Archive for the ‘Marthadas’ Category
Para mis #grammarnazi
Posted on: 6 March 2013
Esta lucha por corregir la gramática en redes sociales ha llegado a jalar, levemente, los hilos de mi intolerancia.
Esto pareciera una guerra por demostrar errores, tejiendo delgado y amordazando el crecimiento de una lengua que se rehúsa a morir.
Hoy les declaro la guerra y lanzo mi primera bomba molotov. En el momento que lean este discurso y me digan quién lo escribió, junto a una crítica constructiva, podrán ejercer su labor como #grammarnazi en lo que escribo. Así me demostrarán que es una cuestión de enriquecimiento lícito de conocimientos.
Mientras tanto, se ejercerá un toque de queda y censura contra sus demostraciones públicas, mas se agradecerán enormemente los embates privados.
Y solo por aquello, quiero dejar en claro que soy fiel creyente de esta propuesta porque por estar apuntando tan minuciosamente, hace desvanecer lo más importante: el mensaje que se desea transmitir.
“A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: “¡Cuidado!”. El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: “¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?”. Ese día lo supe. Ahora sabemos, demás que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo y, con tanto rigor, Que tenían un dios especial para las palabras.
“Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya noes fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
“La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de Letras Hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la República del Ecuador tiene ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo “Parece faro”. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastían de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismo un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso? Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que dede hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre al siglo XXI como Pedro por su casa.
“En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, y asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, con los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armoniosos muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima, ni confundirá revolver un revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?
“Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas al mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años.”
Corre, Martha, corre
Posted on: 7 November 2012
- In: Marthadas | Sugerencias
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…Uy si si… ahora es que todo el mundo corre… Uy si si…
Es un deporte que se ha convertido en moda. Todos los días, alguien se arma de tenis y determinación, en esta eterna lucha para bajar de peso. Hasta hemos pasado por sus consecuencias, de alguna u otra manera: madrugando para apoyar a los que queremos o pegados en alguna presa por alguna calle cerrada.
A mi me encanta correr. Amo correr. Siento maripositas en la panza cuando corro.
Especialemente, por dos motivos
- Es mi momento de claridad mental, ese momento zhen en el que alineo chacras y acomodo mi día.
- Porque puedo, cuando no debería de poder.
Desde pequeña tuve asma y todo lo desataba: si llovía, si hacia frio, si limpiaban, si usaban cierto tipo de desinfectantes, si amanecía… mil y una cosas me hacían terminar en emergencias de la clínica, nebulizada, inyectada y regañada porque, por lo general, se había desatado por jugar futbol con mi hermano El Macho.
Cuando estaba en el cole, mejoró pero quedó el rezago: asma inducida por deporte. Y así llegó el día en el que doña Martha me prohibió correr, trotar o similar. Ya más grande, yo me lo auto-prohibí porque no hay nada que deteste más que la temblorina que genera el Salbutamol… o el flit, como le dice doña Yelba.
Entrada en años laborales, conocí a mi amiguito Chepe en el trabajo. Él no solo corre como pasatiempo, si no que compite como los grandes. Así es que, cada vez que me lo topaba el lunes y le preguntaba que había hecho, me contaba de alguna carrera o competencia.
Lo admito: lo envidiaba…. Grandemente… Porque era algo que yo no podía hacer y me frustraba. Ahora es una de esas personas que me inspira.
Hace un par de años, decidí agarrar el toro por los cuernos y me tiré a la calle. Busqué un tratamiento que me ayudara a controlar los episodios, compré tennis, indumentaria y hasta busqué un nutricionisto con conocimiento en deportes.
No fue fácil: en un inicio, ni 100 metros podía avanzar. Hoy, ya alcanzo 8 kms en menos de una hora. Tal vez no sea una maratón, pero yo siento que toco el cielo cuando termino. Es una satisfacción increíble poder decir que voy superando una de las cosas que más se me ha dificultado en la vida.
