Desabrochando a Martha

Esta lucha por corregir la gramática en redes sociales ha llegado a jalar, levemente, los hilos de mi intolerancia.

Esto pareciera una guerra por demostrar errores, tejiendo delgado y amordazando el crecimiento de una lengua que se rehúsa a morir.

Hoy les declaro la guerra y lanzo mi primera bomba molotov.  En el momento que lean este discurso y me digan quién lo escribió, junto a una crítica constructiva, podrán ejercer su labor como #grammarnazi en lo que escribo.  Así me demostrarán que es una cuestión de enriquecimiento lícito de conocimientos.

Mientras tanto, se ejercerá un toque de queda y censura contra sus demostraciones públicas, mas se agradecerán enormemente los embates privados.

Y solo por aquello, quiero dejar en claro que soy fiel creyente de esta propuesta porque por estar apuntando tan minuciosamente, hace desvanecer lo más importante: el mensaje que se desea transmitir.

“A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta.  Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: “¡Cuidado!”.  El ciclista cayó a tierra.  El señor cura, sin detenerse, me dijo: “¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?”.  Ese día lo supe.  Ahora sabemos, demás que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo y, con tanto rigor, Que tenían un dios especial para las palabras.

“Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder.  La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras.  No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas.  Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual.  Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.  No: el gran derrotado es el silencio.  Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya noes fácil saber cómo se llaman en ninguna.  Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

“La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras.  Es un derecho histórico.  No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo.  Con razón un maestro de Letras Hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países.  Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la República del Ecuador tiene ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado.  A un periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica.  Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo “Parece faro”. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo.  Que don Sebastían de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismo un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?  Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que dede hace tiempo no cabe en su pellejo.  Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre al siglo XXI como Pedro por su casa.

“En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros.  Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, y asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, con los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armoniosos muéramos en vez del siniestro muramos.  Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima, ni confundirá revolver un revólver.  ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

“Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas al mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras.  A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años.”

¿Se imaginan que tan emocionante que algo así sucediera?

¿Se imaginan que tan emocionante que algo así sucediera?

Eso de que en el solsticio de verano todo se va para la damiersh, en un gran evento apocalíptico, me encanta. No me parece tan terrible si es algo muy fino como El día que la Tierra se detuvo o Zombieland o Soy leyenda, donde, por alguna razón ególatra narcisista de presupuesto, solo los gringos sufren el ataque alienígena o las consecuencias del calentamiento global.  Mejor si son salvados por un mae súper guapísimo como Will Smith.

Pero, hablando en serio, que haya un cambio socio-político, cultural y económico no suena tan mal. ¿Díganme si no? No me refiero a esa caraja del Jesús Hombre, de atravesar paredes y tirar rayos de luz mientras se vuela de Alajuelita a Rio Segundo. Hablo de una reorganización del mierdero social en el que hemos caído los ticos por vagos, perezosos, confiados, por no tener un verdadero amor a la patria y por corruptos (sí, ya es hora que todos admitamos que somos corruptos)

Nuestro mayor problema es que pensamos que dictaduras como la chavista, invasiones de carteles como las mexicanas, extrema pobreza a causa de malas políticas como la somalí y demás cánceres sociales, no van a suceder porque somos un pueblo solidario, buenazo, y no somos pelioneros porque no tenemos ejército.

Ay si, si… ahora todos somos pacificistas y dejamos que los “líderes” nos programen nuestras manifestaciones, mientras nos meten más impuestos para el mantenimiento de sus estatus sociales.

¡Ingenuos es lo que somos!

Los adultos jóvenes de clase media nos hemos vuelto tan valeverguistas en nuestros trabajos de call center, que ya no nos interesa la cantidad de tugurios que hay cerca de los grandes centros comerciales. Preferimos agarrarla contra los huelguistas, solo porque nos obligan a tomar una ruta alterna y durar 15 minutos más. Dejamos que el gobierno nos joda a todos porque, diay, ¿qué podía uno esperar de los politiquitos?

Lo peor es que preferimos armar aquel status de Facebook con palabras grandes, para despotricar contra la presidenta… que solo algunos amigos van a leer, porque tenemos la configuración de seguridad más alta que puede existir. Lo que no nos damos cuenta es que esas palabras de sabiduría que tanto duramos en componer, van a ser borradas inmediatamente por el meme de Brian Mala Suerte.

