Desabrochando a Martha

Como aprendi a decir adios

Posted on: 10 March 2010

Lo feo de las despedidas es la incomodidad del saber que solo Dios sabe cuando nos volveremos a topar en la vida.  Personalmente creo que he aprendido a manejar el gran arte de decir adiós, hasta pronto, good bye, bon voyage, sayonara amigo!  Instituyo que mi gran mentora es mi madre. 

Cuando era pequeña no miraba atrás: me dejaba en el Kínder Estrellitas Juguetonas, me daba un beso, me persignaba, me daba la bendición y se iba.  Yo quedaba cual Magdalena, desolada, bañada en mocos y lagrimas… pero nunca miraba atrás.  Las pocas veces que me fue  a dejar a la escuela, más bien me empujaba para que entrara y siempre con la suspirada frase: “Ay pero que chiquita, que me tengo que ir a trabajar.”

El 11 de agosto del 2000 fue la prueba de fuego: me fui un año entero a vivir a Estados Unidos de intercambio.  Todos me acompañaron al aeropuerto: papá, mamá, hermanos y hermana.  Cuando llego el momento, lloré.  Le repetí mil veces que ya no me quería ir, que por favor, que tenía miedo, que no la quería dejar, que por lo que más quisiera, que por Diosito que nos mira en los cielos, que esto, que lo otro… ella solo me miro con sus ojos llorosos y me dijo: “Usted se va a ir para vivir todo lo que yo no pude.”  Me fui y no me arrepiento.  Si no hubiera sido por los huevos de mi madre, quien sabe que sería de mí.

En abril del 2007 fue otro momento histórico en mi familia: ella se fue a vivir a Pensylvannia.  Claro!, la diferencia es que ella se fue y cada mes nos decía que regresaría en dos.  Por supuesto, llego el momento en que ya no le creíamos y le dejamos de preguntar.  Volvió el año pasado, pero se volvió a ir.  Regreso este año, pero hoy se regresa. 

La visite tres veces a Potato Land.  Cuando llega el momento del adiós, siguen las lagrimas, los mocos, los ruegos y cuanto timo se me ocurre para que se regrese conmigo… pero nada funciona.  En el aeropuerto hay un gran abrazo, un te amo mucho y tan pronto se va sin voltearse, empiezo a sentir la emoción de lo que implica viajar. 

Siento que de no ser por su falsa indiferencia hacia el adiós, hoy estaría echa un mar de mocos en la oficina, acostada debajo de una mesa, con dolor de cabeza y esperando que mi jefe no llegue a buscarme… un momento… creo que eso si me paso hace un tiempo…  Pero el punto es que a pesar de todo, la verdad me sobrepongo más rápido que mis hermanos, por ejmplo. 

Sin duda decirle adios es duro y vivir lejos de ella es difícil, especialmente cuando tengo problemas con el trabajo, los hombres, mis amigos, la vida y cuando llega el recibo del celular.

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3 Responses to "Como aprendi a decir adios"

Hijole…

Es curioso, la relación tan estrecha que tenemos con nuestras madres… yo no puedo compartirtte mi experiencia porque llevo casi 30 años viviendo con ella (siiiiiiii… está a la vuelta de las esquina esta 3era década!) Pero hay algo que ella siempre me ha dicho que se me para los pelos de punta:
“El día que yo me muera, no me llore, recuerdeme por todo lo bueno que le enseñe y todos los consejos pero porfavor… no me llore!”
Es duro tener que vivir estas separaciones, porque bien que mal somos las hijas “ya formadas y que están por buen camino” —-> verdad que si? Y aún con estar partiendose el lomo en el trabajo, viendo como cuernos saca adelante el porvenir, como necesitamos de ellas!!
Pero bueno, remembrando la sapiencia de mi madre:
“Nada duele tanto como la primera vez pero no duele tanto cuando sucede una segunda vez….” y esto aplica para todo!

“Nada duele tanto como la primera vez pero no duele tanto cuando sucede una segunda vez….”
Amen! =D

Ni una tercera, ni cuarta, ni quinta…. Cierto, no es igual… pero no creas, siempre se me sale un par de lagrimillas…

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Historico de las historietas

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Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
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