No soy de esas que tweetea “5 kms para desayunar” o pasa subiendo fotos en Facebook de sus entrenamientos… porque para mi es algo muy personal…
…bueeeeeeeno, heme aqui, posteando en mi blog…
…pero todo tiene una razón de ser…
Necesito más musiquita de esa que hace que uno se energize para seguir, así es que aquí les comparto links de youtube de una parte del playlist que utilizo cuando estoy sola en la calle, que me ayuda a impulsarme tanto como el movimiento de brazos… al rato y alguien me pase alguna suguerencia de su musiquita…
- Waterloo, ABBA
- Burning Love, Elvis
- I’m Gone, I’m Going, Lesley Roy
- Dynamite, Taio Cruz
- Within a Mile of Home, Floggy Molly
- Life is a Highway, Tom Cochrane
- Misery (Radio Edit), Maroon 5
- Rabbit Heart (Raise it up), Florence and The Machine
- Can’t buy me love, The Beatles
Para rematar, cuando camino para bajar las pulsaciones:
(Por lo general, termino bailando… lo cual provoca miradas extrañas de extraños…)
Y ustedes, ¿qué escuchan cuando se mueven para que no se les apelote?
La horrible verdad
Posted on: 15 May 2012
- In: Marthadas | Vida
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“Nada me queda. Tengo un closet rehiperrecontra repleto de nada que ponerme, ni una pinche blusa me gusta… me veo gorda… y esta maldita espinilla que me salió en la barbilla. Tras de todo, 15 minutos después de haberme sentado en el escritorio, comenzó esta desesperante increíble irritante dudosa sorprendente ganas de comer un chocolate del tamaño de mi cabeza.
“… un momento…
“Esto en mi vientre ¿ganas de orinar?, ¿de cagar?, ¿un pedo mal acomodado?, ¿acaso vino un ninja y me pegó una patada? Mejor me voy al baño a confirmar.”
Y ahí es cuando uno comienza a sumar síntomas, sacar cálculos y nos damos cuenta que han llegado los terribles gloriosas indefinibles días del mes: en cualquier momento nos visita la vecina, escribimos en rojo, nos viene la menstruación.
¡Solo algo tan terrible podría tener un nombre tan feo!
Hoy me parece algo tan irónico que en mi infancia esperaba ansiosamente que el día llegara. Especialmente, después de escuchar el sufrir de mi hermana, su continuo decir que es un mi… seria.
Sin entrar en mucho detalle, solo voy a contar que fue un sábado y el progenitor estaba en mi hogar. Cuando doña Martha gritó “¡A MARTHITA YA LE VINO LA REGAAAA! ¡YA ES UNA SEÑORITAAAAA!,” el susodicho se levantó, salió y regresó con mi primer paquete de toallas Amiga y un ramo de flores como bienvenida al mundo de ser una mujercita.
… porque es el mejor regalo que cualquiera puede recibir en esos momentos…
¿Por qué no un carro último modelo? ¿Por qué no una tarjeta con crédito para ir de compras?
¡¿Por qué no, simplemente, no hacer nada y dejar de decir que ahora sí soy señorita, si siempre lo he sido?!
Durante la adolescencia todas las mujeres cuerdas odiaron esos días. ¿Cuántas no usamos un sweater en la cintura porque se nos pasó? ¿Cuántas la tuvimos todo el año, con tal de no hacer educación física? ¿Cuántas no exageramos los síntomas con tal de que nuestra bellísima madre nos chineara un tantito más?
Lo peor de todo es el swing de sentimientos. Una se transforma en Hulk con solo golpearse el dedo meñique en la cama y desea agarrarla como a Loki en The Advengers. Dos segundos después, se transforma en María Magdalena si el hermano mayor se comió LA mandarina que tenías vista desde hace una semana (aunque quede media docena)
Al final, una intenta vivir en paz en un estado efervescente que ni nosotras soportamos. Por lo menos yo, hasta me acuesto temprano con tal de no escuchar a La Llorona que se alojó en mi tren de pensamientos.