Por eso es que me caen mal los temas de boga como lo del juez o el marchamo o la educación sexual, porque todo el mundo pasa protestando en Twitter, pero cuesta que hagan algo más para luchar por sus ideas (pacíficamente).

Nadie concreta.

Nadie se alza las batas para ir a cantar Kumbaya o la Patriótica en la Plaza de la Democracia y comenzar el verano toreado a la tica versión huelguista, arremetiendo cornadas contra las instituciones del Estado.

Yo, personalmente, trato de no opinar porque sé que solo voy a ir a votar en las próximas elecciones. No por falta de ganas, pero más como por falta de ideas. La que se me ocurre es colarme en la Asamblea y repartir cachetadas y socolloneos, mientras grito: “¡ARREPENTIOS INMUNDOS IMPUROS! ¡SINVERGÜENZAS! ¡SU FIN VIENE PRONTO! ¡BRETEEEEEEEN QUE PARA ESO, YO SÍ PAGO IMPUESTOS! ¡COME SANTOS, CAGA DIABLOS!”

Por más que me duela en el ego, tengo que aceptar que no es muy brillante y como no han inventado el neutralizador de Los hombres de negro, no puedo implantar ideas marthistas en el cerebro de Laurita.

Yo ya probé los dulces sabores de ir a cerrar rotondas cuando lo del Combo del ICE, entonces, no es lo mío… y es que a mí me gustaría hacer una revolución más efectiva, como la de Figueres, los bolcheviques o como en la primavera árabe. Algo así como extraditar a los Arias y sus compinches, hacer una Asamblea Constituyente donde se actualice nuestro Estado, dividiendo bien todos los poderes, sacando a la Iglesia Católica y metiendo más garantías de igualdad para todos los sectores…  en eso, sale mi lado negativista y fijo pasa igual que Egipto.

Así es que tengo fe en los mayas porque algo tiene que pasar en nuestro país, por el amor a lo que es santo y bueno. De corazón, espero que estos inditos no se la hayan fumado muy verde y que sí se cumpla su pronóstico precolombino, que sea para bien y no para piorsh.

Sabés que te estás leyendo un buen libro cuando tenés que parar de vez en cuando nada más que para decir ... mierda

Sabés que te estás leyendo un buen libro cuando tenés que parar de vez en cuando nada más que para decir … hijueputa

A los 7 años empecé a leer y desde entonces, no he parado.  Con Carmen María, mi profe de 3ro a 6to, comenzó mi amor por los libros y se incrementó cuando fui descubriendo su propósito oculto: documentar la cultura, exponer creencias, compartir experiencias.

Desde entonces, 400 y pico de libros han pasado por estas garras devoradoras de literatura, siendo uno de los primeros, no otro que Fray Perico y su Borrico de Juan Muñoz Martín.

¿Cómo tengo ese número? Muy fácil: desde pequeña he sido obsesiva compulsiva rara loca adicta deslumbrada por las listas y siempre he mantenido una con todos los libros que he disfrutado en la vida de la existencia.  Hace poco me encontré una versión en uno de mis viejos diarios y figuraban cerca de 300, como Las Aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain y Corazón de Admundo de Amicis…

…y hay que sumarle los que me he leído desde entonces…

Lo de las listas explica por qué me compré Los 1001 Libros que hay que leer antes de morir (versión en español) y elaboré una hoja de cálculo en Excel donde mantengo la lista completa y categorizada: los que ya tengo, los que he leído, los que he visto la película, los que han ganado nobel de literatura y los que sé que existen, pero que no he logrado conseguir.  También incluyo el título, el autor, el siglo en que fue escrito, el país de origen y el título original (nunca he dicho que yo sea normal, ¿o sí?)

Gracias a esa maravillosa recopilación, me he leído títulos que jamás hubiera considerado como Siddhartha de Herman Hesse, El Péndulo de Foucault de Umberto Eco o Pedro Páramo de Juan Rulfo.

Pero no me limito a esta famosa lista.  También he pasado por novelas que desgarran el alma, como Cometas en el Cielo de Jaled Hosseini; obras de arte como El Mundo de Sofia de Jostein Gaarder; y los que tenés que parar porque tenés que comer, como The Poisonwood Bible de Barbara Kingsolver.

