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¿Para qué quiero un novio?
Posted on: 17 April 2012
- In: Amor
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He tenido esa pregunta dándome vueltas por la cabeza en las últimas semanas, no sólo porque finalmente tengo novio, sino por algunas historietas de amigas muy cercanas.
En principio, todos ustedes saben mi modus pensantis (prefiero mil veces estar sola, que mal acompañada) y soy fiel creyente de abrazar la soledad para quererse uno mismo, antes de empezar una relación romántica con algún individuo.
Partiendo de esto y de que solo me voy a referir al punto de vista femenino, que difícil es tomar una decisión de tener un novio.
Creo que llega esa altura en la vida, en la que uno no puede estar perdiendo el tiempo con cualquier pelapapas que le pase por el frente, medio haciendo una mueca. Después de los 25 años, una va deslumbrando un futuro… enseriesandose, que llaman.
Se van tomando decisiones fuertes, gracias a ese extraño tic-tac del bendito reloj de la vida (que no se atrasa) y dejémonos de varas: una no está para ir a mallear los miércoles de 2×1, los sábados comer pizza viendo tv en la casa del tipo y los domingos cenar en la casa de una.
La vida avanza y las expectativas cambian.
Así es que, cuando llegan estas amigas con Historias de Ultratumba, casi siempre término con la pregunta incómoda: ¿vos te ves pariéndole un hijo a este tipo?
Y ahí lo digo todo.
Porque vaya a ser que, por andar jugando de mamá y papá en lo oscurito… y que se le cumpla…
En serio, es una pregunta a considerar: ¿será este el tipo con quien quiero compartir la mitad de mis genes? ¿Será una persona al que le podría confiar un bebe de meses? ¿Será de los que le salen a uno con el “ese güila no es mio”?
Así es que, a mis casi traumáticos críticos hermosos 30 años, he llegado a la conclusión que un novio es para estar bien, porque para estar peor, mejor me quedo sola.
Un ejemplo de cómo se está peor es el tiempo desperdiciado en lágrimas, en relación directa con el tiempo invertido en carcajadas. Si una pareja te hace llorar más de lo que te hace reír, ya sea a propósito o por la histeria femenina, pues como que no pinta muy bien el romance.
Independientemente de qué tan independiente se sea, la verdad es que una quiere estar con un hombre que sea cariñoso, que la cuide, que la chinee, que la quiera tal cual es, aunque no cague flores.
Alguien estable, no solo económicamente, porque llega a ser más importante que no le patine el coco.
Porque, para andar con un hombre inseguro, que me pase reprochando mi pasado o mi presente, que me utilice para sus deseos carnales, que pase más borracho que sobrio y que tras de todo, yo se las tenga que patrocinar… mejor me mato.
Otro punto fundamental es que él sea una persona digna de admirar: por su talento, su creatividad, su liderazgo, porque es trabajador, porque tiene sueños, metas o aspiraciones, o porque simplemente puede mantener la calma cuando me entra mi histeria bipolar.
Seamos realistas: la capacidad para tomar decisiones equivocadas, como el empezar una nueva carrera universitaria antes de conseguir un trabajo con el título que ya se tiene… pues no es muy brillante que digamos.
Creo que no podría seguir con un tipo que solo tiene una cara bonita y la cabeza hueca, un modelito para andar enseñándolo a mis amigas cuando salgo de fiesta, pero que no tiene visión y que piensa que, por su historia de vida, todos tienen que ayudarlo.
Y no quiero ni entrar en la cuestión de los abusos. En el momento en que alguno se falte al respeto, física o psicológicamente, la verdad es que todo se va pa’ la damiersh. ¿La señal de alerta para dejar a un hombre a la primera? Que dude de mi integridad, que se refiera a mí con sinónimos de prostituta o que haya osado a ponerme un dedo encima, entre otras.
¡Eso no es amor ni aquí, ni en la Conchinchina!
Finalmente, creo que una tiene que estar clara que él no es la felicidad y que él no te va a ser completamente feliz. ¿Para qué ponerle semejante tarea al pobre, si esa es mi responsabilidad?
Él es algo aún mejor: el complemento ideal. Como quien dice, las papas fritas a la hamburguesa, la leche condensada al copo, las fresas a la crepa de Nutella, el limón a la Corona: sin eso, igual la vida sabe rica… pero se vuelve deliciosa cuando él está cerca.
Todos somos la misma vara
Posted on: 14 February 2012
- In: Amor | Politica
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Tengo la eterna fortuna de poder expresar mi cariño a la persona que quiero en lugares públicos, cuando andamos de la mano o el esporádico piquito marcaterrenos. Soy feliz porque hoy podría ir a cenar, bailar y disfrutar una maravillosa velada con mi maravillosa pareja, si quisiéramos.
Tengo la esperanza y la seguridad que, si la vida lo dispone y el tiempo así lo permite, vamos a poder compartir nuestras vidas y tener la boda del siglo. Si no podemos tener hijos, podríamos adoptar algún pequeñín sin mayor problema. En conclusión, seguiremos expresando nuestros verdaderos sentimientos sin que nadie los bombardee con odio.
Yo tengo la fortuna de disfrutar de un derecho inherente porque me gusta un hombre y yo soy mujer.
Eso es algo que se dio. No me acuerdo escuchar a doña Martha repetirme que me tenían que gustar. Tampoco me acuerdo de haberme sentado con mi Barbie y mi Ken a pensar los pros y los cons de que me gustara uno u otro. En otras palabras, no fue una decisión o una obligación.
Simplemente me gustaba Leo, un compañerito del kínder, y le dije que si quería ser mi novio. A lo que respondió que bueno, pero que él era novio de Steph. Creo que en ese momento formamos el trío más joven del mundo… pero no duró mucho porque, eso de estar compartiendo mi hombre, no es lo mío.
A como es natural para mí, es de natural para los hombres que les gustan las mujeres y para los que les gustan los hombres y para las mujeres que les gustan las mujeres.
Las mismas bellas mariposas sentimos unos, a como sentimos los otros cuando vemos a la persona que amamos. Por culpa de los nervios, también hacemos las mismas ideoteces frente a esa persona. Igual que vos, todos pensamos en ese ser especial cada segundo de nuestro día.
Entonces, aquí hay algo que no entiendo.