Pero, hay que dejarse de varas. Después de cierta edad y cuando ya se han probado los placeres carnales del mambo horizontal, la verdad es que una le da TANTAS gracias al Todopoderoso porque, finalmente, vino… lo cual se traduce en tranquilidad durante las próximas semanas… hasta que vuelve a entrar en esa etapa de angustia…
Y bueno, ¿quién no ha pasado por el tenebroso momento de jurar, perjurar y estar segurísima que viene un mini-me, al punto de pensar nombres (Lourdes si es niña, Fátima si son dos niñas)?
Así es que, caballeros que lograron llegar al final de este post, la verdad es que los chistes de la regla no son graciosos, a menos que una los haga. Ya quisiera verlos con un pañal entre las piernas, durante 4 días, preguntando “Mae, me voy a levantar…fíjese si se me pasó, por fa… ¿No? ¿Seguro?” y hasta se pasa la mano por el rabo para reconfirmar.
Si, de repente, ve que su dama está más sensible que de costumbre, llévele un chocolatico aunque esté a dieta y matándose en el gimnasio. Si ve que no sabe que ponerse, no le diga que con eso se ve bien… admírela, pásele una blusa flojita y un pantalón de pijama y dígale: “mejor nos quedamos viendo una peli, mi amorcito”
… aunque podría correr el riesgo de “… ¡¿Me pasás una blusa floja?! ¡Ves que sí estoy gorda! ¿Qué es, que te doy vergüenza?…”
En cuyo caso, recomiendo emprender la retirada.
- In: Carrera | Marthadas
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Amigo… amigo… amigo… amigo… ¡Qué bueno el Vacilón de la Mañana y Manolo Cabeza ‘e Huevo!
O el video de Agrandaditos de Rodrigo y Agustina… ¡Son como para comérselos a besos!
Así se me puede pasar la vida entera, viendo videos y fotos y los mensajes de Dog en 9gag.
Bajo circunstancias normales, esto sería normal en cualquier escolar adolescente puberto bloggera de 3 décadas. Pero verán, no estoy pasando por circunstancias comunes. Me estoy enfrentando a volver a estudiar para un examen.
ES.TU.DIAR.
Tengo más de 10 años de no enfrentarme a semejante tarea.
Y no sé por qué carajos, mi cerebro piensa en abrir la carpeta de resúmenes y mi mano, simplemente, toma vida propia. Termina abriendo Facebook y Twitter y mi correo y el blog y de pronto estoy metiendo hermosos vestidos y zapatos en mi lista de deseos en la página de mi tienda favorita, para regresar a FB, donde termino de ver videos en youtube y memes de 9gag.
Siempre lo he dicho: esto de internetear, puede llegar a ser adictivo.
Es por eso, que he cerrado mis cuentas en redes sociales hasta el próximo lunes, que es el día D… de Decerebre porque hago el examen.
Así es que, queridos lectores, espero me envíen sus mejores vibras. Si por alguna extraña razón no es así, pues MACHALÁ, MACHALÁ.
¡Nos facebukiamos el lunes!
Daylight Savings afecta mi vida
Posted on: 8 November 2011
- In: Marthadas
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Yo tengo un serio problema y es que me encanta dormir. Lo más curioso de todo es que solo duermo de 3 a 5 horas diarias entre semana. Los fines de semana me transformo en la feligresa favorita de Morfeo, pues ahí sí es cierto que no tengo ni hora para despertarme.
…si yo les contara las que yo he pasado por quedarme dormida…
Lo cual me lleva a que es una reverenda caca al trabajar en un Call Center, donde cada uno de los minutos desperdiciados en mi descanso, cuestan millones de dólares en pérdidas para la empresa (o así me hacía sentir algún jefe que alguna vez tuve)
Este contratiempo, ya lleva su rato porque en el colegio era conocida por siempre llegar tarde… y no llevar tareas… y quedarme siempre en mate (no es algo de lo que me sienta orgullosa, por cierto)
El problema está cuando duermo calientita. (Léase hecha un puñito entre una buena cobija, pijama de lana, medias, bien oscurito el cuarto y ojalá que haga frío en el exterior de mi cocoon)
Es un problema porque entro en un sueño tan profundo, que ni aunque se caiga la casa me logro despertar. Es tan serio que, cuando estaba en el colegio, doña Martha me echaba agua en la cara para despertarme. Funcionó por un tiempo, hasta que me acostumbré y terminaba dando media vuelta para seguir durmiendo.
