar, actualizarse, innovar, etc.) y para la paz, la verdad es que solo la paz interna depende de uno mismo. “
Al final del ciclo de la vida
Posted on: 15 December 2011
- In: Amor | Vida
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El ciclo de la vida en Costa Rica es en línea recta:
Nacer -> Crecer -> Ir a una Universidad Privada -> Aprender inglés -> Entrar a trabajar en algún Call Center a poner en práctica nada de lo que estudió en la Universidad Privada -> Ennoviarse con el tipo/la tipa de sus sueños -> Casarse -> Ir de luna de miel a San Andres -> Reproducirse -> Divorciarse -> Morir
La parte de Nacer, pues uno no tiene mucha vela en el entierro… aparte de ser la orgullosa espermatozoidito que ganó la gran carrera de la vida. La de Crecer tampoco necesitó mucho porque digamos que del 1.54 m de estatura, ya no pasé.
Eso de estudiar en Universidad Privada, aprender inglés y trabajar en un Call Center, pues admito que todo lo hice muy a mi manera.
Justo, ante la etapa de la vida que continúa según los estatutos, es que entendí que hay todo un mundo de posibilidades ahí afuera que incluyen viajar, conocer gente nueva, aprender idiomas, viajar, comer comidas exóticas, leer, estudiar, escribir, viajar… Y que el famoso ciclo no tiene que ser en línea recta, pero como un árbol que abre sus ramas.
Así es que cuando se habla del noviazgo, pues empieza a temblarme el parpado. Creo que todo comenzó con el padre Barona, un amigo de la familia, quien fue el encargado en satanizarme el concepto de noviazgo:
“Marthita, tenga muchos amigos: salga con ellos, vaya a comer, vaya a bailar, tómese sus traguitos y disfrute mucho de la vida. Pero recuerde una cosa siempre y es que los novios son para casarse. Cuando uno entra a un noviazgo, es porque ha llegado el momento de formar una familia.”
¡Ah puta!
Prácticamente el padrecito se cagó en mi vida romántica de adolescente y joven veinteañera. Con ese presagio, ¡qué iba a cerrarle ningún ojito a nadie!
Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca.
Inclusive, su desesperación para que mi vida avance acorde a los estatutos familiares, ha llegado a límites inimaginables, en los que me hecha indirectas que el reloj cada vez se acerca a su hora final en la que no voy a poder parir la 19va bisnieta que tanto quiere para poder descansar y morir en paz.
A lo que contesto: “No voy a cargar con su muerte sobre mis hombros.”
A lo que ella contesta: “¡No jodás vos! ¡Que ya estoy cansada de pagar doctores!”
El matrimonio se ha satirizado tanto, que pareciera que la gente no se alegra cuando oye que alguien se comprometió. Frases como “se cansó de vivir tranquilo“, “ya vas a ir a regalar el cheque“, “voy a tener un carro esperando afuera, por aquello” son tan comunes cuando alguien cuenta la gran noticia. A mí me da un pecado verles las caritas llenas de emoción, deformarse a preocupación.
Como cuando mi amiguita Monique me pidió que fuera la testiga de su boda. ”A mí no me meta en enredos“, le dije. La pobre me hace una cara… que le tengo que explicar que es un chistesín y que para mi es mas que un honor.
Es tanta la cosa que, cuando me puse a buscar sinónimos para este blog, me encontré este link, donde incluye palabras como desesperación, forzar, ideal, disparate y locura… y si en Internet lo dice, debe ser cierto.
Hablando en serio, no es que yo esté cerrada a la posibilidad de casarme. De hecho, soy igual que cualquier otra mujer quien ha pensado en su día feliz (una gran boda pequeña, con un pequeño anillo de compromiso de ensueño, llena de yerberas y con un vestido de novia bien extravagante sencillo)
En lo que no estoy dispuesta es a casarme porque es lo que se espera de mí en este momento, con cualquier macho proveedor que me tenga pariendo chigüines, esperándolo que venga al hogar, con la pata en la chanchera y el platito de comida caliente en la mesa.