Y si algo es cierto, es que no discrimino ninguno, menos si me lo prestan.  Todavía me acuerdo de aquella tarde que el hijo de un jefe me prestó Harry Potter y la Piedra Filosofal de J.K. Rowling.

Desde ese momento soy fanática de Harrycito querido, al punto de haber ido a una librería en Estados Unidos a media noche, no solo a comprar la primera edición de Harry Potter y el Cáliz de Fuego, si no que a disfrutar de una fiesta mágica (hecho ocurrido en el 2005, en Barnes and Nobles de Baltimore, MD. Quiero agradecer eternamente a mi cuñado, quién se quedó en la fila para ser los 3ros en comprarlo, mientras la otra hija de doña Martha y yo disfrutábamos de trucos y comida gratis)

He llegado al extremo de no dormir, con tal de terminar un libro: Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (para lo cual, son testigos mis dos exroomates), el cual lo terminé en dos días y una noche.

Así es como me he creado fama de ávida lectora, además de que siempre ando un libro (una vez mi amiguito el Cinta Azul supo cual era mi cartera porque adentro estaba El guardián entre el centeno de J.D. Salinger)

Hay quienes me han pedido recomendaciones.  Algunos les he dicho de La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, a otros de Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson (solo para que se lean el segundo, que es el mejor de la trilogía)

Pero, el mejor libro de todos los tiempos y el que recomiendo a verdaderos aficionados a la lectura, con las manos en el fuego y una escopeta apuntándome la sien, sin duda es Los Pilares de la Tierra, de Ken Follet: 1359 páginas que, sin mentirles, generan sentimientos: furia, alegría, esperanza y alguna que otra lagrimilla.  Eso, mis queridos, es algo que no lo hace cualquiera.

Se los juro que el antagonista infunde las ganas de proceder con las peores torturas maléficas.  Una anhela el amor de los protagonistas, porque no puede haber algo más bello.  La historia te atrapa y está tan bien estructurada que, aún y a pesar de los miles de detalles, simplemente no se puede parar de leer… NO. SE. PUEDE.

Leído Los Pilares, se tiene que seguir con Un mundo sin fin.  La portada es tan linda y el libro es tan grande, que bajándome del bus, una señora me dijo: “Ay, tan bonito ver a los jóvenes cargando La Santa Biblia. La felicito.

A lo que yo contesté: “¿Verdad que sí? ¡Gracias!

…Uy si si… ahora es que todo el mundo corre… Uy si si…

Mi playlist cuando corro

Mi playlist cuando corro

Es un deporte que se ha convertido en moda. Todos los días, alguien se arma de tenis y determinación, en esta eterna lucha para bajar de peso.  Hasta hemos pasado por sus consecuencias, de alguna u otra manera: madrugando para apoyar a los que queremos o pegados en alguna presa por alguna calle cerrada.

A mi me encanta correr. Amo correr. Siento maripositas en la panza cuando corro.

Especialemente, por dos motivos

  1. Es mi momento de claridad mental, ese momento zhen en el que alineo chacras y acomodo mi día.
  2. Porque puedo, cuando no debería de poder.

Desde pequeña tuve asma y todo lo desataba: si llovía, si hacia frio, si limpiaban, si usaban cierto tipo de desinfectantes, si amanecía… mil y una cosas me hacían terminar en emergencias de la clínica, nebulizada, inyectada y regañada porque, por lo general, se había desatado por jugar futbol con mi hermano El Macho.

Cuando estaba en el cole, mejoró pero quedó el rezago: asma inducida por deporte.  Y así llegó el día en el que doña Martha me prohibió correr, trotar o similar. Ya más grande, yo me lo auto-prohibí porque no hay nada que deteste más que la temblorina que genera el Salbutamol… o el flit, como le dice doña Yelba.

Entrada en años laborales, conocí a mi amiguito Chepe en el trabajo.  Él no solo corre como pasatiempo, si no que compite como los grandes.  Así es que, cada vez que me lo topaba el lunes y le preguntaba que había hecho, me contaba de alguna carrera o competencia.

Lo admito: lo envidiaba…. Grandemente…  Porque era algo que yo no podía hacer y me frustraba.  Ahora es una de esas personas que me inspira.