Para el primer rezo del niño en la casa de mi hermano El Macho, la familia de mi cuñada estaban sorprendidos que me quedé dormida en la sala, en medio de una fiesta donde todas gritaban, reían, hacían un escándalo y yo ni me di cuenta de lo que pasaba.
Por eso, mi hermana me regaló un chuzo de despertador: no solo da la hora, también es radio, da la fecha, ilumina el techo con la hora, tiene dos modalidades de sonidos (bip y radio) y tiene un volumen que se escucha hasta en la casa de la vecina (según me han dicho)
Aun así, nada funciona si estoy muy concentrada en dormir. Puede sonar la música por horas, que yo termino soñando que estoy en un fiestón bailando con Pitbull. Una vez que me soñé que era activista de los derechos aborígenes porque se prendió en un programa de Radio Nacional donde presentaban la realidad de los inditos de Talamanca.
Ahí decidí que mejor lo dejaba al final del dial: ese sonido espantoso que es una mezcla entre secadora de pelo, con bulla, que genera esa sensación cuandouno pasa las uñas por una pizarra.
Eso es lo que me despierta en las mañanas… si lo logra…
… yo todavía me pregunto cómo amanezco de tan buen humor…
Recién casado, El Macho y mi cuñada vivieron en la casa de doña Martha. Mi cuarto estaba completamente al otro lado la propiedad: a 5 puertas y dos patios de distancia. Yo me desperté cuando él abrió la puerta de mi cuarto, cual toro de caricatura, porque el despertador tenía una hora de estar sonando, desde las 4:30 de la madrugada.
¡PERO!
Lo más chiva, más tuanis, más cool, lo que hace mi despertador ser un CHUZO de despertador es que lo conectas y reconoce la zona horaria por medio de la electricidad. Pero solo las de Estados Unidos, si no lo reconoce, pone la hora del Este.
¿Y saben que es aún más chuzo?
Que cuando cambian la hora por el Daylight Saving, el reloj lo hace automáticamente.
Yo no sabía, hasta hace un par de años que me vi a las 4:30 am en el centro de San José, sola, persiguiendo el taxi que me había llevado porque, según yo, me había despertado a tiempo para tomar el bus de las 5:30 am para el trabajo.
Es por eso que el horario de verano afecta mi vida porque mi cerebro no logra hacer la fórmula necesaria para que, cuando cambie la hora automáticamente, quede en la hora que tiene que estar (¿se acuerdan que me quedé todos los años en mate?) y no puedo darme el lujo que la empresa pierda más millones de dólares porque yo no me pude levantar a tiempo para la reunión que abre mi día (o así me hacía pensar algún jefe que alguna vez tuve)
Así es que, heme aquí, considerando cuál de las dos opciones escojo:
- Jugármela y confiar en mis cálculos matemáticos (como quien dice, a la buena de Dios), esperando que este chunche suene a la hora que tiene que sonar.
- No dormir e ir ojerosa y somnolienta a la oficina.
Esto es una caca.
¿Qué hacer en los días lluviosos?
Posted on: 18 October 2011
- In: Marthadas | Sugerencias
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En mis épocas de infancia cuando llovia, mi hermano El Macho y yo, nos arrodillábamos en el sillón de la sala de doña Yelba, para ver por la ventana y sentir las horas de diversión desperdiciadas porque no podíamos ir a jugar bola, andar en bici o en patines.