Si esto se da por naturaleza propia de cada uno y todos tenemos tantas cosas iguales, ¿cómo puede ser posible que, la única diferencia, sea la que haga que no se les den los mismos derechos?
El otro día vi un video en youtube (mi nuevo mejor amigo) de una legisladora republicana del estado de Washington, quien defendía la unión civil entre personas del mismo sexo. Ella comenzó hablando de cómo vivió muchos años con el hombre al que ama, hasta que él falleció. Ella decía que de todo lo que quería tener de vuelta, lo último era el sexo y no porque no lo disfrutara. Lo que más extrañaba eran todos esos momentos que habían construido juntos, todos esas anécdotas graciosas, esos dulces recuerdos que solo puedes compartir con la persona que amas.
Justamente es eso lo que no se les puede negar a una pareja del mismo sexo porque es inhumano, es una crueldad.
Estoy de acuerdo con ella que es responsabilidad y deber de nosotros, la mayoría, responder por los derechos de la minoría. Es nuestra obligación como seres humanos pelear por su amor, para que sea respetado como cualquier otro que crezca en cualquier parte del mundo.
Ahora bien, yo aquí no me estoy metiendo a la iglesia ni a la religión. Yo no estoy hablando de sacramentos. Yo estoy hablando de uniones civiles, donde ellos puedan compartir los mismos derechos que vos podrías compartir el día que te juntés o te casés.
Me refiero a casos como el de un conocido quien terminó en la calle después de que su novio falleciera y la familia no respetara el testamento donde le dejaba todos sus bienes a su pareja. Él no pudo reclamar porque no hay ley que le ampare. Hablo de casos de parejas que desean, fervientemente, darle un hogar y ser los padres de algún huerfanito, quien están viviendo un infierno en algún orfanato del PANI. O del simple hecho de que el Seguro Social de uno cubra la enfermedad del otro.
Estoy hablando de los mismos derechos que le fueron otorgados a las parejas de unión por hecho.
Derechos civiles.
Derechos que hemos adquirido por haber nacido en este país, pero que se les ha sido arrebatados por ser diferentes a la norma.
A modo de cierre aleccionador: si a los cristianos del mundo anteponen el mandato divino, yo solo les quiero recordar Mt 22; 37-40. Si piensan que es una error que homosexuales críen niños, sepan que los culpables de la epidemia de violencia contra los niños en el país, en su mayoría, son los padres naturales que agreden a los hijos que parieron. Si piensan que el sexo entre hombres es una aberración, acuérdense de las veces que le han pedido a su novia “hacerlo por detrás”. Si piensan que el sexo entre mujeres es contra natura, no se les olvide que la fantasía número uno de muchos hombres es tener a dos mujeres en su cama y no para jugar UNO, digamos.
Yo AMO las bodas
Posted on: 31 January 2012
- In: Amigos | Amor
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De la misma forma en la que amo los niños, los gatos, las motos y las mantarrayas: ajenas.
Las bodas son una verdadera celebración al amor y valentía. El simple hecho que el novio se juegue el chance de quedarse escuchando la marcha nupcial una y otra y otra y otra vez sin que aparezca la novia, ya eso es tener un par de cojones bien puestos.
O, por el otro lado, el de la novia al levantarse a las 4:30 de la mañana para cumplir con sus obligaciones como tal: el manicure en french; pedicure en rojo; depilación en lugares nunca antes pensados; maquillaje que dure todo el día; peinado; ponerse la ropa interior sexy, pero incómoda; los zapatos de tacón que probablemente hará tirados cuando tenga la primera oportunidad; un vestido que parece disfraz de la época victoriana, mientras se muere de hambre y jugándose el chance que el tipo no aparezca… WoW…
Pero ese momento tan mágico en el que el novio está al pie del altar y ve a su majestuosa novia caminar hacia él, ese microsegundo en el que se deslumbra un incremento ligero en su sonrisa y los ojos de ilusión que lleva ella puestos al caminar junto a sus padres a los brazos de su amado, con la seguridad de que es él y solo él… es el microsegundo más romántico que cualquier ser humano puede ser testigo.
Vivo por ver ese momento. Sin dejar de lado los famosos posibles errores embarazosos que la marcan como única (viste cuando la hermana de la amiga de la prima de la vecina del frente se cayó por el poco de petálos… jajaja… ay, viste que los del restaurante de la par solo tomarle fotos a la novia… jajaja…)
Personalmente, comparto la misma línea filosófica de doña Martha: las bodas son para ir a comer. En ciertas bodas (a las que me rehúso identificar), he practicado la abstinencia moderada de alimentos durante el día, con tal de ir a saborearme cuanto plato sirvan en la noche. Así mismo, doña Martha me ha envestido con su técnica infalible para la recolección de los mismos, cuando es buffet:
“Ay mi’jita, vea: usted primero ubica la mesa del buffet más cercana, busca por donde salen los meseros, que de ahí viene la comida. Justo cuando vea que sacan pailas, hace como que va al baño y… ay, mirá ya los novios se sirvieron: corré, corré, que ahí va la Camacho y esa dura un montón sirviéndose…
“Los cubiertos en la mano derecha y pones el plato pequeño de la ensalada encima. Ahora el grande en el antebrazo… si, si… como los meseros. Ay si, lomito… que rico que se ve… ay, si me puede echar salsita sobre el arrocito… si, si, dele… con confianza que soy la tía de la novia.
“Sírvase uno de cada uno de los postres y se lleva el platito en la mano izquierda.”
Creo que aquí vale aclarar que uno de los dichos favoritos de doña Martha es: “coma hoy, que usted no sabe si va a comer mañana y más si es gratis,” el cual, también aplica para muestras en los supermercados.
Es más, mi madre me ha hecho llevar a mi mejor amigo de la U para que la sacara a bailar, compartieran opiniones de licores y le ayudara a llevar los platos del buffette.
“Guanaco, coma, coma. Aproveche que es gratis y quien sabe cuando vuelve uno a comer algo así de rico.”
Ahora que lo pienso, las bodas son los quinceaños para los treintones. La misma carajada: un desfile de damas en vestidos ridículos, quienes caminan con acompañantes, los cuales le abren el paso a la pobre mujercita que anda con un vestido tan incómodo y con tacones tan altos, que camina como con pañal.