Siempre he pensado que antes de CONSIDERAR casarse, uno tiene que cumplir 4 puntos:
- Viajar:.. Sí, sé que soy demasiado necia en este punto… Lo que pasa es que, cuando uno pone un pie en otro país, se abre las puertas del mundo y uno se da cuenta de lo pequeño e insignificante que es. Aprender de las culturas y de las formas de vida en otros lugares, le abre la mente a que la vida no tiene que ser como lo dicen nuestras abuelas.
- Coger: No estoy hablando del verbo sea promiscua y hágase un hongo con patas en el proceso. Estoy hablando del verbo aprenda a disfrutar del sexo. Si su elección de vida es llegar virgen, pues por lo menos visite a Manuelito un ratico, porque si uno no se conoce, ¿cómo vamos a pedirle al otro que nos conozca?
- Vivir sola: O con un roomate. Es la mejor aventura que uno puede experimentar para darse cuenta de sus habilidades, límites y probarle a sus papitos la excelente educación que usted ha tenido. uno aprende tanto… desde cómo controlar el dinero, hasta reglas básicas de seguridad.
- Vivir con la pareja: Exacto: yo promuevo el concubinato escandaloso. Es una forma de poder adaptarse a las maneras del otro, porque viviendo juntos ya no hay tiempo fuera. Es aprender a soportar pedos, desórdenes, malos humores y todas las cosas negativas que pueden sentirse en la convivencia. Pero también es adelantar el trabajo en la distribución de las tareas del hogar, la creación del presupuesto, aprender a negociar todas las decisiones y bueno, ya ustedes saben el resto.
Además, soy fiel creyente que el matrimonio es un contrato muy serio en el que, si entro, es para toda la vida. Por eso, el pobre diablo en condena que se atreva a ser mi marido, no va a ser cualquier patas vueltas con sonrisa bonita, zapatito limpio,platica en la bolsa y hablada. El tipo va a tener que ser casi un santo para poder soportar tantas histerias y episodios bipolares, digamos.
Porque casarse para divorciarse, mejor se mata.
Yo no pienso entrar pensando en que si no funcionan las cosas, llamamos al abogado. No quiero que los futuros retoños (a las que ya les puse nombre, como buena mujer) pasen por las que mis hermanos cuando los míos se divorciaron (yo ni me di cuenta)
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Este post tan romántico, va dedicado a mi compañerito el Albin-o, quien en estos días se casa con su hermosísima novia. Y al Aureliano, quien se comprometió con la bellísima Adriana. Felicidades chiquillos, la mejor de las suertes… Tan bonitos los dos, jugando de grandes… ¿quién los mete?
XXX
Posted on: 8 December 2011
- In: Amor | Vida
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Hablemos de sexo.
Es rico, es bueno, es saludable.
Es como comerse el bananito en ayunas, por su fuente de potasio que ayuda a los calambres… o que lo diga la Doc de la empresa donde trabajo, quien me lo recetó ya hace unos cuantos años y quien todavía se ríe cada vez que le comento que me lo como todas las mañanas, bajo receta médica.
Creo que es primordial partir del hecho que el sexo no es del diablo, no debería ser pecado y nadie se va al infierno por tirarse un polvito con un tipo que estaba bien bueno. Si no más recuerdo, en Semana Santa nos pasan diciendo que JC murió por nuestros pecados para que fueran perdonados y todos disfrutáramos de las delicias del maná casero, de manos de la Mariquita.
Dejemos claro que, a estas alturas de la vida (cualquiera en las que uno se encuentre), no viene al caso satanizarlo porque todos cogen y yo no voy a ser la puta por estar escribiendo sobre el tema.
Así es que, empecemos.
Cuando se habla de educación para la vida sexual, la cagada es mayoritariamente para las mujeres. Lo digo con voz de la experiencia porque, en una familia católicamente activa, la mujer tiene el deber de cuidar su pequeña florcita hasta que llegue el príncipe azul que quiera atar el nudo.
Pero en ningún momento te dicen por qué es buena idea esperar.
No te dicen que hacer cuando llegue el momento.
Ni mucho menos que tenés derecho a disfrutarlo.
Nadie le cuenta a uno cuál es la diferencia entre hacer el amor y tener sexo. Me acuerdo, a mis 6 añitos, ir de la mano con El Progénitor a la pulpería y soltar LA pregunta:
“Pa, ¿cuál es la diferencia entre tener sexo y hacer el amor?”