Yo adoraba cuando doña Martha nos hacía chocolate caliente con marshmallows: compraba de los gigantes y ponía uno en cada taza. Para cuando llegaba a nuestras pequeñas manos, ya se había derretido y se había convertido en una pequeña capa de dulce por encima de la leche achocolatada, que se pegaba en nuestros bigotes. A veces nos dejaba sacar las almohadas y las cobijas del cuarto, para ver televisión en la sala-comedor. Siempre nos peleábamos unos silloncitos y el resto, sentados en las sillas del comedor, viendo cualquier película que dieran en canal 7.
Hoy, con estas lluvias que no paran, ya no hago esas cosas (a excepción del chocolate caliente)… pero hay que encontrar formas de mantenerse entretenidos porque digamos que si no, nos matamos todos del aburrimiento.
Tengo que admitir que he encontrado muy cómodo haber puesto ese viejo router para poder internetear desde mi camita, calientica, bajo mis cobijitas, con mis caninas al lado, esta pequeña computadorcita en mi regazo, la TV al frente y con un maldito control remoto que no funciona…
…¡Y YO ME REUSO A PONER MI PIESITO EN EL HELADO PISO DE CERÁMICA!…
(a menos que sea absolutamente necesario)
Me he visto sumergida en la navegación rotativa de diferentes páginas de las que no podría faltar Facebook, porque una vez que has creado un perfil, tu vida depende de él.
Obviamente, me meto en La Nación, CNN, El País o la BBC para tener algo de que conversar cuando veo a los colegas, pero no paso mucho tiempo ahí. Me empieza una especie de urticaria rara.
Seguidamente, hago un repaso de mis blogs favoritos:
Además, he aprovechado para ponerme al día con viejas películas que no había tenido tiempo de observar:
- Mujercitas
- El Profe (¿sabían que salen don Ramón y la Bruja del 71 como los papás de uno de los alumnos? Un poco de trivia nunca cae mal.)
- El Mago de Oz
Y vos, ¿qué hacés cuando la lluvia no deja de caer?
La ley de la Jungla, también conocida como Coja Lo Que Necesita Cuando Lo Necesita
Posted on: 13 October 2011
- In: Marthadas | Vida
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Así es que estamos en Octubre: el mes de las brujas y los espantos… buuuuhhhh… pero también es el mes de la lucha contra el cáncer.
Y como buena ciudadana del mundo, me puse mis tenis tipo converse, un shorcito corto y me fui a la caminata contra el cáncer el sábado pasado… que da igual cual sea, porque todos los fines de semanas de este mes están llenos de carreras y caminatas en favor de o en contra de o en lucha de o cualquier cosa de.
En fin, así fue como comenzamos mi compita, la Greca, y yo, fuerte y valiente, con paso firme, alejándonos del grupo con quienes andábamos, quienes hablaban del autoexamen, hombres, el clima, el trabajo y todo esa sarta de cosas de las que hablamos en la intimidad pública de una caminata de miles de personas.
Para cuando llegamos al Estadio Nacional, tanto ella como yo estábamos famélicas, léase: muriéndonos del hambre. Creo que especialmente ella porque no había desayunado y en mi caso, porque ese es mi estado natural.
Dentro del coloso de La Sabana, a parte de la cantidad industrial de personas, era impresionante ver al gerente general de la compañía para la que trabajo, encima de una tarima, probando sonido para ponerse a tocar su rock clásico con su banda… raro… muy raro…
Pero el hambre continuaba y veíamos personas pasar con frutas, yogurts, aguas, quequitos, galletas…
¡¡¡C O M I D A!!!
Como buenos ticos, todos estaban empujándose, estirando brazos, gritando “hey, primo, primo… uno para mí, por fa y otro para mi tía abuela que está sentada por allá…” en cuanto stand se encontraran.
Pero he aquí el hecho trascendente.
Era evidente que la Greca no se iba a meter a pedir yogurcitos en el molote de gentes. No es su estilo. Pero yo tenía hambre y alguna de las dos tenía que hacer algo al respecto.
Así es que, me logré escabullir entre el mar de manos histéricas. Dentro del quiosco, habían tres pobres almas que solo tenían cabeza para despegar los tarritos y repartir UNO por UNO.