Después de la iglesia, sigue la famosa fiesta que comienza con el Tiempo de Vals de Chayanne, para abrir la pista y que todos se pongan a mover el bote. En algún momento se sirve la comida, se pasa tomando refresquitos toda la noche (algunos más benditos que otros), llegan los mariachis, la comparsa, los payasos en sancos, se parte el pastel y se acabó.
Estoy segura que la pobre chiquita pasó la misma procesión que pasó la novia, teniendo que madrugar para lucir hermosa (menos la depilación, espero yo) La misma procesión de ir de mesa en mesa, tomándose fotos. El mismo acto de quitarse los zapatos en medio de la fiesta por el increíble dolor.
La diferencia, es que en el quinceaños uno se va a la casita de los papitos, para que la mamita le ayude a quitarse el moño lleno de colochos y el vestido de princesa. Después de la boda, se quitan muchas cosas, tal vez no con la misma paciencia… ¿qué sé yo?…
En fin, volviendo a las bodas, me encantan las pequeñas tradiciones que se crean como el baile del billete, tirar la liga y tirar el ramo. De esa última, soy súper fan. Soy la típica soltera que se burla del grupo de mujeres desesperadas, darse de codazos, correr, gritar, pelearse por un ramo de flores y su significado: el que, tal vez, sean las próximas en casarse.
Todo esto para contarles, mis queridísimos lectores, que el fin de semana pasado me jugaron una jugarreta.
La Mo se casó con el Pa. Pasé DIAS enteros preparando el brindis:
“Por la Mo y el Pa, que el camino de su matrimonio sea como el del Chirripó: lleno de aventuras, paisajes hermosos y que aunque tiene subidas muy difíciles y bajadas increíbles, los llena de satisfacción saber que lo hicieron juntos.
“Que todas las fotos de aniversarios sean como aquella en la casa del Pa, donde están abrazados, sonriendo, viendo hacia delante, con San José empujándolos a seguir y las luces iluminándoles el futuro.
“Y que su matrimonio sea como la clase de sushi para la que fueron en un aniversario: un regalo inesperado, que los saca de la rutina y los deja satisfechos… pero siempre con ganas de más.
“Por la Mo y el Pa, que el amor sea siempre el ingrediente secreto.”
Horas de mi presiado sueño, días frente a la computadora tratando de pescar a mi genio, meses de investigación googlelística. ¿Para qué?
Para que al final, después de agradecer a los invitados, dijera algo como:
“…para las que se están preguntando por el ramo, la verdad es que está muy bonito, a mi me gustó mucho y quiero regalárselo a una personita muy especial y a la que quiero mucho…”
Y helo ahí, en mi pichel de fresco porque no tengo florero, en la esquina de mi escritorio, acosando cada una de mis letras que digito en mi teclado.
(Espero no ahuyentar a ningún posible pretendiente)
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NOTA: Dedicadísimo a mi amiga Mo y al Pa. Este es mi tributo a ustedes, a su amor y a su felicidad. Que la vida los siga llenando de tantas bendiciones como hasta ahora… y como diría cualquier comehuevo a quien se acaba de casar: ¿y pa cuando los güilas?
Al final del ciclo de la vida
Posted on: 15 December 2011
- In: Amor | Vida
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El ciclo de la vida en Costa Rica es en línea recta:
Nacer -> Crecer -> Ir a una Universidad Privada -> Aprender inglés -> Entrar a trabajar en algún Call Center a poner en práctica nada de lo que estudió en la Universidad Privada -> Ennoviarse con el tipo/la tipa de sus sueños -> Casarse -> Ir de luna de miel a San Andres -> Reproducirse -> Divorciarse -> Morir
La parte de Nacer, pues uno no tiene mucha vela en el entierro… aparte de ser la orgullosa espermatozoidito que ganó la gran carrera de la vida. La de Crecer tampoco necesitó mucho porque digamos que del 1.54 m de estatura, ya no pasé.
Eso de estudiar en Universidad Privada, aprender inglés y trabajar en un Call Center, pues admito que todo lo hice muy a mi manera.
Justo, ante la etapa de la vida que continúa según los estatutos, es que entendí que hay todo un mundo de posibilidades ahí afuera que incluyen viajar, conocer gente nueva, aprender idiomas, viajar, comer comidas exóticas, leer, estudiar, escribir, viajar… Y que el famoso ciclo no tiene que ser en línea recta, pero como un árbol que abre sus ramas.
Así es que cuando se habla del noviazgo, pues empieza a temblarme el parpado. Creo que todo comenzó con el padre Barona, un amigo de la familia, quien fue el encargado en satanizarme el concepto de noviazgo:
“Marthita, tenga muchos amigos: salga con ellos, vaya a comer, vaya a bailar, tómese sus traguitos y disfrute mucho de la vida. Pero recuerde una cosa siempre y es que los novios son para casarse. Cuando uno entra a un noviazgo, es porque ha llegado el momento de formar una familia.”
¡Ah puta!
Prácticamente el padrecito se cagó en mi vida romántica de adolescente y joven veinteañera. Con ese presagio, ¡qué iba a cerrarle ningún ojito a nadie!
Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca.
Inclusive, su desesperación para que mi vida avance acorde a los estatutos familiares, ha llegado a límites inimaginables, en los que me hecha indirectas que el reloj cada vez se acerca a su hora final en la que no voy a poder parir la 19va bisnieta que tanto quiere para poder descansar y morir en paz.
A lo que contesto: “No voy a cargar con su muerte sobre mis hombros.”
A lo que ella contesta: “¡No jodás vos! ¡Que ya estoy cansada de pagar doctores!”
El matrimonio se ha satirizado tanto, que pareciera que la gente no se alegra cuando oye que alguien se comprometió. Frases como “se cansó de vivir tranquilo“, “ya vas a ir a regalar el cheque“, “voy a tener un carro esperando afuera, por aquello” son tan comunes cuando alguien cuenta la gran noticia. A mí me da un pecado verles las caritas llenas de emoción, deformarse a preocupación.
Como cuando mi amiguita Monique me pidió que fuera la testiga de su boda. ”A mí no me meta en enredos“, le dije. La pobre me hace una cara… que le tengo que explicar que es un chistesín y que para mi es mas que un honor.