“Cuando uno hace el amor lo hace con alguien a quien ama.”
“Sí… pero, ¿qué es hacer el amor?”
“Es cuando uno lo hace con alguien que ama.”
“¿Pero qué es lo que se hace?”
“Martha Iris, usted está todavía muy pequeña para preguntar de esas cosas. Cuando llegue el momento, usted sabrá.”
O sea, me dijo: “cuando llegue el momento, se persigna y se encomienda a toda la corte celestial, que alguna ayudita vas a recibir.”
En los años 90s, mi adolescencia no fue marcada por el sentémonos y aclaremos dudas… esa conversación incómoda que una hija tiene con su madre.
No.
Fue injustamente traumatizada por la última edición (197?) de La joven moderna y el sexo de los libros Océano, el cual traía una explicación detallada de la menstruación, la vagina, el pene y un esquema de cómo se veía un coito. Eso, sumando a todos las historias de la biblia en la que los lujuriosos terminaron destruidos o convertidos en estatuas de sal… prácticamente explica por qué quería ser monja y no caer en las garras de Beelzebub por culpa de un adolescente libidinoso.
Es hasta el tiempo que uno se da cuenta que el sexo es bueno porque ayuda a definirnos como hombre y mujer, dirigirnos en todas las posibles combinaciones sexuales y poblar este planeta (básicamente)
Y si el sexo es bueno, ¡la sexualidad es aún mejor!, porque lo pone todo junto a ver que sale: características físicas, psicológicas, anatómicas y afectivas. Sin dejar de lado que nos enseña qué, de todo lo que hay en el mercado, nos gusta más: juegos, juguetes, orgamix, disfraces, cuero, esposas, columpios, revistas, libros, películas… etc… etc… etc… También nos delimita el camino para no llegar a extremos en conductas sexuales, como el voyeurismo o algún fetichismo extraño con los uniformes militares, digamos.
Al final del día, todo esto de la sexualidad es como cuando uno va a la gelatería y pide una cucharadita de casi todos los sabores: solo probando se sabe qué es el que a uno le gusta y bueno, conociéndose a uno mismo se disfruta muchísimo más.
El sexo es saludable por todos los tantísimos beneficios al cuerpo. Como la liberación de endorfinas y de serotonina, que básicamente cooperan para alinear los chacras y nos hace más felices.
Cuando uno está con alguien con quien se comparte esa intimidad y un gran afecto (osea, no el one night stand), ayuda a aumentar la autoestima, previene enfermedades cardiovasculares, es un excelente ejercicio, alivia dolores, tranquiliza, hasta uno duerme mejor y de todo.
… y dejémonos de varas: no hay nada más rico que el entrepierne al final…
Pero, como todo en la vida, nada es simplemente maravilloso. Hay algunos puntos negros en la sábana blanca, pero son dos los que me podrían quitar el sueño:
- El coito es para poblar este planeta, científica y religiosamente hablando. Si no se está preparado para mantener a los pequeños, ¿pa’ qué jugarse el chance?.
- Las enfermedades de transmisión sexual son muchas, terribles y matan. El tener relaciones con un tipo muy bueno sin usar protección, es como ponerse frente a la aplanadora y esperar que lo aplaste a uno…
A como me dijo alguna vez una amiga:
“Marthica, vos no me estas preguntando pero, para serte sincera, yo me cuido doble… y eso no significa que me tomo doble pastilla”
Por eso, damas y caballeros, quiero terminar diciendo que no se les olvide ponerle el gorrito al pajarito antes de que entre a la jaulita (o algo así escuché esta semana)
La culpa la tiene un toro
Posted on: 1 November 2011
- In: En un mes | Sugerencias | Vida
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Perdón, perdón, perdón… perdóncitooo!!!
Por no haber escrito sobre mi aventura poética, pero prometo tener una excelente razón: me fui a meter en la boca de un toro… ¡y sobreviví al intento!
Sí, damas y caballeros, tengo un nuevo sello en mi pasaporte que dice REPÚBLICA DE PANAMÁ!