Hace un par de años, decidí agarrar el toro por los cuernos y me tiré a la calle.  Busqué un tratamiento que me ayudara a controlar los episodios, compré tennis, indumentaria y hasta busqué un nutricionisto con conocimiento en deportes.

No fue fácil: en un inicio, ni 100 metros podía avanzar. Hoy, ya alcanzo 8 kms en menos de una hora.  Tal vez no sea una maratón, pero yo siento que toco el cielo cuando termino.  Es una satisfacción increíble poder decir que voy superando una de las cosas que más se me ha dificultado en la vida.

No soy de esas que tweetea “5 kms para desayunar” o pasa subiendo fotos en Facebook de sus entrenamientos… porque para mi es algo muy personal…

…bueeeeeeeno, heme aqui, posteando en mi blog…

…pero todo tiene una razón de ser…

Necesito más musiquita de esa que hace que uno se energize para seguir, así es que aquí les comparto links de youtube de una parte del playlist que utilizo cuando estoy sola en la calle, que me ayuda a impulsarme tanto como el movimiento de brazos… al rato y alguien me pase alguna suguerencia de su musiquita…

  1. Waterloo, ABBA
  2. Burning Love, Elvis
  3. I’m Gone, I’m Going, Lesley Roy
  4. Dynamite, Taio Cruz
  5. Within a Mile of Home, Floggy Molly
  6. Life is a Highway, Tom Cochrane
  7. Misery (Radio Edit), Maroon 5
  8. Rabbit Heart (Raise it up), Florence and The Machine
  9. Can’t buy me love, The Beatles

Para rematar, cuando camino para bajar las pulsaciones:

  1. My Next 30 Years, Tim McGraw

(Por lo general, termino bailando… lo cual provoca miradas extrañas de extraños…)

Y ustedes, ¿qué escuchan cuando se mueven para que no se les apelote?

He pasado mucho tiempo sin escribir y de un momento a otro, se me ocurren todas estas cosas que le podría decir a ciertas personas fuera de mi alcance influyentes importantes:

Sr Alcalde de San José,

Sus famosos adoquines josefinos tienen destruidos mis tacones y las de muchas costarricenses.

Según mis cálculos, el equivalente a todo lo invertido en reparación y sustitución del calzado, equivale 3 años de impuestos.

Eso sin contar que, gracias a que se le ocurrió cerrar un tramo de la calle para hacer su tan famoso barrio chino, ir a mi casa en bus es imposible y en taxi es un sueño.

Y para la próxima, cuando Telenoticias le quiera preguntar sobre el congestionamiento vial provocado por sus proyectos, por favor, no mande a don Rafita.  Da pena verlo llegar a una entrevista sin estar preparado.

¡Olvídese de mi voto en las próximas elecciones!

Sra Presidenta,

Muy mal visto que haya destruido la imagen creada por grandes mujeres como la Thatcher, la Buttho, la Fernández de Kirchner o la Merkel… ahora, ¿quién carajos va querer votar por una mujer en este país? ¿Quién va a querer votar por ningún politólogo?

¡Te la pelaste, Laurita, te la pelaste!

Y yo defendiéndote y mirá como me pagás… mejor te hubieras quedado con los Arias

Lo peor es que haya dejando en mal a sus congéneres y compatriotas con el papel que está haciendo en el gobierno.

Le suplico que rectifique su modus pensantis y operadis.  Todavía le queda tiempo para demostrar lo contrario.

Srs Diputados,

¡TRABAJEN, que para eso les pago, carajo!

Srs Jerarcas de las Iglesias,

El único sistema político donde ha “funcionado” existe un gobierno religioso, está en el medio oriente, se llama Israel y fue a su Dios cristiano al que se le ocurrió la idea.  Él nunca dijo “Ah, y mi segunda sede política será en el paraíso centroamericano que se llamará Costa Rica.”

Srs Candidatos de PLN,

Yo sé que todos estamos algo hartos del actual gobierno pero, ¡téngalan adentro, por el amor a lo que es bueno y santo en esta vida!

No han llegado ni a decidir quién va a ser el candidato y ya nos tienen hasta el seserete cansados hartos hostigados a todos

(Excepto Desanti, que considero que sería un buen confitico de ojo presidente, muy atractivo y fotogénico con experiencia para las cadenas de televisión)

Sr Ministro de Educación y Sr Ministro de Cultura.