Es tanta la cosa que, cuando me puse a buscar sinónimos para este blog, me encontré este link, donde incluye palabras como desesperación, forzar, ideal, disparate y locura… y si en Internet lo dice, debe ser cierto.
Hablando en serio, no es que yo esté cerrada a la posibilidad de casarme. De hecho, soy igual que cualquier otra mujer quien ha pensado en su día feliz (una gran boda pequeña, con un pequeño anillo de compromiso de ensueño, llena de yerberas y con un vestido de novia bien extravagante sencillo)
En lo que no estoy dispuesta es a casarme porque es lo que se espera de mí en este momento, con cualquier macho proveedor que me tenga pariendo chigüines, esperándolo que venga al hogar, con la pata en la chanchera y el platito de comida caliente en la mesa.
Siempre he pensado que antes de CONSIDERAR casarse, uno tiene que cumplir 4 puntos:
- Viajar:.. Sí, sé que soy demasiado necia en este punto… Lo que pasa es que, cuando uno pone un pie en otro país, se abre las puertas del mundo y uno se da cuenta de lo pequeño e insignificante que es. Aprender de las culturas y de las formas de vida en otros lugares, le abre la mente a que la vida no tiene que ser como lo dicen nuestras abuelas.
- Coger: No estoy hablando del verbo sea promiscua y hágase un hongo con patas en el proceso. Estoy hablando del verbo aprenda a disfrutar del sexo. Si su elección de vida es llegar virgen, pues por lo menos visite a Manuelito un ratico, porque si uno no se conoce, ¿cómo vamos a pedirle al otro que nos conozca?
- Vivir sola: O con un roomate. Es la mejor aventura que uno puede experimentar para darse cuenta de sus habilidades, límites y probarle a sus papitos la excelente educación que usted ha tenido. uno aprende tanto… desde cómo controlar el dinero, hasta reglas básicas de seguridad.
- Vivir con la pareja: Exacto: yo promuevo el concubinato escandaloso. Es una forma de poder adaptarse a las maneras del otro, porque viviendo juntos ya no hay tiempo fuera. Es aprender a soportar pedos, desórdenes, malos humores y todas las cosas negativas que pueden sentirse en la convivencia. Pero también es adelantar el trabajo en la distribución de las tareas del hogar, la creación del presupuesto, aprender a negociar todas las decisiones y bueno, ya ustedes saben el resto.
Además, soy fiel creyente que el matrimonio es un contrato muy serio en el que, si entro, es para toda la vida. Por eso, el pobre diablo en condena que se atreva a ser mi marido, no va a ser cualquier patas vueltas con sonrisa bonita, zapatito limpio,platica en la bolsa y hablada. El tipo va a tener que ser casi un santo para poder soportar tantas histerias y episodios bipolares, digamos.
Porque casarse para divorciarse, mejor se mata.
Yo no pienso entrar pensando en que si no funcionan las cosas, llamamos al abogado. No quiero que los futuros retoños (a las que ya les puse nombre, como buena mujer) pasen por las que mis hermanos cuando los míos se divorciaron (yo ni me di cuenta)
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Este post tan romántico, va dedicado a mi compañerito el Albin-o, quien en estos días se casa con su hermosísima novia. Y al Aureliano, quien se comprometió con la bellísima Adriana. Felicidades chiquillos, la mejor de las suertes… Tan bonitos los dos, jugando de grandes… ¿quién los mete?
XXX
Posted on: 8 December 2011
- In: Amor | Vida
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Hablemos de sexo.
Es rico, es bueno, es saludable.
Es como comerse el bananito en ayunas, por su fuente de potasio que ayuda a los calambres… o que lo diga la Doc de la empresa donde trabajo, quien me lo recetó ya hace unos cuantos años y quien todavía se ríe cada vez que le comento que me lo como todas las mañanas, bajo receta médica.
Creo que es primordial partir del hecho que el sexo no es del diablo, no debería ser pecado y nadie se va al infierno por tirarse un polvito con un tipo que estaba bien bueno. Si no más recuerdo, en Semana Santa nos pasan diciendo que JC murió por nuestros pecados para que fueran perdonados y todos disfrutáramos de las delicias del maná casero, de manos de la Mariquita.
Dejemos claro que, a estas alturas de la vida (cualquiera en las que uno se encuentre), no viene al caso satanizarlo porque todos cogen y yo no voy a ser la puta por estar escribiendo sobre el tema.
Así es que, empecemos.
Cuando se habla de educación para la vida sexual, la cagada es mayoritariamente para las mujeres. Lo digo con voz de la experiencia porque, en una familia católicamente activa, la mujer tiene el deber de cuidar su pequeña florcita hasta que llegue el príncipe azul que quiera atar el nudo.
Pero en ningún momento te dicen por qué es buena idea esperar.
No te dicen que hacer cuando llegue el momento.
Ni mucho menos que tenés derecho a disfrutarlo.
Nadie le cuenta a uno cuál es la diferencia entre hacer el amor y tener sexo. Me acuerdo, a mis 6 añitos, ir de la mano con El Progénitor a la pulpería y soltar LA pregunta:
“Pa, ¿cuál es la diferencia entre tener sexo y hacer el amor?”
“Cuando uno hace el amor lo hace con alguien a quien ama.”
“Sí… pero, ¿qué es hacer el amor?”
“Es cuando uno lo hace con alguien que ama.”
“¿Pero qué es lo que se hace?”
“Martha Iris, usted está todavía muy pequeña para preguntar de esas cosas. Cuando llegue el momento, usted sabrá.”
O sea, me dijo: “cuando llegue el momento, se persigna y se encomienda a toda la corte celestial, que alguna ayudita vas a recibir.”
En los años 90s, mi adolescencia no fue marcada por el sentémonos y aclaremos dudas… esa conversación incómoda que una hija tiene con su madre.
No.
Fue injustamente traumatizada por la última edición (197?) de La joven moderna y el sexo de los libros Océano, el cual traía una explicación detallada de la menstruación, la vagina, el pene y un esquema de cómo se veía un coito. Eso, sumando a todos las historias de la biblia en la que los lujuriosos terminaron destruidos o convertidos en estatuas de sal… prácticamente explica por qué quería ser monja y no caer en las garras de Beelzebub por culpa de un adolescente libidinoso.