Sin entrar en mucho detalle, mi amiguita Lisa me dijo que fuéramos: salimos un jueves, terminó un domingo y no sé qué parte de mi cerebro hizo la matemática que sería cool no llevarme mi computadorcita para desconectarme del mundo… lo cual fue una gran falacia pues pasé mucho tiempo maldiciendo el maldito software de celular que no me dejaba ver mis status en Facebook como Dios manda.
Y este es el resumen de lo que allí aconteció:
Tengo novio nuevo. Su nombre es don C., y es capitán de barco… bueno, de una lanchita con sillas y motor… Digamos que en una hermosa bahía llena de espectaculares islas, ¿qué mejor que tener novio con bote?…¿y con una hermosa pancita birrera?… Les juro: eso fue amor a primera vista.
Me compre un Trits. Sí, una de las ventajas de la globalización. Como es costumbre en muchos de nosotros, pedí una cucharita. La chinita me dijo: “¡NO! Eso come con mano.” Ahí se acabó el asunto porque siguió atendiendo a otra persona.
Lo que pensé fue: ¿USTED me va a decir a MI como comerme un Trits? YO lo probé mucho antes que USTED y CON UNA CUCHARITA!!!!
Igual, mis pasos de indignación me llevaron a comérmelo con la mano en mi habitación.
Flipper y yo somos BFFS. Dentro de las maravillas que ofrece Bocas está el avistamiento de delfines. Hay una mini bahía donde ellos viven, se alimentan y crían a sus pequeños bebitos.
Uno está en silencio esperando y de un momento a otro, aparece una aletita bebé a la par de una aletita mamá. Ha sido una de esas asombrosas escenas de la naturaleza que uno tiene que vivir.
En eso, el capitán de la embarcación empezó a dar vueltas para hacer olas y… PUFFFF, SPLASHHHH… saltaban juguetones.
En ese momento de alegría y juegos nos hicimos BFFs.
Cangrejo 1 – Martha 0. Así es que yo me dije a mi misma: mi misma, estos son los momentos en los que hay que probar de todo, como el cangrejo con arroz de coco. Yo no sé cómo yo pensé que vendría en una presentación diferente, pero esa carajada parecía como que hubieran acostado a Aragog en un plato.
Para rematar, semejante mastodonte marino tiene una concha que ni dándole de a golpes contra la mesa lo quebraba. No hubo de otra que devolverlo a la cocina para que le dieran de martillazos (literalmente) y si no hubiera sido por Lisa, se hubiera quedado ahí.
Cuando el mar esta picao, las tangas salen de fiesta. Nos fuimos a Red Frog: una playa increíble, de arena dorada y un mar de aguas transparentes, que se revolcaban incansablemente entre olas que se repetían de tres en tres.
Logré mover mi cabeza de semejante vista para decirle algo a mi amiga, pero tuve que detener la trayectoria de mi cabeza: una tanga de la bandera de Australia que llevaba un buen chiverre por encima, cubierta en canas.
Son ese tipo de cosas en las que estas segura que vas a regresar a buscar un perro guía porque fijo vas a perder la visión. Es tan terrible, que hay que compartirlo con el mundo entero, pero mi cámara se dañó y no lo logré con el celular.
He sobrevivido: Si hay algo a lo que le tengo pánico son a las carreteras propensas a los derrumbes (como la del Zurquí) y las pangas con motor (como los taxis que te llevan a Colón) Así es que de ida, le di muchas gracias a Morfeo por abrazarme la mayor parte del trayecto.
Pero en el bote, lo único que pude hacer fue invocar la oración de las mujeres de mi familia (ay, por la Santísima Trinidad y la sangre de Jesucristo, el manto santísimo de la Virgen María, por los clavos de la cruz, padre Pío, Santa María de Cascia, que por el amor de todos los Santos, QUE ESTA PANGA NO SE VUELQUE)
De regreso, un espantoso olor a gasolina comenzó a invadir mi espacio y ¡ROOOAAWWRRR!, se detuvo la lancha.
Lo primero que hice fue ver en un ángulo de 360 grados, para encontrar el bote más cercano hacia donde nadar. Ninguno a la vista.