Pero era tanta la desesperación que la gente no se había dado cuenta que habían cuatro pegaditos sobre la mesa.
¡CUATRO!
Cuatro tarritos desolados, solos, sin que nadie les prestara atención… no sé si fueron los ángeles cantando o mi estómago… pero yo escuché un sonido glorioso que me dio el impulso final para tomar lo que había buscado.
Obviamente y como buena ratica de los barrios del sur, vi a la derecha, volví a ver a la izquierda y agarre suficientes para mi compita y para mi, incluyendo esos cuatro que estaban ahí solitos y desamparados.
Lo que más me llamó la atención fue la reacción de las masas: todos tenían la mirada fija en lo que le podían dar, no en lo que podían tomar. Mi reacción fue tomar lo que estaba ahí y que nadie le estaba poniendo atención… lo cual, me dejo ganancia.
Moraleja: la vida no es de los tontos, porque ni el diablo los quiere, si no de los que agarran lo que quieren sin esperar que algún papanatas te lo de. Ley de la Jungla.
- In: Marthadas | Otros | Politica
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Ser amante de mi patria no es solo un deber, es un requisito para formar parte de mi familia: doña Martha siempre fue miembro del Sindicato y el Progenitor fue presidente de la Cooperativa del banco donde trabajaban. Para rematar, mi Padrinosky fue diputado en la época cuando sí se trabajaba en la Asamblea y todavía es sindicalista, quien lucha por la igualdad de cuanta minoría exista.
Pero siempre celebrábamos el 15 de Septiembre diferente al resto del país. En todos mis años de vida, me acuerdo haber ido una vez a los faroles (y sin farol); una vez a ver los desfiles porque mi hermana era abanderada por ser el mejor promedio (y eso era como dar la vida en 1856); y nunca baile ningún baile típico porque no tenía traje (cuando nos lo pedían en la escuela, doña Martha me encaramaba un hijuelagran saco de gangoche que picaba en fruta, me pintaba de aborigen y decía que no había nada más típico que ser india)
Lo más irónico de todo sigue siendo la Gran Matriarca: decora de blanco, azul y rojo TODA la casa, con banderas en las ventanas y guirnaldas en el corredor. Cuelga faroles de los candelabros y en todas las puertas, pega aunque sea un escudo. Es más, doña Yelba se deprimió tanto cuando perdieron su expediente en el TSE y su cédula 8 pasó a ser un 9, porque:
“Seguro se lo comieron el comején, de lo viejo que era… ¡Puta amigo!”
“Pero vos sabés que sos nica, con eso basta.”
“Seas jodida, si yo soy más tica que vos. Pero según esto, ya no soy ni de aquí, ni de allá ni del culo del diablo.”
“Entonces, ándate para Nicaragua y buscás tus papeles.”
“¡Qué va! Si eso seguro se fue en algún incendio o se lo tragó la tierra en el terremoto. ¡Si yo soy tica! Después de tantos años, ya me lo gané… ¡Si yo parí más ticos que cualquiera, puta amigo!”
Para rematar, mi familia es tan folklórica, pero taaaaaaaan folklórica… que el feriado terminábamos como los más comehuevos:
- Saltando el alambre de púas de alguna finca
- Comiendo sanwichitos de huevo duro y frijol molido con fresco de sirope rojo con fruticas picadas, envasado en la botella de Coca Cola.
- Pasando a tomar café a cualquier sodita de pueblo, con buen gallito de papa y lengua en salsa.
- Si el aeropuerto estaba de camino, parábamos para ver los aviones y comer copos con dos leches (el cual, siempre terminaba en mi vestido por más que yo me hiciera para delante)
El folklorismo llegó a su punto máximo cuando regresé después del intercambio, pues como que los gringos se hacen más comunes y siempre hay uno con problemas de comunicación. El Progenitor siempre empezaba:
“Martha Iris, vaya ayude al gringo.”
“Ay no papi, ¡que polo!”
“Vaya, Martha Iris, sea una buena costarricense. ¡Ayude a su país!”
