Los fustanes de mi abuela
Posted on: 23 July 2011
- In: Familia
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Cuando suena mi celular y veo el número, respiro profundo porque sé a lo que voy. Contesto. Que tiene unos fustanes blancos, negros y beiges que ya no usa y que me quiere regalar.
“Pero yo no uso fustán desde que tengo como 10 años.”
“¿Y entonces qué? ¿Andas transparentando como la putilla del pueblo? Y aun así, ¿y no tenés marido?”
Doña Yelba Esperanza Moreira Chaves, gran matriarca, madre de doña Martha, mi progenitora. A sus 85 años, es la dueña y señora toda poderosa de todo cuanto quehacer acontece en la familia Solano. Nicaragüense de nacimiento, carácter y personalidad: ella es arrecha. Su poder de mandato es tan imponente, que en vez de ser la abuelita que hace galletas, la llamamos abuelo y ¡ay de aquel que no le haga caso cuando ella dice que se tienen que hacer las cosas!
Nosotras tenemos la verdadera relación amor-odio: amo pasar tiempo con ella hablando del pasado, socavando historias secretas de la familia, hablando de cuando era la única costurera de la Yunai. Pero odio, eternamente, esa necesidad interna por mandarme a casar cada 15 minutos y a ser una mujer de su hogar. Verán, de los once nietos, soy la que no se ha casado y no tiene hijos.
Cuando tenía 24 años, me fui a vivir con una amiga y un amigo gay. Alguna matemática hizo en su cabeza, que me invitó a tomar café. Entre rosquillas, pancito casero y pudín, abrió su corazón:
“Martha Iris, decime la verdad: ¿vos sos lesbiana?”
¡Ah, puta! Hasta me sacó las lágrimas de la carcajeada.
“Abuelo, yo no tengo como demostrártelo, pero te aseguro que a mí me gustan los hombres. No me quiero casar porque quiero estudiar, viajar, trabajar, hacer un montón de cosas.”
“Pero, ¿qué más querés viajar y estudiar vos? ¡Casate con un buen muchaho y dejá de trabajar!”
“¡Mami, vea al abuelo!”
“¡Dejá a la chiquita en paz, que si no se quiere casar, que no se case!”
Después de un pre-infarto, la fui a cuidar al hospital. Con ojos a media asta y voz moribunda, me dijo que ella no se iba a morir hasta ver casados a todos sus nietos.
“Ah, entonces vas para largo.”
“No jodás, que yo ya estoy cansada.”
Mi abuela ha sobrevivido un matrimonio, tres partos, un cáncer en la matriz y su correspondiente “sacada de menudos”, un par de pre-infartos, un paro cardiaco, cantidad innumerables de ahogos asmáticos, operaciones de juanetes, artritis, solidificaciones en las arterias, incontinencia urinaria y, hace poco, una uñero que no la dejaba en paz. Se los juro: no hay kryptonita capaz de terminar con la fortaleza de esta mujer.
Cuando le dio el paro, yo estaba con ella. Verla tan frágil e indefensa me movió el piso y hasta los doctores dudaban que de esta, ni Tatica Dios la iba a sacar. En 24 horas iba a terminar su otoño y había que llamar a mi mamá y hermana, que viven en el extranjero, para que viniera al último adiós: llegarían al día siguiente a las 10 am.
Mi tía, para que no se llevara una gran impresión, le contó esa misma noche. A las 6 am nos llamaron porque la señora estaba de lo más bien. Su recuperación fue tan sorprendente, que los médicos le dieron de alta en el momento justo que aterrizaron la repatriadas. En la casa, puso orden y empezó a mandar la sarta de tiernitos para que hicieran lo que ella quería:
“…¡Sonia, poné el café! ¡Octavio, tráeme mi celular! ¡Martha, traete ese pan rico de Barrio Lujan!…”
Es por eso que, de una manera muy cruel y déspota, sin perdón de Dios y que demuestra lo poco ser humanos que somos los Torres Solano, le tenemos un par de frases:
- Yelba mala nunca muere.
- La Esperanza es lo último que se pierde.
Cada vez que le decimos, nos manda al carajo o a comer mierda (literalmente), bajo una risilla cómplice, pues sabe que va a sobrevivir el 2012 y las trompetas apocalípticas del fin del mundo.
Así es que, al día siguiente, después del trabajo, fui a ver lo que tenía.
“Te ves como una lora apaleada.”
“Que gusto verte.”
Se rie. Me saca 6 pares de medias, 5 fustanes, 2 brassieres sin varillas. Son mi regalo de cumpleaños.
“Mirá, hay un fustán largo que es para vestido de novia.”
“¿Y yo para qué quiero uno?”
“¡Diay qué! ¿No te pensás casar algún día? Yo quiero comer queue antes de morirme. No entiendo que es lo tanto que tenés que hacer. Mirá, yo te regalo la refri…”
Ahí me doy cuenta que todo está bien.

El del centro es el del vestido de novia. No hubo manera de rechazarlo.
20 Responses to "Los fustanes de mi abuela"
Ganancia por todo lado: excelente post, ropa interior sexy y palabra nueva “transparentando”.
Martha, me quito el sombrero, este blog y sus historias cada vez estan mejores.
Me encantaron dos cosas:
* los fustanes y el objetivo principal de por qué te los quiere regalar….
*¡Octavio, tráeme mi celular! … ese cuento yo me lo se!
Marthita todo un personaje Doña Yelba. Solo una pregunta… el dia de tu boda… me dejas levantarte el vestido para verificar que estes usando el fustan? es que ud lo puso… ¡ay de aquel que no le haga caso cuando ella dice que se tienen que hacer las cosas!
Muy buena Martha, como ya te había dicho, disfruto mucho leer de tu blog, entretiene y las historias… geniales! slds
Entonces cuando es que comemos queque??? Porque lo que doña Yelba dice es SANTA PALABRA a ver mija hagale caso que Yo tb quiero comer QQ… jajajajajajaja!
Es que me encantó Martica, excelente blog…Lo leí porque alguien (que no voy a decir quien pero ud ya sabrá) me lo recomendó..y está buenísimo!
Lo de los fustanes pasa – confieso que ni sabia que era un fustan- pero hábleme de ese brasier sin varillas…ja ja ja!
…Digo que lo leí por eso porque no me había percatado de una nueva publicación…no crea lo que ya pensó
[...] Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca. [...]
este post explica muchas cosas !
23 July 2011 at 06:13
Simplemente brillante 5 estrellas ★★★★★
23 July 2011 at 15:24
De bloggero a bloggera, significa mucho! Gracias Luisito!