Arrancó de nuevo y el tipo le metió chancleta como si temiera por su vida… pero ¡ROOOAAWWRRR!… se volvió a detener.
Aquí fue cuando busqué la orilla más cercana y me di cuenta que era causa perdida porque fijo me iba a cansar antes de llegar hasta allaaaaaaaaaá.
Esto pasó por lo menos unas cuatro veces y en algún momento me acordé de una conversación con un compita sobre la muerte: Jim Morrison pensaba que uno tenía que experimentar la muerte, porque, al final de cuentas, solo pasa una única vez… entonces, que qué era esa vaina de morir mientras se dormía.
Y yo dije: diay si, ahora es cuando… así es que sigámosle el consejito a Jimmy (porque soy muy dramática) Solo por aquello, pelé las guayabas para no perderme ni un segundo.
Pero no pasó a más (evidentemente), pues llegó otro bote para hacer un trasbordo.
¿Ven como si tenía una buena razón para lo de la poesía?
La ley de la Jungla, también conocida como Coja Lo Que Necesita Cuando Lo Necesita
Posted on: 13 October 2011
- In: Marthadas | Vida
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Así es que estamos en Octubre: el mes de las brujas y los espantos… buuuuhhhh… pero también es el mes de la lucha contra el cáncer.
Y como buena ciudadana del mundo, me puse mis tenis tipo converse, un shorcito corto y me fui a la caminata contra el cáncer el sábado pasado… que da igual cual sea, porque todos los fines de semanas de este mes están llenos de carreras y caminatas en favor de o en contra de o en lucha de o cualquier cosa de.
En fin, así fue como comenzamos mi compita, la Greca, y yo, fuerte y valiente, con paso firme, alejándonos del grupo con quienes andábamos, quienes hablaban del autoexamen, hombres, el clima, el trabajo y todo esa sarta de cosas de las que hablamos en la intimidad pública de una caminata de miles de personas.
Para cuando llegamos al Estadio Nacional, tanto ella como yo estábamos famélicas, léase: muriéndonos del hambre. Creo que especialmente ella porque no había desayunado y en mi caso, porque ese es mi estado natural.
Dentro del coloso de La Sabana, a parte de la cantidad industrial de personas, era impresionante ver al gerente general de la compañía para la que trabajo, encima de una tarima, probando sonido para ponerse a tocar su rock clásico con su banda… raro… muy raro…
Pero el hambre continuaba y veíamos personas pasar con frutas, yogurts, aguas, quequitos, galletas…
¡¡¡C O M I D A!!!
Como buenos ticos, todos estaban empujándose, estirando brazos, gritando “hey, primo, primo… uno para mí, por fa y otro para mi tía abuela que está sentada por allá…” en cuanto stand se encontraran.
Pero he aquí el hecho trascendente.
Era evidente que la Greca no se iba a meter a pedir yogurcitos en el molote de gentes. No es su estilo. Pero yo tenía hambre y alguna de las dos tenía que hacer algo al respecto.
Así es que, me logré escabullir entre el mar de manos histéricas. Dentro del quiosco, habían tres pobres almas que solo tenían cabeza para despegar los tarritos y repartir UNO por UNO.
Pero era tanta la desesperación que la gente no se había dado cuenta que habían cuatro pegaditos sobre la mesa.
¡CUATRO!
Cuatro tarritos desolados, solos, sin que nadie les prestara atención… no sé si fueron los ángeles cantando o mi estómago… pero yo escuché un sonido glorioso que me dio el impulso final para tomar lo que había buscado.
Obviamente y como buena ratica de los barrios del sur, vi a la derecha, volví a ver a la izquierda y agarre suficientes para mi compita y para mi, incluyendo esos cuatro que estaban ahí solitos y desamparados.
Lo que más me llamó la atención fue la reacción de las masas: todos tenían la mirada fija en lo que le podían dar, no en lo que podían tomar. Mi reacción fue tomar lo que estaba ahí y que nadie le estaba poniendo atención… lo cual, me dejo ganancia.
Moraleja: la vida no es de los tontos, porque ni el diablo los quiere, si no de los que agarran lo que quieren sin esperar que algún papanatas te lo de. Ley de la Jungla.