“Ay mi Tata, ¡que no! ¿En qué voy ayudar al país?”
“Vea que el gringo está comprando algo y, ¿para qué carajos aprendió usted otro idioma si no es para usarlo? Vaya y le traduce al gringo. Sea una buena patriota , acuérdese de los valores patrios de paz e igualdad y es su deber ayudar al que lo necesita. Acuerdese que no solo tenemos derechos, tambien deberes y uno es dejar el nombre de su país en alto…”
“… uysh, bueno… ”
(Típico, iba arrastrando los pies, con cara de odio mi vida y prefiero ser antipatriota antes de ayudarle a este gringo fondongo, que no va a querer aprender de mi cultura, sino invadirla…¡REVOLUCIÓN! ¡ ANARQUÍA!… maldición…)
Mi momento menos patrio fue, justamente durante mi intercambio, cuando celebramos la noche cultural.
Tratando de preparar un plato típico, terminé haciendo un tres leches a base de un queque de caja y lustre preparado de Pillsbury. Por un Dios que me ve en los cielos, es el tres leches más seco que me he comido en la vida. Estaba tan dulce que las orejas se me pegaron a la nuca y se me salieron lágrimas.
Para rematar, decidí cantar la Patriótica (¿qué más me podía hacer? No iba ni a bailar ni a recitar, pero sí cantar viendo a la lucecita roja) Al final de cuentas, yo no sé qué carajada terminé cantando, porque por ahí le agregué unas estrofas con flores blancas, La Sabana y yo creo que hasta el Sapri salió en la colada.
Lo mejor de todo fue que hasta el público lloró conmigo y todos me dijeron que no habían oído un himno nacional más hermoso y yo les dije muy digna: “Yo tampoco.”
Yo sí me siento orgullosa de ser tan tica como el guaro con limón.
Al rato y por consuelo de tontos pero, a pesar de que estamos mal en seguridad, economía, corrupción, religión, etc, hay países que están peor. Por lo menos, hemos sobrevivido sin militares, las elecciones presidenciales son verdaderas fiestas, y el primer lunes de todos los Febreros es una delicia ver a esas pulguitas caminar en sus gabachas celestes.
Es más: el simple hecho que los desfiles del día de la independencia sean de colegiales calenturientos, dandole fuerte y valiente al chiqui-chiqui, vale más que los desfiles militares en tantas “grandes” naciones primermundistas.
Tal vez no sea tan cool , pero los costarriqueñismos son tan exquisitos y saben tan rico en la boca, que me es inevitable no decirlos.
No hay nada más sabroso que comerse un buen casado con arroz, frijoles, picadillo de arracache, ensalada de repollo, chuleta ahumada, huevo, tortilla, queso, macarrones y fresco de chan. Y ojalá que haya una entradita de olla de carne con elotico… ¡seas tan bárbaro!
¿Y qué tal el humor tico? Es que el desgajarse de la risa leyendo Sentimientos en Conflicto o las salidas de Oldemarsh de Tierra Blanca, no tienen precio.
Así es que en la celebración de nuestro 190vo aniversario de independencia española, no me voy a poner a analizar si de verdad somos o no independientes. Que eso lo hagan los grandes medios de comunicación. Yo voy a celebrar vestida de los colores patrios y cantando el Himno Nacional a galillo pelao.
- In: Marthadas | Vida
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Comencemos diciendo: no llegué tan lejos. Lo intenté, pero todavía me hace falta mucho camino por recorrer para llegar al séptimo nivel de divinidad.
PERO!, si logré alejarme de mi realidad y escaparme a un paraíso en este país lleno de arena, sol, mar azul esmeralda y atardeceres dorados. Admito que la logística resultó ser un poco más complicada de lo que pensaba, con cambios de último momento que, al final, me dejaron sola conmigo misma en la soledad de mi ser… y preferí que fuera así.