Es hasta el tiempo que uno se da cuenta que el sexo es bueno porque ayuda a definirnos como hombre y mujer, dirigirnos en todas las posibles combinaciones sexuales y poblar este planeta (básicamente)
Y si el sexo es bueno, ¡la sexualidad es aún mejor!, porque lo pone todo junto a ver que sale: características físicas, psicológicas, anatómicas y afectivas. Sin dejar de lado que nos enseña qué, de todo lo que hay en el mercado, nos gusta más: juegos, juguetes, orgamix, disfraces, cuero, esposas, columpios, revistas, libros, películas… etc… etc… etc… También nos delimita el camino para no llegar a extremos en conductas sexuales, como el voyeurismo o algún fetichismo extraño con los uniformes militares, digamos.
Al final del día, todo esto de la sexualidad es como cuando uno va a la gelatería y pide una cucharadita de casi todos los sabores: solo probando se sabe qué es el que a uno le gusta y bueno, conociéndose a uno mismo se disfruta muchísimo más.
El sexo es saludable por todos los tantísimos beneficios al cuerpo. Como la liberación de endorfinas y de serotonina, que básicamente cooperan para alinear los chacras y nos hace más felices.
Cuando uno está con alguien con quien se comparte esa intimidad y un gran afecto (osea, no el one night stand), ayuda a aumentar la autoestima, previene enfermedades cardiovasculares, es un excelente ejercicio, alivia dolores, tranquiliza, hasta uno duerme mejor y de todo.
… y dejémonos de varas: no hay nada más rico que el entrepierne al final…
Pero, como todo en la vida, nada es simplemente maravilloso. Hay algunos puntos negros en la sábana blanca, pero son dos los que me podrían quitar el sueño:
- El coito es para poblar este planeta, científica y religiosamente hablando. Si no se está preparado para mantener a los pequeños, ¿pa’ qué jugarse el chance?.
- Las enfermedades de transmisión sexual son muchas, terribles y matan. El tener relaciones con un tipo muy bueno sin usar protección, es como ponerse frente a la aplanadora y esperar que lo aplaste a uno…
A como me dijo alguna vez una amiga:
“Marthica, vos no me estas preguntando pero, para serte sincera, yo me cuido doble… y eso no significa que me tomo doble pastilla”
Por eso, damas y caballeros, quiero terminar diciendo que no se les olvide ponerle el gorrito al pajarito antes de que entre a la jaulita (o algo así escuché esta semana)
En camisa de once varas
Posted on: 6 September 2011
- In: Amor | Vida
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¡ESTE POST NO LO ESCRIBI YO!
Un amiguito se ofreció a escribir sobre la voraz pregunta más escuchada por esta, su servidora.
La verdad, no me pude meter en tema más complejo. Hablar de fútbol, religión, política y ahora del funcionamiento de las relaciones entre parejas siempre generará dificultades.
Más, cuando el ofrecimiento es escribir respondiendo a una pregunta que viene plasmada en el entre líneas del blog desde sus inicios: ¿por qué Martha no tiene novio?
Pudo ser hace unos diez años, cuando una tarde posterior a un examen, apareció una nueva compañera, “ñoña” (apropiándome de su propio vocabulario) y de pocos tapujos. Abiertamente dijo en mesa de pirañas que detestaba que le dijeran Irex y recordó cómo había chocado con un poste, tropezado en las aceras infinidad de veces, entre muchos más de una serie de infortunios de forma regular.
Conforme vino la confianza y se integró al grupo (muy a su manera), clasificó como un “mae más” del grupo y cualquier intento de flirteo podía interpretarse como un acto gay.
Luego, de sus historias conocidas sólo prevalece una relacionada con la industria automotriz. Un sujeto, conocido por una marca alemana de automóviles que creo no estoy autorizado a publicar, fue su eterno affaire, llegando incluso a ocultarse infructíferamente tras una puerta.
Partiendo de esa relación como la historia conocida más estable de pareja, ya el tema evidencia sus primeros obstáculos. No merece un tratamiento tradicional.
Sin querer, llegué al Animal Planet y me topé con un documental del reino animal. El propósito era demostrar cómo el macho dominante conseguía a la mejor hembra.
El mejor macho era aquel capaz de llevar la comida, imponerse ante sus rivales y liderar entre la manada. En tanto, la mejor hembra es aquella que tenía privilegios en sus facultades reproductivas.
Volviendo al caso en cuestión, ver ese programa no me ayudó. La nieta de doña Yelba está acostumbrada a sobrevivir por sus medios, y detesta que le den de comer en la boca.
Por otro lado, detesta que le limiten sus capacidades a temas reproductivos y de accesorios relacionados. Por tanto, Animal Planet y sus propuestas resultaron inútiles, aunque sí un tanto divertido por las comparaciones sociales.
El ejercicio me pareció interesante, y seguí buscando artículos científicos. Uno de ellos explicaba que el enamoramiento se debe a las feromonas y que inconscientemente influye el olor de las personas que nos atrae.
Asimismo, la geometría de las facciones y otros detalles que intervienen en ese proceso. Tuve que descartar este sustento, porque esto sólo serviría para explicar las relaciones ocasionales y no el paradigma del por qué la falta de novio.
Ahora, ¿por qué no se queda con esos ligues?
Creo que acá aplica la frase “usted es demasiado para él”.
Acá tuve que abandonar la comodidad del televisor y emplear cervezas para obtener información adicional; o incluso aprovechar la confianza que dan los medios electrónicos para que las personas hablen cosas que en vivo evitan.
Una de ellas tiene 32 años, es independiente y con buen puesto de trabajo, pero no puede tolerar depender de alguien. Llega a las citas en su propio carro, le gusta pagar su cuenta para evitar cualquier compromiso y se adelanta a él cuando el mesero toma la orden.
Igualmente, la ponderación del riesgo varía.
Ya no es lo mismo conocer un carajo y entrarle, porque entran en juego variables como edad, tiempo, si tiene hijos, posición socioeconómica y la verdad es que entra la edad a meter prudencia a las negociaciones. No se quieren casar, pero también se evade un tanto el chingue.
La culpa es de los vampiros
Que no me digan nada, todo esto es problema de los vampiros emo con tendencias depresivas.
En la actualidad, los hombres son más propensos a lo cursi (o culeolada, ustedes escogen). Dedicación de canciones de amor melosas, escenas de celos, llamadas asfixiantes, post vergonzosos en facebook y otros recursos antes atribuibles a las féminas.