Los amo.

Siempre los he amado.

Ya tengo una foto con el Sr. Ministro de Cultura.  Espero, Sr. Ministro de Educación, que algún día me conceda el honor de posar para la lente.

Querida Prof. Carmen Ma Casalvolone,

Por mucho tiempo le creí que tenía los dedos de la mano derecha amarillos porque comía papaya.

Me sentí engañada cuando me di cuenta de la verdad.

La perdono porque me enseñó a amar la literatura y gracias a sus fundamentos soy periodista.

Llegó el momento que tanto esperé todo este año: el lunes 6 de agosto cumplí 30 años.

Siempre he pensado que los 30s es la mejor edad de la existencia de cualquier ser humano: estas lo suficientemente joven para seguir haciendo estupideces, con toda la sabiduría recolectada en los 20s.

Aunque admito que me dio una de las crisis más extrañas de la vida: empecé hacer todo lo que había satanizado, por miedo o ignorancia,  como si el cambiar de década fuera una sentencia a muerte.

Comencé a comer saludable y a ejercitarme, le pegué algún jalón a algún puro (pero vea las luces… las luces… LA LUNAA…), celebré el fin de año lejos de mi familia, me enamoré, fui a los rápidos del Pacuare, estoy aprendiendo a manejar (aunque ahora quién sabe, porque le rayé el carro al Macho Ratón), caminé despacio en un puente peatonal, me compré un tiquete para jugar de mochilera, publiqué en un periódico de cobertura nacional, salvé una vida (German Ernesto y es un hermosisimo zaguatico)

Por eso, creo que la crisis no fue por susto a lo desconocido.  Más bien fue como un despertar que ayudó a quitar las cortinas de mis ojos y perder el miedo a vivir, al que dirán, a las sorpresas y a la incertidumbre del futuro.

Lloré

El lunes en la mañana, cuando mi Macho Ratón me cantó cumpleaños, cierta nostalgia me invadió.  Fue darme cuenta que ya no soy esa chiquilla inmadura, ingenua y peleona.  Una añoranza por lo vivido en los 20s… que cuando él se fue hacer unos mandados y me vi sola en mi cuarto, no pude contenerme.

En lo que estoy jalando mocos, mi jefe en Estados Unidos me contactó solo para decirme “Happy Birthday, were you telling me it is the BIG 30?”

Ahí me cayó el cinco “… pero si no me he muerto… pendejadas las mías más culiolas… ¿para esto estabas esperando los 30s? ¿Para pasar mariquiando por los 20s?… ‘ma mierda…”

Además, ¿cómo me iba a poner a en esas después de la celebración tan impresionante?  Empezando con que me auto regalé un par de zapatos bellos y dos mudadas, me invitaron a comer a Huaraches y me fui a beber guaro con mis amigos, quienes siguieron las instrucciones de la invitación y me regalaron bolsas de bolsas de herraduras de Giacomin, uno de mis gustitos pecaminos.

Fue tan buena la fiesta, que terminé con los zapatos en la mano y  un pedazo de diente menos (con su correspondiente llamada dramática a doña Martha y su correspondiente control de caos por mi Macho Ratón.)

Al día siguiente no valía ni un cinco porque, ¿saben qué?, es “el momento donde un cuerpo de 30 no se recupera tan rápdio como un cuerpo de 29,” como le dice Sharon a Holly en P.S I love you (siempre quise usar esa frase) 

Así es que, este es mi momento para hacerle caso a la super canción hermosísima que me paso mi compita Rolo y hacerla mi himno…

 …Now it’s time to focus in on where I go from here…

… Ahora es el momento de concentrarse a dónde  iré desde aquí …

…Maybe now I’ve conquered all my adolescent fears…

 … tal vez ahora he vencido todos mis miedos adolescentes …

…Cry a little less, laugh a little more…

… Llorar un poco menos, reir un poco más…

…Figure out just what I’m doing here…

… Averiguar exactamente lo que estoy haciendo aquí …

My next thirty years will be the best years of my life

Mis próximos treinta años van a ser los mijores de mi vida

Vamos a ver si es cierto lo que dicen doña Martha, Sarita, Monique, Ise, Su, Lis, Amelie, Beto, Manni, Caro y Lau.