Con tanto tiempo libre para dormir hasta tarde entre seis almohadas, bailar frente al espejo en mi pijama, tirarme como iguana a la par de una piscina, ver películas entre sándwiches y vino con cola en las rocas, pude darme cuenta de las grandiosas cosas que han pasado y siguen pasando en mi vida. Como el simple hecho de poder disfrutar de la incomparable compañía de personas extraordinarias a los que tengo el placer de llamar amigos, cocinar y no intoxicarme en el intento, hasta poder hablar un segundo idioma sin tener que traducir cada palabra en mi cabeza.
Durante este tiempo, comprendí que no es tan malo el pasar tiempo con mi histérica compañía. Al final de cuentas, como le dijo Kathy Bates a Hillary Swank en P.S I love you: “Así que ahora, sola o no, tienes que caminar adelante. Lo que hay que recordar es que si estamos solos, entonces todos estamos juntos en esto también.”
Además, aproveché para seguir el consejo de la Eleanor Roosevelt y superar un temor, pues tengo el más ridículo de todos los que pueden haber en la vida: le tengo pánico a meterme al mar justo cuando revienta la ola. Los que han ido conmigo a la playa saben de lo que hablo… algo así como la loquita del pueblo, corriendo en dirección contraria, pegando gritos desesperados.
En lo que decido enfrentarlo, logré entrar al mar justo cuando la ola reventó… y no me va revolcando y tirando por allá la parte de arriba del vestido de baño y yo de exhibicionista… ¡MENTIRITAS!… Pero, ¿verdad que hubiera sido una gran anécdota?
Hablando en serio, el punto es que logré meterme al mar sin importar que la ola estuviera reventando en ese momento. La sensación en el estómago fue de tanta satisfacción, que hasta maripositas revoloteaban desesperadas en mis entrañas y lo volví hacer una y otra y otra vez… hasta que vi dos manta rayas en el agua clara y no me quedó de otra que salir corriendo como la loquita del pueblo, en dirección contraria, pegando gritos desesperados.
Tal vez porque estaba sola, tal vez porque llegue a esa edad, mas fue la primera vez que no me dio vergüenza enseñar las carnes que Tatica Dios me dio y broncearme en bikini delante de Raimundo y todo el mundo. Yo creo que todas las mujeres tenemos complejos por nuestros cuerpos y lo proyectamos con las que nos rodean, cuando criticamos justo la parte que más nos incomoda de nosotras. Esta vez, decidí que iba a ser la excepción, a tal punto en que caminaba la playa sin nada más que dicho vestido de baño, las llaves y las chanclas.
Justo ahí, me di cuenta que la gran mayoría tenemos celulitis, rollitos, estrías y nuestros propios complejos, así es que, entré en mi muy común valeverguismo. Además, del par de piropos que dijeron y me levantaron el ego.
Otro paso que pensé importante en este reencontramiento conmigo misma, era ordenar mi cuerpo de nuevo. Desde hace un par de años, caí en cuenta que mi cuerpecito es el único templo que tengo para llevar mi alma de “A a B”. Sin él, estoy jodida y dejé de fumar, empecé a ejercitarme, a comer sano, aunque me es difícil mantener la disciplina y sedo a los deseos carnales con hamburguesotas, acompañadas de birras. Por ello, no solo hice ejercicio, si no que un día me puse a wikipediar sobre el ayuno y lo hice.
Aclaro, no fue con fines religiosos. Más bien, fue una forma de encontrar el control sobre esos deseos y ¡qué va!… cuesta mucho… Sí logré hacerlo un día completico, hasta la cena, que comí algo ligerito. Esto me hizo caer en razón de la necesidad urgente de controlar todo esto que está acá, sentado frente a la computadora.
Así fue como pasaron los días en mi camino a la paz, especialmente, la mental. Pude apaciguar el jolgorio libertino que mis pensamientos y análisis se dan en mi cabeza y seguir el consejo del Creidoso: “…disfruta tu vida, disfruta de la compañía del que está a tu lado…”
Háganlo, se los aconsejo, es muy liberador… y después me cuentan cómo les fue… ¿o es que ya lo han hecho?