Ahora la conversación normal en un bar es escucharla a ella decir que dejó al novio en la casa; y acá me recordaba del Animal Planet y lo confuso del asunto.
Cualquier semejanza con Twilight y esos vampiros que ganan rating en los canales por cable es un reflejo de estas cosas que ya dejaron de ser coincidencia.
Ya buscando una explicación más lógica; durante las dos últimas generaciones las mujeres han sido las jefas de casa, sacado a los hijos solas en muchos casos e inclusive liderando su propio negocio. Y si las hijas lo vieron –como es el caso de Martha-, ¡qué difícil explicarles que necesitan un hombre!
Bueno, realmente no lo necesitan.
Y creo que esa es la respuesta, realmente no lo necesitan como un tema de dependencia, y el hombre está experimentando una crisis social de su rol en una relación. Debe ganar más que ella, pero ya el viejo criterio de la dominación quedó anticuado.
A veces, esas presiones resultan demasiado y pueden echarlo a perder. Que queda, hay que evolucionar sin hacer mucho melodrama… Darwin lo dijo hace muchos años.
Creo que por eso todos los libros de autoayuda como “Los hombres las prefieren tontas” y otro cuyo título estaba relacionado con los planetas no son más que la necesidad de entender por qué la sociedad está disfuncional.
Las mujeres saben ya de su poder, el valor de la individualidad y las posibilidades de realización. No en vano los 30 años dejaron de ser un límite para convertirse en una segunda juventud, más madura y menos propensa a los errores.
Creo que han llegado a apropiarse cada vez más de su tiempo, de sus deseos, del destino (que va más allá del casarse o no) y dejar de ser las víctimas para dar paso a una nueva época de “machos” mártires confundidos, que si bien no son todos, sí se doblan ante una mujer que tenga brillo propio.
¡Y que alguien se preocupe por dar charlas de autoayuda a la generación de vampiros desorientados y con problemas de identidad!
Los feos están de moda
Posted on: 14 May 2011
- In: Amor
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Y lo vuelvo a repetir: los feos están de moda.
Hace días vengo evaluando a los actuales novios o maridos de amigas, conocidas, amistades y demás… y tengo que admitir que estoy sorprendida de ver a señoritas extraordinariamente hermosas con caballeros extraordinariamente normales (sin ánimos de ofender a ninguno)
Es más, uno escucha a la gente: “¿Viste al novio de Carlita? Ay, pero es que ella esta muy bonita como para él.” O también: “Ay tan bonita esa muchacha como para ese hombre…”
Bien lo dice doña Yelba, mi señora abuela: la suerte de la fea, la bonita se lo desea… también dice que a coyol partido, coyol comido, pero ese no viene al caso.
Mi punto: la imagen de aquel hombre con belleza angelical, casi que recién bajado del Olimpo, para ser admirado por nosotras las simples mortales, ha sido derrocado por la revolución autentica de los hombres comunes y corrientes.
Estos hombres con pancillas birreras y papadas que solo ellos ven, bellos ojos de renacuajito, torpezas dignas de un nerd, con particularidades salidas de Monk… han desarrollado un sinfín de cualidades en lo profundo de su ser que han embelesado a mis tan queridas compañeras de género: son caballerosos, inteligentes, simpáticos, humildes, las hacen reír y, sobre todo, inventarían cualquier cosa en esta y la próxima vida, con tal de verlas felices.
Entonces, la teoría de mi amigo Anelka no esta tan lejos de la realidad: los menos atractivos son mejores porque, al verse afectados por la competencia atractiva del entorno, tienen que desarrollar mayores y mejores cualidades para llamar la atención del sexo opuesto (aunque no creo que en aquel momento lo haya dicho exactamente así.)
Ahora bien, no es solo el desarrollo de personalidades excepcionales, sino que también la vida dura y cruel de las mujeres solteras en esta sociedad, nos ha obligado a madurar a punta de trompadas, para darnos cuenta que esos ojos verdes empotrados en una tez morena es simplemente un cascarón y que Dios nos libre de todo mal si empieza a escupir palabras sin sentido y ¡qué tristeza!
Así es que, tal vez, no es tanto lo feo o lo bello, si no que lo real. Lo vemos en anuncios publicitarios como los de Dove, donde salen estas bellas mujeres curvilineas, o como los de Axe donde el hombre (no las chicas, obviamente) es un tipo cualquiera, con pelo en pecho, pancita y bronceado tipo leche.
Hemos llegado a un punto, como sociedad, en el que ya no se esta en aquel hervidero en la búsqueda de la perfección, la belleza, lo único, cuando hablamos de imagen y de pareja. Más bien, buscamos lo sincero, lo normal, lo común, para no sentirnos únicos, si no acompañados.
Sin dejar de lado el que nos tratan como reinas.
Así es que, hombres bellos que endulzan la retina, cuiden sus espaldas, miren por encima del hombro: el hombre feo viene atacando fuerte, valiente y parece que va ganando.
Lo que aprendí besando sapos
Posted on: 10 May 2011
- In: Amor
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A mí me ha tocado besar no solo sapos, sino que también cucarachas, gusanos y a más de un renacuajo.
El problema con estos insectos es su audacia, en su closet lleno de disfraces de todos los colores de príncipes, en su perspicaz sentido del momento: te prestan su hombro cuando quieres llorar, te dan un consejo cuando tienes un dilema existencial y te endulzan el oído con esas palabras que mueres por escuchar.
Lo bueno de estos bichos raros, es que me abrieron los ojos a lo que NO ando buscando en el hombre, macho, masculino, del sexo opuesto al mío, que deseo se convierta en mi pareja.
1. Fuera los mitómanos. Mi primer “amigovio” mentía tanto, que mi mamá le puso Heidi porque solo cuentos. Mi favorito fue cuando dijo que había ido a Toledo el fin de semana y había traído una cajita de madera para cumpleaños de mi mamá. Para no hacer el cuento muy largo, la cajita era de plástico, hecha en China y la había comprado en el Amigo Invisible. Pero la caja si era para mi mamá.