“Nada me queda.  Tengo un closet rehiperrecontra repleto de nada que ponerme, ni una pinche blusa me gusta… me veo gorda… y esta maldita espinilla que me salió en la barbilla.  Tras de todo, 15 minutos después de haberme sentado en el escritorio, comenzó esta desesperante increíble irritante dudosa sorprendente ganas de comer un chocolate del tamaño de mi cabeza.

“… un momento…

“Esto en mi vientre ¿ganas de orinar?, ¿de cagar?, ¿un pedo mal acomodado?, ¿acaso vino un ninja y me pegó una patada?  Mejor me voy al baño a confirmar.”

Y ahí es cuando uno comienza a sumar síntomas, sacar cálculos y nos damos cuenta que han llegado los terribles gloriosas indefinibles días del mes: en cualquier momento nos visita la vecina, escribimos en rojo, nos viene la menstruación.

¡Solo algo tan terrible podría tener un nombre tan feo!

Hoy me parece algo tan irónico que en mi infancia esperaba ansiosamente que el día llegara.  Especialmente, después de escuchar el sufrir de mi hermana, su continuo decir que es un mi… seria.

Sin entrar en mucho detalle, solo voy a contar que fue un sábado y el progenitor estaba en mi hogar.  Cuando doña Martha gritó “¡A MARTHITA YA LE VINO LA REGAAAA!  ¡YA ES UNA SEÑORITAAAAA!,” el susodicho se levantó, salió y regresó con mi primer paquete de toallas Amiga y un ramo de flores como bienvenida al mundo de ser una mujercita.

porque es el mejor regalo que cualquiera puede recibir en esos momentos

¿Por qué no un carro último modelo? ¿Por qué no una tarjeta con crédito para ir de compras?

¡¿Por qué no, simplemente, no hacer nada y dejar de decir que ahora sí soy señorita, si siempre lo he sido?!

Durante la adolescencia todas las mujeres cuerdas odiaron esos días.  ¿Cuántas no usamos un sweater en la cintura porque se nos pasó?  ¿Cuántas la tuvimos todo el año, con tal de no hacer educación física? ¿Cuántas no exageramos los síntomas con tal de que nuestra bellísima madre nos chineara un tantito más?

Lo peor de todo es el swing de sentimientos.  Una se transforma en Hulk con solo golpearse el dedo meñique en la cama y desea agarrarla como a Loki en The Advengers.  Dos segundos después, se transforma  en María Magdalena si el hermano mayor se comió LA mandarina que tenías vista desde hace una semana (aunque quede media docena)

Al final, una intenta vivir en paz en un estado efervescente que ni nosotras soportamos.  Por lo menos yo, hasta me acuesto temprano con tal de no escuchar a La Llorona que se alojó en mi tren de pensamientos.

Pero, hay que dejarse de varas.  Después de cierta edad y cuando ya se han probado los placeres carnales del mambo horizontal, la verdad es que una le da TANTAS gracias al Todopoderoso porque, finalmente, vino… lo cual se traduce en tranquilidad durante las próximas semanas… hasta que vuelve a entrar en esa etapa de angustia…

Y bueno, ¿quién no ha pasado por el tenebroso momento de jurar, perjurar y estar segurísima que viene un mini-me, al punto de pensar nombres (Lourdes si es niña, Fátima si son dos niñas)?

Así es que, caballeros que lograron llegar al final de este post, la verdad es que los chistes de la regla no son graciosos, a menos que una los haga.  Ya quisiera verlos con un pañal entre las piernas, durante 4 días, preguntando “Mae, me voy a levantar…fíjese si se me pasó, por fa… ¿No? ¿Seguro?” y hasta se pasa la mano por el rabo para reconfirmar.

Si, de repente, ve que su dama está más sensible que de costumbre, llévele un chocolatico aunque esté a dieta y matándose en el gimnasio.  Si ve que no sabe que ponerse, no le diga que con eso se ve bien… admírela, pásele una blusa flojita y un pantalón de pijama y dígale: “mejor nos quedamos viendo una peli, mi amorcito”

… aunque podría correr el riesgo de “… ¡¿Me pasás una blusa floja?! ¡Ves que sí estoy gorda! ¿Qué es, que te doy vergüenza?…”

En cuyo caso, recomiendo emprender la retirada.

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... ¿quién dijo miedo?...

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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