2. ¿Ya tiene compromiso? ¡NEXT! Mi amigo Henry dice que todavía no entiende que le vi al pobre tipo, pero me cautivó desde el primer día que lo vi con su pañuelo pirata amarrado en su cabeza, los pelos en pecho y esa actitud de “yo sé más que wikipedia, OK nena?” Después de cuatro meses de traerme como boba en su mano, me contó que vivía con su novia e hija. Solo un detallito, nada más.
3. Por eso es que el Polo Sur está en el Sur y no a la par del Polo Norte. Solo puedo decir que nos gustaba el mismo tipo de música. Pero fuera de eso, no hay seres más diferentes en el Universo: mientras a él soñaba con ver ganar al Madrid, yo quería ir al ballet; mientras yo me moría por ir a bailar a Castros, él solo pensaba en ir a ver una película e irse a dormir. Yo tomaba, fumaba y bailaba apretado… él lo odiaba tanto que una vez no me besó porque olía a cigarro y sabía a cerveza. Ahora bien, yo voy a favor en que tengamos gustos diferentes, pero el punto es que somos tan diferentes que ya no teníamos temas de conversación.
4. ¡Igualdad ante todo! Me acuerdo de un amigo, con el que no hubo más que unos besillos en una noche de verano, que decía algo que me sacaba de quicio. El tenía la fé plena que si algún día se casaba, él era lo suficientemente macho como para mantener a su mujer, a su hembra. Para él, la superación personal de ella se reducía en atender su hogar y parir hijos. Eso de la superación profesional era casi un mito urbano.
5. Yo no vengo a cambiar a nadie. Había un noble caballero que pretendía mis intenciones. Pero solo el hecho de pensar que yo le hubiera cambiado el tono de voz, la dentadura, los zapatos, sus ideologías políticas, su punto de vista tan capitalista, esa manera como comía (que sonaba tanto) y esa xenofobia contra nosotros, los nicas… ¡ah puta!… mejor no, ¿verdad?
6. Sí, soy mujer, soy de carne y sí, espero que me cumpla. Yo no digo que el sexo sea el centro de una relación, pero sí soy fiel creyente que es una parte fundamental en las relaciones de pareja. Penosamente me acuerdo de un caballero que después de más de cuatro meses de relación, no hacía por donde terminar el trato. Dejémoslo en que la relación no perduró.
7. Ay, ¡tan bonito cuando a uno lo invitan! Señoras y señores, lo admito en este medio público. A mí me pasó una vez: el maje me venía ligando y por fin me invita a ir al teatro. Compró las entradas, fue por mí a mi casa, luego de la obra fuimos a comer y hasta besito de buenas noches. Al día siguiente tenía un mensaje de texto con su número de cuenta para que le depositara la mitad de lo que había pagado. Por cierto, ese mismo día perdí mi celular.
8. Lúceme orgullosamente, cual joya de la corona. Una vez estaba haciendo fila en el cine, abrazada con el personaje. Cuando en eso escuchamos la voz de un amigo en común y su novia. El pendejo se convirtió en sapo y pegó un brinco lo suficientemente largo como para que pareciera que no andaba conmigo. Mas no fue suficiente para mí, sino que fue cuando la jefa le preguntó si tenía novia y el dijo que no… Dos meses después de haberme pedido que fuéramos novios.
9. Bueno, ¿sos o no sos? Había un gringo al que mi mamá había apostado: psicólogo, le gusta leer, el cine viejo, viajar, excelente gusto al vestir, le encantaban mis zapatos, buen bailarín, súper romántico y besaba riquísimo. Eso que uno está joven y tiene ciertas tendencias psicóticas y digamos que lo googlie… así, como quien no quiere la cosa… Y que van saliendo solo perfiles en networks gay… Por distancia más que por otra cosa, la relación no funcionó. A los años, me llama mi mamá para contarme que el susodicho había hasta quemado el closet y ni volvió a ver las cenizas. Para rematar, le dijo que si él hubiera sido heterosexual, no habría otra mujer con la que preferiría estar que conmigo…
Yo no supe que pensar después de eso…
10. No soy una princesa y merezco ser tratada como reina. Tal vez no necesito un sombrerero o que me pongan pancitas de cerdos para calentar mis pies. Lo que si me merezco es que me trate con respeto y dignidad, que me de mi lugar. Que me haga sentir la seguridad de que están conmigo porque prefieren soportar mis locuras, que estar sin ellas.
Lo curioso es que, esto último, lo aprendí con un verdadero amiguito, quien también me enseñó que el permitir los puntos del 1 al 9 depende de mí, no en mi plaga personal de sapos. Al final de cuentas, ¿quién permite que todo esto pase?
… ahí se lo dejo, pa´que medite…
Terminar significa YA NO MAS
Posted on: 8 July 2010
- In: Amor | Vida
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Una de las cosas que no he logrado comprender es el deseo humano por seguir sumergido en el tanque séptico. Esas personas que les fascina darse un chapuzón en el mierdero, tiempo después de haber terminado una relación que no funcionaba desde un inicio.
Mi pareja no me complace si la engaño con otra persona y para darme cuenta de eso no creo que se necesite el lente magnificador de Sherlok Holmes.
Tengo problemas de autoestima si necesito que me adulen y demuestren afecto constantemente: hasta Sigmund Freud lo supo décadas atrás!
La Virgen Maria no se me tiene que aparecer para ver la luz al final del túnel: no me están dando mi lugar si mi novio no me quiere presentar como su novia ante sus amigos y compañeros.
Entonces, ¿para que carajos voy a seguir ahí? ¿Por que no apreciarme a mí misma, mi soledad y empezar a conocer a la nueva yo que surgió de tanto tormento?
Personalmente, intento ser tajante en estos temas.
El único “novio” que he tenido me hizo llorar como una Magdalena a lo largo de los tres meses relación. Cuando terminó conmigo, me tomó días para quitar la catarata del tercer ojo y distinguir cada uno de los errores que cometí al aceptar o justificar la serie de sandeces que hizo.
¿Cómo iba a ser posible que para San Valentín no hiciéramos nada, pero si invitó a su “mejor amiga” a comer sushi? Una vez, delante de mis amigos, apostó que iba a terminar conmigo si lo que él decía era mentira y yo me reí. ¿Cómo fui tan ingenuamente estúpida?
Cuando terminamos, TODO terminó: no puedo esperar que sus amigos sigan siendo los míos. El no puede esperar que mi familia lo reciba con los brazos abiertos después de saber el daño que me hizo.
Porque, abriendo el corazón a la verdad, no me tiene que interesar si salió o si sale o si va a salir con alguien. Acosar a sus amigos o familiares para tener noticias de él es humillarme, degradarme, perder mi dignidad y estropear la imagen que había creado ante todos.
De todo, lo que me asombra es esa esperanza al perdón universal y al Alzheimer selectivo después de traicionar a la persona que “aman”. Yo me pregunto, ¿ustedes les habrían perdonado y empezado desde cero? ¿Hubieran vuelto a depositar la confianza ingenua sin más ni más?
Apuesto que están diciendo que si en nombre del amor… pero no, muy en el fondo de sus corazones saben que eso no es amor y no lo harían.
En serio, ¿creen que es tan fácil como mandar dos docenas de hierberas o una pizza grande? ¿De verdad piensa que para uno es importante ayudarle a hacer cierre, evocando los poquísimos momentos de felicidad? Pues no. Para eso, les puedo recomendar el numero de la psicologa que me ayuda a superar traumas de infancia.
Seamos realistas: somos humanos y para lograr ese tipo de perdón lleva mucho tiempo de yoga, meditación, asilo, conversión, haber hecho grandes obras en Calcuta y ser un sudafricano de apellido Mandela.
No es tan fácil. Las palabras sinceras de cariño hacia el hombre que tuvo el descaro de mentirme… no, no, no… ni lo puedo concebir. Y que lo vuelva a hacer, excusándose justamente en esa indiferencia, es una muestra de inmadurez irreverente.
Mi consejo
- Si a usted todo el mundo le hace comentarios con palabras como agresión, violencia, codependencia, enfermedad y sus respectivos sinónimos, raíces y familiares… Haga un alto frente al espejo, desnúdese ante su imagen y encuentre quien es usted: sus gustos, disgustos, características que la hacen única. Cuando los encuentre, envuélvalos con la aceptación y deguste el calor que el amor propio genera.
- Si usted mintió, engañó, traicionó, maltrató, golpeó, humilló o denigró a su pareja, y está esperando el perdón divino, créalo que ya lo recibió: Dios siempre perdona nuestros pecados. Por el contrario, no espere volver a tener una relación extraordinaria que solo está en su mente. Pregúntese si quiere volver a ese martirio por el miedo a la separación. Sane su corazón y revise ese saco lleno de aprendizajes cuando empiece una relación nueva.
- Para ambos: comiencen a abrazar la tersa soledad que nos acompaña en este camino rocoso que llamamos vida. Una vez que la acepten, verán que es mucho más fácil encontrarse a sí mismo, quererse … y hasta entonces, podrán querer a otra persona.
NOTA!: Si algo me ha demostrado este blog, es que la gente solo lee lo que quiere leer e interpreta solo lo que su contexto personal le permite interpretar. La serie de comentarios a raíz de este artículo han sido tan variados y algunos tan absurdos, que me he tomado la libertad de hacer un análisis interpretativo del mensaje.
Al utilizar palabras como “no entiendo”, “estoy confundida”, estoy cansada de…”, es porque realmente no entiendo, estoy confundida y cansada. No estoy tratando de utilizar el lenguaje retorico. La verdad, estoy cansada de mi imposibilidad, como mujer, de no poder llegar a decirle a un hombre: “Me gustas, ¿te gusto? Y ahora, ¿qué?”
Esta inhabilidad no es porque a mí me cueste la tabla del cero, si no que son casi tres décadas de vivir en un patriarcado machista.
La complejidad de esto se basa en experiencias anteriores. Me refiero a situaciones en las que el individuo me puso en su glosario, bajo las palabras que empiezan con en la letra “P” e intentó el juego de la seducción para los domingos de lluvia sin cable.
Al decir “…que vivan lo suficiente para que después le den paso a lo que sea que siga…”, creo que alguno de los dos deberían de tomar el primer paso para lo que sea que vaya a suceder: pedir el número de teléfono, invitarlo a salir, hacer la tan temida pregunta… lo que sea.
Ambos géneros deberíamos de poder gozar de dicha libertad y desarrollar ese derecho sin ser juzgados.
Sobre las dos tendencias, me gustaría aclarar lo siguiente: las mujeres debemos arreglarnos, ponernos bellas y salir de cacería. Estoy categóricamente en contra de la Teoría Princesitas: sentarse a esperar que aparezca el príncipe azul.
Pero también sé que hay hombres que les gusta ser conquistadores. Que alguien me diga, ¿cómo carajos me doy cuenta que al tipo le gusta ser el gato o el ratón? Porque si le llego y le gusta ser seductor, pues puede perder el interés. Por el contrario, si le gusta ser seducido y no le llego… seguimos en el mismo círculo vicioso.
Si yo no quiero terminar ni como la respetada doña Florinda, la loquita de Penélope, la abnegada Fermina o la tan interesada Holly … no quiere decir que yo no vaya a hacer nada al respecto.
Lo que quiero decir es que yo no voy a esperar a ningún pendejo, que se ponga las pilas, que se decida que yo soy lo suficientemente cuerda como para intentar un algo (llamelo amigos, amigovios, novios, andantes, etc).
Carajo!
Lo que quiero decir es que, aunque he tomado al toro por los cuernos, lamentablemente me he topado con tantos Johnny Bravo, que no me queda de otra que ser cauta.
Con todo y todo, NINGUNO de mis comentaristas, me ha contestado las preguntas del final. Por el contrario, han despotricado con todos sus traumas de infancia. La mayoría de los hombres quieren más acción por parte de las mujeres y las mujeres quieren justamente eso, pero tienen el miedo de toparse con un Pepe Le Pew que quiera un típico “coge y jale”
Mi intención con el blog? Dejar en claro que no me voy a sentar a esperar. Voy a actuar y voy a dejar que me rompan mi pequeño corazón, que me rechacen. Voy a besar a cuanto sapo, culebra y escarabajo me pase en frente… Hasta encontrar el pobre alma en pena a quien yo pueda llamar a cualquier hora para ir a comer un helado.
Pero también quería dejar en claro que no es tan fácil con ustedes, mis muy estimados lectores del género macho masculino. Por el contrario, a ustedes también se les corre las tejas de vez en cuando… y por favor, admítanlo que ustedes están igual de locos que nosotras.


